Resuelto el misterio de las manchas blancas de la Luna.

La superficie de la Luna es, en general, bastante oscura. Y también aburrida. El satélite no tiene atmósfera, ni tectónica de placas, por lo que el ajetreo en la superficie es mínimo. Salvo si cae un meteorito, las cosas se quedan como y donde estaban. Por eso los científicos estaban intrigados con unas manchas blanquecinas, a veces de cientos de kilómetros, que pueblan su superficie. ¿Qué fenómeno las causa?

Cada una de las manchas blanquecinas —de las que hay contabilizadas más de una docena— identifica la existencia de un pequeño y débil campo magnético. Aunque era casi indudable que entre ambos fenómenos había una relación, nadie había explicado con certeza —y pruebas— cómo era ésta.

¿Puede un campo magnético aclarar —como si de lejía se tratase— el regolito lunar? En realidad, lo que hace es evitar que se oscurezca. Como si fuese un escudo de energía, desvía una parte del viento solar que llega a la superficie de la Luna, y lo distribuye en sus alrededores.

Escudos para naves espaciales

Algunos modelos teóricos de esta explicación se habían puesto a prueba con anterioridad, y los resultados no cuadraban. Aun así, un grupo de científicos dedicados a desarrollar escudos energéticos para naves espaciales —que, en el fondo, tienen un cierto parecido con las anomalías magnéticas de la Luna— quiso poner a prueba la hipótesis de manera experimental.

Hicieron las modificaciones pertinentes a sus aparatos para replicar en el laboratorio las anomalías magnéticas lunares. Simularon el viento solar con un chorro de protones y electrones y estudiaron qué pasaba cuando lo disparaban hacia un pequeño imán.

Como predecía la teoría, se creó un campo eléctrico en forma de cúpula cuando el chorro y el «escudo» se encontraron. Este campo eléctrico desvió la mayoría de partículas hacia los límites y protegió la zona de influencia del imán. Los investigadores responsables creen que en la Luna ocurre exactamente igual, pero a lo grande. También, que una tecnología equivalente podría proteger tanto las naves espaciales como a sus pasajeros de los peligros del viento solar.

Fuente: Diario ABC.
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Retrospectiva: la desaparición del niño de Somosierra

Durante la noche de San Juan de 1986, se produjo la desaparición más enigmática acaecida hasta la fecha en España. La desaparición de un niño de 10 años, tragado por la nada, después de un impresionante accidente de tráfico entre las provincias de Madrid y Segovia, concretamente a la altura de Somosierra.

Un camión Volvo F-12, dispuesto a transportar una cisterna con 20.000 litros de ácido sulfúrico óleum, dispuso su marcha desde la localidad murciana de Las Cánovas hasta Bilbao, para desembarcar su mercancía en una empresa petroquímica. Al volante, el conductor profesional Andrés Martínez, al que acompañaban su esposa, Carmen Gómez, y el hijo de éstos, Juan Pedro Martínez Gómez.

El Volvo F-12 repostó en la venta del Olivo, muy próximo a la localidad murciana de Cieza, y emprendió la marcha hasta la localidad de Las Pedroñeras, en Cuenca. A las 0:12 horas, la familia fue vista por el personal de la gasolinera. Después de echar una cabezada en una zona de descanso, volvieron a la carretera nacional 301 hasta Madrid. A las 5:30 de la madrugada, realizaron su última parada. El lugar elegido fue el mesón Aragón, en el término de Cabanillas, a pie del puerto de Somosierra. A partir de ahí empieza el enigma.

El camión cisterna alcanza los 140 Km/h sin motivo aparente y en una de las variantes de la carretera nacional I, derrapó chocando frontalmente con otro vehículo de gran tonelaje. El camión se sale de la calzada y procede a impactar contra una hilera de vehículos que circulaban detrás.

El Volvo F-12 se estrella posteriormente contra un árbol y se produce una brecha considerable en la cisterna, ésta acaba por desquebrajarse del todo y la totalidad del ácido es esparcido por toda la carretera, con el consiguiente caos circulatorio. La Guardia Civil después de presentarse en el lugar de los hechos y desviar el tráfico, comprueba la cabina del Volvo F-12 totalmente destrozada y dos ocupantes calcinados entre un gran amasijo de hierros. Estas personas, según los informes, son Andrés Martínez y su esposa, Carmen Gómez.

La noticia saltó pronto a los medios de comunicación de todo el país. Hasta ese momento nadie conocía la existencia de un tercer pasajero. Pero fueron los abuelos del chico, desde su domicilio de Las Cánovas y tras presenciar el trágico suceso en las noticias, quienes se pusieron en contacto con los Cuerpos de Seguridad del Estado. La pregunta era clara: “¿Dónde está nuestro nieto?

Juan Pedro Martìnez Gòmez Sigue leyendo

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Retrospectiva: la desaparición del niño pintor de Málaga

El caso de David Guerrero es otro de los expedientes X españoles más extraños que a día de hoy sigue sin resolver. David Guerrero, el niño pintor de Málaga, desapareció el 6 de abril de 1987 sin dejar rastro alguno. Eran las seis y media de la tarde cuando sale de su casa, situada en la Calle Sargento García, y se dirige a la parada de autobús más próxima, situada aproximadamente a 150 metros de distancia en la malagueña barriada de Huelin, para tomar un autobús que le dejaría en el centro de la ciudad. Nunca cogería aquel autobús, su rastro se desvanece en esos 150 metros que separan su casa de la parada del autobús.

En el momento de su desaparición David Guerrero Guevara contaba con 13 años de edad. Su madre Antonia relata como acontecieron los hechos: ” Me levanté como siempre. Era un lunes, un día normal. Ese día David tenía una entrevista después de sus clases de pintura en la calle Granada porque tres días antes había expuesto un cuadro en una exposición sobre Semana Santa y gustó mucho. Su padre le hizo un croquis. «¿Sabes dónde está el sitio?». «Sí claro, sé llegar papá». Recuerdo que ese día comió viendo unos dibujos animados que le gustaban mucho. Estaba nervioso, supongo que por la entrevista. Era la primera que le hacían. Su padre le dijo: «Si terminas pronto, te vas a la pintura, y, si no, te esperas allí y yo voy a recogerte». Pero esa noche mi marido llegó solo. Se fue a buscarlo a la calle Granada. Esperó un rato y viendo que no bajaba, le preguntó al conserje. «¿No has visto bajar a mi hijo?». «No, quizás esté en la exposición», le contestó. Pero no lo vio allí. Pensó: «Me habré cruzado con él», pero le dijeron que ese día no había ido. Entonces se dijo «estará en casa». Cuando llegó mi marido yo estaba en la cocina preparando la cena. «¿Y el niño?, ¿no ha venido?». Nos echamos a la calle toda la familia y esa misma noche a las 12 mi marido se acercó al cuartel de la Guardia Civil y lo dijo: «Tiene 13 años y no aparece por ninguna parte».

” El día que desapareció acababa de exponer su primer cuadro e iba a conceder su primera entrevista a la radio. Sólo la familia y los más conocidos sabíamos que pintaba tan bien. Nunca lo llevamos a ningún sitio para exhibirlo. Desde que tenía cinco años se tendía en el suelo del salón a pintar, igual que su hermano…”

 

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