El Penal del exterminio “Valdenoceda”.

CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE VALDENOCEDA, 1941

Valdenoceda es un pequeño pueblo del norte de Burgos que cuenta con 73 habitantes, en su ambiente se puede respirar tranquilidad y sosiego, y raro es cuando algún coche rompe la tranquilidad del mismo. Hasta aquí todo bien si ustedes no conocen la historia de este lugar tan aparentemente vacío, rodeado de naturaleza y por donde el río Ebro sigue su curso con aparente naturalidad, junto a uno de los lugares más castigados de la España negra.

Este pequeño poblado guarda con secreto y desidia las voces del pasado, y ahora solo son unos pocos ancianos los que a duras penas pueden recordar algo de lo allí sucedido. Aquel aparente edificio abandonado y cercado por un gran muro a la orilla de la carretera, dejó escapar con vida a muy pocos, y gracias a ellos y sus hijos, hoy podemos relatar las macabras torturas y las muy nefastas condiciones en las que vivieron, por decir algo, los reclusos o por muchos también conocidos como los inocentes.
Tras los muros y esquilándose ligeramente a la puerta se puede contemplar una pequeña parte de lo que en días pasados fue una prisión, o más que una prisión un centro de exterminio de los tantos que tenia por España nuestro tan querido asesino el Generalísimo Franco durante la guerra civil (1936-1939), y en años posteriores. Este centro de exterminio constaba de 3 plantas, y pese a solo tener capacidad para 300 presos, en muchas ocasiones llegó a superar los 1500 reos.
ANTERIOR FÁBRICA DE SEDA DE VALDENOCEDA 1925
Anteriormente fábrica de sedas, para a posteriori convertirse en una de las prisiones donde más crueldad se llevó a cabo por el régimen fascista, durante el cual pasaron por el cerca de 3000 presos republicanos, que malvivieron en condiciones infrahumanas durante 7 años(1938-1945). Esta vieja fábrica, convertida en prisión quitó el sueño a los miles de internos que por allí pasaron, y como no también a sus familias, que muchas de las noches dormitaban en las cunetas para intentar hacerles llegar una carta o unos enseres, aunque la mayor parte de las veces no les quedaba otro consuelo que el de poder ver a sus maltratados parientes desde un alto cercano, ya que los macutos raramente llegaban a los destinatarios.
Los presos de Valdenoceda eran juzgados y condenados por cualquier motivo, siendo el más frecuente “adhesión a la rebelión”, y llegaban hasta este misero lugar trasladados desde diversos puntos de la geografía española en menesterosos vagones de ganado durante varios días de viaje, sin apenas agua y comida, soportando en muchas ocasiones las inclemencias meteorológicas y la falta de higiene, puesto que durante el viaje se veían obligados incluso a hacerse sus necesidades encima.
INTERIOR DE LA PRISIÓN.
En la prisión no les esperaba mejor suerte. Los inviernos en la sierra burgalesa eran duros y fríos, en los que tenían que soportar grandes nevadas y temperaturas bajo cero. Ya en la cárcel muy pocos eran los que conseguían comer y beber a diario, los insectos les picoteaban sin parar transmitiendo a muchos lo que seria conocido por los médicos de la prisión como “colitis epidémica” haciéndolos morir en días. Pero esta no era la única causa de muerte, otras enfermedades como las archiconocidas, tuberculosis, pulmonía, neumonía, y hambruna, hacían ir completando y cavando nuevas fosas comunes en el pequeño cementerio de Valdenoceda.
Aunque parezca increíble, no era el miedo a este tipo de enfermedades por las que los olvidados sentían horror, existía algo peor. El edificio constaba de 3 plantas y eran las celdas de castigo en el sótano, donde se cometían los mayores castigos físicos y atrocidades. Las crecidas del río Ebro hacían que toda la planta baja estaría continuamente inundada, y ello provocaba que los presos castigados tuvieran que pasar varias horas de pies y con el  agua por el cuello.
CEMENTERIO DE VALDENOCEDA EN LA ACTUALIDAD
El cementerio de Valdenoceda tiene dos puertas, la oficial y una segunda por la que entraban los cuerpos de los presos, para ser seguidamente enterrados en fosas comunes. A día de hoy, se pueden contar con nombres y apellidos 154 presos de los que perdieron su vida en el penal, todo ello gracias a la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica y los análisis genéticos y demás estudios que se han llevado a cabo con ella.
Los supervivientes de tan espantosa pesadilla siguen sin poder dormir, contando la infinidad de desapariciones que se produjeron durante los 7 años que duró la angustia. Son varios los testimonios que aseguran que muchos de estos desaparecidos, fueron asesinados y arrojados al río Ebro, cuevas y cunetas.
RESTOS APARECIDOS EN EL CEMENTERIO.  ENTERRADOS APENAS A UN PALMO DE LA SUPERFICIE
Cada lugar tiene una historia y la historia de este centro de exterminio no se puede olvidar, puesto que esta es nuestra historia y borrarlo de la memoria seria renegar de los que un buen día dieron la vida por nosotros, obteniendo un castigo mezquino y cobarde que terminaba con la muerte, carente de delito y con una única culpa, la de luchar por nuestra libertad.
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