Psicografía: en contacto con el más allá.

El fenómeno de las psicografías es sencillo de producir. Los medios necesarios son muy simples: una hoja de papel en blanco, un lápiz o bolígrafo, y un período de relajación previa. Los mensajes obtenidos pueden deberse a distintas causas, lo cierto es que en la escritura automática, nuestro brazo se mueve, nuestras manos escriben sin que nuestra mente consciente esté al tanto de lo que se trata, y es un fenómeno que se produce con suma facilidad.

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Imagen: Getty

No podemos afirmar ni negar, que por medio de la escritura automática se conecte con los espíritus, pero sí que abre puertas inéditas a la mente. Papel y lápiz es todo lo que hace falta en el plano material. En el plano mental es necesario aminorar la tensión consciente para traspasar ciertos umbrales de percepción y estar en condiciones de “recibir”.

“La escritura automática es un fenómeno que impulsa a una persona a escribir, sin realizar ningún esfuerzo consciente de ello. Aunque por regla general, quienes poseen esta habilidad innata son quienes tienen facultades mediúnicas y la utilizan como medio efectivo para comunicarse con los espíritus, es posible desarrollar esta facultad para conectarse con el inconsciente”. Esta sería, a grandes rasgos, la típica definición que encontramos en las publicaciones especializadas de este fenómeno psíquico también llamado psicografía.

El psicólogo y especialista Gómez Rivera dice que “No hay otro procedimiento menos complicado y más rápido para captar los mensajes que nos son enviados desde ‘el otro lado’. Uno se ‘conecta’, por así decirlo, y se realiza la escritura, con frecuencia pasando por encima de la propia conciencia, que no se percata de lo que está escribiendo hasta que termina. La mano se mueve como si tuviera vida por sí misma, sin la participación de la voluntad.

En estos casos es cuando hablamos de escritura automática, porque así es como se percibe, en contraposición a la escritura consciente, donde lo que vamos plasmando en el papel, en la máquina de escribir o en el ordenador, es fiel reflejo de lo que estamos queriendo escribir. También existe un tipo de escritura semiautomática, donde el que escribe es al menos consciente de la palabra que escribe, aunque no se tiene en la mente lo anteriormente escrito ni se sabe cuáles serán las próximas palabras.

Del estado en que se cae cuando se está escribiendo, automáticamente se saldrá, tan pronto como “ellos” dejen de escribir, o cuando así lo decida el que se presta a la experiencia.

Inspiración literaria

El fenómeno de la escritura automática consiste para algunos, en que un médium “escribe” lo que le dicta un espíritu ajeno; para otros, es del propio inconsciente del individuo que está escribiendo de donde sale esa marea de ideas, que hacen que el lápiz se mueva prácticamente solo sobre la hoja de papel. Sea como sea, es una experiencia que puede servir de desbloqueo a la hora de escribir y contrarrestar la tan temida falta de inspiración; muchos escritores han echado mano de la escritura automática a la hora de escribir, por no hablar de los surrealistas, que la tenían como práctica predilecta.

Entre otros, Oscar Wilde recurría con frecuencia a este método, y William Blake, el poeta visionario llegó a confesar, en el prefacio de su obra “Jerusalén”, que este trabajo le fue “dictado”, incluso a su pesar y sin que durante la redacción del mismo tuviese tiempo de reflexionar.
Si se decide a probar suerte, observará cosas muy curiosas, su mano empezará a moverse de forma inhabitual, como empujada por una fuerza que no fuera la suya. Sobre el papel, primero dibujará algunos rasgos inconexos y luego palabras con mayor o menor ilación entre sí. Al contrario de lo que ocurre con las “comunicaciones” recibidas a través de la “ouija” o las psicofonías; con la escritura automática, los “espíritus” se explayan a placer, llegando a rellenar hojas y hojas a velocidades increíbles.
Y, aunque algunas personas nunca lo consiguen y sólo obtienen garabatos sin sentido o letras amontonadas, otros reciben mensajes coherentes, inteligentes y llenos de sentido.
La técnica
Este es un ejercicio que conviene intentar, al menos en un principio, en solitario.
Deberá proveerse de papel y lápiz o bolígrafo y de un punto de apoyo, situarse lejos de los ruidos y de las luces demasiado intensas. Dentro de lo posible, en un horario donde no vaya a ser interrumpido. Para concentrarse puede recurrir a la relajación y dejar su mente en blanco.
Debe tener el lápiz como cuando va a escribir, sosteniéndolo de forma que la muñeca esté floja y la mano pueda deslizarse suavemente sobre el papel.
Se puede plantear una pregunta y esperar, o simplemente esperar. Si la mano empieza a escribir por sí sola sobre el papel sin forzarla, la experiencia se está cumpliendo.
La escritura se produce de forma espontánea y, en la mayoría de los casos, ni los caracteres gráficos ni el estilo corresponde a lo que normalmente escribe el sujeto.
También puede suceder que se escriba de forma invertida (se puede leer colocando el escrito delante de un espejo); otras veces es el orden de las letras el que se invierte, apareciendo, por ejemplo, oleic por cielo.
Finalmente, olvídese del tema si está depresivo, si sufre alguna fobia o cualquier otro desequilibrio mental, aunque sea simplemente el estar pasando por un mal momento; no olvide que lo semejante atrae a lo semejante. Y, por supuesto, si lo que va escribiendo no le gusta, déjelo y no lo vuelva a intentar.
Si lo que va escribiendo le gusta, no abuse; en cuanto note los primeros síntomas de cansancio físico o mental, déjelo para otra vez.
Hay una forma segura de saber si le conviene o no practicar la escritura automática: si le conviene se sentirá fortalecido en todos los aspectos y empezará a interesarse por cosas de mayor alcance espiritual que la propia escritura automática.

Fuente: EFE

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