¿El fin del mundo a la puerta?

Tarotista comenta cada una de las especulaciones sobre este 21 de diciembre. Foto: Reproducción Editorial Aguilar

Tarotista comenta cada una de las especulaciones sobre este 21 de diciembre.
Foto: Reproducción Editorial Aguilar

JAIME HALES

Me escriben algunos amigos y amigas preguntando: ¿Qué pasará con los tres días de oscuridad? ¿Es cierto que se vienen cataclismos para el 21 de diciembre? ¿Es verdad que puede ser el fin del mundo y que sólo se salvarán 144.000 elegidos? ¿Se cumplirán las tantas profecías de los mayas, de Nostradamus, de algunos santos, de otros pueblos del interior de Rusia, de África, de islas escondidas en el Pacífico e incluso en Chiloé? ¿Qué efectos tendrá sobre la tierra la alineación de los planetas que se producirá el 21 de diciembre? ¿Y las explosiones solares? ¿Se estrellará un cometa en la Tierra? ¿Y el rayo desde el centro de la galaxia? ¿Harán su aparición pública los extraterrestres? ¿Es verdad que muchas personas están construyendo sótanos protegidos y juntando alimentos y agua? ¿Debemos juntar agua?

Y muchas preguntas más vinculadas a lo mismo.

Mi primer impulso es dejar todas esas dudas sin respuesta, esperando sólo que llegue el 21 de diciembre, hagamos – como todos los años – nuestro ritual del solsticio de verano a las 20 horas y nos preparemos para despertar el 22 de diciembre y seguir con las rutinas propias de la vida. Pero me he dado cuenta que muchos de los que me escriben son personas serias e inteligentes, generalmente bien informadas y que, cuando preguntan, lo hacen con cierta esperanza de que diga que nada de eso es cierto, pero también mantienen un grado de temor.

Voy a opinar: el riesgo es que esté equivocado y que ustedes me maldigan mientras se produzca la hecatombe final. Pero, la verdad es que estoy tan convencido de lo que les diré, que me arriesgo a esa infinitesimal probabilidad, pues todo me indica que nada de lo terrible sucederá.

He terminado de leer dos libros escritos por el intelectual colombiano Germán Puerta quien se hizo ayudar por Arturo Ospina. No estoy completamente de acuerdo con ellos en muchos de los juicios que emiten, pues sitúan a todos los que creemos en temas esotéricos u holísticos en un mismo saco, tanto a los que divulgan informaciones manifiestamente falsas, imprecisas y carentes de fundamento, como los que nos tomamos en serio el desarrollo espiritual del ser humano y tratamos de actuar armónicamente con nuestras esferas mental, espiritual, corporal y emocional. Pese a este sesgo de los autores, me parecen dos obras muy potentes. Una de ellas devela ciertas verdades sobre la cuestión de las presuntas predicciones de los mayas. La otra, con el decidor nombre de “Inventario del Fin del Mundo”, reúne una secuencia de los anuncios de catástrofes similares a los que se hacen en esta época formulados en distintos momentos de la historia desde el 2800 a.C. hasta el 2280 d.C.

En estas obras se compendian los más poderosos argumentos y datos que demuestran que todas estas campañas aterrorizantes y que anuncian catástrofes, no son más que periódicas mentiras organizadas probablemente desde el poder político para mantener a la población en ascuas. Y también se ven enriquecidas por personas faltas de escrúpulos que quieren sacar provechos materiales y ganar posiciones en la sociedad con la imagen de sí mismos como profetas, predictores, gurúes, maestros y otros oficios similares.

Los tres días de oscuridad fueron anunciados por primera vez en esta generación en el año 1997, cuando se publicó un pequeño libro sobre un cinturón de fotones que captaría la luz solar al pasar frente a la tierra y nos dejaría sumidos en una oscuridad total (sin sol, ni estrellas, ni luna, ni energía eléctrica) por tres días. De inmediato eso nos evoca los anuncios de Jesús sobre su muerte y resurrección y muchas otras historias religiosas (míticas)         que nos han hablado de tres días de desolación. El tres es un número divino, no lo olvidemos. Todo lleno de símbolos. Eso sucedería en 1997. No fue así. Se dijo que sería en 1998. ¡Tampoco!  Se  nos dijo que sería para el cambio del milenio (mal ubicado del 99 al 2000 y no al nacer el 2001, como es efectivamente el primer año del nuevo milenio), junto con el desastre de los computadores por el asunto de la fecha mal programada. Sería horrible. Pero no sucedió. Entonces, alguien descubrió esto del 2012 y la presunta profecía maya y se nos anunció que desde ese día 21 de diciembre de 2012 habría tres días SIN LUZ SOLAR NI DE NINGUNA ESPECIE, pues el planeta Tierra estaría rodeado por estos corpúsculos que absorben la totalidad de la luz. Tal hecho no tiene ninguna base en la realidad: no existe el mentado cinturón y si acaso pasara algo así – la interrupción de la conexión con la energía solar -, el planeta se congelaría. De ser esto cierto en alguna medida, no bastaría con que algunos junten velas, sino que habría acciones indispensables a nivel de todo el planeta que, ciertamente, nadie está tomando. Un presunto informe de la NASA (¿Se ha observado que siempre se cita a la NASA como si fuera poseedora de la verdad absoluta?) es completamente falso. En el Diario LA TERCERA de hoy 30 de noviembre de 2012 se publica un artículo donde se resume una entrevista a David Morrison, director del Centro Carl Sagan de la NASA, donde queda clara la información oficial de las investigaciones espaciales, en el mismo sentido del que hablo en este texto. Cito al joven pero experto astrónomo chileno ANTONIO HALES: no hay nada en el cielo que permita esperar cosas graves el 21 de diciembre desde el punto de vista astronómico.

Las explosiones solares son cíclicas y los aumentos se producen cada 11 años. Por cierto que todo es cambiante en un universo que se mueve sin cesar, pero es difícil aceptar de buenas a primeras que estos ritmos sufrirán alteraciones en la magnitud sin que medien eventos externos, lo que, de acuerdo al instrumental disponible, ya habrían sido detectados.

Revisados todos los datos astronómicos y astrológicos (para dejar satisfechos a tirios y troyanos) no hay ninguno que diga relación con alineación de planetas ni nada que se le parezca. De hecho han existido alineaciones de algunos planetas antes y eso no ha significado nada desde el punto de vista físico, aunque sí de las energías espirituales (por ejemplo, el stellium de mayo de 1999 con varios planetas en la constelación de Tauro).

Lo más impactante de todos los anuncios, que son los cataclismos, no puede predecirse ni desmentirse. Nadie puede sostener que no habrá terremotos en tal o cual día, pero tampoco nadie está en condiciones de asegurar que los habrá. Ahora bien, los estudios existentes no permiten sostener la proximidad de cataclismos generalizados y de las intensidades o duraciones que pronostican algunos. Se ha dicho que hay más terremotos que antes. La verdad es que eso no se sabe ni se puede saber, porque hoy los sismógrafos y los sismólogos controlan lo que sucede y lo registran, pero hace unas décadas no era así. Incluso, podríamos sostener que la ocurrencia de un terremoto en lugares lejanos no era tema de interés ni de noticia como es hoy gracias a los avances de las comunicaciones.

Sobre que pueda suceder el fin del mundo, por cierto nadie puede asegurar que no sucederá. Lo que sí se puede decir es que esos anuncios divulgados hoy aludiendo a fuentes antiguas son falsos. Nostradamus no predijo el fin del mundo y mucho menos para esta época. Para él hay una datación que se extenderá por 1700 años más a lo menos. Pero tampoco lo anuncia el libro del Apocalipsis (del Nuevo Testamento cristiano) ni ningún otro anunciador conocido. Mucho menos los mayas, quienes sólo calcularon sus calendarios, sosteniendo que cuando coincidieran ciertas fechas habría grandes cambios, pues según ellos entendían eso siempre era así. Es decir, cada 26 mil años se producían estos grandes cambios en la humanidad (conocida por ellos). Naturalmente no hay documentación que acredite lo que sucedió en la anterior vuelta de 26 milenios del calendario, pero lo que está claro es que no se acabó el planeta. Tal vez lo más destacable es que en ese momento el hombre de Cromagnon ha desplazado a las otras especies y comienza un período de 13 mil años en los que el homo sapiens comienza a avanzar a mayor velocidad en su desarrollo. Es decir, si algo sucede en estas coincidencias de calendario es un mayor desarrollo de la humanidad y no un decrecimiento o destrucción.

Sobre los extraterrestres podría decirse mucho o muy poco, pues no hay certezas de nada. Que existan seres en el universo de igual o superior inteligencia que la de los humanos es perfectamente posible. Incluso es posible que haya algunos que estén entre nosotros. ¿Tomarán contacto oficial? En verdad, me encantaría saber de eso y creo que sería hermoso que habitantes del vasto universo fueran capaces de entenderse. Todo lo que leído me hace aceptar algunas hipótesis sobre la presencia de seres de otros mundos en el planeta. Lo más evidente son las historias de estos dioses parecidos a los humanos que se van y regresan. Y se vuelven a ir. Entonces, podrían regresar. ¿Y quien dijo que serían hostiles? Hasta ahora parece que, más bien, han venido a enseñar y a mejorar las cosas sobre el planeta. Lo que no estaría mal cuando tantos seres humanos con poder tratan tan mal los recursos naturales.

Pero, si los mayas anunciaron el fin de un calendario que coincide con otros finales en este lapso de aproximadamente 26 mil años, ¿tiene ello algún significado para los humanos? Lo más probable.

Si suponemos la existencia de ciclos relativamente ordenados, quiere decir que algo sucede en la energía humana. Los ciclos más conocidos son los provenientes de la astrología sumerio – helénica, que coincide con el concepto astronómico llamado precesión de los equinoccios. Esto consiste en que cada 72 años el eje imaginario de la tierra retrocede un grado respecto de las constelaciones (mapas del cielo que organizan las estrellas como si el firmamento fuera un plano) y eso viene a significar que cada 2.160 años aproximadamente en el instante del equinoccio de primavera del hemisferio norte y de otoño en el hemisferio sur el eje apunta a otra constelación.

Desde el punto de vista espiritual y cultural eso tiene relación con la vida humana, pues describe un marco de energías que orientarán el devenir de los habitantes del planeta y sus formas de relación y de organización.

En estos tiempos que estamos viviendo, desde esta mirada se está iniciando un período de dos mil años más o menos en los cuales primará la llamada energía acuariana. DOS MIL AÑOS. Por lo tanto es difícil que lo que pase un día determinado sea notoriamente significativo. Se dice que la era se inició en el primer día del año astrológico del año 1948 y de ser así estaríamos, en este 2012 (concretamente el 21 de marzo de 2013) iniciando el período final de 7 años del primer grado de la era, lo que no habla de estar ya derechamente en contacto con esa energía. Esta es la gran coincidencia: que el cambio de conciencia humana que trae este cambio se manifiesta a través de varios otros cálculos y calendarios, porque lo que se produce es un proceso de recambio de humanidad, de avance cualitativo en las relaciones humanas, teniendo como centro al ser humano mismo y su desarrollo integral.

Este es el cambio de conciencia que ya estamos viviendo.

Por lo tanto no es que el 21 de diciembre se produzca ese cambio, sino que es tal el grado de información que esto se irá generalizando, para permitir que no demore más allá de lo prudente y el nuevo tiempo pueda ser vivido intensamente por toda la humanidad. El 21 de diciembre todos sentirán que tienen permiso para cambiar e iniciar otra manera de ver la realidad. Algunos lo tomarán, mientras otros se aferrarán al mundo que muere, intentando defender su poder vertical y sustentado en la fuerza mientras les sea posible.

Eso puede pasar: que ante el avance humanista y espiritual, haya quienes quieran someter la libertad a sus intereses y aplastar el nacimiento de los hombres y mujeres nuevos. Y eso puede ser fuente de dolor por algunos años.

Este 21 de diciembre de 2012 yo estaré en Syncronía, dispuesto a celebrar con alegría un solsticio más, entendiendo que esa misma noche habrá muchos que verán renacer las esperanzas y el mundo entero habrá dado un paso más en el acercamiento de los dolores.

Con el mayor cariño.

Jaime Hales

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