El misterio sigue rondando en Vaticano tras dos juicios por Vatileaks.

En menos de dos meses el Vaticano celebró dos juicios inéditos y públicos por el escándalo llamado Vatileaks, los cuales no han logrado disipar las dudas y los misterios que rondan en el Vaticano por la filtración de documentos confidenciales del Papa.

La “instrucción no ha sido cerrada”, dijo el portavoz del Vaticano al responder a las críticas de varios observadores por la celeridad de los juicios contra el ex mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele y el informático Claudio Sciarpelletti.

Para muchos editorialistas y expertos en asuntos del Vaticano, la jerarquía de la Iglesia católica quiso cerrar el caso rápidamente y además de otorgar sentencias leves, evitó abordar las razones por las que el ex mayordomo traicionó al pontífice.

Las acusaciones de corrupción, mala gestión, luchas internas por el poder, ineficiencia y abusos de la Gendarmería vaticana, fueron eludidas completamente.

El ex mayordomo del Papa, condenado a 18 meses de cárcel por robo agravado de documentos confidenciales, cumple su condena en una celda del Vaticano.

El tribunal vaticano condenó en forma sorpresiva el sábado a una pena leve, dos meses de prisión, al informático encargado del mantenimiento de las computadoras de los apartamentos del Papa.

Sciarpelleti, un italiano de 48 años, protagonista del segundo proceso, fue condenado por haber intentado obstaculizar la investigación contra Gabriele con declaraciones contradictorias.

“Comparada con la condena a Gabriele, la de Sciarpelletti resulta severa”, comentó Andrea Tornielli, vaticanista de La Stampa y de la página internet Vatican Insider.

El programador informático incurrió durante las investigaciones en una serie de contradicciones sobre su relación con Gabriele y fue involucrado tras el descubrimiento en un cajón de su escritorio de un sobre de tamaño mediano color blanco, cerrado, con el sello azul de la Secretaría de Estado, y en el que se leía “personal P. Gabriele”.

Los dos procesos por Vatileaks, marcados por las pocas audiencias, se concluyeron “con numerosas incoherencias” y dejaron “muchas sombras y zonas oscuras”, sostiene por su parte el vaticanista Iacopo Scaramuzzi en su blog Linkiesta.

Lo cierto es que un clima de tensión y sospechas reina en el Vaticano desde que fueron publicados a comienzos de este año por la prensa italiana un centenar de documentos internos y confidenciales, dirigidos al Papa o a su secretario personal, sobre temas muy delicados.

Convocado por el tribunal, el director de la Oficina de Información de la Secretaría de Estado, monseñor Carlo Maria Polvani, manifestó con tono dramático el sentimiento que ronda entre los funcionarios de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia.

“Juro sobre mi bautismo y sobre mi sacerdocio que jamás he sustraído o transferido documentos secretos”, declaró.

“Circulan muchas estupideces, inclusive que soy un simpatizante del Che Guevara. Espero que la verdad salga a relucir y el perdón prevalezca”, comentó el religioso, indignado por los rumores que lo involucran en la fuga de noticias y denuncias de corrupción y abuso de poder dentro del Vaticano.

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