Un arqueólogo onubense descubre en Portugal un barco hundido que podría ser único en el mundo.

Huelva24.com / Mario Asencio

Claudio Lozano, arqueólogo subacuático y doctor de la Universidad de Huelva, halló en octubre un mes cerca del Cabo San Vicente un pecio que coincide con un patache, una embarcación auxiliar de las armadas, del que hay mucha documentación, aunque nunca se ha encontrado ninguno. El barco encontrado está siendo estudiado por la Universidad de Texas y todo apunta a que se trataría de una nave cuyo armador y piloto eran de Huelva, que venía de contrabando desde Río de la Plata y naufragó en 1608.

 

El arqueólogo subacuático Claudio Lozano descubrió en octubre en la bahía de Baleeira, situada junto al cabo de San Vicente del Algarve, portugués un barco hundido del siglo XVII que por sus características podría ser un patache, una embarcación de la que hay mucha documentación pero que nunca ha sido encontrada. Además esta nave coincide por su situación y características con una acerca de la que hay mucha documentación, puesto que naufragó en 1608 y las autoridades entrevistaron a su piloto y al armador, Pedro Díaz, ambos de Huelva, porque transportaba de contrabando plata camuflada en cajones de azúcar.

Así lo cree Lozano, doctor de la Universidad de Huelva con un notable curriculum y con amplia experiencia en la arqueología subacuática tras trabajar en todo el mundo en proyectos con pecios y geodetección. Fue uno de los primeros en explorar científicamente un navío de la Batalla de Trafalgar y publicar sus resultados internacionalmente Explicó que la zona de Sagres era para los navegantes de la época “el primer refugio, por así decirlo, del cabo San Vicente, para todo los barcos de vuelta que vienen del Atlántico abierto y que llegan a la bahía de Lagos”, por lo que eso le convierte en un escenario donde ha habido muchos atraques y naufragios. De hecho ya informó a las autoridades en 2009 de un barco no catalogado en esas aguas.

Lozano y otros compañeros utilizan la zona de Sagres y el Cabo San Vicente como lugar de entrenamiento, porque “hay mucha visibilidad durante todo el año y porque hay cuevas, lo que nos obliga a un tipo de buceo muy específico y nos sirve para después ir a otros sitios, como por ejemplo los cenotes mexicanos”.

Durante uno de esos entrenamientos en inmersión, en los que estaban probando scooters (torpedos subacuáticos para desplazarse) “me llamó la atención unas maderas que vi en el fondo”, señaló el arqueólogo onubense, que entonces recordó que “el lugar se correspondía con un barco del que leí hacía seis o siete años y que había llamado mi atención porque se decía claramente en la documentación que el armador y el piloto eran de Huelva. Esas cosas que se te quedan porque eres de Huelva”.

 

Sobre lo que pudo comprobar in situ, indicó sobre su estructura que “se veía claramente que había un sistema de construcción en cabillas, que es con unos clavitos de madera” y que “eran de roble, que era una madera bastante antigua, que han perdido celulosa y se vía claramente el paso de los años y cómo las bacterias y otros animales lo había ido devorando”. Además señaló que “todo el conjunto formaba lo que se llama una trampa de sedimento. Cuando el barco se hunde y se funde por así decirlo con el contexto subacuático, con la arena y con el lodo, atrae bacterias y forma como una cápsula, y a esa se le asocia mucha materia orgánica y eso es lo que había allí”.

Él y su equipo hicieron una serie de fotografías y lo pusieron en conocimiento de las autoridades, junto con la posición GPS del pecio para que evaluaran la información que habían recabado. La Capitanía Marítima dio parte a su vez al Instituto Portugués de Arqueología y un perito trató el expediente. “Da la casualidad que este perito tiene un proyecto con la Universidad de Texas y que precisamente estaban buscando ese barco, aunque inicialmente la zona donde ellos tenían hecho el proyecto no incluía el área donde yo estaba buceando. Buscaban por otro lado. Ellos no estaban buscando por la parte vinculada al Puerto de Baleeira y ahí estábamos nosotros”, comentó Lozano, que habló con el perito luso para ofrecer su colaboración. Señaló que ahora mismo “ellos están evaluando el material y acabando el muestreo y la Universidad de Texas es la que lleva la batuta porque es la que había presentado el proyecto”.

 

El arqueólogo onubense asegura que el caso de este barco es “bastante relevante” porque muy probablemente se trataría de un patache y “es interesante porque nunca se ha encontrado uno”.  Resaltó que “hay muchas referencias iconográficas en los archivos pero no tenemos la realidad y por eso toma el interés de la Universidad de Texas de encontrarlo, porque si se consigue es el único que hay en el mundo porque nunca se ha encontrado ninguno”.

Es una embarcación de unas 30 toneladas y entre 20 y 24 metros de eslora. “Es un tipo de barco auxiliar de la flota y ligero. Nace como barco auxiliar de las armadas, de los barcos de guerra, de galeones grandes. Se utiliza dentro de las bahías y los ríos, para sacar llevar el correo, abastecer de comida y agua y sacar la basura”, comentó y añadió que este barco es “muy útil para el contrabando y el pirateo porque es un barco muy veloz y ágil” y que “es relativamente pequeño, pero es ideal para hacer navegaciones rápidas sin ser interceptado y es muy del gusto de los corsarios y de los piratas porque con una tripulación pequeña puedes atacar barcos más grandes”.

Toda la historia del lugar donde se encontró el barco cuenta con bastante documentación y “el caso de que aparezca este barco allí es representativo. Por eso es interesante, por la especialidad del barco y porque es de un tipo de Huelva que genera mucha documentación”.

Referencias históricas

Según documentarse leer Lozano a través de las referencias históricas, este patache “venía de contrabando desde Río de la Plata y el barco tiene un accidente en Baleeira y se captura al capitán, al piloto y a varios pasajeros. No se cita que haya muertos, sino que encalla en la orilla, la gente se salva y algo de su mercancía y se abre un oficio de la casa de Contratación de Lagos”.

 

En este caso se toma declaración y al patrón, se le pregunta a los pasajeros que de dónde vienen, y eso genera mucha documentación administrativa. “Se habla de que el armador era de Huelva y el piloto también, de dónde venía y que traía y eso lo hace todavía más interesante. Sucede que es un barco con un armador y piloto de Huelva que va a Río de la Plata, recala en Brasil  y que en cajones de azúcar trae plata que se denomina sin quintar, fuera del control administrativo y que no ha pagado ninguna tasa”.

El barco naufraga en 1608 y en 1613 y 1625 “se producen  intentos de recuperar lo que se ha quedado en el fondo. Yo creo que el barco durante la época es saqueado completamente. Está a poca profundidad, unas seis brazas de agua, que es muy poco, y se hunde en una zona donde hay buzos”, concretamente en la almabraba de Baleeira, un punto “muy interesante, porque era para la pesca del atún era la primera que había en la zona vicentina de la costa del Algarve, pegado al cabo, y es tan importantes desde el punto de vista económico esa almadraba, que tiene una fortaleza que la defiende, un pequeño baluarte encima del acantilado”.

Además Lozano recordó que esta fortaleza “fue atacado por Drake en su huída después del asedio de Cádiz, en el que destruye una gran cantidad de barcos en la bahía y en su regreso a Inglaterra va destruyendo todas las baterías costeras que va encontrando y una de ellas es la defensa de la almadraba de Baleeira”.

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