Relato de terror: “El innombrable”.

Andrés Gandía

Imagen/ilustración de Elizabeth Pantano

Sabida es la existencia de creencias populares acerca de  los llamados GAFES. Personas que dan mala suerte o producen algún mal en quien trata con ellas, se cruza la mirada, es tocada o, simplemente está en el pensamiento, sea por el motivo que sea, del personaje.

También se dice que dan mal de ojo. Supongo que será lo mismo o algo parecido.

En Andalucía están bien arraigadas estas creencias y, concretamente en Cádiz, caso que conozco por haber vivido allí muchos años, el objeto de las mismas era un señor, al que supongo ya fallecido por el tiempo pasado desde los hechos que refiero, sobre el que recaían las sospechas de todo el mundo acerca de su “mal fairo”. Era definitivamente un perfecto gafe.

Llegaba a tal grado la popularidad de sus “logros”, que la gente al verle, cruzaba al otro lado de la calle, a la otra acera, con tal de no pasar junto a él.

Daba mala suerte hasta invocar su nombre y por eso le llamaban El Innombrable.

Lo cierto es que se le conocían un sin fin de actuaciones nefastas, seguramente casualidades, pero atribuidas a su presencia o acción, directa o indirecta.

Si alguien tenía un accidente, bien de automóvil, bien doméstico, como una caída, una torcedura o algo similar,  era porque el día anterior se había cruzado con este pobre señor y le había mirado. Si alguien perdía su trabajo, si alguien perdía su cartera, si un matrimonio se separaba, si alguien se ahogaba en la playa, si un turista se atragantaba en un restaurante, si se rompía algo en el medio de locomoción que fuera, si …

Sí, fuera lo que fuera, todo era atribuido a haber hablado con él, haberselo cruzado, haberle mirado o haber sido mirado por aquella persona, y el colmo era haber sido tocado o haber cruzado la mirada, más si se miraba fijamente a los ojos.

Había quien decía que hacía “encargos”, es decir, alguien que quería el mal de otra persona, le llevaba a este señor, con mucho cuidado y sin hablarle (por escrito o a través de terceros inmunes, que los había), una prenda o pertenencia del malquerido y con que la tocara, estaba asegurado que algún desastre iba a suceder en la vida del propietario de la pieza. Decían que cobraba por ello una módica cantidad; pero nunca se llegó a demostrar. Otros decían que lo hacía por aficción y otros que ni él mismo creía en sus supuestos “poderes” y que todo eran imaginaciones de la gente.

Lo que si es cierto, al parecer, es que en un famoso accidente naval en que dos patrulleros construidos en la Empresa Nacional Bazán de San Fernando estaban haciendo pruebas de mar y chocaron entre sí, con resultado de muertos y heridos, se detectó la presencia en el muelle del famoso Innombrable.

¿Casualidad? No lo se. Yo procuraba no cruzarme con él, por si acaso.

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