Iker Jiménez: «¿Miedo? Sé qué es el terror de una energía negativa».

Lleva toda la vida con un pie y medio al otro lado de la realidad. Ha conseguido que sus jefes al fin lo traten con más respeto que el FBI a Mulder y Scully.

Por Manuel de la Fuente
 
Lleva toda la vida con un pie y medio al otro lado de la realidad. Ha conseguido que sus jefes al fin lo traten con más respeto que el FBI a Mulder y Scully, y asegura que el «expediente X» que más le gustaría resolver es el misterio de las caras de Bélmez.
-Por mucho que usted se vaya por esos mundos de Dios o del diablo, sus programas reivindican valores clásicos.
-Hay críticos que sólo se circunscriben al fantasma, al encantamiento, sin darse cuenta de que la clave es que intento transmitir, mejor o peor, una serie de valores que van más allá de es. Valores como recuperar el cuadro de actores, en la radio, y las recreaciones en la TV, por ejemplo. Y tratar el misterio con mucho respeto, como se merece.
-Me temo que sus jefes debieron pensar que estaban ante un marciano.
-Yo de niño me aterrorizaba oyendo a los actores de la radio y siempre han pervivido en mí aquellas sensaciones. Cuando empecé en la radio, una de mis ideas clave era la de intentar que la gente más joven sintiera el trabajo de un cuadro de actores que, no le voy a engañar, estaba absolutamente defenestrado, que andaban por ahí haciendo cuñas publicitarias. Sí, es cierto, cuando yo planteé la historia a los jefes, me dijeron, ¿dramatizaciones?, esto suena a rancio, esto suena al parte. Pero funcionó, vaya si funcionó.
-De madrugada, la radio da mucho más canguis que la tele.
-Por supuesto, no es lo mismo estar en tu salón ante una pantalla que ir conduciendo por un camino solitario y oír cómo te hablan de ovnis. Pero también aquí he intentado recuperar valores clásicos que estaban como olvidados. Hay que trabajar el programa, dotarle de sensaciones, con su música, su ambiente, sus documentos, intentar crear mundos nuevos. Es un lujo saber que con una recreación estás enseñando algo o, incluso, «aterrorizando» a ochocientas mil personas.
-¿La audiencia y el share son los poltergeist a los que usted se tiene que enfrentar?
-Soy consciente, sobre todo en la tele, de lo que hay en la competencia a esa misma hora. Pero sé muy bien por lo que apostamos nosotros. Por mi programa pasan todo tipo de expertos de primera categoría. -No me diga que cuando se acerca al estudio le crecen las uñas, el vello y los colmillos.
-Yo me transformo en el estudio. No puedo leer, tengo que sentirlo, creérmelo y transmitirlo. El gran misterio de la comunicación es por qué alguna gente rompe el cristal de la pantalla y entra en tu salón, como Rodríguez de la Fuente.
-A veces, en antena, casi entra en trance.
-La gente me dice, a veces te quedas con una cara de gilip… Y es la verdad, pero ¿qué es mejor, la cara de gilip… o un presentador que mientras habla el invitado se está tocando el pinganillo mirando a otro lado?
-A muchos espectadores también parece que les pone más el más allá que el más acá.
-Existe cantidad de gente a la que le ha pasado cosas y que no se ha atevido a contarlo hasta que ve un programa serio como el nuestro. El capítulo dedicado a desapariciones en la carretera, todo un mito, recibió mil doscientos cincuenta mensajes de gente a la que le han pasado cosas de ese tipo.
-¿Y el límite entre el bien y el mal, televisiva y radiofónicamente hablando, dónde está?
-Por supuesto, nos fijamos límites. Por ejemplo, los temas del diablo no me gustan nada. Y hay asuntos sórdidos sobre los que te cuestionas que puedan aportar algo a alguien, como ciertas historias relacionadas con sacrificios humanos.
-¿Hay bichas que es mejor no mentar?
-Sí, en España hay temas tabués, incluso peligrosos.
-¿Es tan libre el miedo como cuentan?
-Desde luego, el miedo es libre y además es una de las fuerzas más importantes de la Naturaleza. Durante varios años fui subdirector de la revista «Enigmas», que dirigía Jiménez del Oso, y viajé y aprendí mucho. Yo me iba con mi cámara, con mi grabadora y mi cuaderno y pasé miedo, muchísimo miedo en muchísimas ocasiones. Miedo sobrenatural y miedo físico, que no sé cuál es peor. Hubo sitios donde me sentí tan horriblemente mal, tan absolutamente destruido, como si realmente existiera una energía negativa.
-¿El miedo va por barrios, por modas, por épocas?
-Siempre que hay situaciones extremas, crece el interés por las cuestiones de misterio. En España, en los sesenta hubo una gran intensidad del fenómeno ovni, tanta que ABC llegó a tener una sección específica de ovnis que escribía Carlos Murciano, «el corresponsal en el mundo de los ovnis». Hasta recuerdo cómo empezaba aquel mítico reportaje: «Algo flota sobre el mundo, sobre este viejo mundo cansado de vagar por los espacios infinitos…»
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