10 cosas que deberíamos hacer a diario para sentirnos bien (y que no solemos hacer).

10 cosas que deberíamos hacer a diario para sentirnos bien (y que no solemos hacer)

Cambiar no es tan difícil, sólo hay que ser constante en los pequeños gestos. (Corbis)

Con el Año Nuevo llegan los grandes propósitos y las empresas descabelladas que buscan cambiar nuestra vida de cabo a rabo y, de una vez por todas, ser felices. Tan elevados son estos propósitos que, como sospechábamos antes de emprenderlos, tarde o temprano terminan siendo olvidados, en parte por desidia, pero también por la propia dificultad inherente a estas metas. En realidad, nuestra vida puede mejorar en un grado mucho mayor a través de las acciones más pequeñas de nuestra cotidianidad, que al mismo tiempo son las que menos esfuerzo requieren, aunque sí necesitan constancia y tenerlas presentes día tras día.

Infinidad de los libros de autoayuda han repetido hasta la saciedad los siguientes consejos, seguramente porque no haga falta una especial lucidez para alumbrarlos. Como las recetas de la abuela, forman parte del acervo cultural. Muchos de ellos, reformulados, se han recogido en obras como The Power of Habit: Why We Do What We Do, and How to Change (William Heinemann) de Charles Duhigg, que analiza las grandes compañías estadounidenses para analizar cómo un cambio de costumbres puede repercutir en el mundo de los negocios, o Willpower. Why Self-Control Is the Secret of Success (Penguin) de Roy F. Baumeister, que apuesta por el autocontrol como herramienta para la mejora personal. La dificultad, en todo caso, es tenerlos presentes y cumplirlos en nuestro día a día, cuando consumidos por el trabajo, las obligaciones y el estrés familiar ponemos el piloto automático y no nos paramos a reflexionar en lo que estamos haciendo. Así pues, ¿qué podemos hacer para vivir un poco mejor en 2013?

Debemos dedicar un rato al día a pensar qué podemos mejorarRecuerda a tu familia que la quieres. En una situación que se repite de manera recurrente en muchas películas: un personaje, a punto de morir, se pregunta por qué no ha manifestado un mayor cariño hacia su familia, antes de que fuese demasiado tarde y ya no hay forma de remediarlo. Pero no es esa la única razón para expresar nuestro cariño, sino que, como señalan los psicólogos, la felicidad no es una respuesta automática ante las acciones de los demás, sino un estado mental que parte de nosotros mismos. Además, manifestar cariño es el camino más corto para recibirlo.

Pasa tiempo soloReflexionar sobre lo que hemos hecho a lo largo del día con el objetivo de analizar nuestros fallos y aciertos, y realizar un listado mental de lo que tenemos que hacer al día siguiente, sin grandes agobios, es preferible a ir a la cama en un estado de inconsciencia absoluto y levantarnos agobiados porque acabamos de recordar algo que deberíamos haber hecho (y no hemos hecho). Hay quien recomienda la meditación, pero no hace falta irse tan lejos, sino simplemente relajarse por los propios métodos que cada cual posee para ser un poco más feliz.

Ríete. Que seamos personas serias no quiere decir que no debamos sonreír o permitirnos soltar una carcajada de tanto en tanto, por mucho que algunas personas piensen que así es. Al reírnos, nuestro cerebro libera adrenalina y endorfinas que estimulan el bienestar, el placer y la felicidad, hacemos un gran ejercicio facial en el que movemos más de 400 músculos, conseguimos relajar nuestro cuello y espalda y, finalmente, mejora la oxigenación de nuestros pulmones. Además, resulta muy divertido.

Descansa. Acostarse a una hora prudencial, con la conciencia tranquila, dormir siete horas seguidas y levantarse temprano pero descansado son factores esenciales en nuestro funcionamiento diario. Mantener unos buenos hábitos de sueño mejora la calidad de nuestra piel, mejora nuestro funcionamiento cardiovascular, ayuda a mejorar nuestra motricidad, permite reparar fuerzas, impide que engordemos ymejora nuestra memoria. Todo son ventajas.

Optimizar el tiempo nos ayuda a relajarnos porque sabemos cuánto podemos dedicarle a cada actividadOrganízate. Mucha gente tiende a identificar el orden y la organización con el aburrimiento y la incapacidad de escapar de los propios esquemas, cuando más bien es al revés. Sólo podremos improvisar y romper el guión cuando sabemos que podemos hacerlo. Optimizar al máximo el tiempo, además, evita estrés innecesario y nos permite disponer del tiempo libre suficiente como para poder dedicarnos a otras actividades de esparcimiento y evitar que nos pille el toro con algún trabajo pendiente. Además, a un nivel más general, saber claramente cuáles son nuestras metas y qué debemos hacer para alcanzarlas debe ser el principio configurador de nuestra agenda diaria. Es uno de los consejos enunciados en The World Book of Happiness (Firefly Books), publicado el pasado 2011 y recopilado por Leo Bormans.

Lee. No sólo por culturizarte y formar parte de ese privilegiado 43% de la población española que afirma leer con frecuencia, sino porque además de evadirnos a otros mundos desde nuestro propio dormitorio y aprender cosas nuevas, también permite descansar, desconectar de nuestras preocupaciones diarias, mantener a punto nuestra mente, y por qué no, prepararnos para conciliar el sueño.

Haz actividad física (aunque no sea ir al gimnasio). No falla. Cada mes de enero, los gimnasios de España se abarrotan gracias a la gente que, espoleados por una pizca de mala conciencia, ha considerado que no puede esperar más y acude a estos centros deportivos con el objetivo de, este año sí, ponerse en forma. Para marzo los gimnasios vuelven a estar vacíos en espera de que la temporada veraniega llegue, y ello nos sugiere que quizá debamos plantearnos metas un poco menos elevadas. Hacer un poco de ejercicio, aunque no nos convierta en atletas, como pasear, subir a pie las escaleras o, ejem, practicar sexo, siempre será mejor que levantar pesas durante dos semanas y dejarlo pasado ese tiempo.

La luz solar es imprescindible para nuestra felicidadQue te dé un poco el aire. Además de otros beneficios físicos asociados a la actividad de salir a dar una vuelta (hacer ejercicio, desconectar del insistente ordenador, estrechar relaciones con aquellos con los que paseamos), el mero hecho de recibir rayos solares es muy beneficioso para nuestra salud. Con unos 25 minutos al sol en verano (y 45 en invierno) nos bastará para que nuestros niveles de vitamina D aumenten sensiblemente, gracias a la melatonina segregada.

Da las gracias. Lo dice la ciencia: ser agradecidos con los demás favorece el optimismo, la felicidad y evita la depresión. Es lo que concluyó un estudio publicado en el Journal of Happiness Studies y realizado por miembros de la Universidad de Hofstra, que afirmaba que los estudiantes más agradecidos sacaban mejores notas, se integraban socialmente de manera más fácil y sentían menos tristeza y envidiahacia sus compañeros. Además, como ocurría en el caso de la familia, la mejor forma de que nos agradezcan lo que hacemos es haber dado nosotros previamente las gracias.

Mantén algo que te ilusione en perspectiva. Siguiendo lo que apuntamos anteriormente acerca de nuestras metas y objetivos, debemos también tener algún deseo en mente que nos haga felices al final del día, ya que como hemos visto, no todo debe ser trabajo y responsabilidades. No se trata simplemente de ver tu programa preferido al final de la jornada laboral o de cenar con una cita interesante, sino de, por ejemplo, tener un viaje en mente que nos haga felices y de esa manera, afrontar la cotidianidad con más ganas.

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