Scherer, Sandri, Scola, Schönborn y Tagle, el enigma de los papables.

A una dimisión exprés e inédita, la necesidad de una elección bajo presión para que no haya un vacío de poder en el Vaticano el día del Viernes Santo. ¿Por qué eligió el 28 de febrero?

LA SUCESIÓN DE BENEDICTO XVI

Juan-Fernando Dorrego Tíktin

Con su sentido exacto y muy minucioso, el papa Benedicto XVI fijó la fecha de su renuncia. El 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, se hará efectiva. Benedicto XVI, que a sus 85 años está de salud razonablemente bien pese a sus limitaciones, pudo haber esperado hasta la celebración de la Semana Santa y el Domingo de Resurreción, fechas claves en Roma, para que no hubiera un sentido de urgencia y presión. No lo hizo.

A comienzos de marzo debería activarse todo el proceso de su sucesión para concluir antes del día 20. El Papa por tanto no habría dimitido en acto de debilidad, ni por razones de salud urgentes (que no existen), sino en muestra de poder y de un plan calculado.

Él mismo siempre se consideró como un Papa de transición, tras el gigantesco Papado de Juan Pablo II y su magnética personalidad, un auténtico líder de multitudes hasta que quedó quebrado por un esfuerzo titánico. Ha estimado que su tarea, la de hacer frente a los grandes escándalos de pedofilia y casos de corrupción, acabó. Y considera por tanto que es el momento de buscar un pontífice que abra una nueva era, con energía y capacidad para seguir la senda del gran Papa polaco de ser un peregrino y no el párroco de Roma.

Benedicto XVI, a la sombra de Juan Pablo II, como su estrecho colaborador, ha querido evitar su total declive o incluso una larga agonía preparando de forma sorprendente su relevo. Son por tanto cuatro las cuestiones del enigma abierto de los papables:

1. El cónclave se reúne en un marco inédito, bajo la mirada del Papa dimitido (que no participa por edad pero que mantiene su sombra moral sobre la reunión) y la expectación internacional. Los cardenales deben dar por tanto la primera respuesta de si eligen un liderazgo asentado en Europa, América Latina, África o Asia.

2. El mensaje enviado al cónclave por el Papa es de ruptura. Su dimisión abrupta -y sorprendente porque nunca sucedió en la historia moderna- dice a los cardenales que acabó la continuidad de los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y aunque los actuales cardenales representan lógicamente la continuidad de quien les designó (los dos últimos Papas; 51 por Juan Pablo II, y 67 por Benedicto XVI) tienen en sus manos la llave de un cambio sin precedentes.

3. El Papa, pese a no participar en el cónclave, ha creado una situación inédita. ¿Cuál será su cargo? Teóricamente se convierte en exPapa, va a convivir muy próximo con su sucesor. Podrá permanecer callado o seguir escribiendo, e incluso con mensajes a la opinión pública desde su retiro en un monasterio. Este situación va pesar en las vísperas de este cónclave y en la decisión de los cardenales. Nunca hubo un factor estratégico semejante.

4. La fuerza de los mensajes de Benedicto XVI ha sido enorme con su denuncia de la persecución de los cristianos en Oriente Medio, África y Asia (la política cínica de palo y zanahoria de China). Activo en Twitter, en los grandes debates de moral, las cuestiones éticas de los cambios de vida y la irrupción de las nuevas tecnologías. Para su sucesor, su papel tan activo supondrá desde el primer momento una exigencia. Esta cuestión no la pueden olvidar tampoco los cardenales.

En la lista de los papables, donde puede haber al final una gran sorpresa, hay tres grandes líneas y una incógnita:

a) Un Papa de América Latina. Odilo Scherer, arzobispo de la enorme diócesis de Sao Paulo, o el ítaloargentino Leonardo Sandri, que ahora dirige el departamento vaticano de las Iglesias Orientales. Son igualmente relevantes el hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y los brasileños Claudio Hummes y João Braz de Aviz. Igualmente el cardenal canadiense Marc Ouell habla perfectamente español y conoce a fondo América Latina.

b) Un Papa de África. Peter Turkson de Ghana, al frente del departamento de Justicia y Paz del Vaticano, o el cardenal nigeriano Francis Arinze .

c) Un Papa de Europa. El italiano Angelo Scola y el austríaco Christoph Schönborn son dos candidatos importantes.

d) Y la posible sorpresa, un Papa de Asia. El arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, de 55 años, es el segundo cardenal más joven de la Iglesia. Entre él y Benedicto XVI, pese a la edad, hay la conexión de mismo espíritu de lucidez y rebeldía, de hondura teológica, y de pasión por utilizar las redes sociales. ¿El llamado cardenal de Facebook y Twitter -como destacó Hechos de Hoy- será la respuesta del cónclave que ha suscitado más expectación en la historia de la Iglesia católica?

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