Un informe repleto de corrupción, sexo y chantajes pudo propiciar la renuncia papal.

El diario italiano La Repubblica desvela algunas de las conversaciones que golpearon a Benedicto XVI antes de que anunciara su decisión de abandonar la cátedra de San Pedro
JESÚS J. HERNÁNDEZ
Un informe repleto de corrupción, sexo y chantajes pudo propiciar la renuncia papal

Un rayo impacta en la cúpula de la basílica de San Pedro el 11 de febrero pasado, el mismo día que el Papa anunció su renuncia. /Reuters

Faltaba exactamente una semana para Nochebuena cuando Benedicto XVI encontró sobre la mesa el informe que había pedido. Se lo había encargado meses antes a tres cardenales mayores de 80 años y ajenos por ello a la mayor parte de las intrigas de la Curia por su condición de exentos de voto en el cónclave. Dirigidos por el purpurado español Julián Herranz, que reclutó a Jozef Tomko y Salvatore De Giorgi, interrogaron a 30 personas y redactaron 300 páginas que no dejaban títere con cabeza. Según ha publicado este jueves La Repubblica, el relato completo del ‘Vatileaks’ -la filtración de documentos secretos por parte del mayordomo papal- se complicaba con casos de malversación de fondos y relaciones homosexuales en el Vaticano. Una sucesión de escándalos pasó aquel día por delante de los atónitos ojos de Benedicto XVI. Y, a cada línea, la renuncia se hacía más cercana.

“Todo gira en torno al sexto y al séptimo mandamiento” -los referentes a robar y al sexo-, según el diario romano. El punto de partida fue Angelo Balducci, entonces ‘gentiluomo’ del Papa y presidente del Consejo Nacional italiano de Obras públicas. La Policía pinchó su teléfono durante una investigación por corrupción y descubrieron que un miembro del coro de la Basílica de San Pedro le ofrecía servicios sexuales con seminaristas. “Mide 2 metros, pesa 97 kilos, tiene 33 años y es completamente activo”, aseguraba su contacto. Siempre según el periódico italiano, algunos de los encuentros sexuales se habrían producido en el mismo Vaticano, aunque habitualmente se optaba por villas en las afueras de Roma y en la casa del director de la RAI Vaticano Marco Simeon.

Las páginas de La Repubblica desvelan también la existencia de un ‘lobby gay’ en la Curia, “una red transversal unida por la orientación sexual” y debido al material que manejan, casi se podía esperar, una intrincada red de chantaje en la que altos cargos de la Iglesia se verían salpicados.

“La cizaña. Las malas hierbas. La manzana podrida”. Son palabras de Benedicto XVI en octubre cuando recordaba la figura del Papa Juan XXIII. Horas después se reunía, una vez más, con el cardenal Herranz. A una semana de Navidad, fue otro rostro el que le vino a la cabeza. Había dejado su palio un año antes sobre su tumba. Celestino V, el célebre Papa del siglo XV que se atrevió a renunciar. Aquel día se comenzó a fraguar la idea de un Pontífice “lo bastante fuerte, joven y santo para poder afrontar el trabajo que le espera”.

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