Hallan un sexto continente “fantasma” en el Índico.

Europa Press 

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Isla Mauricio. Imagen: EFE

Un equipo internacional de científicos han hallado restos de un microcontinente antiguo en el Océano Índico. Concretamente, se han encontrado, en Isla Mauricio, 20 circones, cristales diminutos de silicato de circonio que son extremadamente resistentes a la erosión o al cambio químico, que tienen entre 660 y 1.000 millones años de antigüedad.

 

Otras cuencas oceánicas en todo el mundo bien puede albergar restos sumergidos de continentes “fantasmas”, según ha indicado uno de los autores del estudion publicado en Nature Geoscience, Mac Niocaill.

Ahora, falta conocer los resultados detallados del fondo del océano, incluidos los análisis geoquímicos de las rocas, que revelarán si ‘Mauritia’ es una “parte hundida” de Madagascar.

El trabajo sugiere que no solo uno, sino muchos fragmentos de corteza continental se encuentran bajo el Océano Índico. Los análisis de campo gravitacional de la Tierra revelan varias grandes áreas del fondo marino donde la corteza es más gruesa de lo normal, de 25 a 30 kilómetros de espesor en lugar de los 5 o 10 kilómetros normales.

Los científicos han indicado que esas anomalías corticales pueden ser los restos de una masa de tierra que el equipo ha apodado ‘Mauritia’, y que se habría separado de Madagascar cuando éste se separó, a su vez, de La India, hace 60 millones de años.

Tras el estiramiento y adelgazamiento de la corteza de la región ‘Mauritia’ se hundió y ha permanecido oculta bajo capas de lava. De haber quedado en la superficie, habría sido una isla del tamaño de Creta, según han apuntado los investigadores.

Un mineral poco habitual

El equipo halló los circonios tras recoger muestras de arena de la Isla Mauricio, conocida como destino turístico. Este mineral no es habitual en la isla y, según han indicado los expertos “no hay una fuente local obvia para estos circones” más que “se hayan producido en Madagascar, al otro lado de un mar profundo”.

“No es posible que el hombre las pusiera allí ni que el viento las arrastrara, debido a su tamaño”, ha indicado uno de los autores de la investigación, Robert Duncan.

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