Relato de lo extraño: “El barco”.

Andrés Gandía

Se cuenta que en el puerto pesquero de Motril, hace algún tiempo, una mañana muy temprano,  entró un barco pesquero con base en ese puerto.

Los tripulantes de otros barcos pesqueros y trabajadores del puerto, lo reconocieron como uno de los tripulados por sus compañeros pescadores y vecinos. Familiares, algunos de ellos. Amigos de otros.

Oyeron voces que procedían del barco, dando órdenes para el atraque y saludando a los del muelle, pero no vieron a nadie en cubierta.

De repente y ante el estupor y asombro de todos, el pesquero desapareció de su vista. Quedaron estupefactos. Algunos corrieron al muelle por ver si estaba hundido allí mismo. Nada.

Los demás estaban todos como paralizados. No daban crédito a lo que había sucedido.

De pronto, a alguien se le ocurrió algo: ¡la radio!.

Llamaron nerviosamente al barco supuestamente ¿desaparecido?.

Tras un lapso de tiempo relativamente breve, pero que a los presentes les pareció eterno, recibieron respuesta: aquel barco estaba a algunas millas de distancia, había acabado su faena y se disponía a volver a puerto.

Se tranquilizaron en parte, pero esperaron la llegada del pesquero con los nervios a flor de piel, tras lo que habían presenciado.

A su vuelta, los tripulantes no creían lo que les estaban contando. Ellos habían estado a lo suyo, lejos de allí y no habían notado nada raro. Si acaso, alguno refería un calor inusual para la época y hora en que se encontraban.

¿Explicación?. Puede que la tenga. Se sabe que algunos fenómenos poco frecuentes de inversiones de temperatura, que pueden darse en el mar, por intercambio de calor entre el agua y la atmósfera, son capaces de concentrar la luz de tal modo que parezca que un barco está próximo, cuando en realidad se encuentra más allá del horizonte. Se trataría de algo así como un espejismo como los que se dan en el desierto.

Pero, ¿y las voces?, ¿y el atraque?. ¿Tiene la Física respuesta a todos los fenómenos, por extraños que parezcan?. Puede que si, pero hay cosas que parecen estar más allá de nuestra comprensión. O, cuando menos, resultan raros, raros, raros…

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