Historia de un cisma anunciado.

Cardenales, en el Vaticano.

(Foto: EFE/Maurizio Brambatti)

¿Me amas?, preguntó hasta tres veces al primero de sus apóstoles. ‘Si señor, tu sabes que te amo’, respondió entristecido ante tanta insistencia. Entonces ‘apacienta mis ovejas’, ordenó Jesús al humilde pescador de Betsaida. Y para facilitarle tan arduo trabajo pronunció una de las frases que más han influido en los últimos 2013 años de historia: «Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

Un  juego de palabras entre el original arameo Kefás , término en griego y su latinización Petra cuyo significado nos es otro que el que están pensando y no repito para evitar redundancias. Shimón bar Ioná, tal era su nombre real,  se convertiría así en  custodio de las llaves del reino y primera pieza de una cadena pontificia que ya une 265 eslabones.

Sin embargo, no tardaría mucho Simón en traicionar al Hijo de Dios, negándolo tres veces antes del segundo canto del gallo. Una traición que hoy se nos antoja cercana  ante «los golpes contra la unidad de la Iglesia y las divisiones del cuerpo eclesial» denunciados por el ya expapa Benedicto XVI con sus continuas advertencias ante infiltraciones de Satanás dentro de la familia vaticana.

Algo debe tener la sucesión de Pedro para haber sobrevivido a más de 2000 años de intrigas donde la ambición ha superado con mucho el amor por Cristo, consiguiendo mantener el baluarte evangelizador señalado en su origen.

Algo que le ha permitido también convertirse, a pesar de sus detractores, en piedra angular y referencia histórica-religiosa en un tiempo que astronómicamente coincide con el final del tránsito de Piscis, signo, por cierto, que adoptaron los primeros cristianos y que se hizo popular en el siglo II como expresión de fe.

La profecía va por dentro. Los escollos esquivados por la barca del pescador en su larga odisea se pueden convertir en simples anécdotas ante el riesgo permanente de motín al que vienen enfrentándose los últimos Siervos de Dios.

La manipulación y desviación de fondos del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como Banca Vaticana, y las constantes denuncias y sentencias de pederastia carcomen las bases de la Iglesia como nunca lo había logrado  ataque externo alguno. El temor de colapso ante la podredumbre de sus cimientos parece condenar irremediablemente la estructura política y religiosa de las 44 hectáreas de soberanía vaticana nacidas en 1929 del acuerdo entre Pio XI y Benito Mussolini.

El pesimismo tradicional de una religión sostenida sobre el sentimiento de culpa de un pecado original que venimos a purgar a través de sacrificio y penitencia ha sido el abono adecuado para la aparición, dentro de sus filas, de una mentalidad apocalíptica que escenifica en el «final de los tiempos» su última redención. Los profetas, amenazas divinas y mensajes catastrofistas, aparecen entonces como verdaderos sostenedores de ese constante miedo a infringir una ancestral ley grabada a fuego sobre el Monte Sinaí.

Desde los Siete Sellos y Trompetas del último libro del nuevo testamento hasta los malos presagios que Pio XII auguró a sus predecesores; santos, monjes, videntes religiosas, y hasta las mismas apariciones marianas vaticinan un trágico final para una Iglesia católica alejada, cada vez más, del mensaje cristiano. Las coincidencias son, al menos, asombrosas y todas parecen predecir un corte trágico que se cruza en el tiempo con la lenta transición precesional entre Piscis y Acuario. O sea, ahora.

¿Casualidad o premonición? Ambos conceptos, al igual que la fe, están hoy muy alejados de la rigurosidad científica por lo que la respuesta navega sobre las aguas de la especulación, algo que nunca ha frenado nuestra obsesiva búsqueda de la verdad. No hay que olvidar que los profetas eran enviados de Dios dedicados en vida a divulgar su mensaje.

La propia sede papal, ahora descabezada, podría encerrar la respuesta si damos por buena la idea de que Vaticano se derive del latín Vaticinium, es decir, predicción; ya que la colina donde reside acogió en la antigüedad un oráculo etrusco.

Juan Pablo I

No se puede ser imparcial en lo que respecta al Papa sonriente, Albino Luciani (26 agosto-28 septiembre de 1978), un hombre de espíritu humilde que quiso y no pudo barrer bajo las lujosas alfombras vaticanas sobre la que circula a placer una curia incontrolable; que intentó vanamente alumbrar los fondos del IOR, lavadora de dólares de dudosa procedencia que centrifugó las vidas de Roberto Calvi y Michele Sindona (el banquero de la mafia) íntimo amigo y asesor económico de Pablo VI.

Juan Pablo I se encontró una Iglesia devorada por el Vaticano, al cristianismo despreciado por el politburó católico y al sucesor de San Pedro, depositario de las llaves del reino, prisionero entre los barrotes de las intrigas políticas y económicas escondidas tras Andreotti, un falso cristiano; Licio Gelli, un falso masón y Paul Marcinkus, un falso arzobispo.

A pesar de sus 33 días de papado, Albino consiguió protagonismo entre los profetas que abordaron el futuro de la Iglesia romana. No podía ser menos, ya que vivió una época de intrigas palaciegas solo superadas por el arribo de los Borgia a la barca de San Pedro.

EL Padre inesperado. En las Profecías del Papa Juan XXIII aparece  Luciani como «el padre inesperado, hijo de las aguas y de los campos» y agrega: «Temo por él, por su tiempo y por la Madre. Caminará entre gentes divididas, decididas a despojar al Redentor de su túnica. Gritará en su corazón y hablará con dulzura… la lucha será dura».

El autor acierta en lo inesperado de su elección lo que quedó evidenciado cuando, desde el propio Colegio Cardenalicio, se llegó a pensar que fue el resultado de la división y falta de acuerdo entre miembros de distinta ideologías.

La dulzura, como proyección de su carácter amable. Para los italianos fue «el Papa de la sonrisa» o «la sonrisa de Dios» y la Madre Teresa se refirió a él como: «el mejor regalo de Dios, un rayo de sol del amor de Dios que brilla en la oscuridad del mundo». Una luz que, para perjuicio de la Iglesia, se apagó antes de que ni un solo halo se colara en los intramuros del Vaticano.

«Osará hacer lo nunca hecho se equivocará, pero será para bien… Querrá conocer el mundo y que los humildes le conozcan en persona. De ello surgirá el escándalo».  Rechazó la coronación y el uso de la tiara papal en la ceremonia de entronización, sustituyéndola por una simple investidura. Eligió como símbolo de su papado la expresión latina Humilitas.

«Pero el día en que por la niebla será herido el Padre que le sucederá, se oirá su voz saliendo de la tumba».  En posible referencia a alguna relación entre el intento de asesinato de Karol Wojtyla, su sucesor, en la plaza de San Pedro y su propia muerte. Ali Agca acusó al «diplomático de Dios», cardenal Agostino Casaroli de ser el autor intelectual del atentado. Las diferencias entre el polaco y Casaroli, secretario de Estado, eran notables.

«El Padre muerto romperá el séptimo sello. Pido perdón por él». En el párrafo final aparece un aviso apocalíptico o, al menos,  de regeneración a través de algún castigo divino que llegará en forma de Siete Sellos. La muerte de Juan Pablo I se identifica así como el ‘inicio del final anunciado’:

«Cuando abrió (el Cordero) el séptimo sello se hizo silencio en el cielo como por media hora (Apocalipsis 8:1-2). Apareció en cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas (Apocalipsis 12:1).

Por tu sonrisa…la luna. Resulta evidente la relación entre Albino Luciani y la imagen lunar, un hecho que recoge el lema 109 de las profecías de San Malaquías con el título: De Mediatate Lunae. Nace el 17 de octubre de 1912, con sólo la mitad de la luna en el cielo, en la Diócesis de Belluno (bella luna) que lo coloca bajo la invocación de la luminaria nocturna.

El 7 de julio de 1935 ingresa en la orden, de nuevo, bajo la misma fase del astro, algo que se volvió a repetir el 26 de agosto de 1978, día de su elección como Sumo Pontífice. Además, reinó el tiempo que necesita nuestro satélite para esconder nuevamente la mitad de su brillo. Por si fuera poco, el 17 de septiembre, a la mitad  del papado, la sombra de la tierra cubría la luna en el único eclipse total del año.

Malaquías cita solo dos veces a la luna entre sus 111 lemas: Luna Cosmedina (Benedicto III) y De modicitate lunae  (Nicolás V). Ambas encarnan una situación terrible; el cisma, la mentira y el engaño, ante la verdad simbolizada por el sol.

Juan Pablo II

Karol Józef Wojtyla(16 octubre 1978-2 abril 2005), se ha convertido en uno de los personajes más recurrentes cuando se trata de apartar el velo que envuelve el ocaso de la Iglesia Católica tal y como la conocemos. Sus 9.666 días de papado figuran entre los más extensos y los 129 países visitados le sitúan como el mandatario religioso más viajero.

San Anselmo, obispo de una pequeña localidad griega en los albores del siglo XIII, sentenció el futuro lejano de Roma ligándolo a una letra del alfabeto: «Desgracia a ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K sea alabada en tus murallas. Entonces tu caída se aproximará; tus dominadores y tiranos serán destruidos. Tú has irritado al Altísimo por tus crímenes y tus blasfemias, tú perecerás en la derrota y en la sangre».

Y los descendientes de Pedro tuvieron que esperar ocho siglos para que el vaticinio se cumpliera. No era fácil. La undécima letra del alfabeto está prácticamente ausente en nombres latinos y, excluyendo los Papas franceses de Aviñón, sólo tres han sido extranjeros: dos españoles y uno holandés.

El llamado Monje de Padua (Venecia 1527) comentó sobre el lema de Malaquías: «vendrá de lejos y marcará con su sangre la piedra». Recordemos la imagen del Papa polaco desangrándose sobre la Plaza de San Pedro con tres heridas en el cuerpo.

El Padre peregrino. Las videncias que Pier Carpi pone en boca de Juan XXIII en 1.976, dos años antes del papado de Juan Pablo II, no dejan de ser reveladoras

«Los mejores hijos se alejan y se hacen siervos del mal al que llaman bien. Y los que permanecen a
tu lado caen en el olvido». Su posición en torno a la mujer, el celibato, la moral sexual o el uso de anticonceptivos le enfrentó  con sectores progresistas que proclamaban un cambio de ideología en consonancia con los tiempos.
«¡Oh torturado elegido en el tormento. Padre viudo cuyo secreto conoce María! Callará en nombre de su fe».

Parece recordar la forma repentina en que la iglesia quedó «viuda» tras la muerte inesperada de Albino Luciani, suceso que marcaría su pontificado. Las alusiones marianas y la complicidad espiritual con la Virgen fue una constante en la vida de Wojtyla.

«Aún viajando te quedarás en el trono. No podrás levantarte de él, te enfrentarás a las gentes. No te comprenderán. Tu callarás». El texto parece reprochar al Pontífice polaco el hecho de abandonar con sus viajes los deberes exigidos por el trono y la falta de claridad en su mensaje.

«Tú que vienes de la niebla serás herido». El 13 de mayo del año 1981, aniversario de las revelaciones de Fátima, el turco Ali Agca disparó cuatro veces sobre el Pontífice mientras paseaba por la Plaza de San Pedro.  La «niebla» parece estar relacionada siempre con las intrigas vaticanas que el polaco se empeño en ocultar.

«No has sabido elegir, amonestar, atreverte, rezar. Has visto demasiado y no has querido contar nada». Recordemos que protegió a Paul Marcinkus, el banquero de Dios, dándole una salida honrosa a los Estados Unido en contra de la voluntad de la justicia italiana, mientras Sindona y Calvi morían en dudosos suicidios. La estrecha amistad que parecía unirle a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y pederasta compulsivo, sumado a su falta de claridad ante la presión de la justicia en los casos de delitos sexuales le situaron del lado más timorato y conservador de la Iglesia.

«Queman los pastos y tu callas cuando matan a tus pastores» . Su ‘bendición’ a regímenes golpistas y represores en América latina que perseguían a los teólogos de la Teoría de la Liberación le mantuvo callado ante los asesinatos de Óscar Romero (1980) e Ignacio Ellacuría junto a otros cinco jesuitas en 1989.

La labor del sol. Sin embargo, si de vaticinios se trata, es la serie de nombres listados por San Malaquías, obispo de Armagh, quienes colocaron al polaco en la mira profética. Su correspondencia con el lema 110 ha dado pie a buen número de especulaciones y conjeturas.

De Labore Solis (De los trabajos del sol) aparece como el penúltimo papa antes de la aparición de «Pedro el Romano». Pero, ¿qué relaciona a Juan Pablo II con este astro? No hay duda de que escarbando lo necesario, y como pasa con la mayoría de las profecías, nuestra imaginación puede generar un buen número de argumentos para justificar y encajar hechos de su vida con el trabajo diario del sol: su labor evangelizadora a lo largo de toda la tierra, el abrir la puerta a otras creencias religiosas  a través de acercamientos con líderes judíos, musulmanes, ortodoxos y tibetanos o el hecho de ser el primer pontífice que llega del este. Pero mi mente, al menos, busca algo más tangible. Y lo consigue, en la web: Nasa Eclipse Web Page, donde figura un eclipse de sol a las 06:14:55 del día 18 de mayo de 1.920 que, tal y como estarán pensando, es el día de su nacimiento.

¿Casualidad?, puede ser, pero les invito a que hagan un pequeño cálculo de probabilidades tomando en cuenta que en 365 días sólo en dos ocasiones la luna se interpuso entre el sol y la tierra.

Si hay una fecha importante en el papado de Juan Pablo II fue el día de su funeral.  Mas de un millón de peregrinos llegaron a Roma para la despedida y medios de comunicación de todo el mundo transmitieron en directo la mayor reunión de líderes políticos y religiosos mundiales organizada hasta el momento (les invito a ver las imágenes en google).

Esta fecha fue el 8 de abril de 2005 y sí, tal y como ya habrán deducido, la web de la Nasa la incluye como uno de los dos días que vieron ocultarse el sol a lo largo de este año. No se olviden sumar este dato si pretenden averiguar la posibilidad de azar que existe en estos dos hechos. Para mi mente racional es suficiente aunque no encuentre justificación para ello… por ahora.

Sin embargo, ninguna de las pruebas será tan fiable como la ‘manipulada’ por el propio Juan Pablo el 31 de octubre de 1992 cuando, con total premeditación y alevosía,  pidió perdón público en nombre de la Iglesia por la injusticia cometida en la sentencia y condena de la Inquisición en contra de Galileo. Definitivamente se reconocía que era la labor del sol, que no de la tierra, el poner a girar ordenadamente todos los planetas a su alrededor.

Aceptando así la teoría heliocéntrica que casi le cuesta la vida a uno de los grandes revolucionarios del Renacimiento. La férrea voluntad de Wojtyla tuvo que superar importantes escollos desde dentro de la propia Iglesia. Un paso histórico que el propio Ratzinger, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, llegó a tildar de «oportunismo político» ya que consideraba «razonable y justo» la sentencia contra el sabio de Pisa. ¿Profecía autocumplida?, no sería la primera vez que un Vicario de Cristo intentara ‘colarse’ en su lema.

Benedicto XVI

La relación del Papa alemán con las supuestas revelaciones de Juan XXIII en el libro de Pier Carpi flota aún en la ambigüedad, aunque citaré los párrafos que se vienen dando como evidentes:
«Bendito, Bendito, Bendito seas. Serán los jóvenes quienes te aclamarán como nuevo Padre de una Madre sonriente…Dieciséis te contarán. Te tendrán la mano en alto». El cardenal Ratzinger fue elegido tras la tercera votación escogiendo enseguida el nombre de Benedicto XVI (Bendito en latín). Bastante claro y nada sorprendente si no fuera porque el libro se editó 29 años antes del conclave.

«La Virgen María al lado. En sus palabras hallarás la senda». Sus escritos y análisis sobre el cuarto secreto de Fátima fueron consideras esenciales para entender el mensaje transmitido por Lucía.
«El camino será difícil al principio. Difícil será caminar por Roma… y disipar las nieblas». Dificultad que se filtra fuera de los muros de San Pedro, cada vez mas permeables a las nuevas tecnologías: La división dentro del Vaticano; las luchas internas por controlar el IOR con la constante amenaza de su intervención judicial; La traición de su amigo Bertone destituyendo de forma fulminante a Ettore Tedeschi como presidente de la Banca Vaticana en contra de su voluntad; el vatileaks generado por el secretario privado, Paolo Gabriele, quien burla a la gendarmería vaticana con documentación comprometida y denuncia intrigas contra el Papa por parte del Secretario de Estado (monseñor Bertone); el aparente suicidio de Mario Cal, gerente del Hospital Milanés de San Rafaele con 900 millones de deuda y que Tarcisio Bertone pretende rescatar con dinero vaticano; las continuas denuncias recibidas por acusaciones de pederastia por parte de sus miembros. Este cúmulo de situaciones que afecta actualmente a la Iglesia es calificado como «niebla» en el libro de Carpi.

«Darás un nombre sagrado a las cosas sagradas y un nombre profano a las cosas profanas». El retorno a la Misa Tridentina en latín aprobada por el Papa en contra del liberal Vaticano II fue aplaudido por un importante sector conservador de su entorno.

La renuncia de Ratzinger dejando libre la plaza en San Pedro hace difícil el descifrar algunos textos proféticos, por lo que habrá que esperar la sucesión de hechos que desencadenará el próximo cónclave para encajar con la realidad una literatura llena de referencias y alusiones difíciles de ubicar en el tiempo.

La fe en el Olivo. El Valle de Josafat, lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, fue el escogido por Benedicto XVI (19 abril 2005-28 febrero 2013) para celebrar la Santa Misa en su viaje de 2009 a Tierra Santa. Bajo el Monte de los Olivos, el lugar escogido por Dios para redimirnos a las puertas del «juicio final» mandaba al mundo un mensaje de reconciliación.

Nuevos gestos para un nuevo Papa que se refirió a los judíos como «el pueblo elegido», condenando reiteradamente la negación del holocausto y el creciente antisemitismo en países de Europa. Algo había cambiaba ya cuando al acto de entronización de Ratzinger habían sido invitados mandatarios políticos y religiosos israelíes. Pero, el nuevo pontífice llegó aún más allá cuando eximió a los judíos de su histórica responsabilidad por la muerte de Jesús.

Este acercamiento de la Iglesia de Cristo al pueblo de Israel aparece a menudo como una de las señales del «final de los tiempos»  coincidiendo con el lema 111 de Malaquías: De Gloria Olivae o de la gloria del olivo, señal de paz, prosperidad, resurrección, esperanza y además, tradicional símbolo del pueblo judío. Hasta aquí, la anotación profética podría aplicarse por igual a los dos últimos papas si no fuera porque detractores de Benedicto han localizado entre sus ascendentes a María Tauber-Peintner, de posible descendencia judía. Al parecer, su madre Elizabeth María(Betty) Tauber nació judía moravia y posteriormente se convirtió al catolicismo.

¿Un papa judío? Sería la coartada ideal para justificar el sentido del Olivo.

Por lo pronto hay quienes, como Marcel Lefebvre, le acusan de mantener en puestos claves de la curia a masones y judaizantes y exaltar el Nuevo Orden Mundial con la Encíclica Cáritas In Veritate.

Otras referencias al lema del obispo de Almagh se han querido encontrar en una rama de la Orden Benedictina llamada Olivetana o en el triunfo de la Liga del Olivo, coalición de partidos de centro-izquierda que sacaron a Berlusconi del poder y cuyos herederos triunfaron nuevamente con Bersani en las elecciones celebradas la misma semana de la renuncia papal.

Con respecto a esta anotación, el Monje de Padua comenta: «¡Oh, que mensajero de Paz y de la gloria del olivo del señor!. ¡Qué protector henchido de bondad!, monarca enérgico de glorioso reinado.- ¿Será de raza judía?»
Las alusiones al último libro del Nuevo Testamento también se van incrementando con la renovación de vicarios. En el capítulo 11 del Libro del Apocalipsis Dios habla por boca de Juan sobre «dos testigos que profetizarán vestidos de cilicio», uno de ellos son dos olivos «que estarán en pié delante del Señor de la tierra».

El propio Papa, en su acto de despedida, dijo ante el Colegio Cardenalicio que «la voz de la Iglesia se escuchará en la tierra hasta que la voz del ángel del Apocalipsis proclame «el tiempo se ha acabado, se ha cumplido el misterio de Dios». «Terminará así la historia de la Iglesia junto a la historia del mundo». Su especial interés por autocumplir las profecías se hace cada vez más revelador.

Nacido en Romano

Con el Papa emérito enclaustrado en compañía de su familia Pontificia en el corazón del Vaticano el futuro del nuevo electo se torna, al  menos, incierto y ya se oyen voces  –como la del teólogo Hans Küng– que barajan la posibilidad de que Ratzinger se convierta en un Vicario de Dios en la sombra.  Lo cierto es que la renuncia del alemán y sus decisiones in extremis indican que no va a conformarse con el papel de «simple peregrino». Muestra de ello es la asignación del alemán Ernst von Freyberg –Caballero de la Orden de Malta– como Presidente de la tan temida Banca Vaticana o el destinar como embajador en Colombia a Ettore Balestrero, mano derecha de Bertone y encargado de las relaciones con el IOR.

«Las Profecías de Juan XXIII» reconoce esta situación cuando hace mención a «Dos hermanos, ninguno de los dos será Padre verdadero». Idea que se refuerza con las últimas decisiones del Papa saliente: ha pedido ser llamado «Papa Romano Pontífice emérito Benedicto XVI» y no cardenal como al principio se creyó; entregará, pero sin destruir, el anillo papal; mantendrá su vestimenta blanca y residirá a solo a 100 metros de la residencia de su sucesor.

El libro de Carpi continúa: «La Madre enviudará. Los hermanos de Oriente y Occidente se matarán y en la lucha matarán a sus hijos». Esta situación  de doble cabeza en la Iglesia Romana suele ser una de las señales premonitorias de la caída del imperio vaticano y el comienzo de una serie de catástrofes en la ciudad eterna. Las anotaciones del propio autor (Pier Carpi 1976) ven ya en estas frases el advenimiento de un antipapa en una época donde no gobernará un verdadero pontífice. «Pugnas internas traerán sufrimientos a los fieles y destrucción a la Iglesia».

San Malaquías también llega a su fin con trágicos sucesos:

«En la última persecución de la Santa Iglesia Romana tendrá su sede Pedro el Romano, que hará pacer sus ovejas entre muchas tribulaciones; tras las cuales, la ciudad de las siete colinas será derruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo».

Las últimas 23 palabras que cierran el texto profético en latín son, a mi entender, la razón de ser de la obra del obispo irlandés. Los 111 lemas aparecen así como la comparsa necesaria que sostiene la verdadera esencia del libro. Llegado el último de los pontífices, las alegorías ceden su puesto a un nombre propio, Pedro con a su gentilicio. Tras siglos de divagaciones y búsquedas, el lector choca de bruces contra un final explícito.

Cuando el futuro nos alcance. Petrus Romanus no es un lema, es la consecuencia lógica de todos ellos. Pero tampoco es un Papa. Alguien que se ha entretenido en relacionar más de cien combinaciones de adjetivos y sustantivos por quien sabe que motivo racional no puede romper, sin más, su lógica perversa.

El primer y último nombre propio del listado, con su epílogo explicativo, nos revela de forma directa el verdadero propósito del libro: advertir y ubicar cronológicamente a los fieles del advenimiento de ese hecho apocalíptico que ha obsesionado por siglos a los descendientes de Abraham.

Parece claro que el Santo irlandés,  o quien quiera haya redactado la profecía, resta importancia a los posibles pontífices posteriores, que quedarían diluidos por la magnitud de los acontecimientos a los que se tendrán que enfrentar. No es el caso de los textos que Carpi pone en boca de Juan XXII y que siguen relatando hechos futuros. Aunque esto sería tema de otro artículo.

Así, en el momento que escribo estas líneas, podemos afirmar que las predicciones que comenzaron hace más de 800 años con Celestino II llegan a su fin con la renuncia del alemán Ratzinger y su ‘especial interés’ en dejar la gestión de la Sede Vacante al camarlengo, por él elegido, Tarcisio Pietro Evasio Bertone, nacido en Romano Cavanese, provincia de Turín y protagonista en primera persona de las intrigas vaticanas. ¿Evidente?, desde luego, en contraste con la oscuridad de los lemas. Pero, ¿una evidencia buscada que pone el punto final a la lista de Malaquías? En ese caso, veremos pronto una bicefalia incómoda en el trono de San Pedro que se convertirá en partícipe y testigo de importantes tribulaciones sociales, políticas, religiosas y geológicas.

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