Javier Sierra:»El misterio es lo que nos hace avanzar en la vida».

«El Maestro del Prado» es la última novela del turolense Javier Sierra. En ella, este internacionalmente reconocido autor, invita a sus lectores a realizar un viaje por las salas de este museo y a introducirse en el arte renacentista de los siglos XV, XVI y XVII.
Ángela Puértolas Moliner / Aragón Digital

Zaragoza

El turolense Javier Sierra es uno de los pocos autores españoles contemporáneos que ha logrado situar sus novelas entre los libros más vendidos en Estados Unidos y, por supuesto, en España. Su última obra, «El Maestro del Prado», invita al lector a realizar un viaje por las salas de este museo y a analizar el arte renacentista que allí se encuentra y poder percibir así las pinturas de los siglos XV, XVI y XVII desde la visión del propio artista que las creó.

Polifacético donde los haya, Sierra se formó en el mundo del periodismo y fue director de la revista “Más Allá de la Ciencia”. Además, ha sido director y presentador de espacios de radio y televisión y es el autor de obras reconocidas internacionalmente como «El ángel perdido» o «La dama azul», entre otras.

Pregunta.- ¿Por qué eligió el Museo del Prado?
Respuesta.- «El Maestro del Prado» es una novela de intriga, misterio y aventura que tiene como escenario fundamental el Museo del Prado y un puñado de pinturas que están en su interior y que tienen una clave de lectura un tanto especial. No se trata de recorrer los tópicos del museo, es decir, no iremos a la sala de Las Meninas, ni a ver las Majas de Goya, por ejemplo. Sino que nos detendremos en una serie de cuadros pintados entre los siglos XV y XVII en los que importantes maestros como El Bosco, Tiziano o Brueghel quisieron pintar algo más que retratos o que una pintura estética. En realidad, lo que hicieron fue construir puertas para asomarse al más allá. Felipe II, por ejemplo, pidió morir delante del Jardín de las Delicias, un impresionante tríptico del 1500 que aparece en la novela y que actuó literalmente como puerta al más allá. Es una ventana que se abría y que mostraba una infinitud de personajes que tienen una clave simbólica muy particular. En esta pintura, la más espectacular del Museo del Prado de esta época, encontraremos casi un credo de lo que era la secta de los Adamitas, un grupo sectario que estaba convencido de que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina y que, después de la catástrofe que terminaría con la humanidad, surgiría una nueva raza humana que sería la que señorearía el planeta. Conociendo el vinculo de El Bosco a esa secta puedes comprender totalmente la pintura, si lo desconoces no llegarás nunca a tener la clave final para comprender ese arte.

Su última obra invita al lector a realizar un viaje por el Museo del Prado

Su última obra invita al lector a realizar un viaje por el Museo del Prado

P.- ¿Qué fue lo que le llevo a investigar sobre el renacimiento?
R.- Hace más o menos una década publiqué una novela que se titulaba La cena secreta, que estaba ambientada en la época en la que Leonardo Da Vinci terminó de pintar su mural de La última cena para el convento de Santa Maria delle Grazie en Milán. Estudiando a Leonardo y su círculo de influencia descubrí que aquella gente que vivió en la época en la que se acababa de inventar la imprenta, utilizaban el arte para insertar ideas y, en algunos casos, incluso frases textuales dentro del arte. Lo único que había que tener era la clave de lectura para comprender esas obras y quise explorar la posibilidad de que en España, las colecciones españolas, y, en particular, en el Museo del Prado, existiese también ese tipo de arte, que contara con palabras camufladas entre la pintura y las historias, y lo encontré. Lo encontré en salas del Museo del Prado, en obras como el Triunfo de la Muerte, de Brueghel El viejo, una pintura espectacular de 1562. Así que de alguna manera, el Maestro del Prado es la consecución de una década de investigaciones en el mundo del arte.

P.- ¿Cómo ha investigado estos enigmas? ¿Ha llevado a cabo alguna serie de procesos?
R.- La construcción de una novela como esta requiere necesariamente de mucha investigación de campo, de encuentros con conservadores y expertos en arte. Pero en este caso en particular, sobre todo, el acceso a dos bibliotecas, la biblioteca del Museo del Prado que está en el Casón del Buen Retiro en Madrid y la biblioteca del San Lorenzo del Escorial, que fue la primera biblioteca del mundo que tuvo una sección de libros reservados. Mientras la Inquisición se dedicaba a perseguir, censurar y destruir obras que iban contra la ortodoxia católica, el rey Felipe II y su bibliotecario Benito Arias Montano crearon una sección secreta dentro de la biblioteca del monasterio dedicada a preservar esos textos de alquimia, magia, nigromancia, astrología… todas las ciencias prohibidas del momento. Y esa sección secreta estuvo al alcance de unos cuantos artistas, entre ellos, El Greco, uno de los personajes a los que dedico una parte de la acción del Maestro del Prado.

P.- ¿Cuánto tiempo le ha llevado?
R.- Una investigación para una novela como esta no es producto de unos pocos meses. En realidad, obedece a una manera de mirar el arte, yo creo que esa es la clave de esta historia, la mirada. De hecho, El Maestro del Prado parte de un encuentro que fue real. En 1990, recién llegado a Madrid para realizar mis estudios universitarios, en una velada que pasé en el Museo del Prado conocí a una persona, un señor mayor, que se ofreció a explicarme las claves de interpretación de algunos cuadros de Rafael y de la pintura italiana que allí se atesora. Fue tal el impacto que causó aquel encuentro imprevisto, casual, que yo tomé nota de todo aquello en mis diarios y dos décadas más tarde, revisando mi propia relación con el museo, tropecé con esas anotaciones y decidí convertir a aquel personaje, que encontré sólo una vez y que ya no volví a ver jamás, en el hilo conductor de esta narración.

El turolense ha logrado situar sus novelas entre los libros más vendidos en Estados Unidos

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P.- De todos los que cita, ¿cuál es su cuadro favorito y por qué?
R.- Es la pregunta más difícil de todas, el tener que elegir entre uno de los casi 2.000 cuadros que están en la exposición permanente del Museo del Prado y los más de 6.000 que se encuentran en sus archivos. Pero si tuviera que quedarme con uno que me ofrece muchas oportunidades de juego y de interpretación y que me parece muy rico e inabarcable porque por muchas horas que estés contemplándolo siempre encontrarás algún detalle nuevo, algún significado nuevo, algún sentido diferente, ese es sin duda El Jardín de las Delicias de Jerónimo Bosco.

P.- ¿Definiría este libro como una novela o como un manual?
R.- Yo he querido escribir una novela. Aunque está fundamentada sobre obras de arte reales que cualquier lector puede contrastar y puede contemplar, y aunque contiene elementos autobiográficos, esta historia es una novela, es una aventura, es un libro de intriga, de misterio, de acción. Lo he querido hacer así porque es precisamente en clave de ficción donde el lector es capaz de retener, de disfrutar y de participar mejor de una obra de este tipo. Si hubiese querido hacer un ensayo de arte, que también es legitimo, evidentemente, tendría que haber sido muy consciente de que el público lector también es más reducido, probablemente sería una obra enfocada hacia especialistas. Pero esta novela no es así, es una de estas novelas que incluso para personas que nunca han tenido un especial interés por el mundo del arte, leerla o pasar por sus páginas, puede contribuir a despertar ese instinto que tenemos todos dentro. El arte, incluso para los más desprevenidos, tiene ese componente mágico de mostrar los caminos que antes no habíamos percibido nunca, y eso entronca con nuestros orígenes. Hace 35.000 años, en tierras no muy lejanas a estas se inventó el arte, los primeros pintores de cuevas rupestres hicieron en la Península Ibérica y el sur de Francia, como un acto casi sobrenatural, un acto mágico, y esa huella yo creo que ha quedado en el inconsciente de todos nosotros y por eso nos fascina lo que vemos sobre una pared pintada.

Sierra se formó en el mundo del periodismo y fue director de la revista Más Allá de la Ciencia

Sierra se formó en el mundo del periodismo y fue director de la revista Más Allá de la Ciencia

P.- ¿Cómo se leen las pinturas?
R.- Es importantísimo entrar en un museo con ojos de niño. Muchas veces entramos abrumados por el peso de la cultura, quizá, pensando que no tenemos suficiente preparación para entender un cuadro si antes no hemos estudiado el siglo en el que se pintó o no conocemos la biografía del artista o personaje representado, y esa circunstancia cultural termina haciendo que no disfrutemos de la obra. En realidad, aquellos artistas lo que buscaban era impactar emocionalmente en quien contemplara su obra. Por lo tanto, si nos adentramos en un museo con ojos de niño, de querer sorprenderse, estaremos haciéndole el buen servicio al artista porque nos caeremos dentro de su pintura, que es justo lo que ellos pretendían.

P.- “El maestro llega cuando el discípulo está preparado” ¿Qué significa para usted esta frase?
R.- Tiene que ver con la transmisión del conocimiento. Muchas veces nos tropezamos con grandes maestros en la vida a los que dejamos pasar porque muchas veces no estamos en su sintonía mental en ese momento, hay que estar muy atento por lo tanto a las personas con las que nos cruzamos. Y ese es quizá otro de los pequeños tesoros que esconde mi novela. En cualquier esquina, en cualquier lugar podemos tropezarnos con alguien que tiene una lección para nosotros, pero claro, tenemos que estar preparados, tenemos que ser permeables a esa información para recibirla.

P.- Defíname en breves palabras los triunfos de todas sus novelas.
R.- Mis libros son libros de búsqueda, son novelas en las que yo trato de encontrar respuestas a algunas de las tres preguntas que se hace el ser humano en cualquier momento de su existencia. Quién somos (nuestra identidad original), de dónde venimos y a dónde vamos.

P.- ¿Qué enigmas cree que le quedan por descubrir y por los que divagar?
R.- Queda todo por hacer. En realidad, vivimos en un paréntesis de misterios aunque nosotros no nos lo planteemos así. Nuestro nacimiento en sí es un misterio, venimos al mundo sin saber muy bien desde dónde hemos llegado y nuestra marcha es otro gran misterio. Y en medio de esos dos paréntesis transita una existencia donde ocurren muchas cosas inexplicables, ahí es donde he puesto mi foco, siendo muy consciente de que el misterio es lo que nos hace avanzar en la vida. En el fondo, desconocer qué va a pasar en la pagina siguiente, ignorar qué es lo que está pensando la persona amada, no sospechar lo que nos aguarda el destino cuando dentro de un rato crucemos la calle es lo que le da sentido a esta existencia. No vivimos, aunque nos lo creamos, en un mundo controlado, este mundo está lleno de aspectos desconocidos y absolutamente impredecibles y eso es lo que lo hace, desde mi punto de vista, muy interesante.

P.- ¿Tiene nuevos proyectos en marcha?
R.- Hay muchos proyectos en marcha. El Maestro del Prado lo que ha hecho es abrir un gran apetito por los enigmas del arte y una de las cosas que ya me estoy planteando en estos momentos es iniciar una investigación de otros pintores que tuvieron esa necesidad de expresar lo que veían sus ojos, pero que, sin embargo, no eran capaces de percibir los ojos de sus contemporáneos. Uno de los pintores en esa línea que más me fascina es Francisco de Goya y, especialmente, en su etapa de las “Pinturas negras”. Goya no pintó esas imágenes para que estuvieran colgadas en un museo, las hizo para su casa, para su consumo personal. Son pinturas realmente estremecedoras, desgarradoras, como nunca se habían hecho en la historia del arte quizá desde la época de las cavernas cuando inventaron el arte. Así que ese camino es algo que me atrae en este momento y que probablemente recorreré.

P.- ¿Qué cree que causa en los lectores los temas que aborda, curiosidad o polémica?
R.- Yo lo que busco es estimular la curiosidad en el lector porque al final es lo que va a hacer que el lector no sólo se detenga en lo que yo escribo, sino que también transite por otras obras, por otras fuentes y termine formándose una cultura más sólida. Por lo tanto, creo que esa es la piedra maestra sobre la que trato de levantar mi edificio literario. Que surjan polémicas sobre algunos de los aspectos de los que hablo o no es inevitable en una cultura que casi nos está acostumbrando al pensamiento único. Pero también el debate es bueno porque puede despertar mucha curiosidad.

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