El Australophitecus sediba podría resolver el enigma evolutivo.

Presenta una mezcla intrigante de rasgos humanos y simiescos. La especie vivió hace unos dos millones de años y trepaba a los árboles tan bien como caminaba erguida.

  • MALCOLM RITTER

Los científicos han conseguido un mayor entendimiento de una extinta criatura sudafricana que presenta una mezcla intrigante de rasgos humanos y simiescos, y una rara manera de caminar. Sin embargo, aún no han logrado definir su lugar en el árbol evolutivo del ser humano. Para lograrlo requerirá hallar más fósiles.

Esta imagen sin fechar suministrada por Lee R. Berger y la Universidad de Witwatersrand muestra la reconstrucción del esqueleto del Australopithecus sediba, centro, junto al de una mujer moderna pequeña, izquierda, y al de un chimpancé macho. Foto: Universidad de Witwatersrand, Lee R. Berger / AP
Esta imagen sin fechar suministrada por Lee R. Berger y la Universidad de Witwatersrand muestra la reconstrucción del esqueleto del Australopithecus sediba, centro, junto al de una mujer moderna pequeña, izquierda, y al de un chimpancé macho.                                    
Foto: Universidad de Witwatersrand, Lee R. Berger / AP

Se cree que la rama humana del árbol evolutivo, llamada Homo, surgió de un grupo de especies antiguas denominadas australopitecinas. La especie recientemente estudiada pertenece a este grupo, y por ello sus similitudes con los humanos son atractivas para resolver el enigma sobre cómo apareció la rama Homo.

 

Recibió el nombre de Australopithecus sediba, que significa “Simio del sur, manantial”. La especie vivió hace unos dos millones de años, y trepaba a los árboles tan bien como caminaba erguida. Sus restos fueron hallados en 2008 cuando el hijo de 9 años de un paleontólogo encontró accidentalmente un hueso en Sudáfrica.

Un análisis efectuado en 2011 de algunos de los huesos del Australopithecus sediba mostró una combinación de rasgos humanos y simiescos. El asunto fue seguido en seis documentos publicados el jueves en Internet por la revista ‘Science’, que completan la revisión inicial de dos esqueletos parciales y una tibia aislada.

Jeremy DeSilva, de la Universidad de Boston, autor principal de uno de los documentos, dijo que los fósiles revelan un inesperado “mosaico de anatomías”.

“No creía que se pudiera tener esa combinación, esa mano con esa pelvis con ese pie… y aín así ahí está”, dijo.

DeSilva dijo que no tenía ni idea de cómo se emparentaba el Australopithecus sediba con el humano, y señaló que los diversos rasgos apuntan a diferentes conclusiones.

Hallazgos

Entre los nuevos análisis, las costillas muestran que el torso superior de la criatura se asemeja al de un simio, mientras que la porción inferior es más como la humana. Los huesos de los brazos, excepto por los de la mano y la muñeca, parecen primitivos, un reflejo de la habilidad para trepar, mientras que los análisis previos de la mano mostraron rasgos mixtos.

Los dientes también presentan una mezcla de características humanas y primitivas, y proveen nueva evidencia de que el Australopithecus sediba se relaciona con los humanos primigenios, dijo Debbie Guatelli-Steinberg, de la Universidad Estatal de Ohio, coautora de un análisis dental. Esta y una especia sudafricana más antigua, Australopithecus africanus, parecen más cercanas a los primeros humanos que otros australopitecinos, como la famosa “Lucy”, dijo.

Pero también indicó que el análisis no puede determinar cuál de las dos especies es la más cercana, ni si el A. sediba es un ancestro directo de los humanos.

Otro estudio mostró una mezcla de rasgos humanoides y simiescos en los huesos de las piernas, y concluyó que el Australopithecus sediba caminaba como ningún otro animal.

Su talón era estrecho como el de un simio, lo que le impediría caminar erguido. Sin embargo, la rodilla, la pelvis y la cadera eran más semejantes a las humanas, y muestran que sí caminaba erguido, dijo DeSilva.

Cuando un humano camina, la primera parte del pie que toca el suelo es el talón, pero eso hubiera sido desastroso para el estrecho talón del Australopithecus sediba, así que en su lugar, la criatura tocaba el suelo primer con el costado el pie, conjeturan DeSilva y coautores. El pie giraría después hacia adentro, un movimiento llamado pronación.

Al parecer, la criatura adoptó este modo de andar como una especie de solución para un cuerpo que tenía que trepar árboles eficientemente y a la vez caminar erguido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s