Relato: «El accidente».

 

Andrés Gandía

No sé qué pasó. Yo iba tranquilamente conduciendo mi vehículo, un Chrysler 300C, y, de repente, me encontré con un coche Citroen C2 que había chocado a la salida de una curva con un tronco de árbol.

Era de noche. Las 12,30, más o menos. Estábamos en la carretera de Sevilla a Coria del Río y me detuve para ver si podía ayudar en algo.

No circulaba casi nadie más. Sólo un par de automóviles que, por lo visto, no quisieron saber nada del asunto y pasaron de largo.

En el vehículo accidentado había dos personas, un hombre y una mujer, jóvenes, de veintitantos. Por lo que me dijo Miguel, el varón, que estaba consciente, aunque daba muestras de dolor en algunas partes del cuerpo, eran novios, habían salido esa noche a tomar unas tapas y al volver a casa se le fue el coche en la curva con tan indeseado resultado. La mujer estaba inconsciente, pero respiraba.

Intenté contacto telefónico con el 112, con la Guardia Civil, con alguien que nos mandara ayuda, pero no conseguía que mi teléfono móvil funcionara adecuadamente. No se si por falta de cobertura o por algún fallo en el propio aparato.

Me decidí a pasarlos a mi coche y trasladarlos al hospital más cercano. Pensé que el Virgen del Rocío podía ser el más adecuado y hacia allí me dirigí, una vez acomodados los dos accidentados en el asiento trasero. Miguel me ayudó a pasar a su novia, Rocío, a mi coche, sentándose a su lado, para cuidarla en lo posible.

Al llegar al hospital, inmediatamente fueron atendidos por el personal sanitario de Urgencias, mientras me pedían que yo esperara fuera.

Di varias vueltas por la acera. La verdad es que hacía una noche muy agradable. Ni frío ni calor. Cielo claro y luminoso, sin nubes. Era una noche adecuada para salir, tal como habían hecho Miguel y Rocío.

Pregunté varias veces por ellos, sin respuesta y, finalmente, cansado, me quedé dormido en una silla de la sala de espera.

Ya de madrugada desperté y volví a preguntar. Las caras de extrañeza del personal de Urgencias me intranquilizaron. Además, aquellas personas no eran las mismas que nos habían atendido al entrar. Quizá habían cambiado el turno, pero era demasiado pronto para eso…

Ya nervioso insistí en mis preguntas. ¿Qué había pasado con Rocío y Miguel?. Ante mis gritos y mi nerviosismo accedieron a mirar en los registros. Si, allí constaba la entrada de la pareja; ¡pero 48 horas antes!. Habían entrado ya cadáveres tras haber tenido un accidente en la carretera de Coria y haberse desangrado en el propio vehículo al no haber nadie que se detuviera a atenderles.

Estaban todavía en el depósito de cadáveres puesto que les habían hecho la autopsia. Quise verles. No me dejaban hacerlo ya que yo no era familiar directo. Amenacé con llamar a la policía, a la prensa, a quien fuera. Finalmente accedieron.

Si, efectivamente eran ellos. Cuando les vi me derrumbé. Tuvieron que atenderme allí mismo. El forense aseguraba que llevaban 48 horas muertos y él mismo les había hecho la autopsia el día anterior.

Insisto: no se qué pasó.

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