En oferta mística, difícil ganarle a la futurista capital de Brasil.

 

Enfundados en exóticas ropas inspiradas en civilizaciones pasadas y futuras, decenas de magos, ninfas, guerreros y príncipes mayas se conectan con los espíritus en una docena de ritos simultáneos en el Vale do Amanhecer, a 40 km de la capital de Brasil.
Muchos habitantes de esta pequeña ciudad, que atrae cada año a miles de turistas y adeptos de la comunicación con los espíritus, están vinculados a esta doctrina religiosa del Vale do Amanhecer y se pasean diariamente por las calles con las extravagantes ropas de sus ritos.
 
El ‘Vale do Amanhecer’ no es una rareza en Brasilia. En oferta espiritual, es difícil ganarle a Brasilia, que acoge casi mil templos de todos los credos, aunque es la capital del país con más católicos del mundo.
Los místicos aseguran que la futurista obra del arquitecto Oscar Niemeyer, inaugurada en 1960, fue construida en un área de grandes energías cósmicas: justo en el centro del país, sobre una gran meseta a 1.100 metros sobre el nivel del mar y con un subsuelo de cristales, en una época en que mucho se hablaba de una nueva era para la humanidad.
Koraly Aredes, una exmisionera católica de 86 años que pasó más de la mitad de su vida en África, asegura que encontró su fe en el Vale do Amanhecer. «Vi tanta miseria en mi vida que dejé de creer en Dios, y encontré la respuesta en el espiritismo», dice.
Una camionera clarividente
La doctrina del Vale do Amanhecer, que asegura haber alcanzado los 100.000 médiums, fue fundada en los ’60 por la viuda, camionera y clarividente, Neiva Chaves Zelaya, fallecida en 1985 y venerada como «Tia Neiva».
El lugar tiene mucho de la estética «new age» de la época.
Situado junto a una pirámide egipcia, su templo principal parece por fuera una nave espacial. Dentro, estridentes colores y espejos dividen los espacios, con imágenes y altares -que ellos llaman puntos cabalísticos- dedicados a la luna, el sol, Jesucristo o la reina de Saba, todo de acuerdo a las visiones que tuvo «Tia Neiva».
El principal altar está dedicado a Flecha Blanca, un indígena de la frontera de Perú con Bolivia considerado el espíritu más evolucionado y una reencarnación de San Francisco de Asís.
Los visitantes esperan en filas para recibir curas mediadas por los espíritus, limpiar el alma o alcanzar un contacto con el más allá. A medida que progresan los ritos y cánticos, la atmósfera se va llenando de una niebla de incienso.
Vestido con ropas de aire galáctico, de marrón en homenaje a San Francisco de Asis y negro por el ocultismo, Paulo Roberto, abogado y también médium, guía a los visitantes.
«Los católicos usan sotana, los judíos la kipá, nosotros también usamos una ropa diferenciada, para representar una reencarnación o nuestra misión en el Vale», cuenta este brasiliense de 50 años.
El turismo de la fe
El turismo de la fe y el interés místico crecen silenciosamente en Brasilia y sus alrededores.
Con 100.000 entradas por mes, el lugar más visitado en la ciudad es el Templo de la Buena Voluntad, una pirámide abierta las 24 horas y no adscrita a ninguna religión, donde los visitantes pasean por una espiral para renovar y limpiar sus energías.
Habitualmente volcada al turismo de su moderna arquitectura, el gobierno local está estudiando el diseño de un recorrido turístico religioso con la Unesco, explica la subsecretaria de Diversificación de la Oferta Turística, Meire France.
A 70 km de la capital, la pequeña ciudad de Abadiania atiende a miles de romeros de la fe, que cada semana llegan para consultar al más famoso médium de Brasil, Joao de Deus, y que ha atendido a celebridades como el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva y la presentadora televisiva estadounidense Oprah. Allí se someten a sus espectaculares «cirugías espirituales», con bisturís, agujas y sin anestesia.
Curas milagrosas
En Gama, a 30 km de la capital, otro médium asegura curar con la ayuda de los espíritus.
Valentim Ribeiro Souza atiende tres veces por semana, desde hace 55 años, a miles de pacientes, muchos con cáncer o desahuciados por la medicina convencional, acompañado de su inseparable asistente Cherifa Mohamed Gonzales, una cirujana plástica, cuyo esposo afirma se curó allí de un aneurisma cerebral.
Con una bata blanca y unas tijeritas en la mano, el «doutor Valentim», analfabeto, abre puntualmente su consulta a las 07h00 en un humilde recinto.
Hiperactivo a sus 73 años, Valentim consigue con su buen humor arrancar sonrisas de los más abatidos, mientras los va tocando con sus inquietas tijeritas. Ahora con un golpe sonoro sobre la cabeza, o con un crujido como si de verdad cortara la piel, a veces con un espasmo o un grito abrupto: es su manera de curar.
«Hoy estoy completamente curada», afirma ilusionada Leonice Silva Rocha, de 70 años, quien asegura haber sanado aquí un cáncer en el único riñón que le quedaba.
En cuatro horas, Valentim ha atendido a 900 enfermos. El sábado serán unos 1.400.
Con la ayuda de unos 60 espíritus, «veo todo lo que está dentro de las personas», explica el doctor Valentim, que dice haber pasado 14 años en silla de ruedas hasta que una cura espontánea lo convirtió en «médico» espiritual.
(FUENTE: lanacion.com.py)
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