Exorcismo: un ritual peligroso e innecesario.

En pleno siglo XXI, mucha gente sigue creyendo en el demonio y los “exorcistas” siguen teniendo “trabajo” que hacer.
El exorcismo no es otra cosa que un ritual -muy dañino y peligroso, como veremos- para expulsar al demonio o un espíritu diabólico de una persona poseída. También se suelen hacer exorcismos de lugares y de cosas, que se suponen malditas o también poseídas.
Durante años fueron comunes dos creencias: las enfermedades eran provocadas por el castigo de Dios o por la influencia de Satanás. La segunda provocó millones de muertos que sufrieron ese destino a manos de la Santa Inquisición. A la persona que se suponía poseída se la torturaba incesantemente hasta que confesara. Y no tenía escapatoria puesto que si no confesaba, moría por el tormento, y si confesaba, la ejecutaban (generalmente en la hoguera).
Un poco de historia
En el capítulo llamado “Demonología y medicina”, del excelente libro “Religión y Ciencia”, el filósofo Bertrand Russell escribe -no sin un toque de ironía- lo siguiente: “La enfermedad fue algunas veces una visita divina para castigar el pecado, pero más a menudo la obra de los demonios. Podía ser curada por la intervención de los santos, ya sea en persona o mediante sus santas reliquias; por la oración y la peregrinación; o (cuando era debida a los demonios) por exorcismos y por un tratamiento que los demonios (y el paciente) encontraban bastante desagradable”.
En 1489 apareció el libro Malleus Maleficarum (El martirio de las malhechoras), que sostenía que la brujería era práctica casi exclusiva de las mujeres. Dice Russell que la causa de acusación más frecuente era que las brujas causaban mal tiempo. Las mujeres eran torturadas hasta que confesaban. Se calcula que en Alemania, 100.000 “brujas” fueron asesinadas entre 1450 y 1550. Russell agrega que “San Agustín sostenía que todas las enfermedades de los cristianos deben adscribirse a los demonios” y que los demonios son “deidades paganas, a las que se suponía rabiosas por el progreso del cristianismo”. No suena muy racional que digamos, pero hay que ponerse en la época y el contexto. No olvidemos que la anatomía era considerada mala porque podía interferir con la resurrección del cuerpo y que también se consideraba que las enfermedades corporales frecuentemente surgían del pecado.
Pero los exorcismos se aplicaban especialmente en el caso de enfermedades mentales. Según la concepción tradicional, la locura era considerada consecuencia de la posesión diabólica. No había escapatoria para el “poseído”. Y hoy, que sabemos mucho más que hace 400 años sobre neurología, psiquiatría, enfermedades mentales y sobre el funcionamiento del cerebro, todavía se sigue creyendo que el demonio puede poseer a una persona. Y se siguen haciendo rituales, donde muere gente que tiene una enfermedad mental. Lo más increíble es que los “exorcistas” sostienen que el científico que pide pruebas sobre la posesión diabólica ¡es quien debe demostrar que la persona no está poseída! Una enajenación total. La gente está en manos de brujos modernos, como los evangelistas Tom Brown o Bob Larson, que la convencen de que está poseída. Se hacen exorcismos masivos, particulares, a domicilio, y los hace cualquiera, sea sacerdote católico, pastor evangelista o un demente que cree tener el poder de sacar demonios.
Casos fatales
Como decía más arriba, los exorcismos se siguen llevando a cabo y en algunos rituales, la persona supuestamente “poseída” por el demonio muere debido a los “tratamientos” que recibe. Hay varios ejemplos de casos fatales, como el de la joven de 23 años Anneliese Michel, que comenzó a mostrar signos de enfermedad mental a los 16. Aparentemente sufría de depresión, convulsiones epilépticas y alucinaciones. Su familia ultracatólica creía que estaba poseída por Satanás y contrató a dos sacerdotes que le practicaron el ritual a la joven 67 veces hasta que murió, pesando apenas 31 kilogramos, en 1973. Desde ese lamentable episodio -que ocurrió hace 40 años-, la Iglesia Católica de Alemania ha hecho mucho más difícil obtener el permiso para practicar exorcismos por parte de sacerdotes. Se dice que el filme “El exorcismo de Emily Rose” (2005) está basado en el caso de Anneliese Michel.
He aquí otros casos fatales:
Unos ministros pentecostales golpearon a una mujer hasta matarla, en 1995, cuando trataban de sacarle los “demonios” que la habían poseído.
En 1997, una mujer coreana cristiana fue pisoteada hasta morir en Glendale, California, EE.UU., y en el Bronx, Nueva York, una nena de 5 años murió luego de que fuera forzada a tragarse una mezcla de amoníaco con vinagre. Eso no es todo: para que no vomitara ni escupiera el brebaje mortal, le pusieron una cinta para taparle la boca, en un acto de crueldad infame. En 1998, una chica de 17 años de Sayville, estado de Nueva York, fue ahogada por su propia madre con una bolsa de plástico en un intento por destruir el demonio que la joven supuestamente llevaba encima.
En 2001, Joanna Lee, de 37 años, fue estrangulada en un exorcismo por un sacerdote de la iglesia coreana en Nueva Zelanda. El “exorcista” en cuestión, Luke Lee, fue hallado culpable de homicidio culposo.
Esta es nada más que una pequeña muestra de los actos salvajes y deleznables que pueden cometer las personas, sobre todo cuando creen en supersticiones o son fanáticos religiosos que ven el demonio en todas partes, excepto en ellos mismos. Llama la atención que en todos los casos mencionados, la víctima es una mujer.
Te presentamos un informe en el siguiente video, donde consta la opinión de varios expertos, entre ellos, la doctora Elizabeth Loftus, psicóloga cognitiva, y Michael Shermer, director de la Skeptic’s Society, de los Estados Unidos.

(FUENTE: diarioveloz.com)

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