Mejía Madrid: nosotros ya pasamos por el apocalipsis.

Erick Ampersand -Quizás el universo tienda al infinito, pero nosotros como especie parece que tenemos los días contados. Cuéntanos del nuevo libro.
Fabrizio Mejía Madrid -En “Días contados” que acaba de aparecer en Almadía lo que hago es una recopilación de veinte años de crónicas. Tuve que revisar las que no tuvieran que ver con México, ni con la ciudad ni con nada de todos esos temas por donde se le reubica. Son sólo temas internacionales. Esta es la historia de lo que yo digo que es ‘el fin del futuro’, por llamarlo de alguna manera. Empieza con la frase: “Este libro es sobre el futuro.
O, mejor, de cómo el presente se nos convirtió en una eternidad.” Intenta trazar una línea desde aquel entonces, cuando el futuro era la Revolución, la Igualdad, la Pareja, todo aquello por lo cual se había luchado y comprometido en el siglo XX: los marxismos por un lado y los psicoanalismos por el otro. Abarca de 1989 con la idea absurda de refundar los Derechos Humanos pero por parte de la derecha europea, de hecho, uno de los personajes de la primera crónica que aparece, leí después que fue Ministro de Finanzas en el gobierno de Nicolás Sarkozy, claro, yo lo conocí muy joven, en ’89 pero la narración pasa luego al 2011 con el terremoto de Chile y esta idea de que nos hemos quedado sin futuro teórico como el del marxismo, o como el del psicoanálisis, pero también como el de la democracia y otras ideologías. Ahora sólo nos queda el fin del mundo. Un poco para ejemplificar el apocalipsis de todo esto me voy al paso de un huracán en Cancún, a EE. UU. y ‘Wilma’, hasta el desvío del eje en la Tierra.
EA -Nuestras ideas sobre el futuro son las primeras en caducar. Hoy vemos a los supersónicos no como el reflejo de las esperanzas posibles sino como el asidero de la moda vintage y oldie. Pareciera que el pasado es un lugar de donde deseamos huir tan pronto como amanezca.
FMM -Exacto, uno de los fenómenos culturales más importantes además de la aceleración ha sido el trastrocamiento del presente-pasado-futuro, esto es, de tal forma drástico que el presente ha desaparecido, el futuro también desapareció, y el pasado siempre ha podido ser reinventado. Todo esto en función de lo instantáneo. Sin embargo, las crónicas tienden ahora a refundar el presente.
Las nuevas tecnologías han desarrollado un nuevo fenómeno que es tan extraño como interesante, me refiero al tener todos los días las noticias, lo que está pasando, siempre al instante. Si un día se incendia un edificio, un vecino con un celular saca una fotografía y ésta da la vuelta al mundo. Por otro lado, los que nos dedicamos a escribir tenemos un campo amplísimo que aspira al mensaje tipo “te voy a contar por qué se incendió, quién vivía ahí…”, etcétera, etcétera. Creo que uno de los efectos no esperados de las nuevas tecnologías ha sido una revaloración de la narrativa y de esta idea tan sutil de: cuéntame algo.
EA -Si este mismo asunto lo llevamos al terreno económico, diríamos que la mayoría de las personas en los países “avanzados”, “adelantados”, o “afuturizados” para seguir sobre esa línea, ellos viven en un escenario que no existe pero cuyos telones abren gracias al crédito en sus tarjetas. En este apocalipsis cotidiano, lo más cercano a la séptima trompeta es la aparición de otra orden de pago.
FMM -En esta FIL hay muchos españoles, por obvias razones, una entre ellas, es porque España fue uno de los países que se volcó, digamos, a la idea de dejar de ser españoles para empezar a ser europeos, esa idea de los noventa, de pertenecer a la Comunidad Europea, de la globalización, del mercado… Ahora pues eso ya se acabó. Hay muchos españoles aquí, seguramente buscando vivir en México. Yo lo que les decía era: nosotros ya pasamos por el apocalipsis, fue en 1994. Se acabó todo, empezó el EZLN; hubo asesinatos políticos, se acabó el PRI y finalmente luego se refundó el PRI, pero eso ya es otra historia. Así también sucedió con la idea del futuro. Por eso Monsiváis decía que éramos una sociedad post-apocalíptica. Entonces le respondía: ah, entonces hay vida después del cielo, y él siempre reviraba: o del infierno.
(FUENTE: coffeeandsaturday.com)

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