El enigma de la ‘niña perdida’ del Titanic continúa abierto.

Loraine Allison, de tan sólo dos años, y su madre fueron las únicas pasajeras de primera clase de las que no se encontró ni rastro

 

El enigma de la 'niña perdida' del Titanic continúa abierto

La pequeña Loraine Allison, de dos años, junto a su madre y su hermano pequeño titanicslastmystery.com

LAVANGUARDIA
La historia bien merece una película. La pequeña Loraine Allison, que contaba sólo con dos años, y su madre viajaban como otros muchos en el Titanic cuando ocurrió el fatídico hundimiento. Lo curioso del caso es que fueron las únicas pasajeras de primera clase de las que no se encontró rastro. Desde entonces, a la pequeña se la conoce como la niña perdida del Titanic.

Treinta años más tarde, sin embargo, una mujer llamada Helen Kramer apareció a escena asegurando que sabía que la pequeña no sólo había sobrevivido al naufragio sino que, además, sabía quién era: ella misma. Kramer explicó detalles íntimos que parecían dar crédito a su historia. Dijo que su verdadero padre era Thomas Andrews (fallecido en el hundimiento y diseñador del Titanic) y no el hombre que les acompañaba a ella y a su madre en el trasatlántico.

El problema es que en 1940 no existían las pruebas de ADN y era difícil de cotejar la veracidad de la historia que relataba Helen. Y todo eso cuando una cuantiosa fortuna estaba en juego, según explica en su edición digital The Telegraph.

En 1992, Kramer murió sin haber conseguido el reconocimiento de la familia Allison, que soportó durante años las presiones de Helen para ser reconocida. Todo parecía, pues, finiquitado. Sin embargo, con motivo del centenario del naufragio, su bisnieta, Debrina Woods, continuó la demanda iniciada por Helen e inició una campaña para ser reconocida como heredera de la familia. Incluso llegó a abrir su propia web, El último misterio del Titanic.

Se inició un proyecto para la identificación de Loraine Allison. Ahora sí, los avances científicos permitían recurrir a las pruebas de ADN. Finalmente, éstas se llevaron a cabo y, tal y como se acaba de publicar, y tras contrastar el ADN de los Allison con el de Kramer y su bisnieta, los resultados demuestran que no hay coincidencias.

Woods sigue asegurando que todo lo que explica es cierto. En su página web niega que fuera detrás de la fortuna de los Allison, aunque reconoce que quería escribir un libro. “No hay ninguna fortuna familiar, la mayor parte del dinero se había ido en el ‘crash’ de 1929 y el resto fue mal gestionado por los dos hermanos restantes George y WP (William Percival) Allison”.

Más allá de las disputas, el misterio de la pequeña Loraine Allison y su madre continúa abierto: ¿qué paso realmente con ellas? Quizás algún día pueda saberse.

LAVANGUARDIA

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