Huida hacia la Nada, de Rosa Santizo.

Por Rosa Santizo Pareja.

La ciudad se encontraba sitiada, nadie podía salir de allí, en cada esquina, en cada rincón por escondido que pudiera estar, se encontraban apostados aquellos que como esbirros bien entrenados servían sin cuestionar ni tan siquiera una de las órdenes que sus amos les indicasen. Estos por medio del miedo y el terror que sabían imponer, sometían a los habitantes a leyes represivas que lo único que buscaban era el control de todo individuo.

 

Había mucha, demasiada gente, en ese trasiego me hallaba imbuida, mirando a las personas que iban y venían, rostros inexpresivos con sus miradas fijas que tan solo hacían aquello para lo que habían sido entrenadas. Sus caras anodinas, sus movimientos fríos me hicieron pensar que más parecían robots que humanos. Al tomar conciencia de su conducta, me aterraba pensar que quizás yo también había sido engullida por un sistema que buscaba deshumanizarnos, para así convertirnos en una masa obrera que trabaja de sol a sol con el único objetivo de satisfacer a una elite que siempre exige más. Instándonos con falsas palabras a reproducirnos, para que así la mano esclava no se les termine nunca.

 

Escapar no era fácil, hacía mucho tiempo que nadie lo había intentado, las últimas revueltas fueron duramente sofocadas, ignorando por completo que destino corrieron los señalados como los cabecillas, de ellos jamás se supo. Por medio de la opresión y de la eliminación de los insurrectos, habían conseguido un pueblo dócil, fácil de manejar, para ello contaban también con fármacos y alimentos que tomábamos por voluntad propia, en la creencia de que eran para nuestro beneficio, todo esto junto al líquido vital, formaban el coctel perfecto para doblegar a un pueblo que hace mucho dejó de pensar por sí mismo. Total para qué, si ya lo hacían por nosotros.

 

Nos hicieron creer que más allá de los muros protectores solo existía la nada, un lugar de no existencia, donde la muerte más terrible aguardaba a todos aquellos insensatos que desobedeciendo a los altos mandos se atrevían a cruzar la frontera. Yo pertenecía a un pequeño grupo de rebeldes que había logrado subsistir con lo mínimo, nos autoabastecíamos en un intento, de mantener nuestras mentes limpias del control que ejercían sobre ellas la basura que nos hacían engullir. El agua que consumíamos era la que la frecuente lluvia nos proporcionaba, que aunque también contaminada, era más fiable que la que corría por los conductos de las tuberías que llegaban a esos pequeños receptáculos a los que llamábamos hogar. También consumíamos la que intentábamos purificar por medio de un extraño artilugio, un invento de alguien que un día pasó por nuestras vidas, pero que ya el paso del tiempo borró de nuestras frágiles mentes, nunca supimos si realmente servía de algo, pero todos queríamos pensar que así era. Intentábamos también, infectarnos lo menos posible con la implacable propaganda con la que nos azotaban día tras día por medio de todos los medios a su alcancen, en un intento de vencer cualquier atisbo de rebelión. Para ello no dudaban en echar mano de la prensa, la televisión, libros llamados de autoayuda, gurús, en definitiva charlatanes de tres al cuarto, vulgares espiritualoides, que intentaban convencer al vulgo que la felicidad se encontraba en ellos mismos, no en lo material, que ellos eran los hacedores de sus vidas, que las riendas de ésta solo les pertenecían a ellos. Falsos alegatos que ni los que los pronunciaban se creían y mucho menos seguían, no había más que ver como gustaban de todos los placeres mundanos.

 

Tiempo atrás, en varias ocasiones intentamos escapar hacia esa nada, pero fracasamos teniendo que asistir impotentes a la desaparición de muchos compañeros que aguantaron a saber que torturas por protegernos, sin delatar el lugar donde de forma clandestina nos reuníamos para conspirar contra un sistema que estaba tan podrido como sus dirigentes. Nunca más los vimos, ni supimos cual fue su suerte. Así cada vez quedábamos menos, hasta que un día sin saber cómo ni porqué me vi sola en medio de un trajín de gentes cuyas caras me eran desconocidas, allí en medio sin saber hacia donde dirigirme me encontraba, cuando me tropecé con su mirada. Un ser desconocido, que sin pronunciar palabra alguna, me invitaba a seguirle, no sé porqué lo hice, pero le seguí, sintiéndome tranquila, sin temor, sentí que en esa ocasión mi viaje a la nada no lo vería truncado. No acerté a saber que era, si hombre o mujer, ni de donde había surgido, no hablamos, no hacía falta, con su mirada me decía cuanto debía saber para escapar y ponerme a salvo.

 

Cada rincón seguía vigilado por los guardianes armados, que como autómatas no mostraban el más mínimo sentimiento, sus atuendos no permitían ni tan siquiera ver sus caras, lo que deshumanizaba aún más su presencia. Se mostraban quietos, estáticos, vigilantes, siempre atentos a los movimientos sospechosos que pudiese hacer alguno de los viandantes. Una escena tan familiar, que no causaba en mí la más mínima zozobra.

 

Le seguí, mis ansias por salir de allí me hizo confiar plenamente en un desconocido que me hablaba con su mirada, y cuyo rostro inexpresivo en ningún momento mostró la más mínima alteración.

 

Salir de la fortaleza fue sorprendentemente fácil, no sé cómo lo consiguió, o que magia usó, pero lo cierto es que no alcanzo a recordar como salí de los muros que me aprisionaban, llegando a esa nada que resultó ser una ciudad de refugio, donde los que habían conseguido escapar del control mental acudían en busca de cobijo. Tampoco sé porqué motivo llamé a ese lugar, ciudad de refugio, pero fue el nombre que acudió a mi mente, sabiendo que ese era el lugar al que denominaban como  Nada.

 

No sabía que hacer, estaba sola aunque tranquila, sosegada, observando el deambular de unas gentes en cuyos rostros se veía la alegría de los que se saben viven en libertad. Mi salvador ya no estaba, había desaparecido tras cumplir su misión, y ahí estaba yo sin saber hacia donde debía dirigirme, libre y por lo tanto responsable de mis actos, del destino que a partir de ese momento yo decidiera tomar. No obstante, sentí como una fuerza a modo de llamada, dirigía mis pasos hacia una casa, donde pude comprobar como en una habitación unas cuantas personas rodeaban una especie de urna acampanada, objeto que se encontraba cubierto por un fino y delicado paño. La emoción se dibujaba en los rostros de esos seres, con cierta mezcla de impaciencia, una alegría cuyo motivo no acertaba a descubrir, pero que apuntaba a lo que se encontraba dentro de ese objeto acampanado. De esta forma, sin saber el motivo me uní al pequeño grupo, fijando mi mirada en la persona que no apartaba su vista de la urna, y que transmitía una especial fuerza, siendo sin duda el artífice de lo que allí se encontrase. Mientras esperaba para ver lo que se descubriría bajo la fina tela, caí en la cuenta de que era difícil adivinar de que sexo eran esos seres, al igual que mi salvador, su apariencia andrógina no me permitía saber si eran hombres o mujeres. Tampoco usaban la palabra como vehículo para hacerse entender, pero no por ello se me hacía difícil comprender todo lo que decían por medio de sus caras expectantes, sus miradas me hacían entender que dentro de poco presenciaría algo sumamente importante.

 

El acontecimiento no se hizo esperar, una mano que no pude ver con claridad descorrió el fino velo descubriendo la campana de cristal, y ante mis perplejos ojos apareció un ser pequeño, por su apariencia yo intuí que podía tener una año más o menos. Entendí entonces que la campana había actuado como si fuese un vientre artificial, alimentando y cuidando a la criatura que se gestaba en su interior, naciendo luego envuelto por una fina membrana. La persona de más fuerza, el autor de la obra, limpió al pequeño al que tomó entre sus brazos de una forma tan dulce que no hizo salir al recién nacido de su placido sueño. Nunca supe lo que los presentes en realidad esperaban, pero por sus rostros, sus miradas, entendí que el experimento había sido todo un éxito, con unos resultados mucho mejores de los esperados. La sorpresa de sus radiantes caras, así lo manifestaba.

 

Pero la algarabía duró poco, de pronto los rostros se volvieron sombríos y la penumbra se cernió sobre la estancia, supe no sé de qué manera, que alguien nos había traicionado, descubriendo la ubicación exacta de la ciudad de refugio. Había que actuar con rapidez, o todos seríamos devueltos al alienante lugar donde la muerte más horrible, sería el castigo que nos impondrían por haber desertado. No sabía que hacer, pero el ser que tenía esa fuerza especial, no perdió la calma, de forma pausada nos dirigió sin palabras hacia unas tumbonas donde debíamos recostarnos, relajando nuestros cuerpos, quedando en un estado de duermevela, abandonándonos a la protección de esta persona tan particular. Con extrañeza, pero confiada hice lo que leía en su mirada y allí tumbada con los ojos semiabiertos, viendo la habitación antes bañada de luz, ahora en penumbras, advirtiendo solo la silueta de los objetos  que llenaban el lugar, pude sentir como mi cuerpo se abandonaba a un estado de estar y no estar. Ese ser, seguía abrazando tiernamente al pequeño  que había dado vida en ese vientre artificial, y al que resguardaba como un bien preciado. Mis temores a que fuésemos descubiertos porque la criatura emitiese algún sonido se disiparon, no sé cómo pero aun sin poder verle seguía entendiendo por medio de un lenguaje no hablado todo lo que me quería decir, de alguna forma me transmitió que si confiaba, en ese ser nacido y en él mi salvación sería segura. Así que, intenté confiar.

 

Ahí estaba yo, procurando ver entre las rendijas de mis ojos que poco a poco se iban acostumbrando a esa parcial oscuridad, en silencio, esperando no ser vista, aunque eso era algo que me parecía difícil, nos encontrábamos, según yo creía muy a la vista, en mitad de la sala. Pero mi sorpresa no pudo ser mayor cuando de repente vi surgir una sombra, un ser con forma humana pero de aspecto temible recorría toda la estancia buscándonos, la respiración se me cortó, permanecí totalmente inmóvil, pensando que pronto sería apresada. Pero tuve una nueva sorpresa aún mayor, a esa sombra no le acompañaba un cuerpo físico, era solo eso una sombra que recorría el lugar, y en cuyo movimiento se podía intuir la desesperación por no encontrar a nadie. ¿Pero cómo era posible que no nos viesen? Pronto pude comprobar que en realidad no éramos vistos cuando en su deambular, ese inmaterial cuerpo me traspasó como si yo no estuviese allí, fue entonces cuando comprendí que estaba sin estar, entendí que por esa razón no veía un cuerpo material, solo una oscuridad que me traspasaba, sin que pudiese verme. ¿Estaba en otro plano? ¿En una especie de mundo paralelo? ¿En una realidad que se fundía con lo irreal? Las preguntas se agolpaban en mi mente, entonces comprendí que a partir de ese momento esa iba a ser mi existencia, un estar sin estar. La ciudad de refugio había sido descubierta, sus habitantes para seguir sobreviviendo en libertad habían pasado a un estado de ver sin ser vistos, siendo envueltos y protegidos por la penumbra, así la ciudad aparecía a los ojos de los captores como un lugar lúgubre y abandonado a su suerte, deshabitado en apariencia desde hacía tiempo.

 

Sin embargo seguíamos allí, en silencio, deslizándonos entre las sombras que nos atravesaban sin tan siquiera sospechar nuestra presencia, en un plano que su involución no les permitía poder ver, y que nosotros habíamos conseguido alcanzar para poder seguir viviendo en libertad. Evolucionamos a un nivel superior para salvar nuestras vidas, porque la Nada nos envolvía y en ella nos sentíamos a salvo.

 

Y hasta aquí los delirios de una mente perturbada.

 

 

Ilustración por Michael Cheval

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s