El Díscolo dios Pan.

por Rosa Santizo Pareja.

“Las figuras de Faunos, Sátiros y Aegipos bailaban frente a sus ojos, la oscuridad de la espesura, la danza en las cumbres, las escenas de costas solitarias, en verdes viñedos, en lugares desiertos y rocosos, pasaron frente a él: un mundo frente al cual el alma humana se retrae y se estremece.”
(Arthur Machen, “El Gran Dios Pan”)

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Muchos son los dioses a los que los humanos dan forma para mitigar sus temores, formados en la mente de estos, cobran vida y llegan a existir alimentándose de los miedos que todo humano siente por aquello que no comprende. La turbación que antaño padecían por los fenómenos naturales, les hizo crear una variedad de deidades, que de alguna manera les hacian encontrar la protección que tanto ansiaban. Pero no solo necesitaban de estos seres superiores, para paliar el pavor que experimentaban ante fenómenos que no podían comprender, y que en ocasiones cercenaban las vidas de sus seres queridos o de ellos mismos, también solicitaban su guía y consuelo para ese día a día al que se enfrentaban, donde lo cotidiano les hacía pedir ayuda a unos seres superiores para que les proporcionasen la tan buscada felicidad.

Así sus creadoras mentes decidieron formar a los dioses más diversos, cada acto de sus vidas, cada suceso que escapaba de su comprensión contaba al menos con uno de estos supremos, que sin existir vinieron a ser, formando parte fundamental en la vida de unos humanos, que en su ignorancia y debilidad se sentían incapaces de lograr sus objetivos si no era con la ayuda de los dioses.

Muchos eran estos, tantos que la lista sería interminable, los hay para todos los gustos. Dioses alegres, lascivos, castos, temibles, pacíficos, belicosos, con mayor o menor maldad, dioses duales, caprichosos y altaneros… Después de todo, dioses con los mismos defectos y virtudes que aquellos que los crearon, llenos de vicios y maldades, o por el contrario bondadosos e íntegros.

Quizás deberíamos comenzar a cuestionarnos si el hombre fue hecho a la imagen de los dioses, o si acaso no fue al contrario, dioses formados a semejanza de los hombres. Debemos entender que los dioses primigenios, aquellos que existían en la antigüedad, no son tan distintos de los actuales. Pueden cambiar usos y costumbres, las formas o los nombres, pero la esencia sigue siendo la misma. Tal vez algún lector concluya diciendo que hoy día no existe esa diversidad de dioses, que muchos son los que creen en una sola divinidad. El mundo llamado civilizado podría decirse es monoteísta, pero acaso, ¿no es el monoteísmo un politeísmo disfrazado?

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Entre los muchos dioses que han sido y que son, los antiguos guardan unas características especiales, una semejanza tan grande con los humanos que les crearon que es como si muchos se viesen reflejados en ellos, tal vez si indagásemos en sus historias, comprobásemos que antiguamente fueron más humanos de lo que nos podríamos imaginar, personas que por sus proezas al morir fueron divinizados, mártires de edades pasadas, cuyas hazañas exageradas a través de los tiempos fueron mostradas como ejemplos a seguir, héroes idealizados a los que las masas gustaban seguir. En definitiva, mortales que gananron su inmortalidad gracias a las épicas gestas que se decía realizaron.

En cualquier caso, hoy voy a hablarles a grandes rasgos de un dios de tiempos remotos, uno que era venerado por los antiguos griegos, el Gran dios Pan, travieso, lascivo y a pesar de su fealdad, sensual.

Los Nacimientos de Pan.

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El dios Pan, un dios que a pesar de su frivolidad disfrutó de mucha más importancia de lo que el hombre moderno piensa, tuvo en tiempos pasado. Aunque en ocasiones se nos presenta como un semidiós, otras se nos muestra como un descendiente de meros mortales. Eso va a depender de la genealogía que consultemos, en algunas los dos padres pertenecían a los inmortales, en otras tan solo uno de ellos, y aún en otras los dos, como ya hemos apuntado, eran criaturas de carne y hueso, sujetos a la futilidad de esta vida.

Hasta un total de 19 genealogías diferentes se le atribuyen a este mítico ser. Mitos y leyendas nos cuentan de diferentes maneras, el nacimiento de un dios que vivió al margen de los demás dioses olímpicos. Pan, como arquetipo del hombre que no se sujeta a leyes queriendo vivir su vida en libertad, sin control ni medida, apurando hasta el último sorbo que la vida le ofrece, saltándose todas las normas establecidas hasta el punto de mirar tan solo por sí mismo, en una acto de egoísmo tal, asemejándose en esas características a la mayoría de los humanos. Y es que a caso los dioses, ¿no son creaciones hechas a nuestra imagen y semejanza? En ellos, sin ningún pudor reflejamos todo aquello que nos gustaría hacer, pero no nos atrevemos por considerarlo inmoral, no apropiado, viviendo por medio de nuestras propias creaciones lo que en muchas ocasiones nos gustaría vivir a nosotros mismo, hasta el punto de hacerlos inmortales, algo que el ser humano ha deseado y desea desde el principio de los tiempos.

En cuanto a los orígenes de tan singular personaje, una de las variadas leyendas nos cuenta como estando el dios que porta los mensajes cuidando los rebaños del rey Driops, el que fuera tiempo atrás monarca de una antigua tribu griega llamada dríopes, y viendo la gran belleza y las sinuosas formas de una de sus hijas, Hermes cayó prendido ante su hermosura tomándola voluptuosamente, como consecuencia de esta apasionada relación nació Pan. Pero la sorpresa no se hizo esperar cuando apareció ante los despavoridos ojos de la madre, una criatura cuyos miembros inferiores tenían la misma forma que las patas de un macho cabrío, mientras que el resto del cuerpo presentaba la apariencia de un hombre, eso sí, con la peculiaridad de que en su cabecita asomaban dos cuernos y su carita presentaba profundas arrugas, como si de un anciano se tratase. Todo esto unido a una protuberante barbilla y a un cuerpo cubierto por un vello abundante, no lo presentaba precisamente como el más deseado de los recién nacidos. No es de extrañar, por tanto, que su propia madre nada más ver lo que apareció ante sus ojos como un pequeños monstruo, emitiese un terrible grito lleno de espanto y terror. El pobre Pan, sintiendo el rechazo del que fue objeto nada más nacer, hizo uso de sus poderosas patas para huir a las montañas, allí lo encontró su padre, quien envolviéndolo en una piel de liebre se lo llevó para presentarlo a los dioses del Olimpo. Y fueron precisamente los bromistas dioses, los que al ver al hijo de Hermes le dieron el nombre de Pan, por convertirse en el divertimento de estos inmortales que no dudaban en torturarle con sus crueles burlas.

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Otro mito nos relata como viéndose Ulises lejos de su Ítaca natal, su fiel esposa Penélope, no resultó ser tan virtuosa como se nos la suele presentar. De manera que, ya fuese por aburrimiento, pos cansancio de esperar a un esposo que parecía no regresar nunca y a saber que estaría o no haciendo, o por cualquier otra suerte de motivos, la desconsolada mujer decidió buscar alivio en los brazos de números amantes, de uno de ellos, se dice, tras los nueve rigurosos meses nació Pan, cuyo nombre significa hijo de “todos”. Así se dejaba entender claramente, que no se sabía con certeza, cual de los amantes era el padre de la criatura. Pero esta misma historia nos la encontramos con una variante, donde se nos cuenta como cuando Ulises tras su periplo regresa a su hogar, enterándose de que su amada esposa le había sido infiel no duda en repudiarla. Penélope viéndose abandonada y sola, se refugia en los cálidos brazos del dios Hermes, del que queda en cinta dando a luz a Pan.

Pero aún podemos encontrar otros mitos donde se nos dice, que era hijo del dios Crono y de la diosa Rea, dioses de la mitología griega, estrechamente ligado al mundo natural, siendo Crono hijo de Gea y Urano, un titán que perteneció a esa primera generación de dioses. También se nos cuenta que Pan, fue el fruto de los lascivos amores que tuvo el mismísimo Zeus con la ninfa Hibris; o de la unión de este mismo dios con Calisto, a quien tomó tras engañarla vilmente; también se comenta que pudiera ser hijo de Hermes y de alguna de las ninfas que en aquellos tiempos pululaban por esos lugares.

Como vemos, no está nada claro quienes fueron los progenitores de tan curioso ser.

El enamoradizo dios Pan.

A pesar de su apariencia nada atractiva, tuvo la suerte de tener amores correspondidos. Tenemos el caso de la bella Pitis, una de las ninfas protectora de grutas y montañas, cuyo amor se disputaban tanto Pan como Bóreas, aquel que fuese dios del frío y el viento, el causante de que el invierno cubriese la tierra. Pero Pitis, se decantó por Pan, rechazando al impetuoso y violento dios Bóreas, quien no aceptando no ser el elegido, siendo preso de unos terribles celos lanzó a la ninfa contra unas rocas. Pero la Diosa Gea que vio lo sucedido, apiadándose de Pitis la convierte en un hermoso pino. Al enterarse Pan de lo sucedido, y en honor a ese amor perdido, decidió desde entonces adornar su cabeza con una corona tejida con las hojas de ese bello árbol. Nos sigue contando la leyenda, que no son pocos los que aseguran haber oído como el pino se lamenta cuando sopla Bóreas.

Pero también este dios sufrió de desamores, como fue el rechazo que soportó de parte de la ninfa Siringa, aunque ella no quería nada con Pan huyendo de él constantemente, el dios no dejaba de hostigarla, tanta fue la insistencia de Pan y tan desesperada se encontraba la pobre Siringa, que cansada de tanta persecución en una ocasión no dudó en arrojarse al río Ladón, donde viéndose sin salida pidió desesperadamente auxilio a sus hermanas las ninfas, quienes para ocultarla del acoso del dios, hicieron que tomase la apariencia de un cañaveral. Al llegar Pan al lugar, en vez de ver al objeto de sus deseos, se encontró con unas gráciles cañas que se mecían de forma sensual cuando eran acariciadas por el viento, el sonido que producía fue tan del agrado del dios, que sin pensárselo cortó algunas de estas cañas para fabricar un instrumento musical, al que se conoció a partir de ese momento como flauta siringa, en recuerdo de ese amor no correspondido, así al menos, cada vez que llevase el maravilloso instrumento a sus labios haciendo sonar las dulces notas, sería como si besase a su amada.

También las diversas leyendas nos narran, como en ocasiones se servía de la astucia para conseguir sus lascivos propósitos, así fue como consiguió seducir a la Diosa lunar Selene, que tras aceptar como regalo un hermoso vellocino de una blancura sin igual, cedió a los deseos del pícaro Pan.

Este ardiente dios no escatimaba esfuerzos para yacer con cuantas ninfas y muchachos pudiera, si no accedían de buena gana, no dudaba en usar la fuerza bruta, violentándoles para que copulasen con él, lo que en ocasiones provocaba que su excitación fuese aún mayor. Su desbordado deseo sexual, le hacía espiar a estas bellas criaturas a través de la vegetación cuando descansaban en sus ríos, desnudando sus esbeltos cuerpos para que el agua y el sol acariciasen sus voluptuosas formas, visión que hacía que Pan se excitase hasta el punto de salir de su escondite para perseguir con su miembro erguido, a las pobres ninfas que corrían despavorida intentando huir de tan perversa visión. Cuando no conseguía atrapar a ninguna de estos divinos espíritus para aliviar sus ardores, era él mismo el que se procuraba placer.

Una de las ninfas que tuvo la mala suerte de soportar el acoso del dios Pan fue Eco, quien posteriormente se prendó del deseado Narciso. La pobre Eco sufrió la venganza de Pan, quien se enamoró perdidamente de la gracil ninfa, dejándose cautivar por sus hermosos cantos y su forma de danzar. Pero Eco no atendió a sus peticiones, ya que su corazón pertenecía al bello Narciso. Enfurecido al no conseguir a su amada, ordenó a los pastores que le seguían fielmente, que la descuartizaran diseminando sus miembros por toda la tierra. Pero la Diosa Gea, como Madre Tierra que es, recogió todos los trozos de la bella ninfa y en un intento de que su memoria no se perdiese, dejó que su voz quedase, aunque únicamente le fue permitido repetir las últimas palabras que cualquier mortal pronunciase en los lugares donde el silencio habita.

Otra víctima de este insaciable dios fue Eufemia, la nodriza de todas las musas de quien tuvo un hijo llamado Croto, aquel que inventase el arte de disparar con el arco. Pero este no fue el único hijo del promiscuo dios, se cuenta que debido a sus frecuentes deslices tuvo algunos más. De uno de sus múltiples amoríos nació Linge, que al igual que casi todas las jóvenes terminó enamorada del inalcanzable Narciso. Otro hijo que se le atribuye es Sileno, que aunque en algunas leyendas aparece como hijo de Hermes y de alguna ninfa, en otras tradiciones nos lo podemos encontrar como hijo del dios Pan y de la Diosa Gea; o de Pan y alguna de las ninfas a la que tanto gustaba perseguir. Sileno considerado un dios menor, era representado como un ser gordinflón cuyo estado natural era la embriaguez, un sátiro que se convirtió en el padre adoptivo de Dioniso, al que acompañaba en todas sus correrías.

Pero si de algo fanfarroneaba este lujurioso dios era de haber fornicado con todas y cada una de las Ménades, seres descendientes de las ninfas y que junto a Sileno se encargaron de criar a Dioniso, dios de la fiesta, el vino y toda clase de locuras que la embriaguez, induce a hacer a aquellos que se dejan nublar la razón por el alcohol. Las Ménades, pertenecían a este cortejo que junto al dios y a todos sus seguidores, aparecían en un estado permanente de borrachera.

Un dios polifacético.

Muchas eran las facetas que se le atribuían a este dios, pero fundamentalmente para los griegos era la deidad que se le asignaba a los pastores, siendo el protector de los rebaños que servían de sustento a estos hombres campestres. Un dios al que se le rendía especial pleitesía en una región del Peloponeso, situada en la misma Grecia, nos referimos a la Arcadia. Era en este abrupto terreno, bien conocido por Pan desde la cuna, donde encontraba refugio, gustando recorrer sus montes, escudriñar las cuevas que tan familiares les eran, pasear por los escarpados parajes. En su Arcadia natal, era donde Pan encontraba la seguridad y el cobijo que tanto necesitaba para mitigar su soledad, ese estado le empujaba, por sentirse despreciado por mortales e inmortales, a cometer los actos más deplorables que mente humana o divina pudieran imaginar. Una forma de llamar la atención, de mofarse de aquellos que sin compasión le habían despreciado desde el mismo día de su nacimiento por encontrarle un ser sin gracia, un espanto. Pero no siempre iba a ser así, como veremos un poco más adelante, su suerte cambió.

En esos lugares deshabitados, era donde gustaba divertirse con los viajeros que transitaban por allí para llegar a su destino. Cuenta la leyenda que en la soledad de sus noches, cuando veía a alguno de estos incautos les salía al paso con un látigo, no dudando el socarrón dios en hacer sonar su flauta, esto provocaba tal terror en los infelices que salían corriendo despavoridos sin rumbo, intentando escapar de aquello que provocaba su temor. Debido a esto no son pocos los que piensan, que la palabra pánico deriva del nombre del dios, sus travesuras eran la causa del pavor que sufrían las inocentes víctimas que se cruzaban en su camino.

Pan no era solo el dios de los pastores y rebaños, también era dios de la fertilidad, y como no, del ardor que la mentalidad patriarcal atribuía al género masculino. Esa sexualidad desbocada que se apodera del macho, haciendo que desee embestir con su incontrolable miembro a todo lo que se mueve y respira. Esa danza frenética que era acompañada por los sonidos melodiosos que sabía extraer de su caramillo, embelesando con sus notas a las ninfas de los bosques, ocasión que el lascivo dios aprovechaba para tomarlas, ya fuese por voluntad propia o por la fuerza, si se resistían a yacer con él.

Dios de la brisa que acaricia las tierras cuando estas comienzan a despertar, o cuando la tarde nos recuerda que el día está por terminar. Un dios que gustaba de la buena música, que disfrutaba de la caza, protegiendo a los cazadores en sus correrías, del que se decía tenía el don de la curación. Dios caprichoso, voluptuoso, travieso y juguetón, pero no nos engañemos, también podía sacar lo peor de sí mismo, mostrando toda su cólera si alguien se atrevía a importunarle durante las horas que gustaba dedicar a sestear. Por esta razón en la Arcadia, nadie se arriesgaba a molestar a quien plácidamente se encontrase durmiendo la siesta, pues era la creencia que si se interrumpía el sueño de la persona, era al mismísimo Pan al que se le despertaba, lo que ocasionaba la ira del dios. También se decía, que este dios era el responsable de las pesadillas que sufrían en ocasiones los humanos, por lo que era conocido como “Demonium Meridianum”, es decir, un demonio del mediodía. Pero no solo era responsable de estos angustiosos sueños, los sueños premonitorios eran inducidos por este dios.

Como vemos, un dios polifacético al que se le asignaban diversas funciones, lo que hizo que a pesar de haber tenido unos difíciles comienzos, no siendo aceptado, con el tiempo se convirtiera en un dios reconocido tanto por hombres como por dioses, logrando tener un lugar preferente entre los grandes dioses, siendo a su vez tenido en muy alta consideración por el estado, hasta tal punto fue su aprobación que en la Acrópolis se erigió un santuario en su nombre. También en reconocimiento a Pan, se celebraba una vez al año, una fiesta donde se llevaban a cabo carreras con antorchas. Todos estos honores se los ganó el dios, según nos relata el historiador griego Herodoto, cuando faltando pocos días para que la batalla de Maratón diese comienzo, el mensajero que venía de solicitar el auxilio de los espartanos se tropezó con Pan, el dios tuvo a bien asegurarle que el se encargaría de derrotar a los persas provocando el pánico entre sus filas. La predicción del dios se cumplió sin tardar, y así de esta forma el dios Pan, obtuvo todo el respeto y la honra que un dios podía desear de parte de hombres y dioses.

A este dios se le ha vinculado con el dios Mendes de los egipcio, una cabra hermafrodita en la que podemos encontrar similitudes con el dios Pan; también se le ha relacionado con el dios de los babilonios Tamuz, el dios que hacía despertar la primavera; con el dios astado de los celtas Cernunnos, al que se le representaba en la forma de un macho cornudo relacionado con la fertilidad; los romanos le dieron el nombre de Fauno, debido a la gran semejanza de atributos que guardaba con el dios Pan. Más adelante, cuando la nueva fe se hizo fuerte, se le relacionó con el macho cabrío que aparecía en los perversos aquelarres, ese Satanás tan maligno que era reverenciado por brujas y brujos. Incluso hay quienes han llegado concluir que el dios Pan tomó la forma de ese ídolo, que al decir de muchos fue adorado por los Caballeros Templarios y al que denominaban como Baphomet, una enigmática figura con cabeza de cabra que recordaba mucho a todos estos dioses, divinidades en los que las mentes que no se han dejado vencer por la oscuridad, han visto al Portador de Luz, aquel que desea dar el verdadero conocimiento a la humanidad.

“¡El dios Pan ha muerto!”

Quizás Pan ha sido el dios cuya fatídica muerte fue anunciada, al menos esto es lo que nos cuenta Plutarco en su obra “Sobre la destrucción de los Oráculos”. Allí se nos narra como en la época de Tiberio, un marinero de nombre Tamus, cuando pasaba por la isla de Paxi, escuchó una extraña voz que como si saliese del mar le advirtió: “Cuando llegues a Palodes anuncia a todos que ¡El dios Pan ha muerto!

No pocos son los que en esta muerte han querido ver lo que era el fin del mundo pagano, si el Gran dios Pan moría, con él todas las creencias anteriores al cristianismo desaparecerían para dar paso a una nueva era, a un tiempo donde el cristianismo tomaría con fuerza el lugar de la antigua fe. Tal era la importancia que tenía este dios, que marcaba un antes y un después, en una época donde el mundo comenzaba a cambiar de una forma que señalaría unos tiempos aún por venir. Pero a pesar de esta fatal advertencia, se nos cuenta que Pausanias, cien años después del fatídico aviso, declaraba como el culto al dios Pan seguía vivo en algunas partes de Grecia. Los dioses antiguos, se aferraban con fuerza negándose a abandonar el lugar que por tanto tiempo habían ocupado. Unas deidades que para sobervivir, no dudaron en adaptarse a esa incipiente nueva fe.

Como siempre mito y leyenda se funden con el mundo que creemos tangible, siendo a ti, amigo lector, a quien corresponde dilucidar donde termina la fantasía y comienza la realidad. El fino hilo que separa ambos mundos es tan fino que en ocasiones, vemos como uno y otro intentan fundirse para llegar a ser uno solo.

Si así lo deseas, que los dioses te acompañen en tu búsqueda, porque la muerte de lo antiguo, es tan solo, una ilusión.

Un día cualquiera en Sevilla a 24 de abril del 2014.

Rosa Santizo

– Danza de niño con el dios Pan, tallado en marfil. Autor Lucas Faydherbe. Museo del Prado.

– Afrodita, Pan y Eros. Afrodita y Eros luchando frente a los avances de Pan. Ilustración de mármol, helenística desde finales del siglo II a. C. Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

– Escultura hallada en Pompeya: Pan enseña a Dafnis a tocar la zampoña.Ca. 100 a.C. Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

– Psyche y Pan, lienzo pintado en 1874 por el artista Prerrafaelista británico Edward Burne-Jones.

 

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