Terror por presunto regreso de un caníbal en Santo Pipó.

La muerte de un hombre de Campo Viera en manos de un miembro de una supuesta secta satánica potenció el miedo de los habitantes de la tranquila colonia El Cedral, en Santo Pipó, por el supuesto regreso de un joven que mató, descuartizó, quemó y comió partes de esa persona en medio de un ritual.
Si bien el hecho ocurrió a fines de noviembre de 2011 y el llamado caníbal fue detenido, el rumor sobre su liberación corre fuerte en la zona, tanto, que algunos pobladores de este pequeño lugar aseguran haberlo visto deambulando sin rumbo fijo y con una cruz en sus manos.
Es que el muchacho -practicante de la magia negra- varias veces prometió volver para terminar con el sangriento trabajo: matar a tres personas de su entorno y prenderle fuego como ofrenda a quien adora como ser supremo y que lo gobernaba desde la oscuridad.
Durante la noche de terror en que el joven llevó a cabo parte de su plan, sus dos tíos debieron correr a esconderse en el monte para no terminar como el changarín que frecuentaba la casa, a quien escogió para agradar al diablo, de acuerdo a sus propias palabras.
Los datos aportan más dramatismo a la historia. Los tíos del asesino confesaron que por las noches escuchan ruidos en las paredes de la precaria casa, donde aún quedan vestigios de los símbolos satánicos dibujados con carbón.
Una especie de figura humana con la inscripción “soy el diablo” o un peculiar rostro con una soga similar a una horca seguida de un ya despintado “lucifer te amo” o “mato para vos”, son sólo algunas de las marcas que aún quedan en los viejos tablones.
Pocos metros al fondo de la propiedad, una montaña de piedras de gran tamaño aún permanece al costado de una letrina. En ese lugar pretendía tirar los pedazos de sus parientes para luego taparlos e iniciar el inconcluso ritual.
Ritual de muerte y fuego

La noche del viernes 25 de noviembre de 2011 no fue una más para ese paraje misionero, distante a 22 kilómetros de Campo Viera y poco más de 50 del centro de Oberá.
Luego de una decena de advertencias, sin respuestas de la Policía, Julio César Ewerling (26) cometió el crimen y estuvo a punto de descuartizar a sus dos tíos si éstos no se refugiaban en el monte.
El muchacho, que pocos años antes había regresado de Buenos Aires por el supuesto suicidio de su madre, preparó con lentitud su plan “hasta que lo llevó adelante en parte, porque nos había dicho que necesitaba matar a tres personas, a los que él más quería” recordó su tío Mariano, que al igual que su hermano Sergio, intuyó el desenlace sangriento.
“Yo no estaba en la casa, cuando llegué no me dejó entrar y me corrió con un machete. Estaba desencajado y gritaba cosas sin sentido referidos al demonio, a cumplir el pacto que había hecho en un supuesto contacto con el diablo”, recordó el hombre, quien contó que en medio de la huida “miré hacia atrás y note que armó una fogata inmensa con todas las cosas de la casa. Rompió una pared y desde adentro tiraba todo al fuego”.
El revuelo del episodio despertó finalmente a la Policía de Campo Viera, que llegó hasta el lugar y en medio de gritos y corridas detuvo al irascible sujeto. “Prometió regresar para completar su pacto con el ser supremo que tenía sed de sangre”, contó Mariano.
Aseguraba ser el demonio mientras daba brincos girando hacia atrás, pero lo que llamó la atención a los policías es que decía que lo hizo “por motivos superiores” aunque no daba más detalles de esa afirmación.
Al otro día, un vecino movió el montículo de objetos quemados y descubrió parte de un cuerpo humano, que resultó ser el de Ramón Diego Gutiérrez, un changarín de 50 años que la tarde anterior bebió con su asesino.
Durante el tiempo que duró la ofrenda, César (como lo conocen) tuvo tiempo para asesinar a machetazos a su víctima para luego cercenarle las extremidades y abrirle el pecho con un cuchillo en busca de su corazón, que -a decir de los vecinos- sacó y comió un trozo.
No conforme, arrojó partes al fuego en un concierto de carcajadas y amenazas a sus tíos, que horrorizados escuchaban en la oscuridad del monte. “Fue terrible, si no corríamos no estábamos contando esto. Nadie sabe lo que hizo con el resto del cuerpo, porque lo que encontramos fue un torso unido a un pedacito del brazo” recordó Mariano.
Con la mirada perdida en el monte, su hermano Sergio relató que “éramos nosotros (las víctimas) porque gritaba que tenía que matar a la gente que él más quería (…) Durante tres días nos cuidamos y como se le terminaba el tiempo, agarró a Gutiérrez”.
“Tenía libros de magia negra y otras cosas extrañas y si bien, no era grande (de cuerpo) tenía una fuerza descomunal, estaba poseído. Ese día tiró todos los libros al fuego, la ropa, la comida, sacó las ventanas de la casa y nadie lo podía contener porque su agresividad era enorme”.
Por el asesinato en El Cedral, Julio Ewerling fue procesado pero declarado inimputable, por lo que permaneció internado varios meses en el Samic de Oberá. Luego, fue trasladado a la cárcel de Loreto, donde debería seguir su tratamiento psiquiátrico.
(FUENTE: territoriodigital.com)

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