Lugares embrujados de España: La Casa Gran y el fantasma del pozo.

Cuando José de Iranzo y Barruchi compró la Casa Gran no podía imaginar que con el tiempo sería memoria viva de un pueblo, el símbolo de la historia y el patrimonio de la localidad valenciana de la Pobla de Vallbona, en el Camp de Túria.
 Esta arquitectura típica del siglo XVIII es grande, como su nombre indica: 490 metros cuadrados de vivienda, almazara, trullo, bodega, cuadras, tienda y patio. Fue además el centro económico y social de la villa y es hoy un museo que se nutre de objetos donados por los vecinos, que se alimenta de los recuerdos de las personas que crecieron y faenaron en la Casa Gran.
Al cruzar el portón de entrada viajamos a otra época. A la derecha, la venta en la que se conservan las botas de vino, los depósitos de aceite, las botellas etiquetadas y el peso para las cebollas; en el techo los clavos en los que maduraban los melones; a la izquierda la cocina de los caseros y la estancia en la que vivían con la chimenea y las cubetas para extraer agua del pozo; en el centro, dos pantallas de ordenador que recogen el testimonio audiovisual de los mayores que mantienen con vida esta joya patrimonial y las imágenes de la casa en ruinas cuando fue adquirida por el ayuntamiento en 1998.
Una década de obras da para coleccionar decenas de anécdotas, entre ellas la del “pozo cegado por orden de la señora porque oía ruidos y pensaba que había un fantasma en su interior”. Lo cuenta Anabel Contelles, técnico municipal y encargada de la restauración del inmueble. Más que de cubiertas, tejados y revestimientos, prefiere hablar de la historia que escondía la casa y que hoy es colección museográfica permanente con más de 5.000 piezas. “En aquella época eran prácticos, por eso imaginamos que el pozo debía estar cerca de la zona de las cocinas, y ahí lo encontramos, justo debajo de la de los señores”, junto a la planta inferior en la que residían todo el año los caseros.
La leyenda del fantasma que decía ver la señora cuando se alojaba en la casa en verano sirvió de argumento para teatralizar la historia de la Casa Gran. Es una de las claves para “mantener con vida un museo y que la gente vuelva a visitarlo”, opina la restauradora. Escenifican la leyenda al tiempo que una vez al año llevan animales a la casa y disfrazan a actores para que los niños descubran su historia; ofrecen a profesores impartir sus clases en el aula taller y utilizar el patio como recreo; cuentan con guías de entre 75 y 80 años que cuentan a los visitantes sus propias vivencias en la casa; enseñan lo que son los cachirulos -construcciones agrícolas de la zona- y los aljubs -donde se almacenaban aperos y resguardaban los animales-; y trabajan con arcilla y maquetas de piedra en seco.

Los habitantes de la Pobla se sienten protagonistas en la Casa Gran. No sólo es parte de sus vidas, sino que la han convertido en museo con sus propias donaciones. Objetos que ceden a los restauradores y a los que tienen acceso en todo momento a través de un inventario digital que se actualiza constantemente. “Si hacemos una exposición de vestimenta antigua ellos traen la ropa; si va de gastronomía ellos cocinan sus platos típicos; si se trata del 150 aniversario de la Corporación musical, que celebraremos en septiembre, ellos aportan los instrumentos, las fotos y las partituras”, explica Anabel Contelles, quien destaca “la vida propia que tiene la casa con la continua implicación vecinal, el teatro y las historias nocturnas”.
La Casa Gran es también un centro de enseñanza, un taller lúdico en el que se muestra cómo se producía el aceite por el método de la decantación que separaba el oro líquido en tres depósitos: uno para los señores, otro para los agricultores y un tercero para la fabricación de jabones, amén de los desperdicios que acababan en el Túria vía acequia. Y el trullo, con el pisado de la uva para fabricar el vino que comercializaban y consumían el señor y el pueblo.
Todas las piezas del museo están inventariadas con el nombre de los donantes en una web con 2.000 visitas semanales que “no está nada mal para tratarse de un museo local”, valora la conservadora. La historia del gran terrateniente, del centro meteorológico para saber de las lluvias que afectaban a los campos instalado por su hermano Francisco de Iranzo en la casa, y la actividad socioeconómica de la Pobla de Vallbona forman parte de esta joya patromonial del municipio que desde hace algo más de siete años gobierna Mari Carmen Contelles. “La gente se ha identificado mucho con ella porque los mayores han transmitido su querer a hijos y nietos”, dice satisfecha la alcaldesa.
Y nos regala una primicia. “En quince días irá a pleno la compra de la Casa Bernal para que el ayuntamiento se quede con el 100% del inmueble y pueda hacer una biblioteca”. Quizá se le dé otro uso si así lo quieren los vecinos, ya que el fin de la Casa Bernal “se decidirá por consulta popular”
FUENTE: elmundo.es

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