La historia de la verdadera «Annabelle», la muñeca diabólica.

annabelle

La película Annabelle que se estrena estos días ha rescatado una de las historias más escalofriantes que los creyentes en sucesos paranormales se han esforzado en vender en los últimos años. La trama que narra el film de John R. Leonetti, se centra en todas las desgracias que vive un matrimonio después de que el hombre decide regalarle a su mujer embarazada una muñeca antigua, vestida de novia. Un inocente objeto que al final les traerá numerosos disgustos.

Pero como siempre, la supuesta realidad supera la ficción y la historia de la verdadera muñeca Annabelle resulta realmente inquietante. El juguete original, que no era de porcelana como en la película y tampoco tenía el aspecto de una niña de verdad tal y como se retrata en Expediente Warren (la primera parte de la terrorífica historia) ni en Annabelle, era de trapo y pertenecía a la colección de las Raggedy Ann Doll, unos juguetes que se vendieron en Estados Unidos en la década de los setenta y que fueron adquiridos por miles de niñas.

Annabelle, a pesar de parecer igual que otras tantas muñecas, resultó ser más especial de lo que la dueña esperaba. Donna fue la agraciada con el peculiar juguete, un regalo que le hizo su madre para que la acompañara durante sus experiencia universitaria. La estudiante americana, que iniciaba su carrera como aprendiz de enfermería, decidió colocar a la muñeca en la habitación de su piso, un apartamento que compartía con otra estudiante.

Los sucesos extraños pronto comenzaron a sucederse y según relataba la propia Donna, la muñeca cambiaba por sí misma de la posición en la que la propia joven la había dejado. Las piernas cruzadas, los brazos cambiados, la cabeza de otra forma…; nimias variaciones que pronto dieron paso a sucesos bastante más llamativos. Lo que podrían haber sido simples coincidencias comenzaron a convertirse en hechos bastante más inquietantes y según las declaraciones de la propia Donna, la muñeca comenzó a cambiarse de habitación ella sola. Este fue solo el principio. Notas escritas con una letra que recordaba a la de los niños pequeños empezaron a poblar el piso de las jóvenes. Mensajes tan terroríficos como «Help us» («Ayúdanos») o «You miss me?» («¿Me echaste de menos?») o «Save to Lou» («Ayuda a Lou»), nombre que casualmente era el del novio de Donna, se convirtieron en sucesos rutinarios. En un principio, Donna y su compañera de piso Angie ignoran todo aquel circo y lo achacan a alguna broma pesada de un estudiante; pero viendo que la cosa va en aumento, y que junto a la muñeca ya empiezan a aparecer hilillos de sangre, las dos jóvenes recurren a los servicios de una médium.

La espiritista les informa que dentro de la muñeca está alojado el espíritu de una niña de siete años llamada Annabelle Higgins, quien les pide que la acepten como una más y sean sus amigas. Increíblemente, Donna y Angie aceptan las peticiones del objeto inerte y tratan a la muñeca como si fuera una más en el piso, un hecho que enerva a Lou -pareja de Donna- el cual califica la estampa de «surrealista». Le saldría caro. Y es que una noche de 1970, Lou tiene una pesadilla en la que alguien pretende estrangularle y para su sorpresa, cuando despierta se encuentra con la muñeca a los pies de la cama.

La situación se torna realmente preocupante cuando las estudiantes aseguran empezar a escuchar voces en la habitación, un ruido que sale precisamente de Annabelle. Los sucesos paranormales empujan a los tres estudiantes a contactar con un cura que deja el tema en mano de dos parapsicólogos, Ed y Lorraine Warren. El matrimonio Warren determina que dentro de la aterradora muñeca mora un demonio que pretende poseer a Donna después de que la propia joven le permitiera entrar en su vida.

Con este panorama, Donna, Lou y Angie toman una decisión radical y se deshacen de la muñeca, que de forma desinteresada adoptan precisamente los Warren para incluirla en su peculiar museo de los horrores. Annabelle inicia una nueva vida encerrada en una urna de madera blindada con un fuerte cristal de la que no puede salir. Toda una serie de fábulas han alimentado esta sorprendente historia, una provechosa leyenda que los Warren se encargan de alimentar dos veces al mes, con la visita de un sacerdote, que acude al museo para echar agua bendita sobre Annabelle. Real o no, lo cierto es que ya hay quien ha conseguido sacar un jugoso partido a esta historia que parece mucho más cercana a la ficción que a la verdad.

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