Los brujos del mundo, reunidos: Hace 40 años, en Bogotá, se realizó el primer Congreso Mundial de Brujería

Brujos y niebla. Una combinación de película de terror, pero en una ciudad alegre y en medio de una gigantesca feria de variedades. Hace 40 años, Bogotá, la capital del país donde nació el realismo mágico, albergó el primer Congreso Mundial de Brujería y se llenó de hechiceros, curanderos, curiosos y charlatanes. Mientras tanto, en Buenos Aires se hablaba de otros brujos y se hacía más densa otra niebla.
Simón González, el organizador, sacaba pecho en la inauguración del 27 de agosto de 1975. Decía que durante las deliberaciones del Congreso el hombre iba a “encontrar su verdadero poder y saber, científicamente, explotar sus condiciones humanas como no ha ocurrido”. González (“Brother Simón” o “el brujo Simón”) era un político y escritor colombiano, muy aficionado a las ciencias ocultas.
A Bogotá llegaron unos 2.500 participantes, desde homeópatas hasta cultores del vudú, para mostrar sus habilidades. También, ese primer Congreso Mundial de Brujería fue un gigantesco mercado donde se vendían pócimas, pomadas, talismanes y naipes mágicos. O bolas de cristal y frascos milagrosos. Periodistas de todo el mundo se acercaron a la capital colombiana para presenciar semejante junta. Si hasta Roberto Gómez Bolaños metió al Congreso en sus guiones para El Chavo, con Don Ramón burlándose de su némesis, la Bruja del 71, por su viaje a la capital colombiana.
La reunión fue inaugurada con un “abrazo brujo” entre los participantes y el etsreno de un monumento esculpido con una figura tayrona, un pueblo originario de Colombia. Muchos con escobas, con enormes escobas, protagonizaron un aquelarre festivo donde el alcohol circulaba en forma de tragos misteriosos que despedían humo.
Durante las exposiciones, varios personajes llamaron la atención. Ahí estuvo, por ejemplo y para dar idea de que se trataba también de un encuentro cultural, la escritora ucraniana radicada en Brasil Clarice Lispector. En una conferencia sobre “Literatura y magia”, presentó con una accidentada traducción su cuento “El huevo y la gallina”.
Más accidentado fue lo del reconocido médico de terapias alternativas Andrew Weil, que debió salir de su conferencia con custodia, mientras era abucheado. El homeópata, mal asesorado o por apuro, eligió para su exposición hablar mal del café. Sí, en Colombia. “Es un alucinógeno más poderoso que la marihuana, porque genera vicio”, tiró en un escenario montado en el segundo país productor mundial de café. Se fue rápido del Congreso y nadie lo extrañó.
Muchos quedaron fascinados con los 32 brujos haitianos que, con pasaporte diplomático, llegaron a Bogotá para mostrar ritos vudú. Poseídos por sus espíritus, se pasaron antorchas por la cara sin quemarse, mientras bailaban al ritmo de atronadores tambores, masticaban vidrio y recibían latigazos.
Pero, entre ritos vudú, pócimas mágicas y los “genios” que resolvían “líos amorosos”, la gran estrella de la reunión fue el ilusionista Uri Geller, el israelita que doblaba cucharas “con su mente”. El enviado de Clarín al Congreso se hacía una panzada con el efecto que generaba Geller.
Fue tal la desesperación de la gente por tener una cucharita doblada por la poderosa mirada del mentalista que el negocio surgió solo: un empresario adquirió cientos de cucharas de café de poca calidad y en el patio de su casa puso a todos los chicos el barrio a doblarlas por la mitad. A partir de allí, con una canasta bajo el brazo, comenzó la venta. “A 50 pesos la cucharita doblada por el maestro” “A 50 la cucharita”. Al mediodía ya había más vendedores de cucharitas que de lotería, lo que es decir mucho, y casi todos los negocios del ramo habían colgado cartelitos en la entrada indicando: “No hay más cucharitas”.
En otro tramo de la nota, el enviado de Clarín también daba cuenta de un fenómeno inusual: “Desde las primeras horas de la noche una inesperada niebla ha cubierto la ciudad. Fuentes autorizadas señalaron que el fenómeno era muy raro en esta época del año”.
Con sus brujos y su niebla, la noticia del Congreso en Bogotá no fue a la tapa de Clarín y debió conformarse con una modesta página 34. Por entonces, la Argentina hablaba de su propio “Brujo”: hacía poco más de un mes que José López Rega había renunciado y se había fugado a España. Y se cerraba otro tipo de niebla, más oscura, densa y ominosa. “El general Videla es el nuevo jefe del Ejército”, decía el título principal de la tapa de ese día.
(FUENTE: clarin.com)
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