El misterio de la figuras geométricas de Kazajistán, las ‘Líneas de Nazca’ europeas

Geoglifos Kazajistan

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Ruta MISTERIOSA de la semana: Triana Misteriosa (Sábado)

Día 7 de Diciembre (Sábado): Ruta Misteriosa OFERTA 2×1: TRIANA MISTERIOSA

Ruta TRIANA MISTERIOSA. 7 de Noviembre. (Sábado)  ¡Impresionante!

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TRIANA MISTERIOSA (Casas encantadas y Fantasmas).
Ruta a los lugares malditos de Sevilla, barrio de Triana

Día 7 de Noviembre (Sábado): TRIANA MISTERIOSA (Casas encantadas y Fantasmas).

Ruta a los lugares malditos de Sevilla, barrio de Triana

TRIANA MISTERIOSA 2×1 (vienen dos y paga una).

Lo pasarás terroríficamente bien…

Es, sin duda, uno de los barrios más populares y con más vida del mundo, su particular idiosincrasia hacen de Triana un lugar bello para pasear, para convivir o para disfrutar, Triana, es la pequeña ciudad dentro de una ciudad, la eterna dualidad con su hermana Sevilla y con el río, que les da vida, de notario de su vecindad. Pero Triana esconde muchos misterios, muchos secretos, muchas leyendas, muchas historias misteriosas que son muy atractivas de conocer y muy desconocidas. En esta ruta te desvelamos sus secretos, una ruta apasionante.

Acompáñanos por los misterios de Triana, sus casas encantadas, sus fantasmas, sus espectros más singulares, sus apariciones más escalofriantes. Un recorrido que te llenará de inquietud… Conocerás el lado más terrorífico del popular barrio sevillano.

Algunas partes del recorrido:

-Historia de Triana.
-Triana y el río.
-Triana mora y sus fantasmas.
-La Inquisición en Triana, atrocidades y espectros.
-Apariciones y fantasmas en Triana.
-Triana de Leyenda y de misterios.

Duración del recorrido: 110 minutos.
RUTA de la TRIANA MISTERIOSA:
Día: 7 de Noviembre (Sábado) 2015.
Hora: 20:00 h.
Lugar: Puerta Callejón de la Inquisición en calle Castilla, junto al mercado de Triana.
Precio: 10 euros/persona, OFERTA 2×1 especial sale a 5 euritos por persona.

Contacta con el guía en: correo@garciabautista.net o al teléfono 653 775 172.

Guías Jose Manuel Garcia Bautista, David Flores, Jesús García Jiménez

Voces del Misterio nº.448: MARIAFONIAS, apariciones programadas inexplicables, con JESÚS CALLEJO

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Programa “Voces del Misterio” nº.448, un programa muy especial en el que JESÚS CALLEJO nos hablará de un tema muy desconocido: MARIAFONÍAS, los sonidos de las apariciones programadas de mujeres. Un extraordinario programa con un tema muy desconocido en el que Jesús Callejo da toda una lección. En “Voces del Misterio”, 91.6 fm, SFC Radio.

*Un programa dirigida por Jesús García y Jose Manuel García Bautista.

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Voces del Misterio X6

Grecia: “Monstruo marino” desconcierta a los científicos

El escocés Harvey Robertson quedó encantado con el azul profundo de las costas de Praga, en Grecia, y decidió disparar su iPhone casi sin mirar. La sorpresa llegó unos segundos después, cuando vio el resultado.
“Hice la fotografía por accidente. Yo estaba cerca de una cueva marina en una pequeña embarcación, a unos 30 kilómetros al sur de Albania, en la costa oeste de Grecia. Estaba intentando capturar el color del agua y no estaba mirando los detalles, cuando se disparó el flash. Sólo vi a la criatura al mirar después las fotografías. Imagínense mi sorpresa cuando vi a esa cosa en mis fotos”, relató Robertson a Fox News.
Según informó Infobae, la cadena norteamericana consultó a algunos expertos, que estimaron que la criatura podría tratarse de una ballena picuda como la que se ve debajo.
Pero la criatura de Robertson tiene un hocico que parece más un hipopótamo. Está claro que el ángulo y la refracción del agua podrían ser responsables de importantes distorsiones. Además, por la falta de perspectiva, no se sabe cuál es el tamaño real del animal.
Además, siempre existe la posibilidad de que la foto sea una falsificación. Con todo, ha llamado la atención de los expertos en criptozoología, una seudociencia que estudia el origen de animales de existencia no probada, como el chupacabras, piegrande o el monstruo del lago Ness.
“Si la fotografía no es un engaño, podría ser interesante, cryptozoológicamente hablando”, dijo Loren Coleman, director del Museo Internacional de Criptozoología en Portland, Maine, citado por el Huffington Post.
“Podemos estar ante la evidencia fotográfica de una nueva especie o podría ser una reconfiguración (del cuerpo de una especie conocida, como un calamar, por ejemplo)”, explicó Coleman, quién reconoció que el principal problema con este tipo de “descubrimientos” son la credibilidad de los testigos y sus fotos.
“Esta maravilla griega, por lo tanto, por ahora, debe quedar archivada en la carpeta ‘incógnitas conocidas’”, concluyó el experto.
Para la web Mysterious Universe, en tanto, la foto evoca a Ammit, el demonio femenino en la mitología egipcia con la cabeza de un cocodrilo, el cuerpo de un hipopótamo y de un león. Este demonio era conocido como el “devorador de los muertos” y el “devorador de corazones”.
(FUENTE: peru.com)

Tres factores biológicos que hacen a los hombres más atractivos ante las mujeres

No solo del atractivo físico, de la inteligencia, de la personalidad o de la billetera depende el éxito con las mujeres, hay factores biológicos que despiertan el interés de las mujeres y la ciencia intenta explicar.
En el juego de la seducción se ven involucrados factores como el atractivo físico total (estatura, musculatura, rostro), la inteligencia, la personalidad y hasta el grosor de la billetera; sin embargo, no siempre estos factores son determinantes. Al menos no para todas las mujeres.
Por ello, no sorprende que algunos hombres tengan más éxito con las mujeres y aunque esto puede deberse a los factores previamente mencionados, existen otros atributos que según la ciencia hacen a los varones más atractivos ante los ojos u oídos de las feminas.
En ese sentido, diversas investigaciones científicas han identificado tres aspectos, además del atractivo físico y personalidad, que influyen directa y positivamente en las mujeres cuando un hombre se les acerca e intenta seducirlas; conócelas:
Ser parte de un equipo de fútbol o de otro deporte colectivo
Cuando los hombres practican un deporte colectivo se sienten más desinhibidos para coquetear con las mujeres, esto debido a que al competir se eleva considerablemente la testosterona, lo que los impulsa a encarar a la chica que les atrae. En ese sentido, investigadores de la Universidad Abertay (Inglaterra) confirman que los hombres más atractivos son aquellos que tienen mayores niveles de testosterona. Asimismo, revelaron que mientras más anticuerpos produce un macho en respuesta a la testosterona, posee un rostro más atractivo para el género femenino.
Color de piel
Según un estudio de la Universidad St Andrews (Reino Unido), las mujeres se sienten más atraídas por los hombres cuyo color de piel es rosa intenso brillante, ya que relacionan esa tonalidad con una personalidad fuerte y saludable, lo que garantiza mejores genes y, por tanto, mejor descendencia. En cambio, cuando los hombres tienen una piel muy roja son percibidos como agresivos. Por otro lado, un estudio liderado por Ian Stephen, psicólogo de la Universidad de Nottingham (Malasia), determinó que la piel es un claro indicador de buena salud, por lo que para ellas es biológicamente muy importante que los hombres tengan un cutis saludables.
Tono de voz
Una investigación liderada por el psicólogo Juan David Leongómez de la Universidad de Stirling (Escocia) sugiere que tanto el tono como la modulación de la voz masculina pueden atraer a las mujeres. De hecho, señala que cuando un hombre desea seducir a una mujer y llegar a un plano sexual, su voz cambia de dos maneras: el tono se vuelve más grave y a la vez menos monótona. En ese sentido, Leongómez explica que las voces masculinas más graves tienden a relacionarse con un carácter más agresivo y a un tipo de hombre vigoroso (lo que es su mayor atractivo); sin embargo, cuando se modula la voz de forma correcta, ese timbre profundo resulta menos amenazante y excitantemente masculino. Así, la fusión de dulzura y agresividad atrae más a las féminas.
(FUENTE: rpp.pe)

Voces del Misterio nº.448: MARIAFONIAS, apariciones programadas inexplicables, con JESÚS CALLEJO

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*Un programa dirigida por Jesús García y Jose Manuel García Bautista.

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Voces del Misterio X6

La leyenda de la calle Sierpes

La calle, desde los tiempos de la Reconquista por San Fernando se venía llamando calle de Espaderos en razón a tener en ella su hospital y hermandad quienes hacían espadas. Históricamente no se sabe con exactitud cuándo empezó a llamarse calle Sierpes, ni por qué. Consta que una ordenanza mandada hacer por los Reyes Católicos, emplea los dos nombres, de Espaderos y de Sierpes. El ilustre polígrafo sevillano don Luis Montoto atribuye el nombre nuevo a haber vivido en esta vía un tal don Álvaro Gil de las Sierpes. Otros aseguran que en cierta barbería con honores de botica (pues los barberos eran al mismo tiempo sangradores, cirujanos y aún boticarios), hubo una sierpe como muestra, junto a los botes de sanguijuelas y lancetas de sangrar. Otros dicen que no fue una barbería sino un mesón el que tuvo en su muestra este animal, y que del mesón de la Sierpe tomó su nombre la calle.
Sin embargo, la fantasía popular, quizá con algún fundamento, ha tejido una leyenda en torno al nombre de esta populosa y castiza vía:


En los últimos años del siglo XV, cuando aún no había terminado la Reconquista, era Sevilla ciudad de paso para las tropas que escaramuzaban contra los moros del reino de Granada. La frontera insegura permitía infiltrarse fácilmente a individuos armados y partidas merodeadoras, que no solo hostilizaban a los castellanos en su retaguardia, sino que tomaban contacto con los moriscos residentes en las ciudades cristianas. Había también en muchas de estas ciudades, y por supuesto en Sevilla, barrios enteros habitados por judíos, descontentos y siempre dispuestos a fomentar con su dinero el bandidaje y la revuelta. Para agravar aún más el triste panorama de la época, los nobles españoles andaban divididos en bandos, hostiles unos a otros, y todos ellos hostiles al poder real que intentaba disminuir sus privilegios para fortalezer la autoridad de la Corona. Eran frecuentes por todas estas causas las muertes a mano airada, los pillajes y toda suerte de violencias que casi siempre quedaban impunes.

Por aquel entonces comenzaron a ocurrir en Sevilla siniestros sucesos. Con frecuencia faltaban niños, sin que nadie pidiera por ellos rescate, ni aparecieran luego ni vivos ni muertos. Unas veces era durante la noche, en el interior de las casas, robados de sus propias cunas. Otras veces, a la hora del atardecer, no regresaba de sus juegos alguna criatura, sin que jamás volviera a saberse de ella. Cundió la alarma en la ciudad, y las madres procuraban no separarse de sus hijos, llevándolos todo el día prendidos a sus faldas y acostándolos a su lado abrazados consigo por la noche.

Se susurraban en la ciudad mil diversos rumores. Decían unos que robaban estos niños los judíos para sacrílegas parodias de la crucifixión de Cristo y para mezclar su sangre inocente con diabólicas mixturas destinadas a hechizos. Otros aseguraban que los niños robados eran conducidos por bandidos moros a los palacios del rey de Granada para convertirlos en esclavos. Había quien aseguraba que más bien eran piratas turcos que remontaban el Guadalquivir en barcas y entraban en la ciudad disfrazados de mercaderes para llevarse a los niños y venderlos en los mercados del gran sultán de Constantinopla. Venganzas de los partidarios de los Ponce contra los Guzmanes y represalias de los partidarios de los Guzmanes contra los Ponce, afirmaban otros.

Pero he aquí que cierto día, un hombre embozado, de gallarda apostura, se presentó en la casa de don Alonso de Cárdenas que regentaba por entonces la ciudad.

– Vueseñoría perdonará que no quiera mostrar mi rostro ni decir mi nombre. Pero el asunto que me trae a verle es cosa que mucho importa al sosiego de esta ciudad.


– ¿Venís acaso a denunciar alguna nueva conjetura de los Ponce o de los Medina-Sidonia?


– Nada de eso, señor. Los intentos de esas dos nobles casas son tan conocidos que sería excusado el venir a contarlos. No, vengo a hablaros de algo mucho más importante: de los robos de niños que tiene acongojada a la ciudad.


– ¿De los robos de niños? Decidme: ¿quién o quiénes son los autores? ¿Habéis visto? ¿Podremos haberlos? Juro que si me ayudáis a prenderlos haré quemar a fuego lento en el campo de Tablada a esos criminales, o los mandaré descuartizar entre cuatro caballos en la plaza de San Francisco.


– A su debido tiempo haréis lo que convenga, si algo de eso os conviene, señor don Alonso, pero no es así el caso de mi venida, sino preguntar a Vueseñoría qué premio o recompensa puedo esperar si se acaba tan doloroso azote de Sevilla gracias a mi intervención.


– ¿Premio? El que vos pidáis; os lo prometo.


– No quiero promesas, mi señor don Alonso, y no es desconfianza. Pero después, ya sabéis, cambian los hombres, cambian las memorias. Yo querría, no una promesa, sino un compromiso formal ante escribano, y con las garantías que es razón en un asunto de tanta monta.


– Se hará lo que decís, porque no me duelen prendas cuando prometo algo.

Y don Alonso de Cárdenas, comendador de León y primer regidor de Sevilla, hizo venir a toda prisa a un escribano para que formalizase el documento.

– ¿Cuál premio pedís?


– El premio, mi libertad, señor.


– ¿Vuestra libertad? ¿Acaso sois esclavo?

– No; soy un preso fugitivo a quien la buena fortuna ha hecho descubrir el misterio de cómo y por dónde desaparecen tantos tiernos niños de esta ciudad. Veréis, hace pocos meses fui conducido a Sevilla desde Marchena, precisamente por haber tomado las armas en rebeldía contra el rey, siguiendo secretas órdenes de mi señor el duque de Arcos. Salieron mal las cosas y el duque me dejó abandonado a mi destino, y vine a un calabozo de la cárcel. No me resigné a pudrirme en tan húmedo aposento, y di en escarbar bajo el camastro, sacando la tierra escondida en las faltriqueras cada vez que me llevaba el guardían al patio a trabajar con los otros presos. Al cabo de cierto tiempo, llegué a tener un espacioso agujero por el que ganar la libertad, pues había topado por misericordia de Dios, con la cloaca antigua que va por debajo de la cárcel.


– Ya, ya he oído hablar de esas cloacas romanas, o de tiempos de los moros, que en esto nadie ha logrado aclararse. Les llaman el laberinto de Sevilla, y van por debajo de muchas de estas calles.- En efecto; dí cierta noche en huir por ese ruín camino, a oscuras, y a tientas procurando orientarme por sus tenebrosas estrechuras para salir de la ciudad, Y en tal sazón, fue cuando encontré a quien robaba a los niños.

– ¿Judíos sin duda que por los pasadizos secretos de la sinagoga…? – preguntó el escribano.

– ¿Turcos que vendrían por las cloacas desde el río? – inquirió el regidor.

– Ni los unos ni los otros –respondió el desconocido-. Pero, escribid, escribid, señor escribano. Escribid el compromiso de don Alonso de Cárdenas de devolverme la libertad, y yo continuaré mi historia. Si no, por Dios, que calle hasta el fin del mundo.

Escribió el escribano con sus garrapateados renglones de apretados formulismos.

– ¿Vuestro nombre?


– Ahora sí lo diré. Me llamo Melchor de Quintana y Argüeso; bachiller en letras por los estudios de Osuna.

El secretario terminó de redactar su escrito y lo leyó pausadamente:

– … y por la grande importancia deste negocio, y servicio que presta a la ciudad remediando la aflición pública por la desaparación de muchos niños… vengo en perdonar y perdono en nombre de Su Alteza el Rey de Castilla, y de León, y del Algarbe… a Melchor de Quintana y Argüeso, del delito de rebelión armada otorgándole su cuerpo libre…

Firmó don Alonso de Cárdenas, y se quedó con el escrito en la mano, y dijo con voz grave y pausada:

– Ved que he firmado, no una promesa sino vuestra libertad. Este documento os entregaré y os dejaré ir libremente do queráis, tan pronto como me pongáis en disposición de prender al autor o autores de esos secuestros.


– Más haré todavía, no os diré dónde podéis prender al autor. Os llevaré donde está, muerto por mi mano hace dos días.


– Conducidme entonces a ese lugar, y teneos ya por libre tan pronto como me convenza de que decís la verdad.

Se dirigieron a la calle Entrecárceles, donde estaban las dos cárceles, y entraron en el grande caserón de la cárcel Real. Requirió don Alonso al alcaide para que les condujese hasta el calabozo que había ocupado Melchor y donde estaba mal tapado aún el agujero por donde huyó. Unos presos lo destaparon quitando el escombro que aquí se había echado y apareció nuevamente la galería de la cloaca. Era, tal como había dicho don Alonso, una vieja galería abovedada, de tiempos de los romanos, labrada quizá para desagüe en tiempos de inundaciones o para limpieza de la ciudad. Bajaron con luces, y acompañados del alcaide y de otros hombres de armas de los que guardaban la cárcel.

Delante iba, con una antorcha en la mano izquierda y una espada desnuda en la derecha, guiando al grupo, Melchor de Quintana. Anduvieron como cosa de cien pasos, y llegaron a un lugar donde se cruzaban varias galerías.

– Estamos en la calle Espaderos –dijo don Alonso-. Al menos eso es lo que deduzco por lo que hemos andado.

– Pues ahí tenéis al ladrón y matador de los niños -dijo Melchor-. Y levantando la antorcha para iluminar mejor la galería, mostró a los sorprendidos ojos de sus acompañantes el cuerpo disforme de un monstruoso animal, que les pareció en principio un cocodrilo o un dragón, pero que viéndolo más despacio reconocieron ser una gran serpiente, gruesa como un hombre, y de más de veinte pies de largo. Aunque impresionaba su temible aspecto, aún más les espantó el ver que tenía clavada en el cuerpo una daga hasta la empuñadura, y po la herida resbalaba viscosa, todavía, una ancha cinta de sangre.

Cómo había podido aquel hombre en la oscuridad tenebrosa de la cloaca luchar con el terrible animal y darle muerte, era cosa que parecía sin duda un gran milagro. Todos los circunstantes miraban con admiración y temor al gran bachiller Quintana, tal como si fuera un aparecido.
– En efecto, esta gran bestia era la que robaba los niños, sin duda saliendo por otras cloacas menores al interior de las casas -afirmó uno de los alguaciles armados que había estado reconociendo la galería-; pues he visto por el suelo algunos restos infantiles de sus horribles comidas.

– Señor bachiller; podéis ir libre como os he firmado. Marchad adonde os plazca, y para que no volváis a sentir la necesidad de meteros en rebeldías, pasad por la casa consistorial donde os proveeré de algún empleo si queréis quedaros en Sevilla, o de algunos dineros si queréis volver a vuestro pueblo.

Don Alonso ordenó que el disforme cuerpo de la Sierpe fuera sacado de aquella galería, para que su corrupción pasando unos días no infectase de pestilencia toda la ciudad. Fue expuesto el animal muerto en la misma calle Espaderos, y el vulgo que venía a verlo desde todos los barrios de Sevilla, a fuerza de repetir el relato, vino a llamar a esta calle“la calle de la Sierpe”, nombre que acabó por borrar la memoria del nombre de Espaderos que antes tenía.

La leyenda del hombre de piedra

Siguiendo con la colección de Leyendas Sevillanas ahora le toca el turno a la leyenda de la calle Hombre de Piedra.


En el barrio de San Lorenzo, y pasando desde la calle de Santa Clara a la de Jesús del Gran Poder, discurre una calleja larga y estrecha que se llama Hombre de Piedra, porque en ella, y empotrada en una hornacina a nivel de la acera, puede verse una estatua de piedra, de borrosos relieves, que lleva ahí empotrada varios siglos. La calle se llamó desde el siglo XIII hasta el XV calle del Buen Rostro, pero en época del rey don Juan II cambió su nombre al aparecer la estatua del hombre de piedra, junto con la leyenda de su milagroso y dramático origen.
Para entender la leyenda es preciso que antes nos traslademos a la plaza del Salvador en la esquina a calle Villegas, donde encontraremos adosada al muro de la iglesia Colegial, una cruz de gran tamaño, la cruz de los Polaineros, y bajo ella una lápida, escrita en caracteres y ortografía antiguos, que dice así:
EL REY DON JUAN. LEY 11
El rey i toda persona que
topare el Santísimo Sacramento
se apee, aunque sea en el lodo
so pena de 600 maravedises
de aquel tiempo, según la loable
costumbre desta ciudad,
o que pierda la cabalgadura
y si fuera moro de catorce años arriba
que hique las rodillas
o que pierda todo lo que llevare vestido…
Por esta lápida, colocada en la iglesia del Salvador, vemos la devoción que existía en Sevilla, de ponerse de rodillas en el suelo cuando pasase el Santísimo Sacramento, aunque hubiera lodo por haber llovido; piadosa costumbre de la que no se libraba ni siquiera el rey ni los más altos caballeros, so pena de perder el caballo y pagar seiscientos maravedises de multa; y el que no tuviera caballo ni bienes, perder la ropa que llevase puesta.
Vista así, la reverencia con que se miraba al Santísimo Sacramento en tiempos pasados, volvamos a la barriada de San Lorenzo, en cuya calle Buen Rostro, había una taberna allá por los años del siglo XV.
Y sucedió que se encontraban en la taberna varios compadres, bebiendo vino, cuando se oyó venir por la dirección de la parroquia de San Lorenzo, el tintineo de una campanilla acompañado de un susurro de voces que rezaban.
Se asomaron los compadres a la puerta de la taberna, y vieron aparecer en el comienzo de la calle, un reducido grupo de personas, con velas y faroles, que iban acompañando al cura párroco, el cual llevaba en las manos y apretada contra su pecho, la cajita del Viático en la que llevaba la hostia para dar la última comunión a un enfermo.
Al ver aproximarse la comitiva, los bebedores de la taberna, aunque eran gentes poco religiosas, más dados al vino y al juego que a la piedad, interrumpieron sus conversaciones, y se aprestaron a arrodillarse un instante mientras pasaba el Sacramento. Pero uno de ellos, llamado Mateo el Rubio, que se tenía por valiente y era el matón del barrio, haciendo alarde de incredulidad para demostrar su temple ante los otros, dijo en voz alta:
– Ea, hatajo de gallinas, que os arrodilláis como mujeres, ahora veréis un hombre terne. No me arrodillaré, sino que me quedaré de pie, para siempre.
Y en efecto, permació allí para siempre, pues un trueno ensordecedor estalló sobre la calle, y sobre el impío cayó un rayo que le convirtió en piedra y le metió de pie hasta las rodillas en el suelo.
Y allí está todavía el cuerpo petrificado del pecador blasfemo, que se atrevió a desafiar a Dios.

Por este ejemplar escarmiento, la calle del Buen Rostro se llama desde entonces del Hombre de Piedra, donde aún puede verse el testimonio de aquel terrible suceso.
Nota.- Menos espectacular y maravillosa pero más real, es la interpretación arqueológica de la estatua hombre de piedra. Al parecer se trata de una estatua romana que presidió las termas que había en ese lugar, y que durante época árabe aún seguía existiendo, lo que dio nombre a unos célebres baños moros, que se llamaron “los baños de la Estatua”, y que ha sobrevivido a las diversas reformas que ha sufrido durante dos mil años el edificio en cuya fachada aún está empotrada.

Leyenda de las naranjas D.Pedro: Jardines del Alcazar

Todos las cuentan y repiten la misma cantidad.

Todos excepto uno, de los Pineda de Sevilla que las sacó del estanque una a una y las contó. Las mismas que todos habían dicho.

Preguntole el Rey el porqué de este hecho y éste contestó:
– Porque podían ser medias naranjas. Y cortando una por la mitad la arrojó al estanque y al flotar boca abajo parecía entera.
– No podía dar fe sin comprobar realmente si eran enteras o medias naranjas.

Desde entonces y por muchos años, los Pineda ostentaron el oficio de Escribano mayor del Cabildo de Sevilla. Juan de Pineda era su nombre.

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