Hablar sobre sus experiencias cercanas a la muerte podría ayudar a curar a los soldados

Diane Corcoran, R.N., Ph,D., y una coronel retirada de la armada de Estados Unidos, escuchó su primer relato de experiencia cercana a la muerte en 1969 de un soldado en Vietnam.
“Tengo que decirle esto”, dijo él de manera fervorosa y urgente. “Por favor créame, esto es real”. El soldado describió lo que Corcoran ahora conoce como una experiencia cercana a la muerte común, una experiencia esencialmente profunda estimulada por un pincel con la muerte.
Las experiencias cercanas a la muerte son tan variadas como las personas que las viven, aunque algunos rasgos comunes incluyen ver seres queridos fallecidos, encontrar ángeles u otros seres trascendentales, sensación de ligereza y euforia, y ser capaz de ver el propio cuerpo físico de uno desde fuera de este. Algunas experiencias son también aterradoras y traumáticas por varias razones.
Estudios en Estados Unidos, Alemania y Australia, demuestran que en cualquier lugar, del 4 al 15 por ciento de la población han tenido alguna forma de experiencia cercana a la muerte. Los soldados experimentan mucho trauma y son más dados a tener encuentros con la muerte, Corcaran estima en más de un 15 por ciento y aun casi la mitad puede haber tenido tales experiencias.
Ella ha escuchado con mente abierta y como militar por unos 40 años, como soldados han confiado en ella, muchos de ellos con trepidación.
“Mi creencia es… ellos podrían curarse a sí mismos de algunos de los asuntos que tienen si alguien estuviera allí para apoyarlos, para validar su experiencia”, dijo Corcoran durante una discusión en la conferencia de la Asociación Internacional para Estudios Cercanos con la Muerte, en Newport Beach, California, el 30 de agosto.
Corcoran es la presidenta actual de esta asociación, y ha visto la comodidad, esperanza y sentido de propósito que muchos han logrado de sus experiencias cercanas a la muerte. Por otro lado, para los soldados esta experiencia puede convertirse en una de muchas experiencias traumáticas, si sienten que la experiencia con la muerte muestra que son mentalmente inestables. Estas experiencias se convertirían por lo tanto en algo para sentirse avergonzados, algo con lo que ellos deben tratar por sí mismos.
Cuando un hombre joven en Vietnam le contó su experiencia, ella supo que “Eso era verdaderamente emotivo por él, que era verdaderamente importante para él.”
“Instintivamente supe que la gente estaba hablando cada día fuera de los hospitales sobre haber tenido experiencias cercanas con la muerte y nunca teniendo un alma a quien hablar”, dijo ella. “Al menos en la milicia, fue mi meta que… las enfermeras y doctores de la milicia hicieran esto”.
Ella habló sobre experiencias cercanas a la muerte clara y ampliamente durante sus años en la milicia y aun se hizo conocida como la “Dama de los Muertos y Moribundos”. Corcoran ha hablado en encuentros de veteranos, hospitales y foros similares. Mientras que el reconocimiento de estas experiencias y su rol en la salud mental de los soldados ha dado “pequeños pasos”, dijo Corcoran, muchos profesionales que tratan a los soldados no sabrían diferenciar estas experiencias de un shock siquiátrico.
La gente se asusta de aparentar estar loca si habla sobre sus experiencias cercanas con la muerte, dijo Corcoran. Ella ha estado tratando de hallar un soldado para discutir sobre esta experiencia delante de una cámara para hacer una película y crear consciencia. Todos se han rehusado, preocupados de que podrían perder beneficios o sus pases de seguridad podrían estar comprometidos si ellos aparentan estar mentalmente inestables.
Conseguir datos sobre experiencias cercanas con la muerte es difícil debido a la falta de voluntad para abrirse, dijo Corcoran. Ella puede solo hacer conjeturas sobre el número y el impacto de estas experiencias en la milicia.
Corcoran continúa inspirando confianza en aquellos que la han experimentado, muchos de los cuales se sienten más cómodos abriéndose a una coronel retirada que a alguien fuera de la milicia.
Cuando ella trabajó como enfermera militar por 25 años, no necesariamente trató estas experiencias con aquellos a quienes cuidó. Ella solo escuchó, “Tienes que tener tiempo, debes tener alguna habilidad para sentarte, mirar dentro de sus ojos y decir, ‘Estoy aquí, estoy interesada. Háblame sobre tus experiencias… Puedes contarme todo. Estoy aquí para apoyarte’”.
Durante la Operación Tormenta del Desierto en los años 90, ella estaba trabajando en un hospital de 300 camas que se había convertido en uno de 1000 en solo un par de días. Dio una charla al personal médico y le dijo estar preparados para los soldados discutiendo sus experiencias cercanas con la muerte. Dio consejos sobre cómo ayudar a esos soldados a hacerle frente.
Ya que continuó ascendiendo de rango con el paso de los años y dando charlas al personal militar sobre experiencias cercanas a la muerte, muestra que los soldados pueden abiertamente creer y discutir sobre las mismas.
(FUENTE: lagranepoca.com)
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