‘Ghost in the shell’: El alma está en la máquina pero no en la película

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Por Sergio Ariza Lázaro / DiarioCrítico
Si traducimos el título de esta película al español viene a ser una cosa así como ‘El fantasma en la cáscara’, siendo eso del fantasma un sinónimo del alma humana y la cáscara su nuevo cuerpo cibernético. Viendo el resultado final se podría decir que ‘Ghost in the shell’ tiene mucho más de cáscara que de alma, utilizando una historia que se presta a múltiples cuestiones metafísicas para entregar un ‘blockbuster’ mil veces visto con reminiscencias visuales a películas como ‘Blade runner’ y ‘Matrix’.

La película trata sobre un experimental híbrido entre humana y máquina, un cerebro humano al que se le da un nuevo cuerpo sintético y que es utilizado como una especie de policía de operaciones especiales al que se le encargan las misiones más complicadas. Sus recuerdos están borrosos pero sigue sintiendo como un ser humano y poco a poco irá recordando más cosas. Pero ni a su director, Rupert Sanders, ni a su guionista, William Wheeler (que se basa en el manga de Masamune Shirow) parece importarles mucho los problemas morales y metafísicos que se plantean, tanto en el personaje principal como en una sociedad humana que cada vez se mezcla más con la tecnología realizándose mejoras cibernéticas. Los responsables parecen más interesados en enseñarnos a Scarlett Johansson disparando y dando patadas varias que en el trasfondo moral de la historia.

Una historia que se sitúa a medio camino entre ‘Blade runner’ y ‘Matrix’ pero que no tiene el peso de ninguna de ellas, tampoco hay rastro de la oscuridad y poesía que sí supo darle Mamoru Oshii en su versión animada de 1995. Aquí toda posible profundidad es evitada en beneficio de sus múltiples escenas de acción, que por cansancio terminan pareciendo tremendamente efectistas.

Con un planteamiento muy interesante y que se presta a la ambivalencia, Sanders y Wheeler presentan un típico producto ‘hollywoodiense‘ de buenos contra malos, sin nada en medio. Johansson, como el resto del reparto (a excepción de un par de escenas de Takeshi Kitano), queda desaprovechada y entrega un personaje robótico al que, a pesar del título, le falta el alma.

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