Ruta nocturna por la Sevilla paranormal

El escritor e investigador José Manuel García Bautista dirige cada fin de semana visitas guiadas por la ciudad de los espectros.

CÉSAR RUFINO / SEVILLA / El Correo de Andalucía

La sugestión que ofrecen las callejuelas de la ciudad antigua le viene de perlas al ambiente de este recorrido nocturno, en el que suelen participar unas treinta personas.

Faltan apenas unos segundos para la medianoche. Tras dos horas pateándose la Sevilla misteriosa, la comitiva se arracima alrededor del guía sobre el charco de luz de un farol en un oscuro callejón de la ciudad antigua. Esperan el remate final. Después de todo lo que han visto, después de descubrir lo que la realidad esconde debajo de la alfombra, la pregunta es inevitable: «¿Quién podría asegurar que aquí mismo, en esta callejuela solitaria, no hay un espíritu como esos que hemos ido conociendo en nuestro recorrido?», se pregunta aquel, ante la treintena larga de participantes. «¿Y si yo dijera: si hay una presencia aquí, que apague la luz?». Y de pronto, los faroles se apagan y todo queda a oscuras. No es cosa de magia ni –que se sepa– de fantasmas, «sino del alumbrado público, que le tengo cogida la hora. Pero queda muy chulo», bromea José Manuel García Bautista. Porque el humor también forma parte de su itinerario nocturno por la Sevilla encantada, a través de la empresa Naturanda.

«No es solo un recorrido paranormal; les cuentas las leyendas de la zona, que tienen el germen de la verdad, y la historia de los lugares; a veces, bromeas un poco. No soy un guía al uso; yo no voy dos horas a machete a matar a la gente de miedo porque no es mi estilo; ni yo mismo puedo estar dos horas serio, es imposible. La gente sale muy contenta, repiten más veces e incluso traen a los niños».

Bauti, como lo llaman sus amigos –una creciente legión–, resume la experiencia como «un subidón tremendo de adrenalina». Sobre todo, para aquellos que todavía sienten un poco de pudor de confesar que les interesan estos asuntos. «Algunos, que incluso se guardaban para sí algún suceso cercano, bien en su familia, en el pueblo o hasta en su propia casa, te lo cuentan al finalizar la visita, y te invitan a ir y comprobarlo, y te abren las puertas. Y a veces, esas confidencias dan pie a investigaciones muy interesantes». Pura retroalimentación para alguien que ha estudiado todos los misterios sevillanos habidos y por haber y que los ha convertido en reportajes, programas de radio y televisión, conferencias y docenas de libros. «Un caso: hace no demasiado, en una ruta, me llega una familia –el hijo y el matrimonio– de abogados de aquí de Sevilla, y además de peso. Me comenta ella que tenían un problema en su casa con su suegra, y yo… pues me río porque pienso esto es el típico chiste. Y digo, iluso de mí: Bueno, pero eso lo tendréis que hablar con ella. Y me contesta: No, es que mi suegra está muerta. El problema es que se aparece en el piso de abajo. Pero mi suegra… mi suegra era más mala que un dolor. Y el marido allí a la vera, fumando en pipa, y yo diciendo: Ay, Dios mío, que me está dando corte hasta a mí. Cuentan muchos casos: una madre que se aparece, una hija chica que se pasa tres meses viendo a su abuelo muerto, y te lo cuentan con pelos y señales. Muchas de estas personas vienen a este tipo de rutas, pero también muchos de los que lo hacen son escépticos y no los vas a convencer –ni es mi cometido, que es pasárnoslo bien y que las dos horas del recorrido se te pasen en nada–. Además, estás incentivando la cultura en la noche. Yo he hecho rutas de día para colegios, rutas culturales sobre leyendas a mediodía… pero la del misterio siempre la prefieren por la noche, en callejones con adoquines…». El misterio en su salsa.

El periplo comienza siempre en la Plaza de San Francisco, al pie del Arquillo y del edificio con más fantasmas por metro cuadrado: el Ayuntamiento. «Me gusta hacer esa broma», comenta Bauti, «porque la gente te sigue el juego. Aunque viene también gente de fuera, la inmensa mayoría son de aquí, es turismo interno. Es fabuloso. Es verdad que los sevillanos conocen bastantes cosas de la historia de la ciudad, pero el capítulo de los misterios es para la inmensa mayoría de ellos algo desconocido. Si encima resulta que quien te lo está contando es la persona que los investigó, y que las psicofonías que les pones las grabó quien te las pone, entonces…».

Uno de los enclaves donde mejor se lo pasan los participantes es la Facultad de Bellas Artes –en cuyo subsuelo duermen Bécquer, Cecilia Bohl de Faber y la mitad de los que tienen una calle en Sevilla–, que es un no parar de espectros yendo y viniendo a decir del experto. Otro, la esquina de Vilima, donde «sigue habiendo actividad, aunque más adormecida, pero siguen pasando cosas». Ahora mismo, el movimiento mayor en este tipo de fenómenos… «depende, va por barrios», vacila Bauti. «Si te mueves por la zona de la Macarena sigue siendo el entorno de la calle San Luis. Si te mueves por Triana, el callejón de la Inquisición con el monje y el Mercado de Triana con la niña que se aparece. Si te metes en el centro, ahí casi siempre va a ser el tema del antiguo restaurante Viandas, la Facultad de Bellas Artes… Yo hablo muchas veces con personal de limpieza y seguridad de la facultad y me dicen: ¡A ver si vienes e investigas!, y eso que ya estuvimos. A veces te llaman para que les limpies un edificio o una casa de esas influencias. Yo, como mucho, le puedo echar Fairy y tres en uno, pero este tipo de fenómenos se va cuando quiere. Pues bien: todas estas zonas tienen mucha actividad. Y luego, el entorno de la calle Francos con Pajaritos. Eso, muchísima actividad ahora mismo. El edificio del registro municipal está marcado, tiene cosas. Me lo han contado los propios municipales». Y al hilo, prosigue: «Hice una vez una ruta un tanto extraña; venían quince parejas y la habían contratado expresamente para ellos, para que comenzara a la doce de la noche. Cada vez que hablaba de algún caso donde tenía algo que ver la policía, me decían: ¿Te puedo apuntar algo?, Y me ampliaban el caso. Y yo iba mosqueado, porque digo: O se han leído todos mis libros o algo pasa. Y cuando me despedí de ellos es que eran quince policías locales que se habían enterado de la ruta, habian quedado entre ellos con sus parejas y se habían venido todos. Y de ahí me enteré yo de muchos casos… Me enteré del de la calle Pajaritos, Casa Fabiola (incluso las fotos que publiqué eran de ellos). Hay muchos entornos con mucha magia». Y al público eso le apasiona, sobre todo de aquí a Halloween, «que es una fiesta a la que mucha gente le tiene manía, pero a mí todo lo que sea una fiesta me gusta». Muchos corren a apuntarse a las rutas. Luego decae un poco y repunta en enero.

«Una vez vivimos un fenómeno en directo», explica el guía. «Nos paramos ante una casa de San Isidoro. Yo estaba de espaldas a la casa y el público estaba de cara; lo hago siempre así porque lo interesante es que vean el edificio, no que me miren a mí, que tampoco hay mucho que ver. Y es curioso, porque empecé a contarles lo que pasaba allí, lo que contaban las historias, que decían que se encienden las luces de la última planta… y hace ¡plom!, y se encienden las luces de la última planta. Y hace la gente: Oooooooh. Digo: ¿Qué pasa?, y dicen: ¡Se han encendido las luces!, y digo: Bueno, será una casualidad, no os preocupéis. Y sigo contando y diciendo que a veces de repente se apagan las luces, y hace ¡plom!, y se apagan. Y me dice un hombre ya mayor que venía con nosotros: ¿Tú no les habrás pagado a los del edificio para que enciendan y apaguen las luces, no?, y digo: Qué va. Y sigo contando aquello, y digo: En ocasiones se veía cómo una señora se asomaba a uno de los balcones, y hace un balcón ¡funnnnn!, y se abre la hoja. Y ya ahí a una chavala que venía le dio hasta un ataque de ansiedad, directamente. La verdad es que estaba siendo raro. Cuando llego a ese punto en concreto de la ruta suelen ser más o menos las doce menos cuarto de la noche, y allí no hay guarda de seguridad, allí no hay nadie: aquello está cerrado. ¡Que pase eso! Vi el cartel de la empresa de seguridad, daba la casualidad de que yo conozco a esa gente, llamé y se lo dije, digo: Oye, ¿tenéis gente dentro de este edificio? Dicen: No, ese está controlado por cámara. Digo: Es que me ha pasado esto. Y alucinaron. Los llamé en ese momento con el móvil abierto delante de todo el grupo y me lo dijeron: Allí ahora mismo no hay nadie.

«Esto no es como antes, cuando el misterio se veía como cosa de un sector marginal o minoritario. Ya nada más que tienes que ver la tele o ponerte la radio o los canales de Ivoox, o si te metes en Youtube eso ya es la bomba, libros de misterio…. Confraternizas. ¿Dónde podemos ir a comer algo ahora?, te preguntan al finalizar, y les dices lugares. El otro día una familia de Valencia me escribió para decirme que aquella noche de la ruta fue la mejor de cuantas pasaron aquí. La gente se va encantada. Y eso es bueno para Sevilla», defiende Bauti. «Es beneficioso para las empresas que hacen rutas, para el sector de hostelería, para hoteles… porque al fin y al cabo genera movimiento. Porque no hay una oferta nocturna seria en Sevilla. ¡Si es solo la Noche en Blanco del próximo día 7 y se pone Sevilla empetada porque a la gente le gusta! Hay que promocionar el turismo nocturno en Sevilla, pero no llevarte a los turistas a ver las cubiertas de la Catedral de noche: hay que ofrecerles otras cosas. Crea, inventa… se trata de imaginación. Mientras más ofertas haya diferentes, originales e innovadoras, más gente decidirá irse a la calle. Yo he llegado a hacer una ruta a las dos de la mañana, porque había para ese día tal cantidad de gente que hice un pase a las ocho, otro a las doce y otro a las dos. Íbamos en un grupo a las tres de la mañana comentando las cosas bajito para no molestar a nadie y nos lo pasamos genial. Se incentiva otra forma de vivir la noche, que no es solo irte a un bar de copas o a una discoteca. Debería haber de todo, hasta los paseos en barquito por el río. Actividades que tengan que ver con la cultura, los museos… ¿Te acuerdas de cuando existía la sesión golfa? Los cines estaban llenos. Y eran las doce de la noche. Y se incentivó el cine. Hay que mover a la gente, y eso no solo pueden hacerlo las empresas, que tienen una capacidad limitada. Tienen que darle un empujón desde el Ayuntamiento».

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