Una patada en el trasero y otras 9 tradiciones y supersticiones de los cosmonautas

Los cosmonautas podrían ganarse el premio a las personas más supersticiosas del mundo (y del universo). Llevar a la órbita una rama de ajenjo, un juguete de sus hijos como talismán y una foto del primer cosmonauta, Yuri Gagarin, son algunas de las tradiciones que cada viajero espacial debe seguir.
Sputnik ha recopilado una lista de las tradiciones y supersticiones más insólitas, lindas, graciosas e inexplicables que los cosmonautas intentan seguir al pie de la letra en su peligroso oficio.
Plantar un árbol
Aledaña al hotel Kosmonavt, en donde los cosmonautas pasan sus últimos días antes de emprender una misión espacial, se extiende una pequeña arboleda. La tradición manda que cada cosmonauta plante un árbol antes de abandonar la Tierra.
Esta tradición se remota a los tiempos del primer vuelo espacial tripulado. Casi seis décadas después de aquel acontecimiento, el árbol de Yuri Gagarin aún preside el jardín cosmonáutico.
Cortarse el pelo el día del lanzamiento
La preparación para un viaje espacial puede ser igual o más excitante que la de una primera cita. Y lucir bien es un punto importante para el evento. Así que la tripulación es como un novio que debe presentarse a la ceremonia adecuadamente acicalado. La tradición en este caso dicta que los cosmonautas deben cortarse el pelo mientras se les traslada al cohete, a la rampa o, en su defecto, durante el día del lanzamiento.
Sea como sea, en los primeros años de la era espacial, a los cosmonautas se les exigía que se afeitaran los bigotes. El primer cosmonauta bigotudo, Vitali Zhólobov, tuvo que abandonar la misión Soyuz-21 antes de lo previsto y ser evacuado a la Tierra por problemas de salud. Desde entonces, aunque no es una regla generalizada, se considera de mala suerte portar bigotes en el espacio.
Ver la película soviética ‘Sol blanco del desierto’
La Soyuz 11 fue la primera misión en habitar una estación espacial —la Salyut 1—. Sin embargo, la tripulación falleció en su viaje de regreso a la Tierra a causa de un escape de aire en la cápsula. Posteriormente, la tripulación de la Soyuz 12 vio la legendaria película soviética ‘Sol blanco del desierto’ justo la noche antes de su misión, que culminó exitosamente y sin contratiempos.
Desde entonces, ningún cosmonauta soviético o ruso ha muerto en un vuelo espacial. Fue así como, de todas las supersticiones espaciales, esta se convirtió en la más arraigada, y requiere que todas las tripulaciones vean esta película la noche antes del lanzamiento.
La película ‘Sol blanco del desierto’ cuenta una historia ambientada en la lucha del Ejército Rojo contra los bandidos del desierto de Asia Central, más conocidos como basmachí. Es considerada un clásico de la industria cinematográfica soviética.
Dejar autógrafos
Los cosmonautas nunca dan autógrafos antes de su primer vuelo. Incluso después de haber regresado de una misión exitosa, muchos evitan repartir autógrafos con plumas negras.
Sin embargo, los miembros de cada tripulación ponen su firma en una botella de vodka antes de partir al espacio. Una vez han regresado a la Tierra, los mismos cosmonautas abren y beben esa botella. Además, los cosmonautas dejan su firma en la puerta de la habitación en la que pasan la noche antes de su misión.
Esta última superstición se remonta a Yuri Gagarin, quien decidió estampar su autógrafo sobre la puerta de la habitación de la cabaña donde se alojó la noche antes de su misión. Esa puerta no se ha conservado, pero la mayoría de las antiguas puertas del actual hotel Kosmonavt son extraídas y posteriormente exhibidas.
Orinar en la rueda del autobús camino a la rampa de despegue
Esta es una de las tradiciones más antiguas y, probablemente, la más famosa, que se remota a los tiempos de la primera misión espacial tripulada. En aquella ocasión, Yuri Gagarin se dirigía a la plataforma de despegue para realizar su épico viaje cuando se percató de que tenía por delante varias horas de travesía y no podría ir al baño. La leyenda cuenta que el primer cosmonauta de la historia ordenó entonces al conductor frenar y, al no tener otra opción, alivió su vejiga justo sobre la rueda del autobús.
Esta anécdota se convirtió en una tradición cuando Guerman Titov —el segundo hombre puesto en órbita y supersticioso, como cualquier cosmonauta— decidió repetir todos y cada uno de los pasos que había realizado Gagarin antes de su vuelo. Hoy día, más que una tradición, este curioso acto persigue también fines prácticos, ya que después de bajar del autobús el traje espacial de los cosmonautas es cerrado herméticamente y entonces solo pueden orinar cuando se encuentran en el espacio.
Por motivos prácticos, esta tradición no se aplica a las mujeres.
Despedida con la canción ‘El césped de nuestros hogares’
Ya en la plataforma de despegue, los cosmonautas son conducidos a la nave con la canción ‘El césped de nuestros hogares’ (‘Travá u doma’) del grupo pop-rock soviético Zemliane (‘Terrestres’) de fondo.
La canción se estrenó en 1983 y rápidamente se convirtió en un clásico de la música popular soviética. En 2009, la agencia espacial Roscosmos eligió la melodía como el himno oficial de la cosmonáutica rusa.
“Al igual que un hijo extraña a su madre, nosotros extrañamos la Tierra.
Al igual que en un eclipse, ansiamos ver la luz y sueños terrestres.
Y no soñamos con el ruido del cosmódromo, ni con el cielo azul.
Soñamos con el césped de nuestros hogares, con el verde césped”
El ‘primer empujón’
Cuando la tripulación llega a la rampa de despegue, justo en el momento en el que suben las escaleras, cada cosmonauta recibe de su jefe una simbólica patada en el trasero, como el ‘primer empujón’ hacia el espacio. La tradición exige, además, que los viajeros se den la vuelta y saluden a aquellos que se quedan en Tierra.
No te olvides de Tania
El cosmódromo de Plesetsk —el más norteño del planeta— tiene una extraña tradición vinculada con el nombre de Tania.
La leyenda cuenta que una vez un oficial escribió este nombre en el fuselaje del cohete-portador, en honor a la chica de la que estaba enamorado. Cuando en uno de los lanzamientos posteriores no lo escribieron, el cohete explotó justo antes de ser lanzado. Desde entonces, se ha convertido en tradición escribir el nombre de la tal Tania en cada cohete lanzado desde Plesetsk. Sin falta.
Lunes negros y fechas ‘gafadas’
Se considera que Serguéi Koroliov, líder y diseñador jefe del programa espacial soviético, fue el creador de la primera ‘superstición cósmica’. A Koroliov no le gustaba realizar lanzamientos los lunes y siempre trasladaba la fecha si caía ese día. Aún es un misterio el porqué, pero incluso hoy en Rusia los lunes son considerados casi oficialmente ‘días de no lanzamiento’.
Además de los días de la semana, existen también fechas ‘gafadas’.
Así, el 24 de octubre de 1960, el cohete-portador R-16 explotó en una de las plataformas del cosmódromo de  Baikonur,  llevándose por delante la vida de 78 personas, incluyendo la de Mitrofán Nedelin, uno de los más destacados diseñadores de cohetes de la Unión Soviética. Hoy día, el trágico incidente es conocido como la catástrofe de Baikonur o el desastre de Nedelin. Tres años más tarde, ese mismo día del calendario, explota el cohete R-9A y acaba con la vida de nueve personas.
Desde entonces, el 24 de octubre es considerado un día ‘maldito’ para la cosmonáutica rusa. Coincidiendo con esa fecha, en los cosmódromos no se realizan trabajos importantes en las plataformas de despegue y tienen lugar ceremonias conmemorativas en honor a todos los que fallecieron en el duro camino hacia la conquista del espacio.
(FUENTE: mundo.sputniknews.com)
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