Las traducciones del Grial no casan

El arabista del CSIC Luis Molina descalifica las transcripciones que usan Torres y Ortega en Los Reyes del Grial La poesía de Ibn-Al Salim está escrita casi un siglo antes de que la Copa llegara supuestamente a Denia.

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ANA GAITERO | LEÓN

La guerra científica contra la teoría de que el cáliz de doña Urraca es la copa que usó Cristo en la última cena, el mítico Grial, defendida por Margarita Torres y José Miguel Ortega en su libro Los Reyes del Grial, suma una nueva batalla.

Después de que el historiador francés Patrick Henriet cuestionara la autenticidad de los pergaminos de El Cairo y de otra crítica de Alejandro García Sanjuán, de la Universidad de Huelva, esta vez el punto de mira son las traducciones que sustentan la tesis de que dicho cáliz es el Grial.

Luis Molina, de la Escuela de Estudios Árabes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desacredita, sin entrar en los pergaminos de El Cairo, la transcripción de otros documentos árabes no responde en absoluto a lo que verdaderamente dicen en el artículo La invención de una ‘reliquia’ en el siglo XXI: el grial de León en las crónicas árabes en la revista Libros.

En concreto, «el hecho de que un verso que en árabe consta de doce palabras se convierta en castellano en un párrafo de cincuenta y seis debe hacernos sospechar de la fidelidad del traductor», apunta. Molina no encuentra ni rastro del Grial en la traducción de los versos de Ibn al Salim en la que lo ‘sitúan’ Torres y Molina: «Aunque todos los miembros de mi cuerpo se tornasen en lenguas que proclamasen mi agradecimiento por tus favores, aun así sería ingrato./ Si el Misericordioso me permitiese disponer a mi antojo de parte de mi tiempo de vida, lo usaría, ¡oh mi señor!, para añadirlo al tuyo. /Quien pone en un semejante sus esperanzas estas se acrecentarán».

La «enorme diferencia» entre lo que dice Ibn al Salim y la versión de Los Reyes del Grial no se debe «errores involuntarios». Según Molina, «el interés en forzar la traducción, en retorcerla y torturarla hasta que diga lo que quiere oírse es evidente», de tal manera que solo las palabras «señor» y «esperanza» serían fieles al original.

No cree el experto que se trate de errores del traductor Gustavo Turienzo, sino de que los autores han adaptado «a sus necesidades la traducción —más o menos acertada— de su desairado truchimán». Asimismo, apunta que la poesía en cuestión «fue escrita casi un siglo antes de que el Grial llegara supuestamente a Denia», añade el arabista.

En cuanto a la carta enviada por el emir de Denia al fatimí al-Mustansir en el año 1060 o 1061, en la que según Torres y Sevilla aparece una mención a la Copa, el arabista indica que si bien existe constancia del intercambio de envíos valiosos, en la misisiva, que en realidad son dos, «no se menciona el Grial, ni es seguro que esa carta tuviera que ver con el episodio de la hambruna de Egipto». Añade que «las fuentes árabes que relatan los hechos aclaran que todas esas riquezas llegadas de Egipto estuvieron en el tesoro de Iqbal al-dawla hasta que se apoderó de ellos el señor de la taifa hudí de Zaragoza, al-Muqtadir, en el año 1076».

El viaje del barco con provisiones tiene un desfase temporal respecto a la correspondencia del emir, pero «aunque admitiéramos que la carta en cuestión está relacionada con los acontecimientos de 1054-1056 la cosa no cambiaría en absoluto porque lo que es indudable es que el Grial, la Copa o el Cáliz no aparecen por ningún lado en el documento», apostilla.

Molina no ha encontrado en la carta la frase que los autores de Los Reyes del Grial traducen por «el Destino de los destinos, la Copa colmada de misterio». La traducción «está tan alejada del original» —recalca— que sólo hay cierta coincidencia entre el texto árabe y la traducción del exitoso libro en un párrafo en el que las palabras qada y wafqi-ha (satisfacción y objetivos) «pueden ser confundidas con quda y fuqaha (cadíes y alfaquíes).

El investigador cree que Turienzo debería aclarar si la traducción es suya o «si Torres y Ortega han intervenido en el resultado final» «con el fin de que podamos repartir con justicia las responsabilidades. Porque lo cierto es que hay responsabilidades. E irresponsabilidad también», concluye.

Fuente: Diario de León

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