Leyendas urbanas de Granada que te sorprenderán

Un foto supuestamente auténtica de Haro Vallejo y unas monjas junto a una persona muy parecida a Lorca, era para él, la prueba definitiva de la autenticidad de su historia sobre la muerte del poeta.
Un foto supuestamente auténtica de Haro Vallejo y unas monjas junto a una persona muy parecida a Lorca, era para él, la prueba definitiva de la autenticidad de su historia sobre la muerte del poeta.
  • Corren de boca en boca, aunque en ocasiones coinciden con las supuestamente acaecidas en otras ciudades | Su veracidad es más que discutible pero algunos no dudan en señalarlas como reales. ¿Las conoces?

Granada es una ciudad llena de historias, enigmas y leyendas. Desde hace siglos, la Alhambra, las callejuelas del Albaicín y muchos otros lugares llenos de misterio han sido objeto de inspiración en el que se han ambientado mil y una historias repletas de magia o de terror.

Muchas de estas narraciones han quedado en el imaginario colectivo, llegando a convertirse en señas de identidad de la ciudad. Sin embargo, en momentos más cercanos en el tiempo, se oyen y se leen historias que a menudo pasan por ser ciertas y cuya veracidad no se puede corroborar en muchos casos.Estas leyendas corren de boca en boca y quienes las relatan les atribuyen plena autenticidad, llegando a ser capaces de jurar que son ciertas. En este artículo recopilamos algunas:

“Suerte que no encendiste la luz”

Sucedió hace unos años, en Granada capital (lugar que al que se atribuye este suceso en la mayoría de los relatos), en un piso de estudiantes donde vivían cuatro chicas. Un viernes, dos de ellas se fueron a sus respectivos pueblos a pasar el fin de semana.

De las dos que se quedaron, una decidió irse a dormir al piso de una amiga, por lo que dejó a la otra sola en la vivienda. Llegada la noche, se dio cuenta de que se había olvidado el pijama y volvió al piso a recogerlo. Cuando entró, prefirió no encender la luz para no “despertar” a su compañera, por lo que cogió el pijama a tientas y se fue de nuevo.

Cuando al día siguiente volvió la policía ya estaba en el piso. Al entrar, vio el cuerpo de su compañera en el suelo tapado con una sábana. En la pared (o un espejo) de la habitación había escrita una frase con pintalabios rojo: “SUERTE QUE NO ENCENDISTE LA LUZ”.

La ‘no muerte’ de Lorca

Esta historia que muchos se atreven a dar por cierta en tertulias de salón y “corralillos” es una de las leyendas urbanas más apasionantes de Granada. Dudosos (por su autenticidad) trabajos de investigación, señalan que la historia y muerte por fusilamiento de Federico García Lorca fue bien distinta.

El periodista Haro Vallejo, que años después de revelar esta historia fue condenado por plagio, afirmaba lo siguiente: “Un panadero encontró al moribundo poeta tras ser fusilado en la cuneta con tres disparos, dos en el cuerpo y uno en la cabeza. Lo llevó malherido al convento de San Bartolomé, donde se recuperó, aunque su mente quedó completamente inútil”.

Vallejo agregaba que, rebautizado por las monjas como Manolo, Lorca vivió con ellas hasta su muerte, en 1954. El panadero sólo se dio cuenta de a quién había socorrido cuando en 1976 vio al poeta en una filmación del nodo. Un foto supuestamente auténtica de Haro Vallejo y las monjas junto a una persona muy parecida a Lorca, era para él, la prueba definitiva de la autenticidad de la historia.

El chino ‘roba órganos’

Esta es una de las leyendas urbanas que más rápidamente creció en la pasada década y que aún hoy siempre hay alguien que vuelve a escuchar, y la da por reciente y real. Lo cierto es que esta historia, que muchos afirman que sucedió en Granada, es contada como sucedida en distintas ciudades. En cambio, algunos se atreven a dar incluso la ubicación exacta del establecimiento en el que se supone que sucedió.

Una pareja de novios caminaba de regreso a casa, cuando al pasar frente a una tienda de comestibles china, la mujer recordó que debía comprar algo. El novio se quedó esperando al otro lado de la calle. Pasaron los minutos y no vió salir a su pareja. Cuando se dirigió al establecimiento, un ciudadano chino se apresuró a echar el cierre de persiana. Éste se encaró con él y juró que en la tienda no ha entrado nadie. El novio consiguió entrar forcejeando y no encontró a su pareja en la tienda, por lo que decidió llamar a la Policía.

Cuando los agentes entraron, comenzaron a registrar el local y finalmente hallaron a la joven en el interior de una habitación camuflada, atada a una silla, semidesnuda, con heridas y evidentes signos de haber sido agredida.

Cuando el chino fue detenido, los agentes consiguieron obtener esta macabra confesión: la chica iba a ser asesinada, para extraerle sus órganos y venderlos en el mercado negro.

El chino especulador

Más simpática es la anécdota que se contaba en las cafeterías cercanas al Hospital Clínico. Conforme se iban conociendo los detalles de su traslado al PTS, el futuro del gigantesco edificio en pleno centro de la ciudad pareció comenzar a suscitar el interés de vecinos y ciudadanos del gigante asiático.

Así, según se cuenta en esta leyenda urbana que parece más bien un chiste, cierto día miembros del personal del centro vieron a un hombre de esta nacionalidad pasear por las distintas plantas el hospital. Aseguran que lo ‘cazaron’ observando con aire perdido todas las salas y estancias del edificio.

Fue entonces cuando uno de los médicos se le acercó para preguntarle: “¿Tiene algún problema, señor? Soy médico del Hospital, ¿necesita algo?. El chino se giró hacia el profesional y con gesto sonriente le respondió, “no se preocupe señor, sólo estaba viendo el local”.

La bilocación del Hospital Materno Infantil

Una historia poco conocida por las personas nacidas a partir de los noventa corrió de boca en boca durante la segunda mitad de los años 80 por Granada. Sus protagonistas tenían nombre y apellidos y pocos dudaban por aquel entonces de su veracidad.

Todo comenzó una tarde de verano en 1985, cuando una enfermera llamada Elena de Teresa se encontraba en la recepción del Hospital Materno Infantil. Una joven, con el rostro pálido y apariencia nerviosa, se acercó a la ventanilla para pedir información acerca del estado de su madre, la cual acababa de ser operada de un tumor. La enfermera le dió un pase y le indicó la habitación en la que se encontraba.

A los pocos minutos, la muchacha regresó a la ventanita y solicitó hablar con el médico que atendía a su madre. Elena entonces localizó mediante el busca a Alicia, la anestesista, que se dirigió enseguida al encuentro de la familiar y la acompañó escaleras arriba hacia la tercera planta.

A los 10 minutos, la joven reapareció en recepción, repitiendo que quería hablar con el médico que atendía a su madre. Elena, extrañada llamó de nuevo a Alicia. Ella se disculpó diciendo que no había podido atenderla porque debió atender una cesárea urgente, pero que no se preocupara,porque la tenía delante y enseguida la atendería.

Elena, sorprendida, le respondió que era imposible porque estaba abajo con ella. Ambas bromearon y la anestesista decidió dejar a la enigmática muchacha en la sala de espera con la llave echada y pedir a Elena que le enviara a la supuesta joven que estaba con ella. La chica subió entonces por las escaleras con un nuevo pase, pero nunca llegó al encuentro de Alicia, que cansada de esperar decidió llamar a Elena. Cuando le confirmó que hacía unos minutos que había subido las escaleras, abrió la puerta de la sala de espera que seguí con la llave echada y comprobó que la mujer que había dejado encerrada había desaparecido.

Ambas llamaron asustadas al celador, que recordaba perfectamente los rasgos de la muchacha, por lo que los tres recorrieron el hospital desde la séptima planta hasta el sótano, para buscarla sin éxito.

Días después, la señora operada del tumor fue enviada a planta y Alicia, picada por la curiosidad, se decidió por hacerle una visita en la habitación, donde también estaban el marido de la mujer y uno de sus hijos. Sobre la mesita había una foto de la misteriosa muchacha. Cuando Alicia preguntó por ella le confirmaron que se trataba de la hija de la paciente, a lo que les contestó que menuda broma les había gastado a ella y a una enfermera el día de la operación.

La reacción de los dos varones fue espontánea y casi violenta. La sacaron de la habitación a empujones. Según el hijo le confirmó, su hermana había fallecido dos años antes en un accidente de tráfico.

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