El cine encantado de Hollywood

En Hollywood Boulevard todavía quedan restos de lo que un día fue el lugar de paso de algunas de las grandes estrellas del siglo XX

Foto: Panorámica general del Pacific Theatre. (RRSS)
Panorámica general del Pacific Theatre. (RRSS)

Fue el cine y teatro más lujoso jamás construido en Hollywood. Como gran parte de lo que queda de la época dorada del cine, los restos del Warner Theatre lucen hoy resplandecientes pero rodeados de docenas tiendas de souvenirs y establecimientos donde hacerse un buen tatuaje. El paso del tiempo arrasa con todo. Sin embargo, cuando el hoy llamado Pacific Theatrefue inaugurado, un 29 de abril de 1928, era un auténtico palacio que, pese a su juventud, ya tenía su pequeña historia trágica.

Retrocedamos en el tiempo. En 1927, los cuatro hermanos Warner: Harry, Albert, Sam y Jack luchaban por sacar adelante un proyecto lleno de riesgos, ‘El cantor de jazz’. La película protagonizada por Al Jolson iba a ser la puesta de largo de un nuevo sistema de sonido que iba a permitir a los espectadores escuchar lo que decían los actores además de verlos.

Sam Warner en una imagen de archivo.(RRSS)
Sam Warner en una imagen de archivo.(RRSS)
 Hollywood y muchos de los grandes ídolos del cine mudo temblaban con el nuevo invento, llamado Vitaphone, pero uno de los Warner, Sam, se frotaba las manos ante las enormes posibilidades de negocio.

Para poder dar empaque a su gran estreno, Sam se involucró personalmente en la construcción de este enorme teatro art déco que incluía en su interior uno de esos cines ‘bigger than life’ que convertía a los actores en auténticos dioses de la pantalla. Durante todo ese tiempo, la mujer de Warner vivió en primera persona sus noches de insomnio, el consumo de benzedrina y los desvelos ante todos y cada uno de los problemas que conllevaba equiparlo bien. En octubre de ese mismo año, al Warner más joven le acabó pasando factura el estrés. Tras sufrir innumerables dolores de cabeza y hemorragias nasales, su salud empezó a deteriorarse hasta el punto de no poder sostenerse en pie.

Ingresado en el hospital, fue diagnosticado con una infección mastoidea del cerebro. Esa misma noche falleció. Su temprana muerte provocó docenas de historias y rumores en torno a su figura. El actor secundario William Demarestintentó demostrar muchos años después, en los 70, que Sam había sido asesinado por sus propios hermanos, temerosos de que se hiciese con todo el negocio. El caso, sin embargo, acabó siendo archivado.

Captura de pantalla con el logo de la compañía y el cine al fondo.
Captura de pantalla con el logo de la compañía y el cine al fondo.

La historia oficial es mucho menos truculenta y bastante más triste. Cuando‘El cantor de jazz’ celebró su puesta de largo, el 29 de abril de 1928, los otros Warner descubrieron una placa conmemorativa en honor a Sam, que nunca pudo llegar a ver su cine totalmente construido ni alegrarse los oídos con las canciones que Al Jolson entonaba en esa película. Sin este Warner, el público jamás habría escuchado aquel mítico “Todavía no habéis escuchado nada” ni habría podido desmitificar las horrendas voces de muchos de sus iconos.

La cinta acabó siendo un enorme éxito y el Warner Theatre siguió existiendo muchas décadas más. En 1953 fue totalmente renovado y se le rebautizó como el Warner Cinerama. En aquellos días, la lucha contra la televisión impulsaba una revolución que pasaba por nuevos formatos de pantalla y películas mucho más espectaculares. Era obligatorio sacar al público del confort de su hogar. Muchos espectadores que paseaban por un cada vez más devaluado Hollywood Boulevard recordaban cómo, a finales de los 60, pudieron ver dentro de este palacio del cine ‘2001: una odisea del espacio’. El mismo año del estreno de la película de Kubrick, un descendiente de los Warner se deshizo del cine, que pasó a llamarse Pacific Theatre.

Panorámica general del Pacific Theatre. (J. Madrid)
Panorámica general del Pacific Theatre. (J. Madrid)

En 1994, el cine fue cerrado. El daño causado por la construcción de la línea de metro de Hollywood y un estruendoso terremoto causaron severos daños en la estructura. Los turistas miraban asombrados cómo la puerta de uno de los cines más elegantes del esplendoroso pasado hollywoodiense se llenaba de grafitis. Las prostitutas de ‘Pretty Woman’ en las mismas aceras por donde se habían paseado Greta Garbo Joan Crawford. La era dorada quedaba más lejana que nunca.

Fue por esos años cuando el personal de limpieza comenzó a escuchar sonidos extraños en el vestíbulo del Pacific. Cuentan que los guardias de seguridad se acostumbraron a convivir con el fantasma de Sam y algunos incluso detallan cómo han llegado a verlo trabajando en las oficinas que forman parte del complejo. Otros tantos han huido despavoridos a través del ascensor, como si estuviesen viviendo su propio capítulo de‘American Horror Story’.

Desde entonces, el cine solo ha sido reabierto para albergar a la comunidad eclesiástica de Hollywood. En 2013, el que una vez fuese el cine más grande de Los Ángeles cerró a cal y canto y a partir de ese año permanece sin uso. A menudo, una pléyade de vagabundos se sientan en su puerta, viendo pasar a algún turista despistado que busca la estrella de su ídolo en el suelo del Paseo de la Fama. La crueldad del tiempo y de una metrópolis a los pies del océano Pacífico en la que todo es efímero lo han condenado, por ahora, a ser una reliquia de otros tiempos. Su único habitante es un fantasma al que siempre deberemos el sonido de nuestras grandes fantasías de celuloide.

Fuente: José Madrid / Vanitatis

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