Los documentos del Proyecto Libro Azul explican la verdad sobre el fenómeno OVNI

En 1952 se creó el Proyecto Libro Azul, que durante casi dos décadas recopiló los informes sobre avistamientos ovni. Ahora todos pueden consultarse de forma libre

Foto: El informe que recoge el avistamiento de Seattle en junio de 1947, en el que se habló por primera vez de platillos volantes. (Blue Book Archive)
El informe que recoge el avistamiento de Seattle en junio de 1947, en el que se habló por primera vez de platillos volantes. (Blue Book Archive)

A finales de 1951, algunos de los generales de las Fuerzas Áreas de Estados Unidos manifestaron su descontento por las investigaciones sobre objetos voladores no identificados realizadas por el Proyecto Grudge. Dirigido por Robert Sneider, este favorecía las hipótesis extraterrestres para explicar los avistamientos ovni. El Proyecto Libro Azul ocuparía su lugar en 1952 su lugar con el objetivo de investigar todos aquellos encuentros que pudiesen convertirse en una amenaza para la seguridad nacional. Eran los años de la Guerra Fría y del advenimiento de la amenaza nuclear. Faltaba apenas un año para que Joseph Stalin muriese y Dwight Eisenhower se convirtiese en presidente de Estados Unidos.

Entre 1952 y diciembre de 1969 las Fuerzas Áreas recogieron 12.618 informes. Durante décadas, estos documentos se encontraron archivados y tan sólo se podía acceder a ellos a su consulta solicitándolo a través de la Ley de Libertad de Información, pero esta misma semana han sido publicados enlibre acceso en la página de la Colección del Proyecto Azul, donde pueden consultarse las 129.491 páginas que incluyen no sólo este libro, sino también los documentos del Proyecto Grudge y del Proyecto Signo. Un caudal impresionante de documentación que ha puesto los dientes largos a los aficionados a la ufología en particular y a las teorías de la conspiración en general, a los que les esperan horas de diversión.

“Hay una gran cantidad de información para los investigadores aficionados que intenten sacar explicaciones que nunca habían tenido tiempo para considerar o investigar”, ha señalado el ufólogo Nigel Watson al Daily Mail. Hasta 701 de los informes (alrededor de un 5,5% del total) son marcados como no identificados, a pesar de que las órdenes de la regulación 200-2 exigía al Libro Azul reducir dicho número al mínimo y comunicar a los medios de comunicación sólo aquellos casos identificables.

Qué vemos cuando vemos luces en el cielo

De entre todos los informes presentados por el Libro Azul, el número 14, un análisis estadístico masivo de los casos analizados hasta el momento de su realización (unos 3.200) es considerado a día de hoy como el estudio ufológico más grande jamás realizado. En él, cuatro científicos clasificaron los casos en las categorías de explicables, inexplicables y con información insuficiente, que a su vez se dividían según su calidad que dependía, por ejemplo, de las fuentes; no era lo mismo un piloto entrenado que un mero testigo ocular.

Tan sólo un 1,5% de los casos eran despreciados como imaginaciones de chiflados

Dicho informe llegaba a las siguientes conclusiones: mientras el 69% de los casos eran considerados explicables o identificables, un 22% era inexplicable, un porcentaje mucho más significativo de lo que habían deseado en un primer momento. Dentro de la categoría de explicables, el 86% era debidos a aviones, globos o tenían una explicación astronómica. Curiosamente, tan sólo un 1,5% de ellos eran despreciados como imaginaciones de “chiflados”, aunque el porcentaje de posibles fraudes aumentaba hasta el 8%.

Otra peculiaridad de dicho metaestudio es que cuanto mejor fuese la fuente, más probabilidades había de que el ovni fuese considerado como “desconocido”, algo que ocurrió con el 35% de casos. Unos resultados que contravinieron las hipótesis de los expertos más escépticos, que creían que eran precisamente los casos con informantes menos fiables los que serían más difíciles de explicar. Por el contrario, estos solían ser los que eran expuestos por pilotos, militares o varios testigos que coincidían en sus testimonios.

Encuentros en la Tercera Fase

Nigel Watson destaca en el artículo de The Daily Mail dos casos que han llamado la atención de los investigadores durante décadas. El primero de ellos fue informado por Kenneth Arnold y dio lugar al término “platillo volante” (flying saucer). El avistamiento se produjo en el Monte Rainer, cerca de Seattle (Washington) el 24 de junio de 1947. Según los documentos a los que ahora se puede acceder, Arnold afirmó ver tres objetos circulares de color plateado, a una altura de 3.000 pies (unos 914 metros). El informe concluye que no se disponen de los datos suficientes como para llegar a una conclusión: “Carta de ciudadano, sin demasiada información”.

En su día, Arnold explicó a la prensa que estos objetos volaban en una dirección diagonal y que había una distancia de unas cinco millas (unos 8 kilómetros) entre las naves más lejanas, que oscilaban en el aire de una forma errática. Según sus cálculos, se desplazaron a una velocidad superior a las 1.000 millas por hora del Monte Rainier al Monte Adams. Curiosamente, Arnold aseguró haber visto nueve naves, aunque el informe sólo refleja que hubiese tres. Por otra parte se encuentra un avistamiento similar realizado en Tulsa (Oklahoma) el 12 de julio de 1947 (cinco días después del incidente de Roswell), otro de esos misterios aún sin resolver de los que fueron publicadas fotografías en la prensa estadounidense. Se trata de la primera descripción de objetos voladores no identificados con forma de plato.

J. Allen Hynek acuñó el concepto ‘encuentro cercano’

El Proyecto Libro Azul reflejó bien el signo de unos tiempos marcados por la paranoia, al mismo tiempo que ayudó a generar parte del imaginario común de los avistamientos de la Guerra Fría. El primer jefe del proyecto, Edward J. Ruppelt, acuñó el término “ovni” para sustituir al de “platillo volante” cuando se le pidió que se crease un lenguaje estándar y poco dado a interpretaciones fantásticas para referirse a los fenómenos. No sólo eso, sino que el astrónomo J. Allen Hynek, uno de los consultores científicos del proyecto, creó el concepto de close encounters (“encuentros cercanos”) que Steven Spielberg popularizó con Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the Third Kind).

Según las conclusiones oficiales del Proyecto Libro Azul realizadas por las Fuerzas Aéreas, las observaciones de ovnis se deben a una mezcla se los siguientes cuatro factores: la histeria de las masas, la creación de falsificaciones para conseguir publicidad en los medios de comunicación, las psicopatologías de los individuos y la confusión con objetos cotidianos como globos o aviones. Unas conclusiones que poco tenían que ver, como hemos visto, con la encuesta realizada en el informe 14. Además, el proyecto concluyó que ningún ovni había supuesto un riesgo para la seguridad nacional, que no se había encontrado ningún objeto o principio tecnológico más allá de los conocimientos científicos de la época ni ninguna prueba que indique que los ovnis eran vehículos extraterrestres. La verdad está ahí fuera, en forma de documentos jpg y pdf.

Fuente: EL CONFIDENCIAL

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