Rutas paranormales y misteriosas del 22 al 25 de agosto: Desde los secretos de Sevilla asta las casas encantadas de nuestra ciudad

👻👺RUTAS MISTERIOSAS de Verano en agosto:

👹👻22 agosto (miércoles): Ruta LEYENDAS Y ENIGMAS DE SEVILLA, 21:30 h. Puerta del Ayuntamiento de Sevilla en Plaza Nueva. 7,5 euritos. Organiza RUTAS DE MISTERIO.

👻🧟‍23 agosto (jueves): Ruta MISTERIOS EN EL BARRIO DE LOS TEMPLARIOS, 21:30 h. Puerta de la Universidad de Sevilla en Calle San Fernando. 7,5 euritos. Organiza RUTAS DE MISTERIO.

😱👣24 agosto (viernes): Ruta SEVILLA PARANORMAL, 22:00 h. Puerta del Ayuntamiento de Sevilla. 10 euritos. Organiza NATURANDA.

👹👻24 agosto (sábado): Ruta SEVILLA PARANORMAL 3, MISTERIOS DEL BARRIO DE SANTA CRUZ, 21:00 h. Puerta del Palacio Arzobispal en Plaza Virgen de los Reyes. Organiza NATURANDA.

👻👺25 agosto (sábado): 💀Ruta ALAMEDA OCULTA. 23:00 h. Bajo las columnas de la Alameda de Hércules en la parte que da a la Comisaría en el entorno de C/Calatrava. 8 euritos 💀 Organiza MOLARTE.

🧟‍♂👻Lo pasareis de miedo!. Guía: Jose Manuel García Bautista.

🙏🏻CONFIRMAD ASISTENCIA con un Whatsapp a este número ( 653775172 ) 👻El mejor plan para las noches de agosto.

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Fenómenos paranormales en la comisaría de la Gavidia

Un imponente edificio donde el dolor y las tragedias personales se fundían con la delincuencia y la cara menos amable de la ciudad de Sevilla

Fenómenos paranormales en la comisaría de la Gavidia

Hay un lugar muy especial en Sevilla en el que, lejos del siempre evocador aroma del azahar, se esconde un imponente edificio que nos recuerda viejos tiempos, a veces imborrables en la memoria por su halo de maldad, allá dónde el dolor y las tragedias personales se fundían con la delincuencia y la cara menos amable de la ciudad, ese lugar es la antigua comisaría de la Gavidia.

Son muchos los sevillanos que recuerdan este vetusto edificio cuando aún funcionaba y se acudía al mismo a realizar mil gestiones como renovaciones del carnet de identidad pasaportes, denuncias… Todo lo relativo con la Ley y su cumplimiento está relacionado con el mismo e, incluso, agentes de esta comisaría participaron indirectamente en casos paranormales de Sevilla que, con posterioridad, serían notables en el panorama nacional.

Pero hoy es noticia por una serie de hechos que carecen de explicación y que se están produciendo en su interior, ruidos extraños, quejidos, llantos, gritos lastimeros e, incluso, hay testigos que han afirmado haber visto su interior una extraña sombre que deambula por diferentes zonas del mismo.

Experiencias imposibles

El edificio cerró sus puertas –oficialmente- en 2003 y desde entonces ha sido foco de no pocas polémicas. Pero lo interesante del edificio llega con los testimonios de aquellos que han accedido a su interior o han trabajado en el mismo. Es interesante pues narran sucesos que son calificados como inexplicables y que, de alguna forma, por lo acaecido, entran directamente en el terreno de lo paranormal.

Nuestro primer testimonio pertenece a J.M.L., entrado en años, tuvo la oportunidad de acudir a la vieja comisaría a realizar una inspección del lugar, su sorpresa sería mayúscula con una experiencia que iba a vivir, así nos lo narraba: “Fui a hacer una inspección de una zona del edificio, aquello estaba solo, era tras el cierre de la comisaría, a los meses, ya no había policía allí. Accedía a la planta donde me dirigía y fue cuando, por las escaleras, sentí como si alguien se quejara. Pensé que era en la calle, próximo a este sitio hay un colegio y unos grandes almacenes o una plaza con mucha gente, muy ruidosa. No le di más importancia. Estuve revisando los despachos, que aún tenían mobiliario y volví a sentí ese quejido. Me volví y asomé al pasillo no viendo nada extraño pero, de repente, note una bocanada de aire muy frío, se me pusieron los vellos de punta, y ante mí, a los pocos metros, pude ver perfectamente como un hombre pasaba con mal aspecto, desarrapado, con la camisa rota, desaliñado… Lo veía como te veo ahora mismo a ti y no pude menos que gritarle: “¡Oye!… ¿Necesitas ayuda?”. Aquel tipo no contestó y lo peor es que desapareció delante de mí igual que había aparecido”.

El testigo, cariacontecido, trató de reponerse de aquella impresión buscándole una posible explicación: “Pensé que podría ser alguien que por algún lado de había colado y que pasaba allí la noche, un “okupa” o un indigente, y que se habría hecho daño o algo pues el quejido indicaba que no se encontraba bien. Me dirigí a la parte donde lo vi y allí no había nada y mucho menos una puerta, ventana o agujero por el que pudiera haber podido escabullirse… Por mucho que traté de encontrarle una explicación no se la encontré y, a veces, es mejor no darle muchas vueltas máxime en un edificio como este”.

No es único caso que testimonia haber sufrido hechos extraños en su interior, así, A.G.P. y M.S.C., entraron en el interior de la comisaría “por echar un vistazo”. El acceso al interior estaba restringido y pocos eran los que podían tener acceso al mismo pero por razones laborales ambos estuvieron en la vieja comisaría. “Fue extraño, una cosa que jamás me había pasado. Era por la tarde, no deberíamos ni de estar allí pero ya sabes que hay veces que acudes a trabajar fuera de horario, ¡qué remedio! La cosa es que estaba con un compañero y sentimos pasos. Era raro pues sabíamos que sólo nosotros estábamos allí pero siempre piensas que se ha podido colar alguien y más en un edifico tan grande. Miramos en la sala pero no había nadie, era imposible vaya. Entonces volvimos a sentir pisada y fue cuando vimos a un chico joven, de unos 22 o 23 años, que parecía ir camino del sótano. Le gritamos que allí no podía estar pero siguió su camino como si tal cosa. Le seguimos, sentimos hasta más pisadas pero cuando llegamos a la zona donde debería estar lo único que encontramos fue una puerta cerrada a la que, desde luego, era imposible que hubiera accedido o abierto y por detrás estábamos nosotros con lo que era imposible que se hubiera ido sin que lo hubiéramos visto. Mi compañero entonces me dijo algo que nunca olvidaré: “Mira que este sitio tiene mal bajío, que aquí se escuchan cosas raras y que dicen que hay espíritus”. Y no sé la razón pero a mí se me cortó el cuerpo…”.

Nuestros dos testigos decidieron abandonar la vieja comisaría pero, antes de salir, volvieron a vivir algo extraño: “Nos íbamos ya pero al encarar la puerta que da a la calle sentimos claramente tras nosotros una voz joven, de hombre, que decía: “¡No os vayáis!”. Ambos nos volvimos y gritamos: “¡¿Quién hay ahí!?”. Nadie contestó, volvimos a preguntar pero no hubo respuesta. Fue cuando mi compañero dijo que estaba ya atardeciendo y que era mejor marcharse de la comisaría por si acaso y eso fue lo que hicimos”. Puede que todo sea producto de la sugestión y los relatos que pesan sobre el lugar pero la experiencia vivida no se puede negar a los testigos desconociéndose que pudo provocarla.

Una sombra por los calabozos

Una de las zonas que peores sensaciones da de esta comisaría es la de los calabozos, lugar frío –por lo que implica- donde también se ha podido describir lo que es llamado como “una sombra”. La zona de los calabozos, además, tiene una terrible historia, una historia que nos habla de torturas… Eran otros tiempos pero el acto contra el ser humano es igualmente deleznable.

En la zona de calabozos los testigos narran el haber podido escuchar, perfectamente y sin lugar a confusiones, lo que son “llantos y voces, susurros que vienen del interior de la galería de celdas y que, en muchos casos, es como si alguien estuviera allí pidiendo ayuda, llorando o quejándose de su destino”.

Pero también –quizás producto de la sugestión- se ha podido ver una sombra que se dirige a una de las celdas: “Cuando llevas una linterna o la antorcha de la cámara y, delante de tuya no llevas a nadie, pero ves cómo hay una sobra que se proyecta al interponerse con la fuente de luz te preguntas: “¿De dónde demonios sale eso?”, pues físicamente nadie llevas delante pero la sombra la has podido ver perfectamente”, comentaba otro de los testigos que ha accedido al lugar.

Los vecinos de las calles aledañas – cómo San Juan de Ávila- también comentan hechos que les resultan especialmente extraños tales como luces en las ventanas o una “sombra” que se pasea como si estuviera dentro del edificio. “Es difícil explicar sobre todo cuando saber que allí hace ya más de una década que no hay actividad policial pero, sin embargo, hay noches en las que ves luz en determinadas ventanas, una luz tenue que, desde luego, no es el reflejo de nada desde fuera. Ves esa luz que además va cambiando de ventana o la ves de lejos y piensas que igual es la propia Policía que ha acudido a algo al edificio o que hay un vigilante de seguridad haciendo una ronda, pero luego te enteras que ni lo uno ni lo otro… O cuando vez una silueta y dices “ahí hay alguien” pero tampoco y, lo peor, es que desaparece delante de ti… No quieres creer en fantasmas pero hay ocasiones que invita a ello”.

La comisaría de la Gavidia

En el lugar que ahora está la comisaría de la Gavidia antaño podíamos encontrar –según plano de Pablo Olavide fechado en 1771- un entorno muy diferente pues la cercana Plaza del Duque estaba acompañada por una iglesia gótica: la iglesia de San Miguel. Fue construida en el siglo XIV y demolida por La Gloriosa en 1868; en este entorno también encontramos un colegio jesuita, el de San Hermenegildo. Con posterioridad el colegio pasaría a ser un cuartel que se derribó en 1957 del que se mantuvo el templo oval con catalogación de Monumento Nacional. En la zona también destacan los palacios de los Sanchez-Dalp, Palomares o de Cavalieri que se demolieron siendo alcalde de Sevilla el Marqués del Contadero. La Plaza del 18 de Julio constaba de tres bloques y en uno de sus lados se edificaría la Comisaría de Policía, en 1966, siendo obra de los arquitectos Monserrat y López de Asiaín.

Pero la comisaría, la Jefatura Superior de Policía Nacional y de la Capitanía General, es hoy Lugar de Memoria Democrática, consideración otorgada por la Junta de Andalucía en el año 2017 y es propiedad del Ayuntamiento de la ciudad.

Hechos horribles

La comisaría de la Gavidia guarda un secreto que bien pudiera justificar los extraños sucesos que –a decir de los testigos- se producen en su interior. Así es conocido que en una zona concreta de la misma, el centro de detención, las personas eran torturadas. Era la década de los 60 del pasado siglo XX y en este país las libertades no eran respetadas, así las personas relatan cómo dentro de las mismas se pegaba a los detenidos hasta límites insospechados. La Sevilla de la época estaba “gobernada” por José Utrera Molina, exministro de Franco y Gobernador Civil de Sevilla, y sobre él recaen muchas de las responsabilidades de aquellos años.

María del Carmen Vázquez era una empleada del sector textil que, en aquellos años, desarrollaba una sindical “molesta” para autoridades y empresarios. Ella refiere cómo fue detenida por dos policías y llevaba a un sótano donde es introducida en una celda, una celda “fría y oscura”. El mismo sitio donde hoy se escuchan esos quejidos lastimeros, esos quejidos de otros tiempos.

Otra trabajadora, del sector de la sanidad, Fátima Carrillo, vivió algo muy similar y así lo narra en el documental ‘Comisaría de la Gavidia. Lugar de Memoria Democrática’, de Comisiones Obreras (CCOO) y realizado por Intermedia Producciones en colaboración con la Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía así como el Ayuntamiento de Sevilla “una cosa como lo que contaban de los nazis: tuve la sensación de que podía desaparecer”, sobre los calabozos y la tortura psicológica a las que se sometía con sólo ver el lugar; ella fue detenida por su relación con la propaganda política de la época.

El sindicalista Eduardo Saborido, en 2006, decía de la Gavidia: “Es un pasillo sin salida con tres calabozos pequeños que se conservan. Una piedra para dormir. Silencio sepulcral. Totalmente aislado en esta celda bastante sucia generalmente”.

Kechu Aramburu era una estudiante con militancia política, fue detenida y conducida a la Gavidia, allí “se quiebra una parte de nuestra vida” y se hace “realidad y tangible la lucha por la libertad., añadiendo que en la vieja comisaría “todo era posible, te podías quedar allí, maltratos, tortura…”.

Francisco Rodríguez, en el mismo documental, narra otra dura experiencia: “Mi madre le dijo a Beltrán (el agente de la Brigada Político Social Francisco Beltrán): ‘Mire, le voy a decir una cosa. Me sacaron dos hermanos de mi casa y no volvieron. A mi marido le sacaron a su padre y tampoco volvió. Éste tiene que volver porque yo me he quedado con su cara’. La pobre… Y le dijo: ‘Señora, por favor, eso eran otros tiempos’. Serían otros tiempos, pero a punto estuve de no volver tampoco”, fue detenido por propaganda política.

Paco Sánchez Legrán era trabajador de Hispano Aviación, en Triana, fue detenido tras las pintadas en fábrica de textil de Hytasa en 1969, recordando: “La BPS me pilló y fui directo a los calabozos. Nunca supe si era de día ni de noche pero nunca lograron que tuviera miedo hasta que me vi la cara destrozada por los puñetazos y las patadas en el estómago”. Del comisario Beltrán no guarda buen recuerdo: “Era un torturador psicológico que venía cuando terminaban de pegarme los de la rueda. Otros agentes te pisaban, te tiraban al suelo, te volvían a levantar. Eso ocurría en la tercera o cuarta planta y en el sótano estaban los calabozos”.

A modo de conclusión

La negra Historia del lugar, la cruel Historia de la Gavidia, su pasado más remoto, su relación con hechos totalmente censurables permitidos o mandados realizar por las autoridades de la época hace que la Jefatura Superior de la Policía Nacional sea un lugar marcado, un lugar marcado por lo desconocido.

Tal vez todos estos fenómenos inexplicables, o paranormales, no sean más que el resultado de toda esa energía, sufrimientos, dolor, represión y deshumanización contenidos en ese contenedor de emociones que es hoy el edificio de la vieja comisaría de la Gavidia… ¿Quién sabe?

Ruta LEYENDAS DE SEVILLA, miércoles 22 de agosto, 21:30 h.

LEYENDAS DE SEVILLA

No te pierdas esta ruta donde conocerás las más bellas y hermosas historias de Sevilla, a caballo entre la leyenda y la realidad donde a cada vuelta de esquina te llevarás una sorpresa. LEYENDAS DE SEVILLA con Jose Manuel García Bautista. Apto para todos los públicos y muy interesante.

Sevilla es una de las ciudades españolas y europeas más cargadas de Historia. Así pues, la capital andaluza es sumamente rica en leyendas y tradiciones que se remontan a tiempos muy remotos. Por ejemplo, ¿fundó el fenicio Merkalt –Hércules- la ciudad? ¿Cual fue la historia de las mártires cristianas Santa Justa y Rufina? ¿Qué enigmas encierra a los ojos del profano la Catedral de Sevilla?¿Murió Don Rodrigo en la batalla de Guadalete? ¿Cual es la historia de la bella Susona? ¿Que misterios encierra el Barrio de Santa Cruz? ¿Qué es el hombre de piedra?¿Cual es la simbología oculta en la fachada del ayuntamiento de Sevilla?¿Desde donde parte la ruta Jacobea desde Sevilla?¿Como salvó Abenamar a Sevilla jugando al ajedrez?¿Ganó Rodrigo Díaz de Vivar el apodo de “El Cid” ganando Sevilla?¿Por qué se llama la calle Sierpes de esta forma?¿Cual fue la matanza de la Judería sevillana?¿Qué fue de la Sevilla de la Inquisión? Todas estas y muchas más preguntas tendrán respuesta en una ruta luminosa, una ruta diferente, una ruta de leyenda… “LEYENDAS DE SEVILLA”…¿Te la vas a perder? ALTAMENTE ENTRETENIDA Y CULTURAL.

EVENTO EN FACEBOOK

Organiza: Rutas de Misterio
Punto de encuentro: Puerta del Ayuntamiento de Sevilla en Plaza Nueva.
Hora: 21:30 h.
Duración: 100 minutos (aprox.).
Precio: 7,5 €/personas (niños 5 euros).
Contacto: www.rutasdemisterio.es
653 77 51 72 o Whatsapp.
Guiará la ruta: José Manuel García Bautista.

Voces del Misterio ESPECIAL: Jesús Callejo y el SIGNIFICADO OCULTOS DE LOS CUENTOS Y LOS JUEGOS

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“Voces del Misterio” con JESÚS CALLEJO para hablarnos de un tema tan apasionante como desconocido, del SIGNIFICADO OCULTOS DE LOS CUENTOS Y LOS JUEGOS, en un repaso en el que quedará sorprendido por todo lo que se desconoce y que encierra esos “inocentes” relatos infantiles. No os lo perdáis. En “Voces del Misterio” SFC Radio 91.6 fm.

https://www.ivoox.com/voces-del-misterio-especial-jesus-callejo-el-audios-mp3_rf_27936761_1.html

Miedo en el viejo psiquiátrico de Miraflores

  • Pasillo del psiquiátrico de Miraflores. / El Correo
    Pasillo del psiquiátrico de Miraflores. / El Correo

En muchas ocasiones nos preguntamos si donde antaño hubo un edificio que, presuntamente, estaba encantado, al derribarse y construir –o no- en su lugar los fenómenos pudieran mantenerse. Quizás, en la mayoría de los casos, al no existir una edificación los investigadores perdían el interés por el mismo y se describían menos incidentes inexplicables, pero ello no es un indicador de ausencia sino de desconocimiento al no investigar. Quizás la respuesta a tan intrigante pregunta la tenga un enclave tan mágico como encantado, que fue derribado, y que encontramos en las cercanías de la llamada Súper Norte en las inmediaciones del barrio de Pino Montano: el viejo psiquiátrico de Miraflores.

Las autoridades sanitarias de Sevilla deciden construir un lugar donde albergar el cuidado y tratamiento de los enfermos mentales en Sevilla, debía de ser un espacio grande pues debía recoger a otros enfermos repartidos por otros centros hospitalarios sevillanos, en algunos casos con instalaciones inadecuadas como era el caso del viejo hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, todo ello se estimó que alcanzaría la cifra de casi 1600 enfermos.

Su historia

El psiquiátrico de Miraflores entró en funcionamiento allá por la década de los 60 del pasado siglo XX y era en extremo necesario pues hasta entonces había realizado tal función el hoy Parlamento de Andalucía que no tenía unas condiciones higiénicas aptas para ello amén de su excesiva antigüedad (un edificio del siglo XVI). En el año 1884 se toma la decisión de construir en la “Huerta de Miraflores” el psiquiátrico sevillano; la zona era también conocida como “Charco Redondo” donde muchas personas encontraron refugio en otras épocas más duras para este país. Así, para su construcción, se siguió el modelo del arquitecto Manuel Portillo que contó con la ayuda –y observaciones- del doctor Gabriel Lupiañez, que tenía experiencia en prácticas psiquiatritas en diferentes instituciones mentales de gran nivel.

Inicialmente, en 1884, se diseñó unas instalaciones que debía dar cobijo a 600 plazas entre hombres y mujeres. Pasaron los años y la construcción se fue finalizando hasta que el 24 de junio de 1890 se abrió el primero de los pabellones; progresivamente se abrirían otros como en 1892 el tercero, en el año 1893 el cuarto y quinto, siendo el bloque centra inaugurado y abierto en 1896 el central. El edificio se fue ampliando poco a poco por necesidades sanitarias y en 1968 se realiza la última obra de ampliación.

En 1984 el psiquiátrico no acepta más altas en sus instalaciones y para 1990 el Servicio Andaluz de Salud decide descatalogarlo como institución psiquiátrica pasando a ser gestionado por Diputación hasta el 1 de enero de 1991, se transfiere a la Junta de Andalucía quedando al amparo del Hospital Virgen Macarena como Unidad de Salud Mental hasta que el 1999 se dispone su cierre teniendo una prórroga el pabellón de Infantiles.

Hechos desconcertantes

El edificio, una vez abandonado, tuvo vigilancia y quedaba comunicado al resto de bloques en los que había personal trabajando, no obstante son los propios trabajadores los que manifestaban que pese a estar ya en desuso se escuchaban ruidos extraños e, incluso, pasaban “cosas raras”. El incidente que más asombró a un vigilante de seguridad fue aquel en el que, una noche, en una ronda, vio encenderse una luz. Accedió al sitio creyendo que podría haber entrado alguien en el interior. Buscó la zona en la que vio la luz y no le costó demasiado trabajo, la habitación se veía iluminada al final del pasillo. Al abrir la puerta la sorpresa fue que no había nadie y que en aquella habitación no había ni bombilla “entonces escuché claramente una voz que me llamó por mi nombre y como algo me empujaba hacia el poco mobiliario que quedaba en aquella habitación. Me giré, la puerta estaba cerrada y no había nadie que yo pudiera ver pero sentía, cerca de mí, una respiración… Fueron momentos de mucha tensión, nunca había pasado tanto miedo”.

Prácticas inhumanas

El edificio, al ser de la Diputación de Sevilla también tuvo otros usos, uno de ellos era la acogida de menores y, normalmente, había vigilancia dentro del mismo. El lugar, está marcado por el drama, por la tragedia mental de muchas personas, por la sinrazón de enfermedades que eran dictadas como “mentales” si más autoridad que la que dictaba la “Ley de Vagos y Maleantes” en tiempos de la dictadura en España. En aquellos años el trato era inhumano en muchas instituciones psiquiátricas y la sevillana no parecía una excepción. Así encontramos el relato, en 1972, de Juan Sánchez Vallejo, doctor que finalizaba sus estudios de Medicina en la especialidad de Psiquiatría en la Facultad de Sevilla. En una época en la que se consideraban terapias y tratamientos aptos prácticas hoy no permitidas como realizar lobotomías anulando “la violencia en el enfermo”y también su voluntad o el aplicar el temible electroshock.

La “Ley de Vagos y Maleantes” permitía que todo aquel que tuviera un comportamiento considerado extraño por un tercero, y se denunciara, pudiera ser ingresado en el llamado “manicomio” y allí pasar una temporada que podría calificarse de pesadilla como fue el caso de represaliados, homosexuales u otras personas sin más enfermedad que la de pensar de forma diferente, sentir o vivir fuera de los cánones clásicos marcado por la época.

Las condiciones de los psiquiátricos en España eran deplorables pues, en Sevilla, había masificación con casi 1500 enfermos de los cuales el 80% llevaban ingresados alrededor de 10 años. Se carecía de habitaciones, había enfermos salas no habilitadas o corredores. El doctor Sánchez Vallejo indicaba que en el Psiquiátrico de Miraflores se realizaban prácticas consideradas vejatorias cómo la de higienizar al enfermo sacándolo “a un patio en camisón, en invierno y en verano, donde un celador les rociaba los genitales con una manguera de agua fría y otro los fumigaba con insecticidas”.

Fenómenos inexplicables

Era el psiquiátrico un lugar en el que había una fuerte carga emocional, una fuerte carga psíquica y todo ello, antes o después, acaba saliendo y manifestándose se la forma más insospechada.

Una vez derruido el edificio sólo quedó como vestigio el solar donde antaño se asentaba. Sin embargo hay algo más… Los empleados –que ya no trabajan en este lugar- afirman que, hoy día, en aquel mismo solar, “pueden escucharse voces y llantos, impresiona mucho”, nos relataba una persona que estuvo vinculada al mismo. “Una noche cruzaba por esta zona, donde estuvo el manicomio y, de repente, me llamaron, por mi nombre. Me volví pero no había nadie, además la noche era muy mala, hacía mucho frío y se iba a poner a llover de un momento a otro. Seguí caminando y me volvieron a llamar, ya no tuve ninguna duda, algo invisible estaba pronunciando mi nombre y no era de este mundo”.

Nuestro protagonista silenció esta experiencia hasta una noche en la que vio a un compañero entrar lívido en el pabellón: “¿Qué te pasa? ¿Has visto un fantasma? Y me dijo que dando una ronda le habían llamado, se dio la vuelta y miró, alumbró con la linterna pero no vio a nadie, además la zona no es de las más oscuras pues es donde estaba el manicomio y llega la luz de la carretera y de la otra zona. Al no ver nadie creyó que era una mala pasada de su cabeza, entonces fue cuando algo le dio en el hombro, como un toquecito y pudo ver a un señor, con bata o “pijama” de paciente que lo miraba a apenas dos metros y se desvaneció ante él… Claro, al regresar el pobre tenía un ataque de ansiedad de la experiencia tan fuerte que vivió”.

Voces de nadie, ruidos extraños y “siluetas o sombras que se pasean por ese mismo sitio y que no están proyectadas por nadie”, son algunos de los fenómenos que hoy se pueden vivir en este preciso lugar pese a que el edificio -como tal- ya no existe.

Pero no son las únicas experiencias extrañas vividas allí, cuando el edificio estaba aún en pie un grupo de personas entró en el interior del mismo a través de la “sala de máquinas”, P.J. nos decía: “Fuimos a este lugar llamados por la curiosidad de ver que sucedía en su interior, venía una persona con dotes de médium. Él comenzó a sentir allí cosas muy fuertes, a manifestar mensajes coherentes con el sitio donde nos encontrábamos pero, lo más impresionante, fue una psicofonía que captamos dentro y que resultaba desgarradora”.

Testimonios y vivencias

José Luis S. también ha trabajado en su interior: “Yo trabajé mucho tiempo allí, cuando había pacientes y cuando no. Cuando había pacientes tenía un pase pero ¿y cuando estaba aquella ala sola? Pues se seguían oyendo gritos, pero no de un animal, que esos los conocemos, gritos de persona como si todavía hubiera allí dentro algo, un recuerdo, algo, el caso es que es tremendo… Cuando tú vas a las habitaciones de azulejos (llamadas así porque están alicatadas incluyendo el suelo, estaban dedicadas a tareas de limpieza) era horrible, percibías cosas, aquellos pasillos que no se acababan y podías oír como algo gruñía, o como te siseaban, o de cómo las luces se iban apagando y encendiendo tras de ti… Es horrible”.

Y seguimos escuchando los testimonios de aquellos que han sufrido experiencias de este tipo, María J. trabajó en el interior del edificio durante cinco largos años: “Era lo peor, cuando llegaba el turno de noche me echaba a morir, de día vaya porque hay luz y hay más gente…, pero de noche es que no se sentía un alma allí y para colmo es que éramos dos personas y con muy pocas ganas de bromas… Un día venía de uno de los patios y cogí el pasillo que lo rodea, entré en una de las galerías y sentí como me llamaban…”Mari” decía aquella voz…mira, un escalofrío me dejó helada, y otra vez aquella voz me dijo: “Mari”, miré buscando quién podía ser, no vi a nadie y salí corriendo en busca de mi compañera que se encontraba en el otro extremo del edificio, llegué tan nerviosa que tuvimos que parar cerca de una hora, ella no podía haber sido, al sentirme llamarla vino a mi encuentro y le conté lo que me había pasado, entonces ella me confesó que a ella también le pasaba muchas veces y que por eso llevaba siempre la radio puesta y alta…, esta vez tuve suerte y la pillé cambiando las pilas…Si no la llego a encontrar me muero”.

En este edificio también encontramos un módulo de la Cruz Roja y un centro de día, aún destaca su antigua arquitectura y las estancias para los residentes, las habitaciones, las zonas de limpieza alicatadas hasta el techo con los tragadores en medio de la sala, largos pasillos con puertas a ambos lados y un ambiente de extrema frialdad, a medida que subimos la situación se normaliza, habitaciones, pasillos y zonas comunes, en la zonas bajas se encontraban las estancias de los pacientes más violentos, las enfermerías, baños y cocinas, todo en estado de semiabandono. Ventanas tapiadas, rejas en las puertas y en las ventanas en las que el ladrillo no quiso cegar su luz.

Los vigilantes de seguridad siguen haciendo su ronda en torno al edificio y no dudan en llamar a las fuerzas del orden público siempre que un curioso o un osado buscador de misterios decide adentrarse en si interior.

Los vigilantes, esos inestimables confidentes, también tenían que contarnos algunas experiencias: “Es difícil deciros si pasa algo o no que sea extraño, hombre, por el tiempo que llevo aquí te diría que sí, que lo es, sobre todo cuando de madrugada, a las 3 miras algo que te llama la atención y es una luz en el edificio que se enciende, o una silueta, como si alguien llevara una luz que se pasea de un lado a otro cuando sabes que allí en ese momento no debería de haber nadie. Entras y buscas, con mucho miedo, y no hay nadie, vuelves a salir y allí está de nuevo la luz, acabas por no echarle cuenta, ¿para qué?

Otras veces sientes un alarido enorme desde el interior y prefieres pensar que es algún animal. Hombre, cuidado hemos de tener, muchas veces vienen chicos alentados por el programa de Iker Jiménez y se creen que venir aquí es venir de excursión a buscar fantasmas y aquí hay que tener mucho cuidado y tener en cuenta que hay personas trabajando, esto no es ninguna feria y luego demuestran ser muy inconscientes, ahí dentro te puedes hacer daño y aunque es muy difícil entrar si alguien entra y le pasa algo fíjate la papeleta para él y para nosotros. Sí que se pasa mal y se sienten cosas raras pero si echáramos cuenta a todo eso no podríamos trabajar aquí” sentencia nuestro amigo mientras salimos del edificio charlando sin echar la vista atrás.

En el año 2003 tuve la oportunidad de entrar en su interior, fui el primer investigador que lo hizo buscando explicaciones más allá de las fronteras de la Ciencia, vi sillas de ruedas y camillas de nadie, archivadores vacíos con vestigios de expedientes, objetos, polvo y abandono… No encontré respuestas pero si descubrí un sitio que me infundía miedo y compasión. Tal vez sea el mismo sentimiento que desde ese “otro lado” hoy manifiestan aquellos que siguen morando en lo que fue su “hogar”.

Adicción a videntes y cartomantes

Hay que tener mucho cuidado con todos esos charlatanes que le quieren ‘vender’ a uno un futuro a su medida a través de las muy ancestrales ‘mancias’ o procedimientos de meditación y adivinación. Ojo con este mundo repleto de charlatanes con el don de la palabrería y la vista puesta en la cuenta corriente del consultante

  • Adicción a videntes y cartomantes

En nuestra sociedad del siglo XXI a veces es conveniente detenerse y mirar alrededor para darnos cuenta de todo aquello que nos rodea, lo bueno y lo malo. Vivimos en una sociedad tecnificada, con prisas, en muchas ocasiones estresada y deshumanizada, las redes sociales acogen a muchas personas que se han creado una realidad paralela, tal vez alejándose de una vida que, en muchas ocasiones, provoca muchos sinsabores, pero es la vida que tenemos, con problemas de desempleo, inseguridad ciudadana, promesas políticas incumplidas, riesgos de salud, miedo por las pensiones y todo ello afecta a nuestra vida personal haciendo que, muchas veces, las personas busquen refugio en opciones que pueden originar adicciones peligrosas.

No, no les voy a hablar de sustancias adictivas ni del juego o el alcohol, que también podrían ser el eje central de un artículo de denuncia; en esta ocasión les quiero hablar de los riesgos del esoterismo mal entendido, de aquellas personas que buscan respuestas o rellenar un puzzle incompleto dentro de lo que les pueden aportar –si es que pueden aportarle algo- videntes y cartomantes. Una realidad desconocida y que tiene un duro efecto en la persona.

Son muchas los que afirman, abiertamente, no creer en este tipo de mancias, el hecho de que un tarotista baraje un mazo y según la tirada pueda acceder a nuestro pasado o futuro es, cuando menos, sugerente. Pero… ¿Cuántos vividores y estafadores se han escondido tras su falsa bandera de la videncia? ¿Cuántas estafas se denuncian al día de desaprensivos que no dudan en aprovecharse de las debilidades ajenas, la edad o un mal momento? ¿Cuántos son los que enarbolan la bandera de la videncia, de ser grandes tarotistas y, simplemente, tras ello, hay un psicólogo con muchas dotes de observación y palabrería?

En demasiadas ocasiones la persona se siente sola y sólo pretende paliar esa soledad con una voz que la comprenda, que la entienda y que, llegado el caso, le pueda dar un consejo, quizás aquel que echa en falta del familiar, del hermano o del amigo. Lo duro, lo cruel, lo carente de sentimientos, es que tras esa voz cálida, comprensiva y amiga se esconde un negocio en el que, en demasiadas ocasiones, se esconde el estirar lo máximo el problema del cliente porque con él el futuro del negocio está asegurado, esa es la única certeza de la capacidad de ver el futuro que tienen muchos de estos mercaderes de ilusiones.

Pero… ¿Cómo se entra en el círculo del mal entendido esoterismo y videncia?

Es llamativo y sugerente, lo reconozco, es una materia que conozco bien y siempre comienza casi como un juego, casi por error o por un momento de debilidad. Se afirma no creer en estas cosas, se afirma estar «por encima de estas tonterías», pero al final muchos de esos son los que se acercan a consultar su futuro y lo que comienza como un simple gesto de satisfacer la curiosidad se acaba convirtiendo en una dura adicción en la que parece que ningún momento y ningún paso de la vida se puede dar sin consultar a ese consejero tan especial que cuantifica sus ganancias por consejos. Muchos de estos videntes no me han demostrado nada, me han demostrado algo o me han demostrado mucho, pero sea como fuere mi creencia en ellos es nula, lo cual no quiere decir que todos tengan que ir al mismo saco, pero si una amplia mayoría.

Hablaba, no hace demasiado, con una persona que durante mucho tiempo se ha dedicado a estos temas, caminando entre lo real y lo quimérico. Encarnación me decía: «He estado muchos años atendiendo en mi casa a personas que venían con todo tipo de problemas. Suelen ser mujeres con problemas sentimentales y que siempre vienen acompañadas por una amiga, pero también he tenido hombres como clientes y esos son los que más enganchados están. Lo curioso es que a los días ha venido la amiga que acompañaba a la primera a que les dijera lo que veía en las cartas», y es que ese suele ser el comienzo: alguien que, por curiosidad, o por amistad, acude a acompañar a una amiga o amigo y acaba seducido por la palabrería, psicología y comprensión del vidente. En otras ocasiones, simplemente, porque la vida da reveses y las respuestas, creen, puede encontrarse en aquel que dice «ver el futuro», recomendado por una amiga o un amigo que «probó» y «le fue bien». Y es que hay planos en los que todo vale, las cuestiones del corazón o la desesperación hacen que sea un terreno abonado.

Cuando se acude por primera vez a un tarotista, a un gabinete físico, la primera impresión del vidente es vital, si este atina a leer las marcas físicas del cliente habrá dado un paso decisivo para ganarse la confianza de la persona. Ojeras, marcas de anillo, palidez, puede ser síntomas de problemas en la persona allá donde los sentimientos, el desempleo, la salud, la vida en suma que juega sus propias cartas.

Comenzada la sesión todos son consejos en función de la información que pueden obtener del cliente en una conversación –bilateral- en la que la retroalimentación es básica para el buen curso de la predicción de futuro que se realice. Finalizada la sesión, a satisfacción de la persona, todo es un terreno abonado para que esta regrese, incluso hay bonos económicos para aquellos que demuestran una fidelidad a su vidente de cabecera.

Productos cruzados

Hay una vuelta de tuerca en todo esto, es lo que se llama productos cruzados, es muy simple: son aquellos gabinetes, aquellos lugares -bien tienda física donde se realizan sesiones de videncia y cartomancia o bien casas particulares- donde al finalizar la consulta se ofrece una ayuda extra para atraer la buena suerte y alejar los aojamientos o los trabajitos (aquellas maldiciones o mal de ojo realizadas por otras personas que suele ser muy recurrente para retener al cliente y a su cartera). Esta ayuda extra tiene forma de barritas de incienso, de vela o velón de un determinado color en función de nuestras necesidades –amor, dinero, trabajo, salud–, amuletos de todo tipo bien sean clavículas de Salomón, Tetragramatón, Ojo de Horus o una infinidad, sin igual, con que el cliente se construirá en casa, en un apartado rincón o en una habitación determinada, un auténtico santuario allá donde uno mismo no quiere ver la realidad y culpa a otros de sus desgracias.

Con este tipo de ventas hay dos fuentes de ingresos aseguradas: por una parte la consulta del cartomante que se ha ganado la confianza y el bolsillo, poco a poco, de la persona; la segunda vía son los productos esotéricos. En muchas ocasiones la persona no acude tanto a la consulta de tarot sino a renovar toda la mercadería esotérica y comprar inciensos ahuyentadores, talismanes y amuletos quitamaldiciones y ya, en el colmo de la desfachatez, hasta gel o champú con el que uno lavar su alma… Parece mentira donde pueden llegar las creencias de las personas.

El negocio en este sentido puede ser millonario y mueve, en España, cifras de vértigo en todo lo que está relacionado con ello siendo los grandes distribuidores del sector los que, evidentemente, sacan mayor beneficio de todo ello en una actividad lícita y que se ha dado origen a un nicho de mercado en franco crecimiento. Otro cantar son los trabajos de santería cubana tan dada y recurrente en Sevilla.

Los famosos 906

«A mí me pasó que un día, una amiga también dedicada a estas cosas me dijo de trabajar, cuando pudiera en función de mi horario con las consultas, en una plataforma de videncia y, me dijo, que se podía sacar un buen sueldo al mes, y por probar…», decía Encarnación sobre sus inicios al teléfono del vidente. Y así, un buen día, el vidente comenta a sus clientes que «un día de lluvia, o que estés malo/a, que no te apetezca venir por qué esté lejos pero quieres que te haga la consulta, me puedes llamar a este teléfono y que te pasen conmigo, te la haré así, por el móvil, que es más cómodo y te cobro con la tarjeta», y de esa forma se fideliza también al cliente a llamar a este tipo de líneas asegurando el mismo servicio para mayor comodidad y, por supuesto, la tarificación de los servicios prestados.

La persona, incluso, encuentra el consuelo de llamar a su vidente a horas no reguladas o, en el colmo de la dependencia, por cada situación de la vida que es achacable, según la creencia absorbida de la persona, a esos aojamientos o trabajitos que le han realizado, que es la mejor forma de tener enganchado al cliente llegando al tope de minutos máximos para este tipo de servicios y no dudando en colgar y volver a engancharse al vidente en una consulta casi eterna y repetitiva donde el límite lo ponen la tarjeta de crédito y el fondo de la cuenta bancaria.

¿Qué hacer ante este tipo de adicción?

Hace muchos años leía un libro completísimo de mi amigo Pepe Rodríguez, se llamaba Adicción a las sectas y en este trabajo de investigación me ha servido para establecer paralelismos en cuanto a la dependencia de la persona sobre el conocimiento de su futuro, de sus problemas, recurriendo a lo extrasensorial o, simplemente, por caminar siendo orientado por aquel que menos orientaciones puede dar…

La doctora Ana Valdepérez, psicóloga del Programa de Adicciones Comportamentales del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, decía al respecto de la adicción a la videncia que es denominada como comportamental y que está a la altura de la adicción al juego, internet o el sexo. En su opinión «son hábitos de conducta placenteros que en un pequeño porcentaje de personas desemboca en una adicción y organizan toda su vida en función de ellas».

La frustración emocional, la soledad, relaciones malogradas, inestabilidad laboral y mucho más son los desencadenantes del inicio –dependiendo de la persona- de estas adicciones que comienzan «sólo por probar» y acaban controlando la vida de la persona; la sensación de culpa es otro factor que hace que la persona no deje de depender de algunos de estos cartomantes y acumular, incluso, grandes deudas…, personas que van justas para vivir y acabar el mes pero que no dudan en hipotecar una parte de su sueldo en productos –físicos o no- de este tipo: «Llegan a solicitar créditos para seguir llamando al tarot. Es frecuente que estas consecuencias tan graves sean el revulsivo para que acudan a terapia, así como las consecuencias a nivel familiar o laboral, pues suelen abandonar cualquier otra actividad».

Enric Mora es sociólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y en su experta opinión la crisis o, añadiría yo, el actual ritmo de vida, trabajos en precario, el estrés o las dificultades emocionales, repercute sobre el control sobre la propia vida «de sentirse objeto de fuerzas desbocadas sobre las que no tenemos incidencia» así la persona no se ve logrando determinados objetivos y por ello recurre a «ayudas extras» como la que le pueden aportar tarotistas y videntes que aportan certezas o sentido a lo que piensa el cliente, el consultante o, simplemente, decirles lo que quieren escuchar.

En todo este fenómeno hay algo curioso, un efecto, el denominado Efecto Barnum que es aquel por el cual se saben leer aspectos y expresiones que nos dicen algunas características de la personalidad comunes a cualquier persona, haciéndolas propias los clientes y pensando que el tarotista ha dado de lleno en su predicción… Muy lejos de la realidad pues sólo están interpretando las señales físicas que existen o las palabras –en persona o telefónicamente- que expresan personas que son más inseguras, quieren creen y tienen una especial predisposición a este efecto tan llamativo como psicológico.

Soluciones

Aquellos que encuentren una persona con este problema no deben jalear su acción ni apoyarla, flaco favor le hacen expresando sorpresa cuando comentan sus visitas o llamadas a estos servicios. Deben hacerles ver su problema, el no estar encarando de la forma correcta la situación por la que viven amparándose en estas mancias. Deben hacerle ver que puede ser negativo y ofrecerle el apoyo necesario, incluso profesional dentro del amparo que la psicología da hoy día para ello.

La solución al problema de cada uno en su vida no se encuentra impreso en una carta ni lo da el corte de un mazo, tampoco en las líneas de la mano o la sensibilidad de otra persona. La solución debemos encontrarla en el día a día, en armar la correcta arquitectura de una vida una vez que se comienza de nuevo, allá donde las ilusiones y esperanzas deben primar por encima de la desesperación.

Los límites del odio: qué pasó con los japoneses en los submarinos americanos

Fue el historiador John Dower quien definió la batalla en el Pacífico como “una guerra sin piedad”. Pero incluso en uno de los frentes más violentos hubo lugar para algo inesperado

Foto: Los prisioneros de guerra japoneses en Guam escuchan el anuncio de la rendición japonesa el 14 de agosto de 1945. (Corbis)
Los prisioneros de guerra japoneses en Guam escuchan el anuncio de la rendición japonesa el 14 de agosto de 1945. (Corbis)
AUTOR: HÉCTOR G. BARNÉS/El Confidencial

Los que la hayan visto, con total seguridad recordarán ‘Los hombres detrás del sol’ de Tun Fei Mou (1988), una de las películas más desagradables de la historia. En ella se ilustraban con profusión de detalles las torturas y experimentos que los ocupantes japoneses realizaron en el noroeste de China. También es probable que en la cabeza de los espectadores se haya quedado grabada ‘Infierno en el pacífico’, aquella película de John Boorman en la que un americano (Lee Marvin) y un japonés (Toshiro Mifune) se veían obligados a convivir y ayudarse en la isla del Pacífico a la que han ido al parar después de una batalla naval durante la segunda guerra mundial.

La realidad parece acercarse más a la bonita historia de Marvin y Mifune que a la de la película gore, como sugiere un artículo histórico  escrito por el profesor de la Universidad de Murdoch (Australia) Michael Sturna. Frente a las visiones tradicionales, que dan por hecho el salvajismo de los japoneses y la inclemencia de los americanos, que no en pocas ocasiones se olvidaron de la Convención de Ginebra a la hora de obtener información de sus prisioneros, la investigación publicada en el ‘Journal of Contemporary History’ asegura que “la experiencia de los prisioneros japoneses en los submarinos americanos sugiere que el odio pudo ser superado una vez los combatientes pasaban tiempo juntos”.

Los japoneses habían sido entrenados para creer que la rendición conducía indefectiblemente a su ejecución a manos de los enemigos

Fue el historiador John Dower quien definió la batalla en el Pacífico como “una guerra sin piedad”. Alrededor de una cuarta parte de los prisioneros británicos y americanos murieron en cautiverio, por tan sólo un 4% de japoneses. Sin embargo, son abundantes las historias en las que los nipones eran asesinados después de rendirse. Como señala la investigación “se creía que los soldados japoneses preferían la muerte a la rendición y que utilizarían cualquier medio posible para matar a sus captores”. Además, corrían terribles historias sobre las “atrocidades” japonesas, lo que contribuía a su deshumanización ante los ojos extranjeros.

En realidad, y a pesar de las excepciones, parece ser que “las reacciones de los tripulantes a los eventos reales podían ser muy diferentes a su condicionamiento por los productos culturales”. En muchos casos, los prisioneros y los captores colaboraron para evitar ser víctimas de trampas. Los americanos, por un lado, habían recibido la orden de seguir escrupulosamente la Convención de Ginebra, y aunque en muchos casos sus preceptos se olvidaron, “las relaciones entre prisioneros y tripulantes era en general amigables”. Los japoneses, por su parte, habían sido entrenados para creer que la rendición era no sólo una vergüenza para ellos, para su nación y para su país, sino que conducía indefectiblemente a su ejecución a manos enemigas. Por otra parte, algunos soldados aliados eran tan despiadados que debían recibir recompensas en forma de alcohol, vacaciones o Medallas de Bronce por tomar prisioneros.

Por lo general, “la prohibición contra la confraternización era generalmente ignorada por las tripulaciones de los submarinos; no hay duda de que por su propia diversión, los marinos se mostraban generalmente dispuestos a interactuar con los prisioneros a bordo”. Las relaciones, obviamente, no eran de iguales –muchos se convertían en sus “mascotas”–, pero por lo general, la realidad solía acabar con los prejuicios militares. Aquí presentamos cinco historias que resumen bien la peculiar y, en ocasiones, inspiradora relación entre militares y sus prisioneros con el Pacífico ensangrentado como telón de fondo.

Vida de Gus

El 29 de mayo de 1943, el Tambor, un submarino de la armada estadounidense, torpedeó el carguero Eika Maru en el golfo de Tonkin. Tan sólo hicieron un prisionero, un hombre que se rindió después de que los militares ametrallasen el agua a su alrededor. No se puede decir que el recibimiento fuese caluroso: una vez a bordo, se le condujo a punta de pistola hasta la sala de torpedos y se le arrojó sobre una banqueta mientras se le apuntaba con un revólver en la cabeza. Desesperado, se arrojó de rodillas y suplicó a su captor que acabase pronto con su vida. En lugar de hacerlo, el guardián bajo la pistola y le ofrecieron un poco de whisky, que tomó después de comprobar que no estaba envenenado, al ver a un americano bebiendo de él.

Los días pasaron y Gus, como lo llamaban los militares, se ganó la simpatía de la tripulación y empezó a colaborar en los quehaceres diarios. Al parecer, gritaba ‘¡banzai!’ cada vez que el submarino atacaba, y no necesariamente para animar a sus compatriotas. Un mes después, el 27 de junio, fue depositado en la base de Australia con un peto, una sudadera de los Brooklyn Dodgers y una gorra de marinero. “Antes de abandonar el submarino, el prisionero dio la mano e hizo una reverencia a cada miembro de la tripulación”, explica el autor. “Al parecer, esta se mostró triste cuando los marines se llevaron a Gus esposado y con una venda en los ojos.

“Un buen tipo”

El Flying Fish SS-229.
El Flying Fish SS-229.

Un par de años más tarde, el 11 de junio de 1945, el Flying Fish volvió sobre los restos del Meisei Maru para rescatar algún prisionero. Allí encontraron a un hombre uniformado que rápidamente fue arrojado al submarino, donde le desnudaron por completo para raparle el pelo y el vello púbico. Mientras superaba la primera impresión, un marino le entregó un cuchillo mientras le indicaba con un gesto que debía hacerse el hara-kiri.

Poco a poco, sin embargo, la actitud de la tripulación empezó a cambiar, especialmente después de que liquidasen un par de barcazas. “Era raro para la tripulación ver los efectos de sus armas de tan cerca, y en esta ocasión parece que el incidente provocó empatía, incluso culpa”. A partir de entonces empezaron a tratar mejor a Siso Okuno, como se llamaba el prisionero, aunque se refiriesen a él como So-So (“un buen tipo”, como escribió uno de los tripulantes en una carta). Como más tarde descubrieron, puesto que el prisionero sólo sabía decir en inglés “thank you, sir”, este tenía 34 años, estaba casado y tenía cuatro hijos.

Unas semanas después, el 30 de junio, el prisionero desembarcó en Midway y dejó una carta en la que mostraba agradecimiento hacia la tripulación

Como ocurría con Gus, ayudó a las labores diarias de la tripulación, pero también a limpiar los lanzatorpedos, lo cual contravenía la Convención de Ginebra, que establecía que los prisioneros no podían verse envueltos en actividades relacionadas con armamento de guerra. Unas semanas después, el 30 de junio, el prisionero desembarcó en Midway y dejó una carta en la que mostraba agradecimiento hacia la tripulación del Flying Fish. En ella aseguraba que había muerto el día que fue capturado, pero también se refería a la “enorme capacidad para la amistad” de sus captores.

El traductor

El USS Tautog SS.199.
El USS Tautog SS.199.

El 8 de julio de 1944, el Tautog, otro submarino americano, torpedeó el Matsu Maru, y entre sus restos encontraron a un hombre al borde de la muerte que fue rápidamente conducido a la embarcación. No era más que un marino que cargaba leña de Tokio a Hokkaido y, por ello, rápidamente se le encontró un hueco entre la tripulación como camarero. Sin embargo, pronto le encontrarían otra dedicación, como ocurrió a muchos de los prisioneros nipones durante la segunda guerra mundial: traducir a sus compatriotas.

Es lo que ocurrió cuando el submarino fulminó el Hokuriu Maru, otro carguero que transportaba aceite de coco. En apenas unas semanas el prisionero había aprendido el inglés suficiente como para traducir a dos de los seis tripulantes que fueron atrapados –los otros cuatro fueron liberados prácticamente en el acto–, dos jóvenes de apenas 19 años que pasarían los siguientes días limpiando y puliendo el submarino. El 10 de agosto llegarían a Midway con unos cuantos kilos más de los que tenían al entrar. Según uno de los americanos, ya era en ese momento “parte de la tripulación”.

Mush el Sucio

Dudley Morton.
Dudley Morton.

Dudley Walker “Mush” Morton es uno de los comandantes de submarinos más recordados de la segunda guerra mundial. Al frente del Wahoo logró acabar con 19 embarcaciones japonesas antes de desaparecer el 11 de octubre de 1943 mientras patrullaba el estrecho de La Pérouse. También era célebre por su odio animal hacia los japoneses: en sus naves podía leerse en lugar privilegiado “Shoot the Sunza of Bitches” (un juego de palabras difícilmente traducible a partir de la frase “disparad a los hijos de puta” y “sunza”).

En enero de 1943, el Wahoo lideró un ataque que acabó con cinco barcos enemigos, pero que dio lugar a uno de los hechos más controvertidos de la contienda. Al parecer, el Wahoo emergió después de hundir el Buyo Maru y disparó a los supervivientes que nadaban en el agua. Nada de tomar prisioneros, y animó a la tripulación a disparar a todo lo que se moviese.

Nos sentíamos tan atados a nuestros prisioneros que empezamos a sentir que eran parte de la tripulación

Tan sólo seis meses después el Wahoo derribó un velero y proporcionó ropa, baño y whiskey a los seis supervivientes, entre los que se encontraba un niño de 10 años. A pesar de la dureza que había mostrado anteriormente Morton, se les trató bien. Como confesó el guardia de la embarcación, “era difícil creer las historias sobre carnicerías de soldados después de ver a esos tipos”. Poco a poco el grupo salvaje y los nipones empezaron a intimar: “Nos sentíamos tan atados a nuestros prisioneros que empezamos a sentir que eran parte de la tripulación”.

Una pistola en el Barb

Eugene Fluckey. (CC/Naval Historical Center Online Library)
Eugene Fluckey. (CC/Naval Historical Center Online Library)

Como ocurría con Dudley W. Morton, Eugene Fluckey era conocido por su desprecio hacia el enemigo oriental. En una carta a su mujer, reconocía “vaya placer es eliminar japoneses… sus ojos rasgados no son ni humanos ni de bestia… podría poner la pistola en la oreja de un japonés y martillar el gatillo sin ningún escrúpulo”.

Sus palabras, sin embargo y afortunadamente, no serían llevadas a la práctica después de hacer un prisionero tras el ataque del transporte naval Koto Maru el 31 de mayo de 1944 con el objetivo de sacarle información. Al principio, todos sus intentos fueron en vano, hasta que Fluckey puso una pistola de calibre 45 sobre la mesa, momento en el que el prisionero reconoció ser el artillero Kitojima Sanji. Desde ese momento la relación fue cada vez más amistosa, hasta el punto de que el prisionero se dio cuenta de que quizá había ido demasiado lejos confesando, por lo que pidió que después de la guerra fuese enviado a EEUU, porque en Japón sería ejecutado. Era algo habitual entre los prisioneros, que temían las represalias al retorno a su país.

El propio Fluckey reconoció en un informe que creía “que se puede obtener más información de un prisionero solitario arrebatado a una muerte segura en las aguas heladas, mientras está agradecido por el bueno trato de sus captores y un poco decepcionado con su país, que después de estar incomunicado durante semanas”. Unas palabras que, firmadas por un tipo tan duro como Fluckey, muestran que no siempre la vía más expeditiva es la mejor y que, no importa la circunstancia, el enemigo es tan humano como nosotros.

Voces del Misterio ESPECIAL: Jesús Callejo y el SIGNIFICADO OCULTOS DE LOS CUENTOS Y LOS JUEGOS

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“Voces del Misterio” con JESÚS CALLEJO para hablarnos de un tema tan apasionante como desconocido, del SIGNIFICADO OCULTOS DE LOS CUENTOS Y LOS JUEGOS, en un repaso en el que quedará sorprendido por todo lo que se desconoce y que encierra esos “inocentes” relatos infantiles. No os lo perdáis. En “Voces del Misterio” SFC Radio 91.6 fm.

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Voces del Misterio V007: Fenómenos paranormales y psicofonías

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“Voces del Misterio” V007 en el que los compañeros del Grupo GPS -Lorenzo Cabezas y Carmen Bravo- nos hablan de diferentes investigaciones en lugares encantados realizadas por ellos donde han podido lograr escalofriantes psicofonías y otros registros sonoros. Exclusiva en “Voces del Misterio”, 91.6 fm SFC Radio.

*Audio conferencia. 14ª. Semana del Misterio de Sevilla en “Don Cecilio”.

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