Miedo en el viejo psiquiátrico de Miraflores

  • Pasillo del psiquiátrico de Miraflores. / El Correo
    Pasillo del psiquiátrico de Miraflores. / El Correo

En muchas ocasiones nos preguntamos si donde antaño hubo un edificio que, presuntamente, estaba encantado, al derribarse y construir –o no- en su lugar los fenómenos pudieran mantenerse. Quizás, en la mayoría de los casos, al no existir una edificación los investigadores perdían el interés por el mismo y se describían menos incidentes inexplicables, pero ello no es un indicador de ausencia sino de desconocimiento al no investigar. Quizás la respuesta a tan intrigante pregunta la tenga un enclave tan mágico como encantado, que fue derribado, y que encontramos en las cercanías de la llamada Súper Norte en las inmediaciones del barrio de Pino Montano: el viejo psiquiátrico de Miraflores.

Las autoridades sanitarias de Sevilla deciden construir un lugar donde albergar el cuidado y tratamiento de los enfermos mentales en Sevilla, debía de ser un espacio grande pues debía recoger a otros enfermos repartidos por otros centros hospitalarios sevillanos, en algunos casos con instalaciones inadecuadas como era el caso del viejo hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, todo ello se estimó que alcanzaría la cifra de casi 1600 enfermos.

Su historia

El psiquiátrico de Miraflores entró en funcionamiento allá por la década de los 60 del pasado siglo XX y era en extremo necesario pues hasta entonces había realizado tal función el hoy Parlamento de Andalucía que no tenía unas condiciones higiénicas aptas para ello amén de su excesiva antigüedad (un edificio del siglo XVI). En el año 1884 se toma la decisión de construir en la “Huerta de Miraflores” el psiquiátrico sevillano; la zona era también conocida como “Charco Redondo” donde muchas personas encontraron refugio en otras épocas más duras para este país. Así, para su construcción, se siguió el modelo del arquitecto Manuel Portillo que contó con la ayuda –y observaciones- del doctor Gabriel Lupiañez, que tenía experiencia en prácticas psiquiatritas en diferentes instituciones mentales de gran nivel.

Inicialmente, en 1884, se diseñó unas instalaciones que debía dar cobijo a 600 plazas entre hombres y mujeres. Pasaron los años y la construcción se fue finalizando hasta que el 24 de junio de 1890 se abrió el primero de los pabellones; progresivamente se abrirían otros como en 1892 el tercero, en el año 1893 el cuarto y quinto, siendo el bloque centra inaugurado y abierto en 1896 el central. El edificio se fue ampliando poco a poco por necesidades sanitarias y en 1968 se realiza la última obra de ampliación.

En 1984 el psiquiátrico no acepta más altas en sus instalaciones y para 1990 el Servicio Andaluz de Salud decide descatalogarlo como institución psiquiátrica pasando a ser gestionado por Diputación hasta el 1 de enero de 1991, se transfiere a la Junta de Andalucía quedando al amparo del Hospital Virgen Macarena como Unidad de Salud Mental hasta que el 1999 se dispone su cierre teniendo una prórroga el pabellón de Infantiles.

Hechos desconcertantes

El edificio, una vez abandonado, tuvo vigilancia y quedaba comunicado al resto de bloques en los que había personal trabajando, no obstante son los propios trabajadores los que manifestaban que pese a estar ya en desuso se escuchaban ruidos extraños e, incluso, pasaban “cosas raras”. El incidente que más asombró a un vigilante de seguridad fue aquel en el que, una noche, en una ronda, vio encenderse una luz. Accedió al sitio creyendo que podría haber entrado alguien en el interior. Buscó la zona en la que vio la luz y no le costó demasiado trabajo, la habitación se veía iluminada al final del pasillo. Al abrir la puerta la sorpresa fue que no había nadie y que en aquella habitación no había ni bombilla “entonces escuché claramente una voz que me llamó por mi nombre y como algo me empujaba hacia el poco mobiliario que quedaba en aquella habitación. Me giré, la puerta estaba cerrada y no había nadie que yo pudiera ver pero sentía, cerca de mí, una respiración… Fueron momentos de mucha tensión, nunca había pasado tanto miedo”.

Prácticas inhumanas

El edificio, al ser de la Diputación de Sevilla también tuvo otros usos, uno de ellos era la acogida de menores y, normalmente, había vigilancia dentro del mismo. El lugar, está marcado por el drama, por la tragedia mental de muchas personas, por la sinrazón de enfermedades que eran dictadas como “mentales” si más autoridad que la que dictaba la “Ley de Vagos y Maleantes” en tiempos de la dictadura en España. En aquellos años el trato era inhumano en muchas instituciones psiquiátricas y la sevillana no parecía una excepción. Así encontramos el relato, en 1972, de Juan Sánchez Vallejo, doctor que finalizaba sus estudios de Medicina en la especialidad de Psiquiatría en la Facultad de Sevilla. En una época en la que se consideraban terapias y tratamientos aptos prácticas hoy no permitidas como realizar lobotomías anulando “la violencia en el enfermo”y también su voluntad o el aplicar el temible electroshock.

La “Ley de Vagos y Maleantes” permitía que todo aquel que tuviera un comportamiento considerado extraño por un tercero, y se denunciara, pudiera ser ingresado en el llamado “manicomio” y allí pasar una temporada que podría calificarse de pesadilla como fue el caso de represaliados, homosexuales u otras personas sin más enfermedad que la de pensar de forma diferente, sentir o vivir fuera de los cánones clásicos marcado por la época.

Las condiciones de los psiquiátricos en España eran deplorables pues, en Sevilla, había masificación con casi 1500 enfermos de los cuales el 80% llevaban ingresados alrededor de 10 años. Se carecía de habitaciones, había enfermos salas no habilitadas o corredores. El doctor Sánchez Vallejo indicaba que en el Psiquiátrico de Miraflores se realizaban prácticas consideradas vejatorias cómo la de higienizar al enfermo sacándolo “a un patio en camisón, en invierno y en verano, donde un celador les rociaba los genitales con una manguera de agua fría y otro los fumigaba con insecticidas”.

Fenómenos inexplicables

Era el psiquiátrico un lugar en el que había una fuerte carga emocional, una fuerte carga psíquica y todo ello, antes o después, acaba saliendo y manifestándose se la forma más insospechada.

Una vez derruido el edificio sólo quedó como vestigio el solar donde antaño se asentaba. Sin embargo hay algo más… Los empleados –que ya no trabajan en este lugar- afirman que, hoy día, en aquel mismo solar, “pueden escucharse voces y llantos, impresiona mucho”, nos relataba una persona que estuvo vinculada al mismo. “Una noche cruzaba por esta zona, donde estuvo el manicomio y, de repente, me llamaron, por mi nombre. Me volví pero no había nadie, además la noche era muy mala, hacía mucho frío y se iba a poner a llover de un momento a otro. Seguí caminando y me volvieron a llamar, ya no tuve ninguna duda, algo invisible estaba pronunciando mi nombre y no era de este mundo”.

Nuestro protagonista silenció esta experiencia hasta una noche en la que vio a un compañero entrar lívido en el pabellón: “¿Qué te pasa? ¿Has visto un fantasma? Y me dijo que dando una ronda le habían llamado, se dio la vuelta y miró, alumbró con la linterna pero no vio a nadie, además la zona no es de las más oscuras pues es donde estaba el manicomio y llega la luz de la carretera y de la otra zona. Al no ver nadie creyó que era una mala pasada de su cabeza, entonces fue cuando algo le dio en el hombro, como un toquecito y pudo ver a un señor, con bata o “pijama” de paciente que lo miraba a apenas dos metros y se desvaneció ante él… Claro, al regresar el pobre tenía un ataque de ansiedad de la experiencia tan fuerte que vivió”.

Voces de nadie, ruidos extraños y “siluetas o sombras que se pasean por ese mismo sitio y que no están proyectadas por nadie”, son algunos de los fenómenos que hoy se pueden vivir en este preciso lugar pese a que el edificio -como tal- ya no existe.

Pero no son las únicas experiencias extrañas vividas allí, cuando el edificio estaba aún en pie un grupo de personas entró en el interior del mismo a través de la “sala de máquinas”, P.J. nos decía: “Fuimos a este lugar llamados por la curiosidad de ver que sucedía en su interior, venía una persona con dotes de médium. Él comenzó a sentir allí cosas muy fuertes, a manifestar mensajes coherentes con el sitio donde nos encontrábamos pero, lo más impresionante, fue una psicofonía que captamos dentro y que resultaba desgarradora”.

Testimonios y vivencias

José Luis S. también ha trabajado en su interior: “Yo trabajé mucho tiempo allí, cuando había pacientes y cuando no. Cuando había pacientes tenía un pase pero ¿y cuando estaba aquella ala sola? Pues se seguían oyendo gritos, pero no de un animal, que esos los conocemos, gritos de persona como si todavía hubiera allí dentro algo, un recuerdo, algo, el caso es que es tremendo… Cuando tú vas a las habitaciones de azulejos (llamadas así porque están alicatadas incluyendo el suelo, estaban dedicadas a tareas de limpieza) era horrible, percibías cosas, aquellos pasillos que no se acababan y podías oír como algo gruñía, o como te siseaban, o de cómo las luces se iban apagando y encendiendo tras de ti… Es horrible”.

Y seguimos escuchando los testimonios de aquellos que han sufrido experiencias de este tipo, María J. trabajó en el interior del edificio durante cinco largos años: “Era lo peor, cuando llegaba el turno de noche me echaba a morir, de día vaya porque hay luz y hay más gente…, pero de noche es que no se sentía un alma allí y para colmo es que éramos dos personas y con muy pocas ganas de bromas… Un día venía de uno de los patios y cogí el pasillo que lo rodea, entré en una de las galerías y sentí como me llamaban…”Mari” decía aquella voz…mira, un escalofrío me dejó helada, y otra vez aquella voz me dijo: “Mari”, miré buscando quién podía ser, no vi a nadie y salí corriendo en busca de mi compañera que se encontraba en el otro extremo del edificio, llegué tan nerviosa que tuvimos que parar cerca de una hora, ella no podía haber sido, al sentirme llamarla vino a mi encuentro y le conté lo que me había pasado, entonces ella me confesó que a ella también le pasaba muchas veces y que por eso llevaba siempre la radio puesta y alta…, esta vez tuve suerte y la pillé cambiando las pilas…Si no la llego a encontrar me muero”.

En este edificio también encontramos un módulo de la Cruz Roja y un centro de día, aún destaca su antigua arquitectura y las estancias para los residentes, las habitaciones, las zonas de limpieza alicatadas hasta el techo con los tragadores en medio de la sala, largos pasillos con puertas a ambos lados y un ambiente de extrema frialdad, a medida que subimos la situación se normaliza, habitaciones, pasillos y zonas comunes, en la zonas bajas se encontraban las estancias de los pacientes más violentos, las enfermerías, baños y cocinas, todo en estado de semiabandono. Ventanas tapiadas, rejas en las puertas y en las ventanas en las que el ladrillo no quiso cegar su luz.

Los vigilantes de seguridad siguen haciendo su ronda en torno al edificio y no dudan en llamar a las fuerzas del orden público siempre que un curioso o un osado buscador de misterios decide adentrarse en si interior.

Los vigilantes, esos inestimables confidentes, también tenían que contarnos algunas experiencias: “Es difícil deciros si pasa algo o no que sea extraño, hombre, por el tiempo que llevo aquí te diría que sí, que lo es, sobre todo cuando de madrugada, a las 3 miras algo que te llama la atención y es una luz en el edificio que se enciende, o una silueta, como si alguien llevara una luz que se pasea de un lado a otro cuando sabes que allí en ese momento no debería de haber nadie. Entras y buscas, con mucho miedo, y no hay nadie, vuelves a salir y allí está de nuevo la luz, acabas por no echarle cuenta, ¿para qué?

Otras veces sientes un alarido enorme desde el interior y prefieres pensar que es algún animal. Hombre, cuidado hemos de tener, muchas veces vienen chicos alentados por el programa de Iker Jiménez y se creen que venir aquí es venir de excursión a buscar fantasmas y aquí hay que tener mucho cuidado y tener en cuenta que hay personas trabajando, esto no es ninguna feria y luego demuestran ser muy inconscientes, ahí dentro te puedes hacer daño y aunque es muy difícil entrar si alguien entra y le pasa algo fíjate la papeleta para él y para nosotros. Sí que se pasa mal y se sienten cosas raras pero si echáramos cuenta a todo eso no podríamos trabajar aquí” sentencia nuestro amigo mientras salimos del edificio charlando sin echar la vista atrás.

En el año 2003 tuve la oportunidad de entrar en su interior, fui el primer investigador que lo hizo buscando explicaciones más allá de las fronteras de la Ciencia, vi sillas de ruedas y camillas de nadie, archivadores vacíos con vestigios de expedientes, objetos, polvo y abandono… No encontré respuestas pero si descubrí un sitio que me infundía miedo y compasión. Tal vez sea el mismo sentimiento que desde ese “otro lado” hoy manifiestan aquellos que siguen morando en lo que fue su “hogar”.

Fuente: EL CORREO DE ANDALUCÍA

Fenómenos paranormales en la comisaría de la Gavidia

Un imponente edificio donde el dolor y las tragedias personales se fundían con la delincuencia y la cara menos amable de la ciudad de Sevilla

Fenómenos paranormales en la comisaría de la Gavidia

Hay un lugar muy especial en Sevilla en el que, lejos del siempre evocador aroma del azahar, se esconde un imponente edificio que nos recuerda viejos tiempos, a veces imborrables en la memoria por su halo de maldad, allá dónde el dolor y las tragedias personales se fundían con la delincuencia y la cara menos amable de la ciudad, ese lugar es la antigua comisaría de la Gavidia.

Son muchos los sevillanos que recuerdan este vetusto edificio cuando aún funcionaba y se acudía al mismo a realizar mil gestiones como renovaciones del carnet de identidad pasaportes, denuncias… Todo lo relativo con la Ley y su cumplimiento está relacionado con el mismo e, incluso, agentes de esta comisaría participaron indirectamente en casos paranormales de Sevilla que, con posterioridad, serían notables en el panorama nacional.

Pero hoy es noticia por una serie de hechos que carecen de explicación y que se están produciendo en su interior, ruidos extraños, quejidos, llantos, gritos lastimeros e, incluso, hay testigos que han afirmado haber visto su interior una extraña sombre que deambula por diferentes zonas del mismo.

Experiencias imposibles

El edificio cerró sus puertas –oficialmente- en 2003 y desde entonces ha sido foco de no pocas polémicas. Pero lo interesante del edificio llega con los testimonios de aquellos que han accedido a su interior o han trabajado en el mismo. Es interesante pues narran sucesos que son calificados como inexplicables y que, de alguna forma, por lo acaecido, entran directamente en el terreno de lo paranormal.

Nuestro primer testimonio pertenece a J.M.L., entrado en años, tuvo la oportunidad de acudir a la vieja comisaría a realizar una inspección del lugar, su sorpresa sería mayúscula con una experiencia que iba a vivir, así nos lo narraba: “Fui a hacer una inspección de una zona del edificio, aquello estaba solo, era tras el cierre de la comisaría, a los meses, ya no había policía allí. Accedía a la planta donde me dirigía y fue cuando, por las escaleras, sentí como si alguien se quejara. Pensé que era en la calle, próximo a este sitio hay un colegio y unos grandes almacenes o una plaza con mucha gente, muy ruidosa. No le di más importancia. Estuve revisando los despachos, que aún tenían mobiliario y volví a sentí ese quejido. Me volví y asomé al pasillo no viendo nada extraño pero, de repente, note una bocanada de aire muy frío, se me pusieron los vellos de punta, y ante mí, a los pocos metros, pude ver perfectamente como un hombre pasaba con mal aspecto, desarrapado, con la camisa rota, desaliñado… Lo veía como te veo ahora mismo a ti y no pude menos que gritarle: “¡Oye!… ¿Necesitas ayuda?”. Aquel tipo no contestó y lo peor es que desapareció delante de mí igual que había aparecido”.

El testigo, cariacontecido, trató de reponerse de aquella impresión buscándole una posible explicación: “Pensé que podría ser alguien que por algún lado de había colado y que pasaba allí la noche, un “okupa” o un indigente, y que se habría hecho daño o algo pues el quejido indicaba que no se encontraba bien. Me dirigí a la parte donde lo vi y allí no había nada y mucho menos una puerta, ventana o agujero por el que pudiera haber podido escabullirse… Por mucho que traté de encontrarle una explicación no se la encontré y, a veces, es mejor no darle muchas vueltas máxime en un edificio como este”.

No es único caso que testimonia haber sufrido hechos extraños en su interior, así, A.G.P. y M.S.C., entraron en el interior de la comisaría “por echar un vistazo”. El acceso al interior estaba restringido y pocos eran los que podían tener acceso al mismo pero por razones laborales ambos estuvieron en la vieja comisaría. “Fue extraño, una cosa que jamás me había pasado. Era por la tarde, no deberíamos ni de estar allí pero ya sabes que hay veces que acudes a trabajar fuera de horario, ¡qué remedio! La cosa es que estaba con un compañero y sentimos pasos. Era raro pues sabíamos que sólo nosotros estábamos allí pero siempre piensas que se ha podido colar alguien y más en un edifico tan grande. Miramos en la sala pero no había nadie, era imposible vaya. Entonces volvimos a sentir pisada y fue cuando vimos a un chico joven, de unos 22 o 23 años, que parecía ir camino del sótano. Le gritamos que allí no podía estar pero siguió su camino como si tal cosa. Le seguimos, sentimos hasta más pisadas pero cuando llegamos a la zona donde debería estar lo único que encontramos fue una puerta cerrada a la que, desde luego, era imposible que hubiera accedido o abierto y por detrás estábamos nosotros con lo que era imposible que se hubiera ido sin que lo hubiéramos visto. Mi compañero entonces me dijo algo que nunca olvidaré: “Mira que este sitio tiene mal bajío, que aquí se escuchan cosas raras y que dicen que hay espíritus”. Y no sé la razón pero a mí se me cortó el cuerpo…”.

Nuestros dos testigos decidieron abandonar la vieja comisaría pero, antes de salir, volvieron a vivir algo extraño: “Nos íbamos ya pero al encarar la puerta que da a la calle sentimos claramente tras nosotros una voz joven, de hombre, que decía: “¡No os vayáis!”. Ambos nos volvimos y gritamos: “¡¿Quién hay ahí!?”. Nadie contestó, volvimos a preguntar pero no hubo respuesta. Fue cuando mi compañero dijo que estaba ya atardeciendo y que era mejor marcharse de la comisaría por si acaso y eso fue lo que hicimos”. Puede que todo sea producto de la sugestión y los relatos que pesan sobre el lugar pero la experiencia vivida no se puede negar a los testigos desconociéndose que pudo provocarla.

Una sombra por los calabozos

Una de las zonas que peores sensaciones da de esta comisaría es la de los calabozos, lugar frío –por lo que implica- donde también se ha podido describir lo que es llamado como “una sombra”. La zona de los calabozos, además, tiene una terrible historia, una historia que nos habla de torturas… Eran otros tiempos pero el acto contra el ser humano es igualmente deleznable.

En la zona de calabozos los testigos narran el haber podido escuchar, perfectamente y sin lugar a confusiones, lo que son “llantos y voces, susurros que vienen del interior de la galería de celdas y que, en muchos casos, es como si alguien estuviera allí pidiendo ayuda, llorando o quejándose de su destino”.

Pero también –quizás producto de la sugestión- se ha podido ver una sombra que se dirige a una de las celdas: “Cuando llevas una linterna o la antorcha de la cámara y, delante de tuya no llevas a nadie, pero ves cómo hay una sobra que se proyecta al interponerse con la fuente de luz te preguntas: “¿De dónde demonios sale eso?”, pues físicamente nadie llevas delante pero la sombra la has podido ver perfectamente”, comentaba otro de los testigos que ha accedido al lugar.

Los vecinos de las calles aledañas – cómo San Juan de Ávila- también comentan hechos que les resultan especialmente extraños tales como luces en las ventanas o una “sombra” que se pasea como si estuviera dentro del edificio. “Es difícil explicar sobre todo cuando saber que allí hace ya más de una década que no hay actividad policial pero, sin embargo, hay noches en las que ves luz en determinadas ventanas, una luz tenue que, desde luego, no es el reflejo de nada desde fuera. Ves esa luz que además va cambiando de ventana o la ves de lejos y piensas que igual es la propia Policía que ha acudido a algo al edificio o que hay un vigilante de seguridad haciendo una ronda, pero luego te enteras que ni lo uno ni lo otro… O cuando vez una silueta y dices “ahí hay alguien” pero tampoco y, lo peor, es que desaparece delante de ti… No quieres creer en fantasmas pero hay ocasiones que invita a ello”.

La comisaría de la Gavidia

En el lugar que ahora está la comisaría de la Gavidia antaño podíamos encontrar –según plano de Pablo Olavide fechado en 1771- un entorno muy diferente pues la cercana Plaza del Duque estaba acompañada por una iglesia gótica: la iglesia de San Miguel. Fue construida en el siglo XIV y demolida por La Gloriosa en 1868; en este entorno también encontramos un colegio jesuita, el de San Hermenegildo. Con posterioridad el colegio pasaría a ser un cuartel que se derribó en 1957 del que se mantuvo el templo oval con catalogación de Monumento Nacional. En la zona también destacan los palacios de los Sanchez-Dalp, Palomares o de Cavalieri que se demolieron siendo alcalde de Sevilla el Marqués del Contadero. La Plaza del 18 de Julio constaba de tres bloques y en uno de sus lados se edificaría la Comisaría de Policía, en 1966, siendo obra de los arquitectos Monserrat y López de Asiaín.

Pero la comisaría, la Jefatura Superior de Policía Nacional y de la Capitanía General, es hoy Lugar de Memoria Democrática, consideración otorgada por la Junta de Andalucía en el año 2017 y es propiedad del Ayuntamiento de la ciudad.

Hechos horribles

La comisaría de la Gavidia guarda un secreto que bien pudiera justificar los extraños sucesos que –a decir de los testigos- se producen en su interior. Así es conocido que en una zona concreta de la misma, el centro de detención, las personas eran torturadas. Era la década de los 60 del pasado siglo XX y en este país las libertades no eran respetadas, así las personas relatan cómo dentro de las mismas se pegaba a los detenidos hasta límites insospechados. La Sevilla de la época estaba “gobernada” por José Utrera Molina, exministro de Franco y Gobernador Civil de Sevilla, y sobre él recaen muchas de las responsabilidades de aquellos años.

María del Carmen Vázquez era una empleada del sector textil que, en aquellos años, desarrollaba una sindical “molesta” para autoridades y empresarios. Ella refiere cómo fue detenida por dos policías y llevaba a un sótano donde es introducida en una celda, una celda “fría y oscura”. El mismo sitio donde hoy se escuchan esos quejidos lastimeros, esos quejidos de otros tiempos.

Otra trabajadora, del sector de la sanidad, Fátima Carrillo, vivió algo muy similar y así lo narra en el documental ‘Comisaría de la Gavidia. Lugar de Memoria Democrática’, de Comisiones Obreras (CCOO) y realizado por Intermedia Producciones en colaboración con la Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía así como el Ayuntamiento de Sevilla “una cosa como lo que contaban de los nazis: tuve la sensación de que podía desaparecer”, sobre los calabozos y la tortura psicológica a las que se sometía con sólo ver el lugar; ella fue detenida por su relación con la propaganda política de la época.

El sindicalista Eduardo Saborido, en 2006, decía de la Gavidia: “Es un pasillo sin salida con tres calabozos pequeños que se conservan. Una piedra para dormir. Silencio sepulcral. Totalmente aislado en esta celda bastante sucia generalmente”.

Kechu Aramburu era una estudiante con militancia política, fue detenida y conducida a la Gavidia, allí “se quiebra una parte de nuestra vida” y se hace “realidad y tangible la lucha por la libertad., añadiendo que en la vieja comisaría “todo era posible, te podías quedar allí, maltratos, tortura…”.

Francisco Rodríguez, en el mismo documental, narra otra dura experiencia: “Mi madre le dijo a Beltrán (el agente de la Brigada Político Social Francisco Beltrán): ‘Mire, le voy a decir una cosa. Me sacaron dos hermanos de mi casa y no volvieron. A mi marido le sacaron a su padre y tampoco volvió. Éste tiene que volver porque yo me he quedado con su cara’. La pobre… Y le dijo: ‘Señora, por favor, eso eran otros tiempos’. Serían otros tiempos, pero a punto estuve de no volver tampoco”, fue detenido por propaganda política.

Paco Sánchez Legrán era trabajador de Hispano Aviación, en Triana, fue detenido tras las pintadas en fábrica de textil de Hytasa en 1969, recordando: “La BPS me pilló y fui directo a los calabozos. Nunca supe si era de día ni de noche pero nunca lograron que tuviera miedo hasta que me vi la cara destrozada por los puñetazos y las patadas en el estómago”. Del comisario Beltrán no guarda buen recuerdo: “Era un torturador psicológico que venía cuando terminaban de pegarme los de la rueda. Otros agentes te pisaban, te tiraban al suelo, te volvían a levantar. Eso ocurría en la tercera o cuarta planta y en el sótano estaban los calabozos”.

A modo de conclusión

La negra Historia del lugar, la cruel Historia de la Gavidia, su pasado más remoto, su relación con hechos totalmente censurables permitidos o mandados realizar por las autoridades de la época hace que la Jefatura Superior de la Policía Nacional sea un lugar marcado, un lugar marcado por lo desconocido.

Tal vez todos estos fenómenos inexplicables, o paranormales, no sean más que el resultado de toda esa energía, sufrimientos, dolor, represión y deshumanización contenidos en ese contenedor de emociones que es hoy el edificio de la vieja comisaría de la Gavidia… ¿Quién sabe?

Voces del Misterio V008: MALDICIONES Y FENÓMENOS EXTRAÑOS EN EL CINE

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“Voces del Misterio” V008 en el que hablamos de FENÓMENOS PARANORMALES EN EL CINE, una apasionante recorrido por aquellas películas que nos atraparon con el miedo o el terror de su argumento pero también con algo tremendo: hechos inexplicables que ocurrieron en el rodaje, con Pedro Pilar Jiménez. En “Voces del Misterio”, en SFC Radio 91.6 fm.

https://www.ivoox.com/voces-del-misterio-v008-maldiciones-y-fenomenos-extranos-audios-mp3_rf_28074439_1.html

¿Quién se esconde tras Verónica? Nos acercamos al Expediente Warren español

El pasado verano se estrenaba “Verónica”, adaptación cinematográfica basada en hecho reales.

El pasado verano se estrenaba "Verónica", adaptación cinematográfica basada en hecho reales
El pasado verano se estrenaba “Verónica”, adaptación cinematográfica basada en hecho reales

 

El de los Gutiérrez Lázaro es uno de los expedientes X más interesantes en la historia reciente paranormal en España, entre muchas razones porque es uno de los pocos que consta de informe policial, hecho este que da mayor validez a los hechos ocurridos en la calle Luis Marín nº 8, en el populoso barrio de Vallecas.

El pasado mes de Agosto, Paco Plaza (REC) estrenaba el film“Verónica” adaptación del cineasta sobre los #Sucesos vividos por la familia Gutiérrez Lázaro y su hija Estefanía.

Un Expediente Warren en Vallecas

En Marzo de 1990 y con 16 años Estefanía Gutiérrez lázaro aprovechaba un descanso en el colegio Aragón junto a varias compañeras para practicar una sesión de ouija, la finalidad era contactar con el novio fallecido de una de ellas, muerto en un accidente de motocicleta; pero dicha sesión fue interrumpida de forma abrupta por la profesora de las menores, la cual cogió el tablero y lo rompió.Mientras rompía la ouija el vaso de la sesión estalló liberando una especie de humo que fue inhalado accidentalmente por Estefanía.

Días después de este suceso, la joven, comenzó a sufrir unas enigmáticas convulsiones y estados alterados de consciencia en donde afirmaba que veía figuras extrañas cogidas de la mano a su alrededor que la llamaban por su nombre, y de situaciones donde era presa de una gran agresividad y fuerza inusual mientras expulsaba espuma por la boca, en uno de estos episodios se abalanzó sobre su hermana para atacarla, gracias al resto de la familia, que pudo detenerla a tiempo todo quedó en un susto.

En los meses siguientes Estefanía visitó varios centros de salud en los que se le hicieron las pruebas y analíticas oportunas a su estado, y donde ningún médico de los que la atendió pudo certificar que tipo de enfermedad padecía la joven, es más, sus conclusiones fueron que la adolescente se encontraba perfectamente;aunque la situación no hiciera más que empeorar.

Las convulsiones y los estados alterados se hacían más recurrentes y ya no se limitaban al domicilio de la joven, los padecía en cualquier lugar, los hermanos referían que adoptaba posturas parecidas a la de un animal.

El 14 de agosto (mes en que se estrenó la película) de 1991 Estefanía moría en la cama de su habitación, la muerte le sobrevino de manera súbita y en extrañas circunstancias. Según el informe del anatómico forense de Madrid se dictaminaba la muerte de esta manera: muerte por parada cardo-respiratoria.Muerte sospechosa por acaecer de manerasúbita”.

Tras ese fatídico día toda una ristra de fenomenología “paranormal”comenzó a manifestarse en casa de los Gutiérrez Lázaro: injustificadas ráfagas de aire, crucifijos que se movían, desplazamiento de objetos etc. Una noche en la que Concepción y Máximo (padres de Estefanía) se disponían a cenar, la puerta se abrió sola ante la mirada atónita del matrimonio, a partir de aquí los fenómenos se tornaron más virulentos y las sombras y las etéreas figuras comenzaron a visitar a los Gutiérrez Lázaro.

La realidad superando a la ficción: 27 de noviembre de 1992

Esa fue la fecha en que la familia, después de un año de angustia y pavor hace una llamada a la comisaría de Vallecas donde explican que los crucifijos se mueven sin control y que hay una sombra que los acecha desde el pasillo, al domicilio se dirige una pareja de la policía nacional, el inspector y un psicólogo, la pareja se queda acompañando a Concepción y el inspector y el psicólogo acompañan a Máximo al cuarto de Estefanía, donde este les explica lo sucedido a su hija; mientras transcurre la explicación del padre oyen un golpe en la terraza del cuarto, similar al ruido que hace una piedra al caer tras ser lanzada.

Al comprobar la terraza y no ver nada el inspector llama de inmediato a la pareja de policías que le corroboran que no se han movido del salón y le cuentan al inspector lo sucedido en el mismo, que la puerta del mueble-bar se había abierto de manera violenta para impactar contra la cabeza de uno de los policías, hecho este que no llega a consumarse gracias a la rapidez del compañero en avisarle. La incidencia se comunica y son enviadas dos patrullas más al inmueble, las cuales redactaran lo ocurrido esa noche en un informe oficial.

El informe policial

El relato de josé Negrí, inspector general en 1992 y testigo.

Lo primero que me impresiona es que llego a la casa y veo a la familia en la calle con un frío espantoso y la madre con un niño de pecho, así que intenté tranquilizarlos.

Entramos seis policías y nos sentamos en el salón, empezamos a hablar y la familia empieza a contar lo que le había pasado su hija.Apagan las luces y no pasan más de dos minutos cuando una de las puertas se abre de forma violenta. Encendimos la luz e hicimos una inspección para ver porque había ocurrido aquello.Recuerdo que de los compañeros solo aguantó uno dentro del domicilio;decidí preguntar en qué otros sitios ocurrían los fenómenos y era en el cuarto de la hija, vamos para allí y oímos un ruido estruendoso, similar al de una cacerolada; salimos a la terraza pero no vimos nada.

En el cuarto de baño, que no lo utilizaban, se me puso el pelo de punta y sentí un frío interior que nunca había sentido; salí de allí intentando disimular”.

Los fenómenos pararon cuando exhumaron el cuerpo de Estefanía en 1996, la familia se mudó del domicilio y los actuales inquilinos afirman no haber presenciado acontecimiento alguno de índole extraña.

Concepción Lázaro

En el mes de Abril de 2016, uno de los componentes de la familia Gutiérrez Lázaro volvía a ponerse en contacto con la prensa después de transcurridos 20 años, el motivo, hacer llegar una nota aclaratoria sobre el informe llevado a cabo por un psicólogo, un hipnotizado y un grafólogo realizado en el domicilio de la familia el 9 de Noviembre de 1996 a Dña. Concepción Lázaro, donde se refleja un discreto desequilibrio emocional, neurosis y tendencia a la ansiedad;la aclaración recalca que dicho informe carecía y carece de validez.

El expediente Vallecas siempre fue y sigue siendo uno de los casos en la casuística paranormal de España más controvertidos y especiales por como ocurrieron los sucesos y por los testigos de los mismos; gracias a Paco Plaza por acercar al espectador una de las crónicas de misterio más inquietantes de la geografía madrileña.

El encuentro extraterrestre de Jaime Bordas Bley 

JBORDAS (2) arregladoDesde que conocí los hechos vividos por Jaime Bordas Bley, percibí esa particular sensación de encontrarme delante de un caso de excepcional importancia. Siempre que leía aquellas experiencias notaba la energía de la certidumbre, “he aquí un hecho a tener muy en cuenta”, me decía para mis adentros. Par mi es evidente que diversas circunstancias de su vida, desde la infancia, estan enlazados y de alguna manera fue “elegido” para ofrecer un testimonio de la presencia de seres de otros mundos entre nosotros. ¿Por qué? Esa es una respuesta muy difícil de ofrecer, si bien tengo algunas sospechas ya que conozco otros casos similares.

Todo ello hace que este caso reúna todos los caracteres de los casos que pretendo recoger en esta sección para compartirlos con todos los que no los conocen o que sientan esa mismo sentimiento que me embarga. Aquí hay respuestas o, al menos, indicios de ellas.

Antecedentes

En noviembre de 1968 apareció en las librerías españolas una monografía titulada “Jacques B. Bley” (Ed. Telstar, Barcelona) escrita por un autor desconocido bajo el seudónimo de Ricardo Blasco Romero. El libro, no obstante, tuvo el suficiente éxito como para que se hiciera de él una reimpresión en muy poco tiempo. Incluso hoy es posible encontrar ejemplares en diferentes librerías de viejo.

Quien se ocultaba bajo aquel seudónimo no era otro que Antonio Ribera Jordá, pionero de la investigación ufológica en España y en Europa, uno de los fundadores del CEI (Centro de Investigaciones Interplanetarias) de Barcelona.

A partir de 1969, Antonio Ribera publica una serie de libros en diferentes editoriales, donde el fenómeno OVNI ocupa la principalísima atención del autor Con el transcurso de los años irían sucediéndose toda una serie de obras sobre la cuestión, publicadas por la editora barcelonesa Plaza y Janés. Pero quedaban también otros temas para Ribera, que fueron plasmados en libros que hoy en día resultan auténticas joyas para los curiosos impenitentes; a ello se añade su ingente labor como traductor, entre cuyos trabajos anotamos la traducción del inglés al español del fundamental libro de Vallée “Pasaporte a Magonia”, publicado por Plaza y Janés en 1972

En la histoLibro Jacques B. Bleyria de Jacques Bley o Jacques Bordas, Antonio Ribera, utilizando el seudónimo de Ricardo Blasco Romero, publicó en forma novelada la vida de un gran amigo suyo, un extraño personaje que convivió con lo paranormal desde muy pequeño y que hasta despertó el interés del prestigioso ufólogo franco-norteamericano Jacques Vallée.De hecho se trata de la curiosa biografía de un personaje vinculado durante algunos años al macizo del Montseny, más concretamente, al observatorio del Turó de l’Home  (Cerro del Hombre). El protagonista no es otro que Jaime o Jaume Bordas Bley, titular del observatorio desde que lo dejaron los primeros caseros, el matrimonio Gil (Josep Gil y Maria Oliver), desde principios de los años treinta hasta el final de la guerra civil.

 El libro contiene notables anécdotas de la época, de tipo climático y humanas, pero también de hechos misteriosos como apariciones fantasmals en la cumbre del Montseny, como la que transcribimos seguidamente:

“Una noche, aparentemente tranquila llamaron a la puerta del refugio. Al abrirla, Jaume no vio nadie, y tampoco al comprobar los alrededores. Vuelto a su litera escuchó como si arañasen muy suavemente los porticones de la ventana. Se acercó cautelosamente y la abrió con celeridad, con la intención de sorprender al fantasmal visitante.

Ante sus ojos apareció de nuevo el estrellada noche, pero esta vez, sobre el fondo oscuro se distinguía una forma densa que tenía apariencia humana, dándole la espalda, andando ingrávido, huyendo… ¡hacia el abismo! A Jacques le dio un terrible vuelco el corazón y estuvo a punto de perder la serenidad. Aquel desconocido iba a caerse irremisiblemente.

La opaca silueta siguió avanzando horizontalmente, deslizándose en el aire, sobre el vacío, sin caer en el abismo, hasta que desapareció en el horizonte nocturno, esfumándose para no volver nunca más”.

Pero la siguiente aparición, de otro cariz completamente diferente, ocurrió en pleno día:

“Viniendo de Santo Marçal y cuando se disponía a tomar  el atajo de las Agudas, que empieza al mismo pie de esta cumbre, para efectuar la escalada de la pared por este lado, Jacques percibió unos pasos, experimentando la sensación que lo seguían a lo largo del sendero. Aquello lo puso en guardia. Aquel camino  no era frecuentado por los excursionistas. Lo extraordinario era que quien fuera pudiera aguantar su rápido paso de montañoso. Tumbándose todo de un plegado se encontró delante un individuo rubio, típicamente germánico, en *horts y calzando una especie de botas que recordaban las de un patinador, abrochadas por el centro hasta media pierna.

Era joven, de unos 28 a 30 años de edad. Jacques decidió continuar su camino sin darle más importancia al encuentro. Podría tratarse de una mera casualidad. (…) De repente dejó de sentir sus pasos… Se tumbó: no encontró nadie. Rehizo una parte del camino. Dio voces, pero no obtuvo ninguna respuesta”.

Canigó

Jaume Bordas tuvo un último encuentro en 1951, en su exilio francés, en el Monte  Canigó. A lo largo de algunas semanas este personaje, de características muy similares las descritas, iba a visitarlo a su propia casa para pedirle pan y leche.

Según nos cuenta Ribera, desde su más tierna edad Jacques Bordas (Jaime Bordas) acusó una propensión hacia el linfatismo, lo que le llevaba a acumular considerable cantidad de grasa en su organismo. Una noche del mes de agosto de 1923, Jacques, que por aquel entonces tenía 12 años, se hallaba tendido en su lecho y no podía conciliar el sueño. Estaba inquieto, preso de una extraña sensación, hasta que sintió un deseo irrefrenable de levantarse e ir a la terraza.

Finalmente se levantó y tomando una manta subió a la azotea de “Can Tena”. Eran las tres de la madrugada. He aquí lo que sucedió después:

Por el lado del mar aparecieron unos aparatos en forma de V, de aspecto metálico; su tamaño oscilaba entre los dos y tres metros. Uno de ellos se abrió en forma de abanico, dando la impresión de una extraña ave con alas extendidas. De su interior surgió un ser de apariencia humana. Aquel ser se le aproximó. Apenas parecía tocar el suelo con los pies. El desconocido visitante tenía su misma estatura: un metro veinte centímetros aproximadamente.

-“Hemos venido a verte -le dijo- porque queremos que sepas que estás bajo nuestra protección…Tú serás un hombre fuerte, pero no sólo física sino espiritualmente. Te protegeremos.”

“Su enigmático interlocutor -continua Blasco en su libro- extrajo un objeto de su pecho cuya forma era de un caramelo grande y cuadrado.”

Tras comérselo el problema de Jacques Bordas empezó a desaparecer.

Pasaron los años, y Jaime Bordas Bley, tras el drama de la guerra civil, emigraría y fue a vivir a Francia, al otro lado de la cordillera Pirenaica. Allí sería protagonista de una apasionante historia que, como veremos, parece conectar de alguna manera con los extraños hechos que el mismo vivió años antes.

Transcribimos esta extraordinaria historia del libro “¿De veras los OVNIS nos vigilan?” (Plaza y Janés – Barcelona 1974), de la autoría de Antonio Ribera:

El enigmático personaje del Canigó:  Jaime Bordas Bley

Mi amigo Bordas es por muchos conceptos un personaje extraordinario: ex meteorólogo, llego a ser una de las primeras potencias de Andorra; regentaba en la éроса en que se sitúa este suceso (junio de 1951) un hotelito situado al pie del Canigó, en el pueblo de Casteil о Castell у un poco mas arriba de la estación balnearia de Ver-net-les-Bains. El nombre del hotelito era «Hostal de l’Isard» (Hostal del Rebeco).

En los comienzos del verano de 1951, Jaime descansaba en el patio del «Hostal de l’Isard», bajo la sombra de unos perales. Por la puerta de la terraza que daba al lado de la montaña у al valle del Cadi, hizo su aparición un individuo que se detuvo en la entrada.

—Bonjour —dijo cuadrándose mientras realizaba una leve inclinación con todo el cuerpo.

Jaime le devolvió el saludo maquinalmente, examinándolo con detenimiento.

El individuo en cuestión era alto, de 2 metros. Su andar era pausado у su voz había sonado en tono bajo pero de timbre claro, que sin ser excesivamente varonil no correspondía a su físico.

Lo que mas atrajo su atención, además de su extraña voz у sus peculiares modales fue su aspecto у su manera de vestir. Llevaba unos pantalones ajustadísimos, a modo de unos leotardos en donde resaltaba toda la musculatura de los muslos, bajo aquel color indefinible, de tonos azules, petrolíferos у grisáceos. Las largas у perfectas piernas rememoraban las de una estatua griega, tal vez demasiado largas en proporción al resto del cuerpo. Calzaba unas botas de media саñа, de una sola pieza, sin ojales, ceñidas, muy negras, confeccionadas con una especie de piel extraordinariamente mate. Llevaba el torso ceñido por un bluson en el que destacaba un bordón de un dedo de grueso en torno al cuello. El blusón era un poco holgado, sin ajustarse tanto como el pantalón pero marcando su figura. Le llegaba hasta la cintura, rematado por una tira -a modo de cinto estrecho- cerrado por contacto, al igual que la abertura cen­tral.

Es de notar que los cierres de contacto, tipo «Velcro», por ejemplo, aun no se habían inventado.

La blusa también estaba cerrada por sendos bordones rodeándole las muñecas. Este detalle hizo que Jaime se fijase en las manos del «desconocido»: eran unas manos provistas de dedos finos, alargados, bellas, muy afeminadas, lisas, blancas sin vello ni venas destacadas. Pese a su estrecha cintura tenia el cuerpo atlético у era bastante ancho de hombros. Su conjunto era más bien fino, de una esbeltez notable у no aparentaba poseer ni un solo gramo de grasa.

Tipo BetaEn cuanto a su tez, era blanca, ligeramente sonrosada. Imberbe. Los cabellos de un rubio claro, cayéndole casi hasta los hombros -de una manera similar a la del famoso «venusiano» de Adamski-, provisto de amplias ondulaciones у vuelto ligeramente hacia el interior por abajo.

Su cara era alargada, provista de una boca perfectamente dibujada, más bien sensual que fría, con los labios ligeramente carnosos у bien formados. Al hablar mostraba una dentadura normal у sana. La nariz de trazo rectilíneo sin ser clásica, algo achatada en las aletas, pero por encima de ellas continuaba en punta. Poseía unos ojos muy grandes, almendrados, de un azul límpido, tan claro que su mirar daba la sensación de ser un tanto desvaído pero llenos de vitalidad. Eran unos ojos propios de una mujer bellísima, turbadores, casi insondables у cuando el «desconocido» posaba su enigmática mirada sobre él, Jaime experimentaba la sensación de sentirse atravesado de parte a parte. No le era posible sostenerle la mirada ni fijar sus pupilas en las de aquellos ojos. Cada vez que lo intentaba sentíase intimidado a pesar de que el «desconocido» le contemplaba atento у respetuoso.provistos de una especie de magnética penetración.

Las cejas eran finísimas, formando un trazo rubio bajo una frente enormemente espaciosa. Hablaba sin gesticular. Su сага у sus manos no se movían. Sus brazos se apoyaban en la mesa, quietos también. Daba la impresión de que en él todo el cuer­po era pura voz surgiendo con el mismo diapasón: muy agradable, sin inflexiones, sin altos ni bajos, sua­ve pero a la vez penetrante у clara. Usaba un francés «químicamente puro» sin que resaltase ningún acento regional determinado. Empleaba un vocabulario de elevada técnica; sin embargo, todo lo exponía con sencillez у claridad. Aparentaba tener de 30 a 35 años.

—Quisiera pedirle un favor.

—Siéntese —le invitó Jaime con amabilidad.

El «desconocido» tomó asiento en una silla, a su lado.

Al tenerlo tan cerca observo que la tela de su vestido tenía una contextura especial, lisa, al parecer sin fibras, como de espuma.

—He venido a verle para pedirle —continuo el «desconocido»— un favor.

—Si esta en mi mano…

—Espero de su amabilidad que me facilite cada día, a esta hora, un par de botellas de leche у pan.

—No me dedico a vender lo que solicita —replicó Jaime—. Esto es un restaurante.

—Lo se —admitió el desconocido—, pero no puedo dirigirme a nadie mas en este pueblo. Si no me vende lo que le pido me causara una extorsión.

—¿Y por que una extorsión?

—No tengo documentos ni dinero —aclaró—. Además, he de procurar que me vean paseando por los alrededores de su casa lo menos posible.

Jaime pensó que su misterioso interlocutor podía ser un perseguido о un fugitivo político.

Entretanto, el «desconocido» le miraba fijamente con un rostro que se iluminaba, pero sin llegar a sonreír. En realidad no le vio sonreír jamás, únicamente en determinados momentos se le aclaraba toda la faz. Diríase que sonreía interiormente, sin ningún signo externo, como si la vida física cediese a la in­terna, a la espiritual.

Jaime accedió a su petición.

—Muchas gracias —dijo su extraño visitante con aquella indefinible expresión.

—Mañana ya puede pasar a recoger el pan у la leche, que yo iré a buscar al pueblo.

El « Hostal de l’Isard » estaba enclavado en la misma entrada de la población.

De súbito, Jaime le pregunto:

—¿De donde viene usted?

—De arriba.

—¿Esta en Marialles о cerca del Coll de Jou?

—De arriba —repitió el «desconocido».

Jaime no quiso insistir. Hubiera deseado saber la identidad de aquel raro personaje pero se contuvo. Un cuarto de hora antes de que este se fuese le hizo prometer que seria muy discreto у no revelaría a na­die su presencia, quedando en volver al día siguiente a la misma hora.

En efecto, a la hora concertada volvió a comparecer, hizo la misma clase de salutación que el día an­terior у fue a sentarse directamente al lado de Jaime.

—Me gustaría saber que es lo que hace usted por esta región —dijo Jaime procurando no dar demasiada importancia a sus palabras.

—He venido con una misión científica —le respondió—. Más adelante le diré de qué se trata.

—¿Es usted un científico?

El «desconocido» asintió con la cabeza.

—¿Por qué rama de la Ciencia se interesa?

—Por muchas —contesto, preguntando a su vez—. ¿Usted también se interesa por la Ciencia?

—Si. Bastante.

—Pues sepa usted que esta región es muy interesante para la Ciencia. El macizo del Canigó es riquísimo en mineral, pero además tiene otras cosas que usted no podría comprender nunca.

Le hablaba benévolamente, como si tratase con un niño de diez о doce años. Le exponía las cosas con claridad у sin el menor asomo de suficiencia о pedantería. En el tono que empleaba no existía el menor atisbo de orgullo о petulancia. Se limitaba a hablarle del Canigó. Entre otras cosas le dijo que era una montaña de hierro, magnética. Acaso esta inesperada información explicase los frecuentes accidentes de aviación que se han ido registrando у cuyo historial desde 1945, comprende una trágica lista de once catástrofes de aviación, con un total de 229 muertos. Posiblemente los compases de los aviones fueron desviados por la fuerza magnética de la montaña.

Al tercer día, extrañado ante las escasas necesidades que demostraba tener el individuo, le pregunto:

—¿No quiere que le traiga otra cosa del pueblo

—Ya tengo suficiente —repuso con su habitual tono de voz.

—Me es usted muy simpático —insistió tratando de romper aquella especie de hielo que les separaba—. Si le hace falta algo mas sólo tiene que decírmelo.

—No necesito absolutamente nada mas —atajo el visitante. Tras una pequeña pausa continuó—: Yo me alimento únicamente de pan у leche.

Esta declaración no le sorprendió demasiado. Jai­me había sido vegetariano durante muchos años, por lo que este tipo de alimentación, un tanto sobria, la atribuyó a una cuestión puramente dietética. «Acaso este enfermo», pensó para si. Con singular naturalidad, el «desconocido» empezó a desarrollar temas mas profundos, de un curioso carácter social.

—El Régimen francés es retrógrado —díjole entre otras cosas у agregando a continuación—. Desde luego, el planeta en que nos encontramos esta compuesto por una sociedad dislocada. Todo en vías de arreglo, pero aún no hay nada que se sostenga.

Por sus palabras у рог los conceptos que vertía —que a veces solo entendía confusamente— le pareció un autentico comunista. Este concepto ideológico que había formado del «desconocido» se reafirmo al oírle decir:

—Existe un país que tan sólo es un embrión de lo que será el mundo del futuro. Pero solo es un embrión.

Jaime le escuchaba cada vez mas interesado.

—Es preciso desarraigar el egoísmo del hombre, totalmente. Ustedes creen que es algo congénito, pero no, no lo es. Aunque la tarea de su expulsión será muy dura.

Hizo una pausa. Daba la impresión de que sus pa­labras surgían por todas las partes de su cuerpo provocando una especie de fascinación a la que no podía sustraerse.

—El hombre se considera solo en la Tierra у no sabe que no es más que uno de los elementos de la evolución. Con todo su desmesurado orgullo, con toda su pretendida sabiduría, ignora que en el planeta Tierra existe un animal, hoy en proceso evolutivo que andando el tiempo le sustituirá. Actualmente no puede sospechar que ya se esta preparando algo que le superara.

—Me gustaría saber que clase de animal o…

La intensa у fija mirada del «desconocido» cortó su pregunta. Cada vez mas cohibido se vio obligado a apartar la mirada de él.

Y de nuevo, sin saber cómo, se entabló la conversación. Uno de los temas en que insistió muchísimo fue el de las fuerzas ocultas que ahora el hombre cree dominar.

—Al hombre se le han dado muchas atribuciones para dominar gran cantidad de fuerzas extraordinarias, pero el no lo sabe. Y si hace mal uso de ellas, únicamente conseguirá la precipitación de su propio holocausto у la aparición de esta cosa que vendrá después. El hombre ha de esperar. Tiene que saber esperar a darle tiempo al tiempo, sin quemar estérilmente las etapas. Solamente entonces será posible que, el hombre actual, llegue a enlazar con esta cosa futura.

Cada vez se hallaba más convencido de que su misterioso visitante era un ruso. Esta opinión la compartían los escasos habitantes de Castell que habían visto a aquel etre bizarre (ser extraño), como lo clasificaban en sus patios del Rosellón. Sobre todo al oírle decir:

—Nosotros podemos evitar el cataclismo que las potencias capitalistas pueden provocar.

En otro retazo de las conversaciones que sostenían afirmó:

—Sus hijos verán el final de las religiones. Al menos tal como están estructuradas en la actualidad.

Hablando de la generación de la posguerra у de la rebelión de los hijos, expresó:

—Las revoluciones só1o vendrán de las juventudes. Con sus pensamientos lisamente expuestos semejaba prever una verdadera mutación de la juventud.

El «desconocido» ya llevaba cuatro о cinco días en Castell, у pese a sus precauciones, se había convertido en la comidilla de sus habitantes.

Una mañana, estando ambos sentados en el patio, salio el hijo de Jaime, llamado como él у llevando entre sus manos una máquina fotográfica.

—Papa, os haré una foto.

Pero el «desconocido» mirándole con fijeza, rechazó diciendo con tajante acento:

—No. No, gracias.

Ante la insistencia del muchacho su rostro se alteró рог primera vez tomando una expresión muy rara. Al fin accedió diciendo:

—Bien, hágala. De todos modos es inútil. No vale la pena.

Jaime les hizo no una, sino dos fotografías. Al revelar el carrete, transcurridos unos días, cuando ya el «desconocido» se había despedido de Jaime, los dos fotogramas correspondientes a aquel par de exposiciones aparecieron en blanco. La película aparecía completamente transparente, sin señales de emulsión. Los otros seis fotogramas de la misma película, tamaño 6×9, salieron bien, mostrando escenas familiares.

El hecho continua tan inexplicable ahora como cuando tuvo lugar.

El día de las fotografías el «desconocido» insistía en un tema, que sin lugar a dudas, le era muy caro: el de la perversidad del hombre que, según él, tocaba ya a su fin.

Transcurridos unos días, Jaime, sin poder dominar por más tiempo su creciente curiosidad decidió seguir los pasos del «desconocido» sin que este se diese cuenta. Al abandonar el «Hostal de l’lsard» comenzó a seguirle con la mayor discreción posible. Después de traspasar el puente del río Cadi volvió a subir hacia el Coll de Jou. Con no pоса sorpresa pudo comprobar que el «desconocido» subía sin esfuerzo alguno, como si la cuesta descendiese en forma suave en lugar de ascender empinadamente. Tan regular у elástico era su paso. «Subía como una pluma…»

Manteniendo siempre la misma distancia le vio llegar hasta la parte superior de la cuesta. Allí, entre la espesura del bosque, le esperaba un ser de apariencia у traje iguales a los del «desconocido», aunque un poco más bajo de estatura. Tuvo la impresión de que se trataba de una mujer.

Los dos seres, sin saludarse, continuaron ascendiendo por el monte, introduciéndose en un bosquecillo. Jaime se vio obligado a seguirles por las alturas, ocultándose entre las matas, procurando no perderles de vista ni un solo instante.

2059979587_2069e0a3c0_oEl «desconocido» у su idéntico acompañante se detuvieron en un pequeño claro del bosque. En el centro del mismo, en una especie de calvero divisó algo que tenía toda la apariencia de una tienda baja, no cuadrada, sino ovalada о circular, con la parte central más elevada. Su color era como «gris metálico». Por más que se esforzó no pudo ver toda la superficie de la supuesta tienda de la que le separaba una distancia de unos 200 metros aproximadamente.

Montañero experimentado, quedose estupefacto ante aquel tipo de tienda. Caso de serlo, pertenecía a un género de confección muy rara en la época, utilizado só1o por las expediciones del Himalaya у en las misiones polares de Paul Emile Victor.

Los dos misteriosos personajes comenzaron a pasear alrededor de la tienda. Jaime no quiso ser inoportuno e indiscreto у decidió retirarse. Pero su curiosi­dad no quedaba satisfecha. Lo primero que hizo cuan­do el desconocido volvió de nuevo al Hostal, con su acostumbrada puntualidad, fue lanzarle de sopetón la siguiente pregunta:

—Pero, ¿Qué hace exactamente usted aquí?

El desconocido adoptó su postura acostumbrada, mirándole sin despegar los labios.

—¿Cómo se llama usted? —insistió con idéntico resultado.

Conformado pero no satisfecho por la imperturba­ble postura del «desconocido» desistió de hacerle más preguntas por el momento. Era casi seguro que estaba allí clandestinamente.

Poco a poco volvió a entablarse la conversación, versando como siempre sobre los temas sociales. De pronto el «desconocido» lanzó su pregunta:

—Y usted, ¿Que hace socialmente?

—Pues yo no pertenezco a ningún partido político —repuso Jaime—, pero soy muy avanzado social­mente.

—Tiene la obligación de desplegar más actividad social. No hace lo bastante en este terreno, porque usted, con las aptitudes que tiene, está obligado a una actividad social de acuerdo con sus impulsos interiores.

Por unos momentos, Jaime quedó como en suspenso. ¿Como podía saber el «desconocido» las condiciones que concurrían en el? ¿Qué sabía de su vida, tanto anímica como física? Reaccionando tardíamente re­plicó:

—Yo no tengo su capacidad. ¿No se da cuenta de que a veces no puedo seguir el hilo de sus pensamientos ni los entiendo?

A partir de aquel instante, el «desconocido» se esforzaba por hacerse entender, explicándole las cosas hasta lograr que las comprendiera. El comentario entonces era muy singular. Decía simplemente:

—Bon, enregistré. (Bien, registrado.)

Empleaba a menudo un lenguaje muy técnico, tal como lo haría un profesor de física, utilizando símbolos matemáticos que escapaban a su comprensión.

Como era de esperar, la curiosidad de los habitantes del poblado no podía permanecer sin manifestarse.

Jean Pi, cultivador de manzanas, le interpelo en cuanto tuvo ocasión.

—¿Quien es ese ser tan raro que te va a visitar? —.Ante el silencio de Jaime, un poco molesto conti­nuó— El otro día estaba yo en el manzanar у al verle le grite: «¿Eh, donde va usted?» No me hizo caso. Yo insistí: «¿Eh, es que no me oye?» Entonces se volvió mirándome de tal manera que me intimidó. Tienes que saber, amigo, que es un ser muy raro. El caso es que ya no pude decide ni media palabra mas.

Pocos días después, hallándose en el pueblo, el pa­dre de M. Nou, que ostentaba el cargo de alcalde del lugar, le preguntó:

—¿Quien es ese ser tan raro que le visita? El otro día le saludé pero ni siquiera me contestó. Creyendo que era extranjero у no me entendía le dije por medio de gestos: «¿Y los papeles?» Me miro tan fijamente, con tal intensidad, que creí haberle ofendido у me sentí muy intimidado. Por un momento tuve la sensación de que me tapaban la boca con una mordaza. No pude decir ni palabra. ¿Quien es este individuo?  ¿Le conoce usted?

—Puede estar tranquilo —respondió Jaime—. Es un buen amigo у una excelente persona. Desde luego es extranjero у ha venido de muy lejos para hacerme una visita. Yo respondo por él. Pero por favor, no diga nada a la Gendarmería. No es que pueda ocurrir nada, pero seria enojoso.

— ¡Ah, bueno, así esta bien!

Jaime Bordas cada día estaba más intrigado. Habían transcurrido diez días desde la primera visita del desconocido, que se presentaba invariablemente a la misma hora, para efectuar una breve inclinación cor­poral у sentarse luego a charlar, unas veces a la sombra de los árboles, en el patio о en el comedor del Hostal. Ni una sola vez quiso entrar en el bar. Después recogía su pan у su leche marchándose con su característico caminar.

Aquel ser representaba un enigma. A menudo se había forjado diferentes hipótesis, que no tardaba en desechar, quedando sumido en un caos de agitadas confusiones. En su mente quedaban agitándose una infinidad de preguntas a las que no podía dar una respuesta lógica.

¿De dónde había surgido? ¿Cúal era su origen? ¿Se trataba de un hombre fuera de «serie», nacido en algún nórdico lugar? ¿Se trataba de un miembro perteneciente al clandestino movimiento de la Resistencia о de un espía soviético? ¿Que misión u objeto tenia que llevar a cabo en aquellos solitarios aledaños?

En cuanto le vio aparecer fue a su encuentro. Sin poder dominar sus impulsos le preguntó casi a boca de jarro:

-Oiga, ¿Qué es lo que hace usted por ahí arriba?

El le dirigió una de sus extrañas miradas sin que sus labios se despegaran para emitir sonido alguno.

Jaime insistió:

—Tenga en cuenta que yo he respondido por usted. De sus acciones depende mi prestigio у tal vez mi seguridad.

La сага del «desconocido» pareció iluminarse con una extraña claridad у sus frías pupilas relumbraron por unos segundos, pero persistió en su silencio.

—Supongo que no se pasara todo el día sin hacer nada —continuó Jaime— ¿No puede decirme que clase de misión le ha traído por aquí?

Los labios del «desconocido» apenas si dieron sensación de que se movían. Y por primera vez contestó conciso a sus insistentes preguntas.

—Estoy haciendo el mара topográfico del Canigó.

—Es un trabajo innecesario —replicó Jaime—. Ya existe el plano directo de la carta de Estado Mayor. Yo podría procurárselo con facilidad. Cualquier librería de Perpiñán lo tiene.

—Ya lo he visto. No me sirve.

De repente, sin saber por que, a Jaime le llamó la atención la clara tonalidad del rostro del «descono­cido». Pensó, con lógica, que era imposible que, al cabo de diez días efectuando escaladas por aquellos riscos, pudiera conservar la tez tan fresca у sonrosada como la de una doncella. El sol de la alta montaña quema intensamente. Bastaba ascender al Canigó (2.785 m), al pico Barbet (2.750 m), al pico de Tres Vents (2.700 m), al pico de Roja (2.600 m), para acusar los efectos de la insolación.

—¿Como es posible que conserve la cara tan blanca si se pasa todo el día en lo mas alto de los picos? —objetó— ¿Acaso se pone un velo о una gasa?

Jaime espero inútilmente una contestación. EI «des­conocido» volvió a adoptar su típica actitud silenciosa, mientras semejaba envolverle con la aguda mirada que surgía del fondo de sus ojos. Llegó a pensar que la palabra no, que nunca había empleado, no existía en su vocabulario.

—¿Terminara pronto este… Trabajo? —Sí, dentro de unos dos о tres días lo habré concluido.

—¿Me lo enseñará? Me gustaría verlo. La sombra de una sonrisa pareció esbozarse fugazmente. Dio media vuelta у emprendió el camino hacia las alturas.

Un día antes de su partida el «desconocido» realizó su habitual aparición. Esta vez llevaba algo en la mano: un tubo de aspecto metálico у de cuyo inte­rior extrajo un maра que extendió sobre la mesa. Era un plano cartográfico, limpiamente ejecutado, con las cotas, las curvas de nivel perfectamente trazadas, reproduciendo con inusitada fidelidad todo el macizo del Canigó. EI tipo de papel empleado daba la sensación de un pergamino muy suave, sin pliegues у no crujía al ser manejado. Reconoció con harta facilidad el trazado que aparecía ante sus ojos sin ninguna clase de letras ni números; únicamente se distinguían unos símbolos indescifrables. Uno de ellos era una especie de media luna en las curvas de nivel. La tinta empleada era negra у las altitudes no estaban señaladas con cifras arábigas. La topografía era perfecta.

Cuando Jaime hubo saciado su curiosidad, el «des­conocido», doblando el sorprendente mара, volvió a guardarlo, no en el tubo, sino en una especie de carpeta provista de tapas metálicas, que como es de suponer, había traído consigo, pero que de pronto, había pasado desapercibida a la atención de Jaime. En el interior de la carpeta había otros documentos, así como en el tubo.

La labor topográfica para levantar aquel plano con sus detalladas curvas de nivel, hubiera requerido el esfuerzo continuado de un equipo de topógrafos del Ejército durante dos meses, cuando menos. Sin em­bargo, aquel misterioso ser lo había llevado a cabo —solo о con la ayuda de su no menos enigmático compañero— en quince días escasos… Y al parecer sin mas alimento que pan у leche.

El hecho en sí era algo desconcertante e incomprensible. Un misterio más que añadir a los que rodeaban al «desconocido».

Aunque las sorpresas de Jaime no habían terminado.

EI fantástico topógrafo le dijo: —Mañana no me traiga ya más leche. No le podré pagar.

—No importa —repuso, comprendiendo que aquello significaba una despedida—. Lo que he aprendido de usted durante estos quince días, vale mucho más que el pan у la leche que le he proporcionado.

—No le podré pagar con dinero —continuo el «des­conocido»— porque no lo tengo, pero le daré algo que para ustedes tiene mucho más valor. —Y le tendió un pequeño paquete que llevaba en la mano.

Jaime no había observado nunca que el traje del «desconocido» tuviese bolsillos. Otro detalle que de repente le asaltó fue que realmente pese a que le había tratado siempre como a un hombre, en realidad no lo podía asegurar, pues su conformación de cintura para abajo no daba señales de atributos masculinos, sino que presentaba una superficie lisa, mórbida.

Al abrir el paquete vio que contenía unas cuantas piedras.

—Tómelas —le dijo el «desconocido»—. Son pepitas de oro.

—¿Dе dónde las ha sacado?

—Del río Cadí. Es aurífero —contestó—. Yo puedo encontrar tantas como quiera.

Jaime no dudó ni por un momento de su afirmación. Estaba acostumbrado a confiar completamente en su palabra. Siempre había tenido la impresión de que aquel «desconocido» no podía mentir.

—Gracias. Buen viaje. ¿Por dónde se irá? ¿Pasará por Vernet? Se lo pregunto con la intención de acompañarle con mi coche hasta Vilafranca del Conflent, donde puede tomar el tren. Piense que no tiene do­cumentos que acrediten su personalidad.

El desconocido se limitó a decir.

—Por arriba.

Mientras se alejaba hacia donde tenía instalado el campamento, Jaime pensó que se iría por la alta montaña. No cabía otra explicación. Solo ahora, transcurridos bastantes años, cree que aquel «arriba» pudiese significar algo más.

Aunque de momento, bajo la influencia de la poderosa personalidad del «desconocido», le creyó cuando le dijo que aquellos pedruscos redondeados que parecían unos vulgares cantos о guijos eran pepitas auríferas, después empezó a dudar. Hasta que por fin se decidió a llevarlos a Perpiñan con el objeto de mostrárselo a sus amigos, los hermanos Ducommun. ¡Cuál no sería su sorpresa ante el entusiasmo desbordado que le mostraron los joyeros al asegurarle que aquello era oro purísimo!

—¿Donde los has encontrado? —le preguntaron con avidez—. ¿Quieres que nos asociemos para explotar este placer?

Jaime no quiso revelar su procedencia, cosa que molestó en extremo a los joyeros.

El «desconocido» había pagado con la magnificencia de un rey los alimentos que le proporcionó. El valor de las pepitas era muy superior al de los modestos víveres que había consumido: más de 50.000 fran­cos.

Con este golpe de efecto terminó el hasta hoy inex­plicable episodio de Castell a los pies del Canigó. La confirmación del encuentro con un personaje extra-terrestre sería el mejor documento que existe у el de mayor duración. Los supuestos contactos de Adamski, Cedric Allingham, Truman Bethurum, Siragusa, Daniel Fry у algunos otros, no poseen pruebas tan corroborables corno el de Castell, ya que en ellos todo depende de lo que cuenta el contacto. En el caso del Canigó no se registra la presencia de una «astronave», un «disco» о cualquier otro tipo de vehículo espacial. La presencia de la tienda da pábulo a muchas suposiciones. ¿Se trataba de un medio de transporte discoidal, aplanado у de color gris metálico, lo que Jaime tomó por una tienda último modelo?

Es muy significativa la observación aportada por el eminente у estudioso francés Jacques Vallee, doctor en Matemáticas, asesor de la NASA en el maра de Marte, especialista en maquinas calculadoras «IBM» у uno de los mayores expertos del mundo en «objetos no identificados», tema sobre el que ha publicado varias obras en inglés. En su lista de doscientos casos de aterrizajes de OVNIS у en el que lleva el numero 55 у la fecha 4 de octubre de 1954, dice que un niño de diez años, llamado Bartiaux, vio un objeto «en for­ma de tienda» que había aterrizado cerca de Villers-le-Tilleul (Ardenas). A su lado se hallaba de pie un individuo desconocido.

Pero en este caso se cuenta con el testimonio de casi todos los habitantes de una población. En mayo de 1967, en Castell, existían varias personas que habían conocido a Jaime cuando este regentaba el «Hostal de l’lsard». Entre ellas Michel Cases, propietario del hotel-restaurante «Le Catalán».

El macizo del Canigó es perfectamente conocido desde el punto de vista geológico, pero la verdad es que los aviones que lo sobrevuelan sufren extrañas perturbaciones magnéticas en sus aparatos de navegación. Algo о alguien perturba los compases у los radiogoniómetros de los aviones en las inmediaciones del misterioso у poético macizo, que en un mара de Europa ocupa un espacio menor que una antigua moneda de cinco céntimos. Sin embargo, este pequeño circulo constituye EL MAYOR CEMENTERIO DE AVIONES DE EUROPA (1).

La conclusión de cada una de las encuestas efectuadas fue siempre la misma: error de navegación. Pero, ¿cual es la razón natural, conocida у comprobada que hace que tantos pilotos experimentados, guiados por una completísima red de radiofaros desde tierra, cometan siempre el mismo error у en el mismo lugar? Los técnicos responden que se trata de una desdichada coincidencia. El cálculo más elemental de probabilidades nos dice que ya no puede hablarse de «coincidencias» en el caso del Canigó. Caso que recuerda el «Triangulo mortal de las Bermudas», misteriosa zona triangular que existe en el mar, a la altura de la península de la Florida, y, donde se han «esfumado» misteriosamente docenas de barcos у avio­nes, en pleno día у con calma chicha.

¿Existirán acaso en nuestro planeta centros de perturbación magnética capaces de «volver locos» los instrumentos de navegación aérea y marítima? De ser así, ¿cual es la causa? ¿Tendrá relación con esto el secretísimo Project Magnet de la Aviación americana consistente en varias superfortalezas volantes y equipadas con perfectos magnetómetros? Y por ultimo, ¿que relación tiene —si la tuvo— el «desconocido» de Castell con estos trágicos у luctuosos sucesos?

Sea como fuere, es de notar que, por causa verdaderamente incomprensible, el extraño episodio de Cas­tell se borró, al poco tiempo, de la mente de Jaime, sufriendo una amnesia total temporal que ha durado durante unos diez años. ¿Fue un bloqueo psicológico impuesto de «arriba»? El enigma subsiste у posiblemente aun nos hallemos muy lejos de su solución. Sin embargo, el «desconocido» predijo a Jaime que su  vida cambiaria radicalmente у que sería objeto de shocks muy violentos.

Los hechos posteriores parecen confirmar esta predicción. Efectivamente en el verano de 1971, hallándose Jaime en su magnífico chalet de Andorra у en compañía de Odile, su esposa parisiense que conoció poco después de los hechos antes reseñados, recibió una misteriosa llamada telefónica desde París. La voz era la misma que había oído en 1951 en Castell, la del «personaje misterioso», que le dijo: «Те hablo desde un automóvil, en el Bosque de Vincennes. Experimentarás una nueva mutación. Cesarás de envejecer, у tu mente se abrirá a verdades mas amplias.»

En 197, Rafael Farriols у yo nos personamos en Castell para efectuar una detallada investigación in situ. Entrevistamos a varias personas que aun recordaban a Jaime Bordas у al etre bizarre que iba a buscarle pan у leche; es decir, el «extraño ser» de nuestra historia. Entre estos testigos se contaban el ya citado Michel Cases, M. Nou, antiguo alcalde del pueblo, Jean Pi, cultivador de árboles frutales, у otros. Bordas me había confiado, como se recordará, el nombre de los joyeros que adquirieron las pepitas de oro que le entregó el desconocido: los hermanos Du­commun. Por una afortunada casualidad, uno de ellos, Henri, era a la sazón Vicepresidente de la Federa­ción Francesa de Estudios у Deportes Submarinos. Al ser yo uno de los pioneros del buceo autónomo en España, autor de varias obras sobre la materia, amigo personal del comandante Cousteau у de otras personalidades del mundo submarino tenía ya garantizado un buen recibimiento por parte de dicho joyero quien, según pude luego comprobar, conocía en efecto mi nombre.

La joyería de DUCOMMUN FRERES se encuentra en uno de los lugares más céntricos de Perpiñán: en la misma plaza que se abre al pie del Castillet. Henri Ducommun me recibió amablemente, yo le presenté a Farriols у acto seguido le expuse el motivo de nuestra visita, después de hacer unos breves comentarios so­bre el buceo у hablarme el de un compresor para la carga de botellas que se había hecho instalar en Rosas.

—En efecto, me acuerdo perfectamente de Jacques Bordas —me dijo—. Era un guía de montaña que entonces regentaba un hotel de montaña en Castell. Era un hombre fuerte, simpático у de trato muy agradable.

—¿Recuerda usted si alguna vez le trajo pepitas de oro para vender?

—Pues sí —respondió Henri Ducommun—, creo que fue hacia el año 50 ó 51, no recuerdo bien. Como ustedes saben —agregó—, la cuenca del río Cadi es aurífera, pero nunca nadie había traído pepitas de aquella calidad.

Confirmado este último extremo, que parecía corroborar la veracidad de la extraña historia, Farriols у yo reemprendimos el regreso a Barcelona, en el «Morris 1100» de mi amigo, mientras en nuestro inte­rior se alzaba este interrogante:

¿SERIA EL DESCONOCIDO DEL CANIGÓ UNO DE LOS PRIMEROS HOMBRES DE UMMO LLEGADOS A LA TIERRA?

Las fechas concordaban: marzo de 1950; junio de 1951. Poco mas de un айо después…

………………

Nota: Aquí el autor hace referencia a los supuestos extraterrestres del denominado Caso UMMO, puesto que en un capitulo anterior del libro menciona que el primer contacto de los UMMITAS con los terrestres fue en los años 50.

………………

(1) A continuación damos una relación de los accidentes aéreos habidos en el Canigó о sus cercanías, desde  1945:

Marzo 1945.   Un  «Liberator»,   ingles:   5 muertos.

Diciembre 1950. Un «Dc-3», de «Air Maroc»:   3 muertos у 4 heridos.

Febrero 1953. Un «Nord Atlas»,  frances:   6 muertos.

Marzo 1955. Un   «C-47». Americano:   5 muertos.

Julio  1957. Un   «Nord 2.051»,   francés:   10  muertos.

Septiembre   1958. Un «Broussard», francés, de  reconocimiento: 5 muertos.

Junio de 1961. Un avión de transporte británico con un  equipo de baloncesto: 18  muertos.

7 de octubre de  1961. Un  «DC-3», ingles: 37 muertos.

11 de enero de 1963. Un «Constellation» militar francés: 12 muertos.

13 de septiembre  de  1963.  Un «Viking  Air   Nautic»,  ingles: 40 muertos.

3 de junio de 19ó7. Un  «DC-4-. Británico: 88 muertos.

Todos  los   accidentes  ocurrieron   en   territorio  francés,  excepto el de junio de 1961, en la parte española.

Voces del Misterio nº.615: LA INQUISICIÓN…Historia y Torturas; Mito y Realidad de la ATLÁNTIDA Y TARTESSOS

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“Voces del Misterio” nº.615 en el que hablamos de dos temas monográficamente: INQUISICIÓN: HISTORIA Y TORTURAS; en nuestro segundo tema hablamos del MITO Y REALIDAD DE LA ATLÁNTIDA Y TARTESSOS, dos míticas culturas desaparecidas donde debe saber hasta donde llega la Historia, la Leyenda, el Misterio y su realidad. En “Voces del Misterio”, SFC Radio, 91.6 fm.

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