Poltergeist en Madrid

Una niña corretea por los salones del Palacio de Linares. Lleva un vaporoso vestido blanco, repleto de volantes que se mueven acompasados al mismo ritmo que su pelo rizado, mientras ella sonríe alegremente.
Así describe Paloma Navarrete, la experta espiritista y futuróloga, su encuentro con uno de los fantasmas que habitan este edificio histórico de la calle Recoletos. Paloma Navarrete forma parte del grupo Hepta y es una de las ponentes de la conferencia «Casas encantadas en Madrid», una de las actividades que tienen lugar hoy en el 34º Foro Internacional de Ciencias Ocultas y Espirituales, que se viene celebrando desde el pasado jueves 2 de octubre en el Palacio de Neptuno.
Cuenta la leyenda que ha ido forjando la rumorología madrileña que en el Palacio de Linares habitan los espíritus de los primeros marqueses de Linares, José de Murga y Raimunda Osorio, que habitaban el palacete junto a su hija Raimundita. Tal vez la razón por la que los espíritus de estos habitantes del siglo XIX continúan ahí sea porque se vieron obligados a acabar con la vida de la pequeña y enterrarla en el palacio, ya que era el fruto del resultado de un matrimonio entre hermanos de padre.
Durante años, los historiadores no han podido comprobar la veracidad de esa relación, pero los espíritus sí están allí. Paloma Navarrete asegura haber visto a la pequeña Raimundita jugar pos los pasillos, aunque no ha podido comunicarse con ella porque «siempre va corriendo». No obstante, la vidente está convencida de que el fantasma al que vio es la pequeña, ya que la pudo «reconocer a la pequeña en uno de los frescos del techo del salón de bailes».
Éste no es el único edificio encantado de la capital, de acuerdo con los conocimientos de esta profesional del espiritismo, que lleva varios años investigando infinidad de casos paranormales en diversas viviendas y edificios de Madrid. Otro de los casos más curiosos es el del Ministerio de Economía, donde Navarrete tuvo la oportunidad de comunicarse con un importante empresario que falleció en una de sus visitas al ministro de la época (finales del siglo XIX). «Este señor me dijo que había ido al ministerio a arreglar unos asuntos y, que aún no los ha podido terminar. Por eso sigue allí», explica, la experta quien asegura que tiene la capacidad de ver y hablar con los espíritus. Además, éste no sería el único espíritu que habita en la sede del ministerio porque según el testimonio de este fantasma «hay otros como él en el edificio», incluso una mujer de la que está enamorado.
La comunicación entre la experta espiritista y los fantasmas es un proceso kinético en el que Navarrete entra en contacto con el espíritu, con el cual habla mentalmente. «Los fantasmas hablan como los niños, porque utilizan expresiones sencillas y yo les entiendo a la perfección». Navarrete, que a parte de ser una profesional en esta materia es también psicóloga, insiste en que ella está segura de que esa comunicación es ficticia porque está convencida de que este «lenguaje tan primario no lo emplearía ella» en sus pensamientos. Paloma Navarrete comenta que su su labor es «entablar un diálogo con el espíritu para saber qué quiere y ayudarle a cruzar al más allá».
Un asesino en serie
Pero los espíritus no siempre quieren avanzar, como ocurre con uno de los fantasmas que mora en el Museo Nacional Reina Sofía. Este fantasma tiene por costumbre poner en marcha los ascensores cuando están sin uso como consecuencia de «la fuerza de su campo energético». Este espíritu es el de un sádico asesino en serie que «se siente arrepentido de los asesinatos cometidos», pero considera que su hogar es la actual pinacoteca que antaño fue el Hospital General de Madrid. «Él fue residente del hospital y lo considera su hogar», aclara Navarrate, quien hace hincapié en el carácter inofensivo de este espíritu y de todos con los que ella, hasta el momento, ha tratado.
«No existen los espíritus malignos como los de las películas», según la experiencia de Navarrete, porque siempre se ha encontrado con fantasmas con experiencias inacabadas en vida o confusos por la situación en la que se encuentran y por eso siguen en el mismo. Algo similar le ocurría a Hugo, un alquimista que falleció en el siglo XVII y que reside en una casa particular cerca de El Escorial. La familia que ahora reside en el inmueble se puso en contacto con Navarrete cuando descubrieron que las cámaras del chalé se ponían en marcha solas. Esto ocurría porque las cámaras de videovigilancia «captan la energía del espíritu», según Navarrete. Esta familia no ha querido «deshacerse» de Hugo, ya que lo ven como un miembro más de la familia. «Lo consideran su espíritu protector», apunta la médium.
Y es que los espíritus no sólo se encuentran en palacios y edificios públicos, ya que Madrid está repleta de casas encantadas. «En muchas casas particulares habitan espíritus de personas que han vivido allí» o de familiares que se han quedado unidos a los actuales residentes. La presencia de los fantasmas implica que los electrodomésticos se pongan en funcionamiento solos, las luces se enciendan de buenas a primeras y las puertas se cierren con un golpe. Están ahí y no todo el mundo tiene la capacidad de verlos, pero si molestan «es suficiente con pedirles con firmeza que se vayan».
(FUENTE: larazon.es)
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