Ufólogo: los extraterrestres nos han visitado, pero se ocultan por intereses políticos y económicos

El ufólogo estadounidense Steven Greer cree que aunque existen pruebas contundentes de visitas extraterrestres y OVNI a nuestro planeta, se han mantenido secretas durante décadas debido a una conspiración supranacional para proteger el ‘status quo’ económico y geopolítico en el orbe.
“Hay pruebas irrefutables de que nos están visitando y, honestamente, todos los que participan en los proyectos clasificados de alto nivel lo conocen”, subraya.
Greer, que es director del Centro para el Estudio de Inteligencia Extraterrestre, menciona el documental ‘Unacknowledged’ (‘No reconocido’) de 2017. La cinta está basada en los archivos de su Proyecto Revelación —organización creada por él mismo en 1993 y cuyo objetivo es revelar una conspiración por la que el Gobierno estadounidense habría ocultado datos relacionados con la existencia de los OVNI y los extraterrestres.
Son 950 militares con acceso a materiales secretos sobre los alienígenas los que avalan esta versión.
Intereses económicos
Según Steven Greer esta información no está al alcance de la opinión pública mundial porque de ello depende el mantenimiento del actual poder geopolítico, el sistema macroeconómico basado en petrodólares y las actuales tecnologías.
“De verdad, el secretismo no tiene nada que ver con los alienígenas, sino que se debe totalmente al poder geopolítico y el dinero, como siempre”, asevera.
En su opinión, además se han mantenido secretas nuevas tecnologías que harían obsoletos los actuales medios de transporte y fuentes de energía.
En cómplice por silencio de OVNI
El ufólogo asegura que existe un consenso internacional entre las élites que determina la política informativa en la materia de extraterrestres. “Los controla una organización trasnacional y no existen fronteras geopolíticas para ella”, asegura.
La mayor parte de la actividad en este ámbito “la ha realizado EE.UU. gracias a su nivel tecnológico y la influencia macroeconómica”.
El especialista en vida OVNI está convencido de que los líderes estadounidenses no tienen control sobre estos asuntos y que el nivel de secretismo alrededor de lo extraterrestre es un gran problema para la democracia.
(FUENTE: elpopular.pe)
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Las mesas negras aymaras para los espíritus malignos

El ch’ amakani prepara esta ofrenda cuando existen problemas internos que afectan a la familia, tratando de devolver el orden y hermetismo pertinente a la unidad familiar a través del conjunto cerrado de los ingredientes de la mesa.
En este sentido, la salud depende no solamente de la dolencia corpórea sino del entorno familiar en que se desenvuelve el paciente.
La ch’iyara misa o “mesa negra” es el plato predilecto de los ñanqas, saxras, anchanchus, y, en ciertas ocasiones, según el criterio del especialista, de los chullpas. Son seres demoníacos, hambrientos, voraces que acostumbran a fastidiar y molestar a los solitarios y flojos de ánimo, robándoles el ajayu y haciéndoles enfermar gravemente. Estos seres curiosos y molestones gustan de la ch’iyara misa y se afirma que liberan (desamparan) el ajayu del doliente, si son complacidos con este plato.
El azúcar les desagrada profundamente. La “mesa negra” está configurada por un conjunto de especies herbáceas, bayas tropicales, semillas, espinos, excrecencias resinosas y restos orgánicos. El empleo de la “mesa negra” en el dominio campesino responde a esta circunstancia provocada por el “robo” del alma, por parte de alguna de estas entidades maléficas.
Ch’iyara misa. En cierta ocasión el “maestro” Cannelo Condori recomendó a una de sus pacientes, ante la inminencia del parto hacer pagar una “mesa de salud”. Su joven marido, obrero en La Paz, apenas se preocupaba en visitarle en su comunidad; era preciso preparar la mesa para garantizar el orden familiar de la pareja así como para ajustar los órganos internos de la madre con la intención de facilitar el nacimiento y su posterior recuperación física.
Los saxras rechazan el azúcar porque no comen “rico”, según criterio de Carmelo Condori.. Entre los “residentes” urbanos, sin embargo, su empleo se agudiza en relación con la envidia y la maldición producida por los desarreglos conyugales y el excesivo celo de los vecinos (“en la ciudad no hay cómo confiar”). La “mesa negra” es, por tanto, el plato propicio de los saxras y, al mismo tiempo, recurso de “limpia simbólica” o devolución del “daño” provocado por una voluntad maléfica cuyo ejercicio precisa de la participación de un layqa azuzado por el rival; este último aspecto, relativo a la vigencia de los procesos de higiene ritual y alejamiento de maldiciones y penas ha sido puesto de relieve por Rosing (1990) entre los kallawayas.
Varios de los frutos y semillas muestran en su propia estructura y denominación el rechazo que se pretende del daño. Es el caso del kuti kuti, variedad de leguminosa propia del Chaco cuya estructura espiroidal está desarrollada “hacia la izquierda”; ch’ iqa ch’ ankha, hilo negro y blanco trenzado hacia el lado izquierdo que se emplea igualmente en los procesos de limpia ritual, alejando la enfermedad y que habitualmente se incorpora en la elaboración de la “mesa Ch’iyara misa (devolución del mal).
El layqa es el “brujo” .Existen acusaciones y reproches por la actuación dañina de alguno de los “maestros”, pero ninguno afirma serlo. Curiosamente, aunque nadie dice saber cómo trabajan estos especialistas, los “maestros” consultados reconocen el empleo de sapos, lagartos y figuras dañadas con espinas así como preparados de inmundicias que supuestamente producen la maldición. El yatiri que devuelve la maldición hacia su causante para que le llegue a éste el daño y no a su paciente, no es concebido como layqa.
En cualquier caso los layqas tienen poder para matar, saben cómo hacerlo y cobran extraordinarias sumas por sus servicios.
Los componentes de la ch’ iyara misa son secos, queratinosos y duros. El color característico de la ofrenda es el negro, debido a la base de papel de calco negro que se emplea, así como a los vellones de lana de idéntico color que conforman el círculo periférico de la ofrenda. La fragancia de la “mesa negra” se distingue con facilidad en los mercados; el olor de la q’ ili q’ uwa, y las excrecencias del copal y el incienso negro hacen de este plato un conjunto poderosamente aromático. El alcohol “puritu” es el trago predilecto de los saxras y con él se efectúan las libaciones correspondientes antes y después de “hacer pasar” la ofrenda en la hoguera.
Este y muchos otros temas se podrán escuchar con más detalle en los siguientes toures nocturnos a los cementerios de Uchumayo, Puno y Juliaca. Para más detalles sobre misterios de la región Puno y Arequipa, pueden agregarse al grupo de Facebook de misterios más grande del país: Perú misterios, leyendas e investigación paranormal, y a los grupos de Facebook Puno Conectado y Portal Arequipa; y para agregarse al grupo de Whatsapp de misterios de nuestro país, pueden escribir al número 961727165, del editor.
(FUENTE: losandes.com.pe)

¿Y si el arte abstracto lo inventaron dos mujeres espiritistas?

El 20 de julio de 1861, durante una sesión de espiritismo, la artista Georgiana Houghton (1814-1884) pidió a los espectros un favor: que su hermana Zilla, una consumada dibujante fallecida años atrás, la empleara como médium para crear obras artísticas. Los espíritus respondieron negativamente. Imposible. Houghton pasó a la segunda opción, su hermano Cecil. Tampoco hubo éxito.
Entonces llegó, por fin, la ayuda esperada. Se llamaba Henry Lenny y era el espíritu de un pintor que en vida había sido ciego y sordo. “Inmediatamente tomó el control de mi mano, que estaba quieta sobre el tablero espiritista, y trazó varias curvas y líneas”, escribiría Houghton años más tarde en sus memorias. “Después sentí el impulso de sustituir el lápiz negro por uno azul, con el que dibujó sobre el mismo trozo de papel. Y se me concedió el permiso para hacer lo mismo cada tarde, con el objetivo de dibujar”.
Durante la década siguiente, Houghton dibujó incansablemente. Sus obras, expuestas inicialmente en los círculos espiritistas y olvidadas durante más de un siglo después, cuelgan ahora en los muros del prestigioso museo muniqués Lenbachhaus como parte de la exposición Weltempfänger (Receptoras del mundo), que se puede visitar hasta el próximo 10 de marzo.
En la muestra, esta artista victoriana comparte protagonismo con un tótem del arte contemporáneo (la suiza Emma Kunz) y con la sueca Hilma af Klint. Es precisamente con esta última con quien mantiene un peculiar vínculo: tanto Houghton como Af Klint realizaron obras claramente abstractas antes de tiempo. En concreto, ambas llegaron a la abstracción antes de 1912, una fecha subrayada en color rojo en la historia del arte y que marca la publicación de Sobre lo espiritual en el arte, el ensayo en el que Kandinsky sentó los principios del arte abstracto.
Cuando este influyente ensayo salió a la luz, Houghton había fallecido 30 años atrás. Sus obras, durante décadas, eran conocidas parcialmente, pero como una rareza: de hecho, la mayoría de obras que se le atribuyen pertenecen hoy a la Unión Espiritista Victoriana de Melbourne (Australia).
Lo que se sabe de la biografía de esta mujer es lo que ella misma contó en sus escritos: nació en Las Palmas de Gran Canaria, donde su padre comerciaba con vinos, vivió prácticamente toda su vida en el Londres victoriano, recibió algún tipo de educación artística, nunca se casó y se inició en el espiritismo hacia 1860. Para ello, empleó métodos como las mesas giratorias o el tablero. Era una médium y como tal pintaba. “Para hacer comprensible esta exposición, debo explicar que durante la ejecución de los dibujos mi mano fue enteramente guiada por espíritus. No tenía ni idea de lo que iba a producirse. Ni siquiera sabía, cuando las pinceladas comenzaban, si mi mano iría hacia arriba o hacia abajo”, explicó en el catálogo de su primera muestra, en 1871.
Houghton solía pintar los domingos por la tarde, porque creía que era el día de la semana en que había menos espíritus malignos al acecho. Sus primeras obras recreaban formas vagamente orgánicas, pero cuando empezó a utilizar la acuarela sus trazos se volvieron totalmente abstractos. Era una artista consciente del valor espiritual de su obra: al dorso de cada papel apuntaba la fecha, el título, la interpretación que le daba, y también el nombre de los espíritus que la habían guiado durante la ejecución. Algunos eran misteriosos personajes anónimos, pero otros tenían un indudable caché: Tiziano, Correggio, personajes bíblicos e incluso 70 arcángeles.
Aunque tenía un cierto prestigio en los círculos espiritistas, su trayectoria artística no corrió igual suerte: en la exposición que organizó (y sufragó) en una galería londinense en 1871 vendió uno solo de los 155 dibujos incluidos. Sus posteriores tentativas no obtuvieron mejores resultados.
Tampoco sus obras suscitaron un debate en torno a la abstracción, porque ni siquiera ella veía nada particular en su ausencia de motivos figurativos: “Dado que su arte no estaba vinculado al mundo terrenal, no tenía por qué pintar objetos banales”, escribe la comisaria Karin Althaus en el estudio preliminar del catálogo de Lenbachhaus. “Las formas abstractas eran perfectamente adecuadas para los mensajes trascendentes que recibía. Para ella, los dibujos mediúmnicos no eran solo objetos bonitos. Eran sermones llenos de simbolismo sagrado, llenos de mensajes espirituales complejos”.
El compromiso de Houghton, por tanto, no era con el arte, sino con el espiritismo. “Son obras que no se pueden criticar desde ninguno de los cánones artísticos aceptados”, llegó a escribir. Y, en su búsqueda, se adentró en terrenos algo más pantanosos. En 1872, cuando su trayectoria pictórica estaba ya encauzada, comenzó a colaborar con Frederick Hudson, un personaje excéntrico que parece haber salido de la imaginación de un novelista gótico. Hudson había adquirido cierta fama como fotógrafo de espíritus: los clientes acudían a su estudio, posaban ante la cámara y, para su sorpresa, la imagen resultante los mostraba rodeados de presencias espectrales. Houghton, que desconocía los rudimentos de la técnica fotográfica —en aquella época, todo un misterio—, creía en la honestidad de Hudson incluso cuando se demostró que sus fotografías de ultratumba no eran más que trucos generados mediante la utilización de la doble exposición de placas.
Cuando Houghton falleció, en 1884, lo hizo sin sospechar que más de un siglo después sus obras suscitarían preguntas diferentes. Ni que, en aquella época, daba sus primeros pasos otra mujer enigmática y a contracorriente cuyas obras, ahora, cuelgan junto a las suyas en Lenbachhaus.
Relevo de espíritus
Nos referimos a Hilma af Klint (1862-1944). Tras estudiar Bellas Artes en Estocolmo, comenzó en 1906 una intensa actividad artística que no tenía parangón con nada de lo que estaba sucediendo en las artes plásticas en aquella época. “La clave de la pintura abstracta de Hilma af Klint es que hizo visible el mundo invisible”, explica con motivo de la exposición Johan af Klint, sobrino-nieto de la artista sueca y actual director de la fundación que custodia un conjunto de 1.300 pinturas, 124 cuadernos y más de 26.000 apuntes y documentos. “Es decir, representó físicamente, sobre un lienzo, ideas filosóficas complejas, conceptos espirituales y experiencias religiosas. En esta tarea estuvo influida principalmente por el Rosacrucismo, la Teosofía y el Cristianismo”.
En su caso, el contacto con los espíritus procedía de las sesiones que celebraba en Estocolmo junto a Los Cinco, un grupo teosófico sueco al que pertenecía. Fue allí, durante una sesión en 1904, donde un espíritu que se identificó como Ananda profetizó que Klint pintaría imágenes astrales para representar aspectos inmortales de la humanidad. Hay una cierta similitud en el modo en que Houghton y Af Klint describen su metodología de trabajo. “Las obras se pintaron directamente a través de mí, sin bocetos preliminares y con una gran fuerza. No tenía ni idea de lo que estas imágenes representaban. Sin embargo, trabajaba rápidamente y con seguridad, sin cambiar una sola pincelada”, explicó en sus escritos.
Entre 1906 y 1908, siguiendo las instrucciones de los espíritus Gregory, Georg, Clement, Amaliel, Esther y Ananda, Af Klint creó las primeras 111 obras de un ciclo que llamó Pinturas para el Templo. Entre 1912 y 1915 siguió su tarea, pero esta vez a través de las visiones que experimentaba.
Si las obras de Houghton eran dibujos y acuarelas sobre papel, las de Af Klint son monumentales pinturas de gran formato con formas levemente botánicas y abiertamente geométricas. Requerían un inmenso espacio para ser contempladas y, de hecho, en 1916 construyó, con el apoyo financiero de sus amigos y seguidores, un estudio en una isla del lago Mälaren, donde solía pasar sus vacaciones. Allí intentó exponerlas al público, pero la escasa respuesta obtenida la llevó a plantear un escenario más ambicioso, un templo espiral que nunca llegó a construirse. En 1932 indicó que sus obras no debían exponerse hasta al menos 20 años después de su fallecimiento.
La exposición que ahora yuxtapone la obra de ambas artistas tiene interés adicional porque precisamente Lenbachhaus custodia un importantísimo conjunto de pinturas generadas en el seno de Der Blaue Reiter, el grupo de expresionismo muniqués en cuyo marco Wassily Kandinsky creó las obras que los historiadores consideraban como las primeras puramente abstractas. Ese es, al menos, el relato mayoritario establecido a partir de un diagrama en el que el fundador del MoMA, Alfred H. Barr Jr., ubicaba el nacimiento del arte abstracto en 1910. Tanto Houghton como Af Klint comenzaron a desarrollar obras abstractas antes de esas fechas, por lo que podrían considerarse como pintoras abstractas antes de la abstracción.
Aunque los comisarios —Karin Althaus, Matthias Mühling y Sebastian Schneider— sostienen que “lo interesante es el arte abstracto, no la cuestión de quién pintó la primera obra del género”, a nadie se le escapa que exposiciones como esta sirven para reescribir —o, si se quiere, perfilar mejor— el relato canónicamente aceptado acerca de los orígenes del arte abstracto. Sobre todo porque dos de sus protagonistas —la tercera es Emma Kunz, posterior a Kandinsky— pertenecen a categorías tradicionalmente excluidas de buena parte de la genealogía del arte moderno: mujeres, espiritistas y ajenas a los círculos del arte.
No es baladí, por tanto, insertar una perspectiva de género en la cuestión: frente a un mundo del arte predominantemente masculino, los círculos espiritistas y esotéricos aceptaban a muchas mujeres entre sus integrantes y les proporcionaban un ámbito de libertad e independencia que no era posible en otros ámbitos.
Otra discusión es si resulta legítimo hablar de abstracción a propósito de la obra de dos mujeres que no empleaban dicho término para definir su trabajo. Tanto Houghton como Af Klint (y, más tarde, Emma Kunz) se consideraban “receptoras” y, por lo tanto, no enteramente responsables de su obra. Pero también Kandinsky, al trazar la presencia de lo espiritual en el arte, se hacía eco de las teorías teosóficas difundidas en su época y hablaba de la “necesidad interior” para definir el impulso pictórico.
El debate sobre la influencia del espiritismo, el ocultismo y las corrientes esotéricas en el arte contemporáneo ha conquistado posiciones teóricas desde 1986, cuando el comisario Maurice Tuchman abordó el tema por primera vez en The Spiritual in Art: Abstract Painting 1890-1985 en Los Angeles County Museum of Art. Hoy parece difícil llegar a un relato unificado sobre el origen de la abtracción, pero, como recuerda Karin Althaus en el catálogo de World receivers, “siempre se descubrirá un caso anterior”. Y, en cualquier caso, exposiciones como la que se puede visitar en Lenbachhaus ponen sobre la mesa el legado de dos artistas enigmáticas que, de un modo insólito y que hoy puede parecer azaroso, se adelantaron sin saberlo a la gran revolución artística del siglo XX.
(FUENTE: elpais.com)

Los mitos sobre el amor romántico que afectan a los adolescentes

El amor siempre ha existido y el matrimonio también, “pero el amor romántico, como condición para unirte en una relación estable, existe solo desde hace unos 150 años”, explica Francesc Núñez, sociólogo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Y este amor ha traído consigo “una libertad, una autonomía y una capacidad de elección que mercantilizan el sentimiento: se cambia de pareja si se encuentra algo mejor”, dice el sociólogo.
Núñez, que participa mañana 12 de febrero en la mesa redonda Por qué el amor nos duele tanto en la sede de la UOC en Madrid, explica que en esta falta de compromiso “las mujeres salen perdiendo”. La libertad de la que ahora disponen puede conducir a una situación de “dominación y dependencia emocional”, que el sociólogo achaca a una “falta de ética y de reglas morales en las relaciones”. Si en las parejas no se establecen unas normas justas, en muchas ocasiones el amor, que debería ser motivo de felicidad, termina por ser una fuente de dolor. Además del condicionamiento biológico que apremia a las mujeres que quieren ser madres, “y no tanto a los hombres”, existen otros componentes que permiten que, por regla general, los varones estén menos dispuestos a establecer compromisos. “El amor es uno más de los elementos que conforman su vida. Y en la misma línea de importancia pueden estar los amigos, el trabajo, etc.”, explica el sociólogo.
“Si en las parejas no se establecen unas normas justas, en muchas ocasiones el amor, que debería ser motivo de felicidad, termina por ser una fuente de dolor”.
Siempre hablando de forma generalizada, Núñez explica que en muchas ocasiones las mujeres sitúan el amor en el centro de su vida y esto les puede llevar a ser más dependientes y vulnerables. En las relaciones amorosas, aparte de saber mantener la libertad propia y la del otro, “es importante poner unos límites para construir relaciones felices. Mientras no lo hagamos, la relación será perjudicial para uno de los dos y se regirá por la dominación, en muchos de los casos, del hombre hacia la mujer”, indica.
Los mitos del amor, aún vigentes
La dominación en el ámbito amoroso ha sido históricamente atribuida al hombre, y con la llegada de la independencia y la autonomía en las relaciones, por lo menos en términos estadísticos, esto no ha cambiado. Diferentes estudios realizados en España demuestran que el control masculino está presente hasta en las parejas más jóvenes. Según datos de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, un órgano de gestión de la Secretaría de Estado de Igualdad del Ministerio de la Presidencia, más del 28% de las chicas ha sufrido un control abusivo por parte de sus parejas por medio del móvil y hasta el 5% ha sido objeto de las llamadas “pruebas de amor”, por ejemplo, intercambiar fotos de carácter sexual.
Por otro lado, en el informe ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia, realizado en 2015 por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, se destaca que son los chicos quienes suelen decir a sus novias con más frecuencia con quién pueden hablar. “En ellos son más habituales la intimidación, el control personal y emocional, la violencia física y verbal o la violación de la intimidad”, concluye el estudio.
Diferentes estudios realizados en España demuestran que el control masculino está presente hasta en las parejas más jóvenes
La literatura, las películas, etc., no ayudan a desterrar estos mitos atribuidos al amor. La popular serie de Netflix You, de la que ya se ha anunciado una segunda temporada, relata la obsesión de un hombre “enamorado” de una joven a la que acosa. Muchas voces se han alzado, la primera la del propio protagonista, Penn Badgley, advirtiendo del peligro de justificar el acoso por amor o incluso vincular una cosa con la otra. Y no es un peligro infundado: en 2016 se realizó en la Universidad de Michigan el estudio I did it because I never stopped loving you (“Lo hice porque nunca dejé de quererte”). En él se mostraron películas de tres tipos a diferentes mujeres: comedias románticas en las que el hombre perseguía a una mujer pero narrado de forma positiva (Algo pasa con Mary), películas en las que un hombre acosa a una mujer pero desde un punto de vista terrorífico (Durmiendo con su enemigo) y documentales de naturaleza. Las participantes que visionaron películas románticas donde la obsesión se presentaba como algo simpático consideraron más normal comportamientos de acoso que las demás.
En este sentido, Coral Herrera, autora de libros como Mujeres que ya no sufren por amor o La construcción sociocultural del amor romántico, advierte del peligro de estos mensajes y cree que hoy en día aún siguen en vigor los principales cinco mitos que rodean a este sentimiento. Uno de ellos es “el amor todo lo puede”. La escritora lo compara a la historia de la Bella y la Bestia: “Puedes estar con un maltratador, pero en el fondo es un niño asustado que se redime gracias al amor”. Otros dos mitos asociados al amor “verdadero” son, según la escritora, el de la eternidad y la exclusividad. Por último, encontramos la creencia de que en el sentimiento amoroso “ellas son princesas: mujeres que esperan y viven en función del amor; y ellos son príncipes: guapos, cariñosos, cultos, divertidos, amables…”.
Los celos, un mecanismo de dominación aprendido
Casi la mitad de los chicos adolescentes cree que los celos están relacionados con el enamoramiento, frente al 25% de las chicas que lo considera así, según el estudio de las violencias machistas en la adolescencia temprana, elaborado por el Observatorio de Igualdad y de Género, de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, que fue presentado a finales de 2018. La consulta, en la que participaron estudiantes de tercer curso de ESO (de 13 y 14 años), también desveló que entre los chicos se mantiene en mayor medida la creencia de que las mujeres tienen mayor capacidad para perdonar o soportar situaciones adversas en el marco de una relación.
 Casi la mitad de los chicos adolescentes cree que los celos están relacionados con el enamoramiento, frente al 25% de las chicas
Los celos, junto con la ira, explica Francesc Núñez, son una estrategia de dominación aprendida, “a veces ensayada durante años”. Aunque los celos se encuadran dentro del grupo de sentimientos dolorosos, Núñez considera que en ocasiones “se entrenan” y terminan rentabilizándose, “ya que es una forma de imponerse y sirven para esa estrategia de dominación”. En muchas relaciones no se hace nada para evitarlos, por esa creencia de que son inherentes al amor, e incluso se justifican. Pero el sociólogo advierte de la necesidad de “una Educación moral y de control de emociones” para que no se utilicen como “chantaje emocional”.
Además, las personas continuamos “enganchadas” en una relación aunque esté dominada por los celos, “por esa idea romántica de que el amor todo lo puede”, añade Coral Herrera. “Crees que tu paciencia, tu amor, tu cariño, le cambiarán”, dice. Y en este sentido, “para las mujeres es una trampa mayor, porque nos aferramos más a esa idea de que el sapo se convertirá en príncipe y no tomamos conciencia de que nadie cambia si no trabaja en ello”. Y es que, concluye, “el amor no salva a nadie”.
(FUENTE: magisnet.com)