Miedo y leyendas mortales en Sevilla

Miedo y leyendas mortales en Sevilla

Jóvenes de acampada contando historias alrededor de una hoguera, uno de ellos dijo conocer la fórmula para ver al Diablo y…

JOSÉ MANUEL GARCÍA BAUTISTA  / El Correo de Andalucía

En muchas veces se establecen extraños juegos, extraños ritos, en los que se invoca a la muerte, a la Santa Compaña o al mismísimo Diablo. En la mayoría de los casos no dejan de ser historias de campamento que sirven para acercar el miedo a aquel que lo escucha. Pero hay veces…

Reflejo mortal

En la Sierra de Cazorla se encontraba un grupo de jóvenes de acampada, pasadas las doce de la noche los más dormilones se retiraron a dormir pero otros, en cambio, se quedaron alrededor de la hoguera contando historias de miedo. Uno de ellos se envalentonó y dijo conocer la fórmula para ver al Diablo: “sólo tenéis que esperar al 31 de Diciembre, a las doce de la noche, con la última campanada… Os colocáis frente al espejo, previamente encendéis 12 velas negras y con la última campanada abrir los ojos y mirar al espejo, tras vosotros estará el Diablo” dijo el joven con voz profunda y atemorizante… Uno de ellos se armó de valor y dijo: “yo lo haré, quedan pocos días”.

La noche de fin de año se preparaban los dos amigos para ir al típico cotillón, a filo de las doces se encerró en el cuarto de baño con 12 velas negras y cuando estaban celebrando la entrada del nuevo año se sintió un fuerte golpe en el baño. Acudieron allí, no podían abrir y al hacerlo violentando la puerta encontraron al joven en el suelo lívido y con la mano en el pecho. Llamaron a una ambulancia que lo trasladó a un centro hospitalario lo antes posible y allí le diagnosticaron un infarto…

Días después habló con su amigo: “vi al Diablo”… Su vida ya no fue igual.

Encontramos esta misma leyenda urbana en otras latitudes, así por ejemplo se narra en Argentina: “Esta historia ocurre en Villa Carlos Paz, y quien la cuenta afirma que le ocurrió al amigo de un primo suyo.

Estábamos todos tomando unas cervezas en un bar de mi ciudad. Estábamos entre risas y tomando lo normal, cuando apareció un flaco moreno, con vestimenta gótica, de unos 21 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, lo saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.

Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, como que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Gerónimo, el pibe gótico, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Lo escuchamos, la verdad, con la misma atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente (textualmente):

“En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verlo tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cierra la puerta. Enciende 12 velas, al poder ser negras, y cuando quede poco para que sean las 12, cerras los ojos y te paras frente al espejo. Mantenlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo”.

Todos nos lo tomamos en joda, pero David, otro amigo, dijo que lo haría sin problema. Estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.

24 de Diciembre, las 23:55. Todo estaba preparado y nadie nos molestaría. Entró David solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que alguien estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, llamé a David. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y lo encontré en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia y se lo llevaron al hospital.

Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin David se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:

“Lo vi. . . Tengo mucho miedo”.

Ahora ya conseguí dormir, pero David no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vio en el espejo. Y estará así hasta que se muera”.

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El juego de la Verónica

Es uno de los juegos más populares entre estudiantes y universitarios, dicen que este “juego” te da las pistas de las preguntas de los exámenes pero también, a veces, se nos puede ir de las manos…

Se toma un libro, una cuerda y unas tijeras, se sostiene el libro colgando de la cuerda y las tijeras y se formula una pregunta, por la página que se abra el libro será el indicativo de una pregunta… Claro que no siempre sale bien…

Como tampoco sale bien una variante más “espiritista” de este juego que se realiza invocando a la “Verónica” frente al espejo para ver su imagen…

La leyenda urbana nos dice que debemos ponernos frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica. No seríamos los primeros que se ríen al conocer esta historia, historia que lleva circulando por el mundo desde hace varias décadas. Muchos antes han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia, y han aceptado el desafío, han cargado con una maldición terrible. Pero… ¿Quién es o era Verónica?

Verónica era una chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeo mortalmente en la cabeza…

Sin embargo, Verónica aun no descansa en paz. Su espíritu está condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el más allá, como le sucedía a ella en la vida real.

Nuestra leyenda urbana tiene como personaje central a Ana, era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda del tarot y brujas en su instituto. Sus amigos la picaron, diciéndole que no se atrevía decir a invocar su nombre nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba.

Lo hizo, no pasó nada y el grupo lo olvido enseguida. Menos Ana. Para ella la auténtica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz. Allí solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entro al baño, hacía mucho frío (como estaban en invierno no le dio importancia) y una capa de vaho cubría el espejo. Ana lo limpio con la mano para comprobar horrorizada que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Ana rio nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejó helada. Al borrarse el vaho una frase había permanecido escrita: “Soy Verónica. No debiste invitarme a volver”.

Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.

Una noche en el cementerio

Los cementerios suelen ser lugares, generalmente, tranquilos. El curioso que se acerca hasta ellos buscando grabar una psicofonía o vivir un hecho paranormal suele regresar con las manos vacías y el tiempo perdido. Pero si he de reconocer que los cementerios suelen ser lugares que sugestionan en alto grado al que hasta allí se desplaza para realizar algún acto fuera de lo normal…

Es lo que le ocurrió al protagonista de nuestra siguiente historia: eran dos amigos que siempre estaban en una porfía para ver cuál de los dos superaba al otro. Una noche, una noche de fuerte tormenta, decidieron ver cuál de los dos tenía más valor. Llovía “a mares”, los truenos iluminaban ocasionalmente el cielo y entre vinos uno le dijo al otro: “¿A qué no eres capaz de ir al cementerio esta noche y clavar en la tumba más reciente una estaca?”, el amigo, temeroso pero envalentonado por el alcohol le respondió: “Claro que sí, eso demostrará que soy más valiente que tu”.

EL joven cogió el impermeable y se dirigió al cementerio en las afueras del pueblo, saltó la tapia y comenzó a buscar la tumba más “caliente”, la tumba más reciente. Mientras su amigo se reía en la taberna del pueblo con los amigos de la “misión” que le había encomendado.

La noche se ponía cada vez peor, arreciaba la tormenta y en el cementerio el amigo ya había localizado la tumba más reciente, aun con la tierra removida y empapada por el agua. Sacó una estaca de madera de pino y la clavó en la tierra…

Pasaban las horas y las gracias en la taberna se tornó en preocupación, los amigos se miraban y se decían: “éste nos está gastando una broma”. Pero pasaba el tiempo y no aparecía y decidieron acercarse al cementerio a ver qué había sucedido.

Al llegar se encontraron el coche aparcado en el aparcamiento y fueron buscando calle a calle, al final vieron un bulto en el suelo y corrieron hasta él. Se encontraba en una tumba reciente, con la mirada perdida y su cuerpo sin vida…

El médico, la policía y la Guardia Civil llegaron al cabo del tiempo determinando que había muerto de un infarto… Posiblemente originado por que al clavar la estaca lo hizo atravesando el impermeable. Cuando la hubo clavado se levantó y trató de irse sin percatarse que el chubasquero estaba clavado al suelo, entonces creyó que alguien, desde la tierra de la tumba le estaba agarrando. Fue tal la impresión que el hombre creyó que desde la tumba le reclamaban dándole un infarto y muriendo allí mismo…, de miedo.

Miedo y leyendas mortales en Sevilla

Una niña espectral en mi colegio

En muchas ocasiones los centros educativos, los colegios, son lugares abonados para las leyendas urbanas, son muchos los colegios que tienen su particular espectro y un estereotipo bastante definido a la hora de marcar las trazas de una historia cargada de aspectos terroríficos y espectrales… Así hay muchas experiencias que narran encuentros con lo imposible, a veces tan imposible como la historia que pretenden hacer pasar por cierta.

Nuestra protagonista es una chica anónima que tiene un encuentro con algo muy definido: “Les voy a contar mi experiencia fantasmal por decirlo de algún modo, esto paso hace más o menos 5 o 6 años atrás. Aún estaba en el colegio… Yo estaba en la banda marcial del colegio en ese tiempo me habían nombrado mayor de Lira, y ensayábamos de noche por lo que en el día ocasionaba mucho ruido y no se podía dictar clase, no recuerdo que día de la semana fue, lo que si recuerdo muy bien es que nos pusieron en cuclillas por portarnos mal. Después de esto, enviaron a los demás a sacar instrumentos, en el colegio hay una especie de coliseo, y es todo cerrado, dentro de él se encontraba el salón de instrumentos, enviaron como siempre primero a las liras, en ese entonces éramos como ocho niñas y dos hombres.

Este coliseo tiene cuatro entradas, pero la principal no estaba abierta así que nos tocó ir a buscar la otra entrada, íbamos casi todas las niñas, cuando llegamos estaba bastante oscuro ya que el colegio cuenta con bastante vegetación y este oscurece el panorama. De repente salió un perro de la nada, la mayoría se asustó y grito y salieron corriendo por el otro lado, yo no le presté mucha importancia pero si obvio me dio cierto susto, en ese momento decidimos buscar la otra entrada, así que salí primero yo, no camine sino como 8 o 10 pasos, y sentí que alguien me miraba y detuve mi marcha, yo estaba mirando hacia el piso, cuando subí la mirada y allí, en el borde de uno de los salones había una persona sentada, nunca se me olvida es imagen era totalmente blanca no podía detallar muy bien sus ojos pero su nariz pequeña y respingada si la pude detallar, su cabello largo sus manos tan delgadas, en el momento no caí en cuenta que no era un humano vivo, sino un alma… Cuando caí en cuenta lo único que hice fue correr y dejar a los demás tirados, este coliseo es más o menos de unos 4 o 5 metros, del susto me tire y ni cuenta me di…. Llegue pálida y asustada a la cancha escuche el grito de una de mis compañeras, y llegó también asustada, y me dijo: “¿la vio, dígame que si la vio?”, y yo sí creo que vimos lo mismo…

Muchos se rieron y otros quizás nos creyeron, así pasó el rato pero el ambiente se tornaba raro…, yo no quitaba la mirada de donde la vi .Seguimos nuestro ensayo como si nada, no fui capaz de ir a guardar mi lira así que le pedí el favor a uno de mis amigos. Dos muchachos que eran muy casposos se reían de nosotras, y decidieron dar la vuelta al coliseo: Yo me dirigí a la entrada del colegio, y le pregunté al celador, el me vaciló que era cuestión de mi imaginación… Cuando estos dos muchachos casposos llegaron estaban pálidos y les faltaba el aire, me dijeron: “te creemos, nos topamos con ella, es totalmente blanca y transparente”; el celador se echó a reír, y dijo: “no la molesten, ella es el alma de una niña que murió en el interior del colegio hace mucho tiempo, al parecer por violación. Ella me ayuda a cuidar el colegio”. Yo lo miré y le dije: “¿en serio?” y el celador respondió: “si, ella es el alma en pena del colegio” y se alejó en dirección al lugar donde había sido visto aquella niña espectral”.

Historias eternas, leyendas inmortales o realidades muy vívidas… ¿Quién sabe?

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