Simbología y curiosidades de la Semana Santa de Sevilla

SIMBOLOGÍA Y CURIOSIDADES DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA (LABRADOS Y ORFEBRERÍA)

Por: Jose Manuel García Bautista

En nuestra Semana Santa de Sevilla son muchos los detalles que podemos ver en los pasos de las hermandades y muchas las curiosidades que pasan inadvertidas, en unos casos por estar muy disimuladas y en otros por el desconocimiento o no acertar a interpretarlas, aqui hay una buena colección de esos detalles importantes, secretos, pero a la vista de todos…

-Nuestra Señora de los Dolores (Hermandad del Cerro del Águila), lleva en los candelabros de cola una jaula con un grillo.

-La Virgen de la Hiniesta lleva en los respiraderos los escudos del Sevilla y del Betis. Un gusanito en los respiraderos de la Hiniesta Gloriosa.

-La Virgen de las Aguas (Hermandad del Museo), lleva en sus candelabros de cola unos seises.

-El Cristo de Santa Marta lleva debajo de su mano una rosa para simular su sangre.

-La Virgen de las Aguas (Hermandad del Museo), es la única que está realizada en barro.También lleva en los varales capillas con todas las patronas de España.

-El Cristo de la Expiración (Hermandad del Museo) y El Cristo de la Humildad y Paciencia (Hermandad de la Cena), son los únicos que están hechos en pasta de papel.

-La Virgen de la Merced aparecen estos dos angelitos, uno con gafas y otro con una pluma de indio.

-El Misterio de la Sagrada Mortaja es el único al que anteceden 18 ciriales, representado las 18 personas que fueron al entierro de Jesús.

-La Virgen de los Dolores del Cerro, lleva en un candelabro de cola un agelito que porta una jaulita y dentro lleva un pajarito.

-La Virgen de la Aurora tiene una serie de detalles curiosos: San MArcos lleva en su libro la inscripción “Curro Romero”. San Lucas lleva en el suyo otra inscripción: “Orfebrería Delgado López-1992”. El candelabro de cola izquierdo lleva una libélula. El candelabro de cola derecho lleva una medalla con el escudo de la Hermandad. La Peana lleva una mariposa. Algunos de los angeles de los respiraderos llevan representadas insignias de la Hermandad: Estandarte, bocinas, ciriales,…

-Un angelito del misterio de la Esperanza de Triana, lleva un chupete. Angelitos jugando en el los candelabros de la Reina de Triana.

-Tres espinas clavadas en el rostro del cristo de la Sed. Una en la frente, otra en la ceja, y la tercera en una oreja.

-Dos espinas clavadas en el rostro del Señor de Sevilla, una en la ceja y otra en su oreja.

-Las manos de Castillo Lastrucci para su Cristo de la Presentacion al Pueblo.

-Un angelito con gafas en el respiradero de la Virgen de la Merced.

-Grabados de los rostros en los respiraderos de la Virgen de Regla de todas las dolorosas del miércoles santo excepto la Consolación de la Sed por incorporarse más tarde.

-Un angelito negro en paso del Misericordia de las Siete Palabras

-Una avispa en el costero derecho del paso de jesus de La Rdencion en el beso de Judas.

-Un angelito negro en la base del trono de nubes del Decreto.

-El logo del centenario del Sevilla F.C. en la canastilla del misterio de la Hermandad del Polígono San Pablo, y en el palio de Santa Genoveva los escudo de los equipos de la ciudad en los barales.

-Un caracol en la corona de espinas del Santisimo Cristo de la Paz del barrio de Rochelambert.

-En los candelabros de cola de la Virgen de Consolacion hay una barquita.

-La Virgen de Guadalupe lleva un sombreo mejicano colgado de la mano.

-Angelito con chupete en el nuevo paso de San Gonzalo.

-Un murciélago en la canastilla del Santo Enttierro.

A buen seguro otros muchos deben incorporarse a esta lista de curiosidades pero para comenzar es un buen inicio.

 

*Imágenes: mi@rroba

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El Rostro del Cachorro

Por: Jose Manuel García Bautista / El Correo de Andalucía

Tenía Sevilla un pozo en las afueras de la ciudad, decían que en su cercanía se encontraba el convento de monjas agustinas del Dulce Nombre de Jesús. En aquel pozo se dice que apareció la imagen de una Virgen y que muchos fueron los se apresuraron en ir a ver aquel nuevo milagro de esta tierra de María Santísima. Aquella talla fue cobijara en un pórtico bajo la advocación de Nuestra Señora del Patrocinio. Con el tiempo aquel oratorio dio lugar a la Capilla del Patrocinio.

Y en el Patrocinio encontramos la hermandad de El Cachorro nacida como fruto de la unión entre la hermandad del Patrocinio con la del Cristo de la Expiración a principios del siglo XVII. Esta hermandad tiene a uno de los más bellos y legendarios crucificados de la ciudad, orgullo de Triana y de la calle Castilla, obra de Francisco Antonio Gijón en 1682 tras serias tribulaciones y vicisitudes consigo mismo. El Cristo de la Expiración representa el último suspiro de Jesús en la cruz, patética escena de sufrimiento, estremecedor sentimiento de bondad, conmovedor gesto en tan particular pasión, abrumadores el choque de impresiones que se sufre cuando se contempla su imagen. Es conocido por todos como el Cristo del Cachorro. Y es que, dicen, que su imagen fue fruto de un casual encuentro que tuvo su autor con un personaje de esa Sevilla de siempre, que vivía en Triana y era conocido como El Cachorro, gitano, en aquella primavera de 1682 que atravesaba el puente de barcas junto al castillo de San Jorge y cruzaba el Guadalquivir hacia Sevilla.

Cuenta esta bella historia que creyendo infiel un marido celoso a su mujer con El Cachorro le asestó varias puñaladas a la altura de la Venta Vela. El imaginero se encontraba en el lugar y se asomó entre el corrillo de curiosos que rodeaba al moribundo gitano cuando contempló aquella mirada perdida, vacía, y aquella expresión final cuando aquel hombre exhalaba su último aliento, justo cuando expiraba. Francisco Antonio Gijón corrió a su taller estremecido aún por la escena pero embriagado de una fuente de inspiración que lo llevaría tallar una de sus obras más inmortales: el Cristo del Cachorro.

Decían de aquel gitano apodado El Cachorro que era un auténtico don Juan con muchas doña Inés a su alrededor. Por su parte el imaginero era temido en Sevilla. Se decía de él que era un tanto siniestro y le caracterizaban sus salidas nocturnas y su estampa sombría. Y buscaba la inspiración para tallar una obra imposible que no acababa de encontrar. Aquella noche trágica el bello gitano era apuñalado y Francisco Antonio Gijón contempla a aquel personaje, venerado por unos y odiado por otros, alzando su mirada los ojos hacia lo alto, como buscando a Dios, encontrándose a un solitario imaginero amparando los últimos momentos de su vida.

Aquel incidente marcaría la vida y la obra de Gijón. Cuando procesionó por primera vez ante aquellos trianeros y sevillanos la impresión fue la deseada, la imagen del crucificado levantó la admiración del pueblo sevillano que se rindió al arte del imaginero. Dicen que entre el siempre aroma del azahar en Sevilla algunos conocidos del Cachorro gritaron: «El Señor se parece al Cachorro», y así, aquel inspirado Cristo de la Expiración fue conocido como Cristo del Cachorro para gozo de Sevilla y de su hermandad.

 

El misterio del Cristo del “Cachorro” en el cementerio de Sevilla

Por: Jose Manuel García Bautista / El Correo de Andalucía

Si hay un arquitecto que representó con personalidad propia el regionalismo costumbrista sevillano ese fue, sin dudas, el singular Aníbal González. A él se deben obras de la importancia de la Plaza de España de Sevilla donde, acuérdense, hay una lápida y su nombre.

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Fue un arquitecto regionalista de referencia, además ocupó el cargo de Vicepresidente del Ateneo de Sevilla y dirigió, como arquitecto jefe, las obras de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1.929.

Algunas de sus numerosas obras fueron: El Pabellón de la Asociación Sevilla de Caridad en la calle Arjona, la Fachada de la Capilla de los Luises, en calle Trajano de Sevilla, el Pabellón Real del Parque de María Luisa y un largo etcétera. Algo que no se comprende muy bien es, que este arquitecto que tanto hizo y construyó para esta ciudad, falleciera a los 53 años de edad, en la ruina más absoluta. Hasta tal punto, que su familia tuvo que vivir de prestado.

Su panteón encierra un misterio profundo… Lo podemos encontrar entre la evocadora Glorieta del Cristo de las Mieles de Antonio Susillo y la Glorieta de la Piedad, en su interior se esconde evadido de la realidad cotidiana, desde hace muchas décadas, un gran misterio…

Si se asoma por su reja forjada, con dificultad, verá en su interior un impresionante crucificado. Dicen de él que es el auténtico Cristo del Cachorro llevado allí para acompañar en su último viaje al insigne arquitecto sevillano. Si pregunta, no faltará aquel que le afirme que efectivamente aquel es el auténtico “Cachorro” depositado allí tras el incendio sufrido en la iglesia del Patrocinio y que dañó gravemente a la imagen de su Cristo titular y cuyas llamas devoraron sin piedad a la Dama de la calle Castilla.

Hoy sabemos y desvelamos aquel misterio: el Cristo del “Cachorro” del panteón de Aníbal González es una copia de aquel que guarda Triana desde casi el otro brazo del río… El Cachorro del cementerio –como popularmente se le conoce- es una copia realizada por Eduardo Muñoz Martínez y policromada por Cayetano González, sobrino del popular arquitecto sevillano, y mandada hacer por el propio Aníbal González previa autorización de la Hermandad.

Con todo ello, aparte de la copia en el cementerio que guarda la tumba del arquitecto, también se hizo una segunda que regaló a Manuel Siurot para que presidiera un colegio en Huelva…, pero que se quemó en los años más anticlericales de aquella República española.

Y es que fue Rafael Blanco Guillén, quien a riesgo de su propia vida, un 26 de Febrero de 1973 entró en la capilla del Cachorro cuando esta era consumida por las llamas y salvó a aquel Cristo que desde su Cruz ahoga su último aliento en un último suspiro…Un suspiro al cielo sevillano en el día en el que, por gracia divina, sólo se dañó las piernas y talones para hoy día seguir siendo la admiración de la calle Castilla. Los hermanos Raimundo y Joaquín Cruz Solís fueron los autores de la restauración del “Cachorro” en 1974 tras sus consecuencias en la impresionante talla de Gijón.

Guardando los restos de Aníbal González esta copia, que si no fuera por las evidentes marcas del paso del tiempo, que cualquiera diría que el mismísimo “Cachorro” ha querido visitar al más universal de sus devotos.

(Extracto “Guía Secreta de Sevilla”, 2009 e investigación del autor y Sevilla Tv, 2008).

La Madrugá que lloró la Virgen de las Angustias, Los Gitanos

Jose Manuel García Bautista / El Correo de Andalucía

Resultado de imagen de virgen angustias gitanos sevillaLa Semana Santa de Sevilla ha dejado momentos inolvidables en la retina de muchos cofrades y amantes de la semana más grande de la ciudad hispalense, pero también momento en los que el pánico se poderó de las personas, del público asistente al paso de los cortejos procesionales. En la memoria de la ciudad aquella “Madrugá del Pánico” o momentos como el famoso niño fantasma que acompañó al Señor de las Tres Caídas desde Triana a Sevilla y desde Sevilla a Triana en la eterna dualidad de esta ciudad.

Otro hecho mágico, poco demostrable, lo encontramos en un hecho “paranormal” que se vivió en el año 1994. Así lo narraba su protagonista: “Estoy leyendo los comentarios sobre este tema ya que me apasiona por una parte los temas cofrades y por otro los paranormales y me quedo helado. Voy aportar un fenómeno que se dio en el año 1994, creo recordar, en la Semana Santa de Sevilla.

Era en la madrugá, cuando la Virgen de las Angustias de la Hdad. de Los Gitanos pasaba por la calle Sierpes y un videoaficionado tomo de primer plano la cara de esta imagen. Pues, bien cuando este señor visualiza el vídeo días después en su casa, observa en la toma que hizo como por la mejilla de la Virgen de las Angustias se le resbalaba una lágrima, pero no de las que tiene, sino líquida, al igual que cualquiera de nosotros cuando lloramos.

Este hombre llevo el vídeo a varias expertos para que busquen una explicación científica, la verdad que como en todos estos casos se le busca explicación por parte de los más escépticos e incrédulos, y por otro lado se llega a la conclusión de que esta imagen, ese día de ese año, lloró por Sierpes”.

Leyendas en torno a nuestras imágenes más queridas, historias heterodoxas, que engrandecerán aún más la enorme devoción que se les profesa con eventos inexplicables que cabalgan entre la leyenda y la realidad.

El reloj y el Tiempo de la Esperanza Macarena

Jose Manuel García Bautista / El Correo de Andalucía

Resultado de imagen de reloj esperanza macarenaOtra imagen de particular dulzura y devoción la encontramos en el barrio de La Macarena, allí los hortelanos del Convento de San Basilio fundan en 1595 la hermandad de “La Macarena” –como se la conoce popularmente-, en 1670 se trasladan a su casa de siempre, San Gil, y posteriormente a su templo basílica donde se le puede visitar actualmente.

Se trata la imagen de la Esperanza de una talla anónima del siglo XVII sin una autoría definida pero que cualquier devoto le diría que está realizada por los mismísimos ángeles. La Macarena arrastra tras de si una curiosa historia, en épocas pretéritas, a mediados de los años 30 del pasado siglo tenía esta hermandad su sede en la Anunciación, durante el recorrido oficial en su estación de penitencia del año 1937 quiso hacer una visita a los enfermos del cercano Hospital de las Cinco Llagas que a tantos enfermos y devotos contenía en su interior, una vez realizada la visita regresaba a su templo temporal en la referida sede para descanso ya de todos sus hermanos. Al ser un recorrido largo se decidió que al año siguiente pernoctaría en el interior de la iglesia del Hospital para regresar el Domingo de Resurrección a su sede, hecho que se repitió hasta 1942 cuando se regresó a la Iglesia de San Gil.

La historia cuenta que la hermandad de la Macarena ya había realizado este peregrinar al centro sanitario a mediados del siglo XIX e incluso se habló de que la imagen había sido propiedad del Hospital hasta que se realizó un truque por un reloj de pared, el Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre daba aquella imagen a cambio de un reloj de pared pero en aquel acuerdo se afirmaba que si la imagen de la Esperanza Macarena volvía a su interior, traspasando sus puertas, volvería a ser propiedad de los regentes del Hospital, perdiendo la hermandad su querida imagen. Fueron momentos tensos y muchos los que temieron que si su querida Madre traspasaba aquellas puertas se las arrebataran de su templo e incluso se encontraban hermanos cerrados a la sinrazón de otros tiempos y otras leyes… Cierta o no la Esperanza Macarena volvió al Hospital de las Cinco Llagas y lejos de quedar en su interior volvió a su templo cerca de la Muralla entre la gloria de un pueblo agradecido que veía como aquella cláusula había quedado invalidada.

La Macarena arrastra tras de sí otra curiosa historia que nos habla de cómo en una de tantas “semanas santas” que ha vivido esta ciudad un hombre se encontraba en un serio estado de embriaguez, sus actos alcoholizados no eran controlados por aquel infeliz que había dejado su conciencia junto Baco… Aquel hombre se encontraba próximo al palio de la Esperanza Macarena cuando alzó su vaso y lo arrojó contra la imagen ante el pábulo e ira de los presentes.

Años después tras la Macarena iba un nazareno, fuertemente atado con cadenas, descalzo y con grilletes en sus tobillos, aquel penitente desconsolado era aquel individuo que cegado por el alcohol atentó contra la imagen de su Virgen. Así lo expresaba en el diario “La Andalucía” del 12 de Abril de 1892, en un artículo titulado “Recuerdo de Sevilla en Semana Santa” la periodista Carolina de Soto y Corro y rememorado desde las páginas del diario “ABC” de Sevilla por Juan Carrero Rodríguez en 1985.

El niño que no perdió la Esperanza (de Triana)

Por: Jose Manuel García Bautista/César Rufino / El Correo de Andalucía

Resultado de imagen de tres caidas trianaAprovechar el crepúsculo para quedar en Triana con un experto en sobrenaturalidades, y hacerlo por segunda vez en menos de un mes, empieza a parecerse a una adicción. Si no fuera por lo bien que va el mundo, podría entenderse hasta como una huida de la realidad. Esta vez, pese al poco tiempo transcurrido desde la primera cita con José Manuel García Bautista, la noche es más larga y llega antes, y el dragón que hace tres semanas expelía su aliento fétido envolviendo las tardes en una flema asfixiante parece haberse quedado dormido debajo del puente, acurrucándose para hibernar. Hace cierta rasca en el Altozano y la pregunta de si las recién concluidas Jornadas del Misterio celebradas en Don Cecilio han dejado alguna novedad importante en Sevilla queda contestada con una sonrisa de alborozo que cruza al experto de oreja a oreja. Acostumbrado como está a refrenar la pulsión frenética del apasionado con la comedida intriga del escritor, dice: “Ni te lo imaginas, amigo mío. Lo que voy a contarte es algo extraordinario. Te va a encantar. Es es-pec-ta-cu-lar, y muy, muy de Sevilla.”

En la ocasión anterior, Betis y Castilla aportaron al relato de lo fantástico los reflejos nocturnos del río y la lobreguez amarillenta de los zaguanes en penumbra y los pasadizos con verdina, que es lo que pega para anunciar un ciclo de conferencias sobre la Sevilla paranormal de los espectros y los milagros. La última de esas jornadas iba a estar dedicada a revelar las grandes novedades producidas en este terreno, y para hablar de ello se hacía necesaria una segunda cita. Esta vez, al poco de entrar en Pureza y bajo la sugestión de la charla y de la noche, la sensación es la de que tener espalda por la que puedan acecharlo a uno es una cosa tremendamente poco práctica en una calle donde todo, hasta los muros, son presentimientos. Sin embargo, la historia que trae a esta cita, la gran novedad de la que se habló en esas jornadas (una de ellas; de las otras, ya se hablará aquí en su momento) está del todo alejada de lo terrible, de esos enigmas inquietantes que quitan el sueño. No. Su relato es, a decir verdad, la leyenda más nueva de Sevilla y de sus cofradías, y como tal reúne un porcentaje de belleza, otro de romanticismo, otro de ternura.

“Al más puro estilo becqueriano”, lo resume José Manuel García Bautista, quien se apresura a asegurar que se trata de un hecho real y con testigos, nada de trolas. Su relato, que al día siguiente enviaría por escrito para que no se perdiese un detalle, narra una experiencia de la que lo hizo partícipe su compañero Miguel Roda, un día, en los estudios de Radio Betis. “Aún recuerdo su rostro vivamente impresionado y los vellos de punta. Me dijo: «José Manuel, ¿vas a escribir algo sobre lo que sucedió en la Madrugá con la Esperanza de Triana?» Mi respuesta fue inmediata: no tenía ni idea de lo que me estaba contando. Y él, sabiendo de mis aficiones y pasiones, me lo refirió todo.”

José Manuel prosigue: “Sucedió hace un par de años. Al salir la Esperanza de Triana, se le pegó a uno de los zancos un niño de unos diez años. El crío permaneció allí hasta que entró en la carrera oficial y lo dejaron quedarse, creyendo que podría ser el hijo de alguno de los costaleros que iba bajo las trabajaderas del paso. Total, que al salir de la Catedral, el niño vuelve a colocarse en el mismo sitio donde había estado antes, llamando con ello la atención del capataz y del contraguía, pero sin que la cosa pasara de ahí. El caso es que sigue avanzando la cofradía, la noche se hace ya mañana, entra la Esperanza de Triana en su barrio… y entonces ya el capataz y sus auxiliares empiezan a inquietarse y a preocuparse por aquel niño que llevaba allí toda la noche, sin desmayo. Así que, con idea de saber qué pasaba y si le podía ayudar en algo, Pepe Ceballos, el capataz, se fue para el niño y le dijo: «Hola, ¿va tu padre debajo?», y aquel niño, de forma amable, casi risueña, le dice: «No, mi papá murió.» Lo último que esperaba oír ese hombre.”

Pero todavía no había pasado nada: “Al capataz se le hizo un nudo en el alma y decidió dedicar una levantá en honor de aquel costalero fallecido y de la fe de aquel niño: «¡Vamos a dedicar una levantá por un hermano que nos ha dejado!» Y, tras la emocionante llamada, el paso se elevó al cielo con su efluvio de flores y su sonrisa de plata. Pero lo más curioso llega entonces, cuando el capataz se dirige adonde estaba el niño y se encuentra con que este ha desaparecido. Desaparecido… ¡en una calle acordonada por las vallas burdeos del Ayuntamiento de Sevilla y sin que nadie lo viera! Simplemente, se había desvanecido. Desapareció tal y como había llegado. Desde entonces se le conoce como el niño fantasma y, sin duda, pasa a engrosar la enorme lista de fenómenos imposibles en torno a nuestra Semana Santa. Comido por la intriga, pregunté a Miguel Rosa si estaba seguro de lo que me estaba contando, y señalándose los vellos de punta del brazo, me dijo que lo consultara. Y los miembros de la cuadrilla ratifican punto por punto esta historia singular que cierra, de momento, el libro de las leyendas de Sevilla.”

Origen de la hermandad de “El Calvario” de Sevilla

Resultado de imagen de el calvario de sevillaEn el año 1540 tiene lugar la fundación de la primera Cofradía de la Pasión baezana en una de las capillas del antiguo convento de San Francisco, dentro de la misma Orden Franciscana. Esta Cofradía de la Vera+Cruz sería por lo tanto el inicio de la andadura de la Cofradía del Calvario.

La Imagen del Cristo de las Gracias, el crucificado de la Cofradía, pertenecía a la escuela granadina del siglo XVI, próximo a las doctrinas del Imaginero Pedro de Mena, de gran valor artístico. Se completaba con los ladrones San Dimas y Gestas, que sufrieron varios cambios a lo largo de la historia por no ser del gusto de los devotos.

En los primeros compases del siglo XX la Cofradía inicial empieza un proceso de desambiguación que daría lugar a la homónima de la Vera+Cruz con culto al Nuestro Padre Jesús Nazareno, que mantendría la fecha fundacional, y la nueva Cofradía de La Lanzada en torno al Crucificado del siglo XVI de la Hermandad Franciscana. Quedando por tanto la fecha fundacional datada en el año 1916. Ambas Cofradías ostentan de igual modo el mismo tratamiento, Venerable e Ilustre.

La causa de ese alejamiento hay que hallarla en la situación precaria, en general, en que se encontraba dicha institución penitencial a principios de la pasada centuria hasta el punto de que prácticamente no se celebró ningún cabildo durante los primeros 16 años del siglo XX. Fue, pues, el creciente distanciamiento motor de la separación definitiva de ambas escuadras, la del nazareno y la del crucifijo. El 7 de marzo de 1916 tuvo lugar un cabildo general de la Vera Cruz, con el fin de remodelar y reestructurar la situación de la hermandad, acordándose, para su remedio, el nombramiento de dos mayordomos dentro de una sola institución: don Alfonso Lucena Mota, de la Vera Cruz, y don Segundo Jurado Cejudo, de la Lanzada. Se contaría, asimismo, con doble junta directiva.

Tal anómala situación duraría hasta 1924, cuando ambos señores citados elaboraron una memoria “explicativa de su ejercicio”, durante los años en que “ha estado a cargo su gestión”. Presentaron los dos su dimisión con el deseo de dejar entrar en la cofradía nueva savia. La junta convocada al efecto reunificó las dos secciones, nombrando un único mayordomo: don Cándido Jurado Cejudo y en el puesto de vicemayordomo, Alfonso Lucena Mota. No se alcanzó ninguna solución con esa decisión, y sí incluso en 1926, ataques directos a la memoria que en su tiempo presentaron ambos señores. Se eligió en esta junta de 1926 un mayordomo para la Vera Cruz (el citado señor Lucena), finalizando así una situación vacilante, oscura e indeterminada, que se había iniciado diez años antes y, aunque durante aquellas fechas los documentos fueron firmados por ambos cargos en 1927, en la Vera Cruz sólo aparece la firma del señor Lucena.

En las cuentas de la memoria de 1925 aún aparece una partida de 275 pesetas “por arreglo del trono del Calvario. No obstante lo dicho arriba, en el programa de la Semana Santa de 1924, quizás basándose en lo decidido en el cabildo de ese año, ya aparece La Lanzada [o el Calvario] como cofradía “eregida en la Parroquia de Santa Cruz”, si bien en la referencia a la procesión de la madrugada del Viernes Santo se dice “a las 5 de la mañana: Iglesia de Santa Cruz, oficios solemnes y acto seguido la procesión del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, el Calvario, la Santa Cruz, san Juan Evangelista y Nuestra Señora de los Dolores”, con un itinerario algo diferente al actual: Cuesta de San Felipe Neri, calle del Sacramento, Barreras, San Pablo, Rojo, San Andrés, San Francisco, Plaza de Alfonso XII y calle Compañía. En ese año el Calvario figura en la procesión que acompaña a “la Urna del Santo Sepulcro” o procesión general.

El origen de esta cofradía habría que establecerlo, pues, entre los años 1916 y 1924 pero que se haría definitivo en 1925 aunque desconocemos si en aquellos años fueron aprobados unos estatutos u ordenanzas. Distintos abatares, un incendio en la Santa Cruz en 1926 y la Guerra Civil Española (1936-1939) acabaron con las imágenes y sus enseres y desapareció la cofradía.

…Y el Gran Poder visitó mi casa (Leyenda)

Por: Jose Manuel García Bautista / El Correo de Andalucía

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Es una de esas historias que se dan por cierta pero que tiene un sorprendente matiz que publicamos en El Correo de Andalucía, no obstante la misma ha pasado a las leyendas más populares de Sevilla. La misma nos dice que corría 1965 y un hecho muy particular, convertido hoy en leyenda, se iba a producir en la capital teniendo como protagonista al exfutbolista del Sevilla F.C. Juan Araujo.

Era devoto del Señor del Gran Poder, y en esa época atravesaba por una situación difícil, la más dolorosa por la que un padre puede atravesar: la enfermedad de su hijo. Los que somos padres sabemos el dolor en el alma que ello provoca, indescriptible, inhumano, preferimos mil veces esa dolencia para nosotros mismos que para nuestros hijos. Pero el destino no lo rige nadie.

El hombre pedía, día y noche, al Señor de Sevilla, por la sanación de su hijo, pero esta no llegaba y quiso la mala fortuna que Dios lo llamara junto a él, falleciendo. La reacción de Juan fue la de renegar de la fe y devoción que guardaba a aquel Cristo al que tanto había pedido por la salud de su hijo. Prometió firmemente no volver a pisar la basílica y que cuando lo vieran cerca de Él sería porque el Gran Poder habría ido a su casa a verlo a él.

Nunca se puede desear algo con fuerza u odiar de tal manera que se convierta en olvido. Siempre queda un pozo en un rincón del alma que te recuerda los motivos, como un remordimiento eterno… Así, se realizaban en Sevilla las llamadas Misiones Populares en las cuales, determinadas imágenes hacían un recorrido a barrios más allá del recorrido que hacían en Semana Santa o los vía crucis. Ese año al Gran Poder le correspondió visitar Nervión, justo donde Juan había instalado un taller con el que se ganaba la vida. Pero el azar, o las leyes de Dios, son difíciles, y el día que estaba procesionando comenzó a llover teniendo que buscar un rápido cobijo donde proteger la imagen. La iglesia más cercana estaba cerrada y lo más parecido donde resguardar al Cristo era una nave cercana. Llamaron a la puerta, Juan preguntó: «¿Quién es?», y una voz respondió al otro lado «El Gran Poder», presto se apresuró a abrir y ante él se encontró al Señor de Sevilla, pidiendo entrar en su casa. Juan cayó de rodillas ante la prodigiosa imagen arrepintiéndose de su acción y por haber dejado la fe.

Sin embargo el matiz que apuntaba al principio es bien diferente pues aquel niño se llamaba Jesús, el menor de los cinco hijos del futbolista. Pero no murió ni el Gran Poder visitó su casa. Su protagonista –Jesús Araujo- recuerda: «Yo tenía siete años e iba con mi padre a todos sitios. Como el Señor pasaba por Nervión, fuimos hasta la Puerta de Carmona y desde ahí lo acompañábamos hasta el barrio», comenzó a llover cuando el Señor estaba a la altura de San Juan de Dios y como la cruz no entraba en la capilla, Araujo ofreció su garaje. Pero el Gran Poder no cabía por su altura y siguió, allí. En el taller si se quedó la Virgen del Mayor Dolor, siendo a la mañana siguiente cuando ambas imágenes siguieron hacia la Candelaria. Así fue como el compañero Antonio Delgado-Roig descubrió que la leyenda contenía el germen de la verdad aunque en sí no fuera cierta.

Se me saltan las lágrimas cuando escribo esa historia, yo, como Juan Araujo, tengo vínculos eternos con el Gran Poder. Allí descansa mi madre, eternamente junto a Él.