Un matusalén que vivió en Sevilla

Juan Ramírez Bustamante ejerció su ministerio en la parroquia de San Lorenzo durante 22 años desde que tenía 99.

Montaje con la Catedral de SevillaSobre 1.550 nació en Sevilla Juan Ramírez Bustamante, de noble familia pero venida a menos. Juan era una persona decidida y aventurera, en su vida emprendió muchas «locuras de juventud». Se hizo piloto y participó en numerosísimos viajes de ida y vuelta al Nuevo Mundo, se enfrentó a piratas y tempestades, fue parte de expediciones que descubrieron multitud de islas y archipiélagos ignorados por los mares de Oriente.

Con 40 años obtuvo el título de piloto mayor de la Carrera de Indias, ello le permitía disfrutar de seis meses en tierra por cada año de navegación. En ese tiempo contrajo matrimonio, enviudó, se volvió a casar y así hasta cinco veces, se cuenta que tuvo 51 hijos con sus apellidos, de todos ellos cuarenta y uno legítimos y diez «extramatrimoniales», como se permitía en la época.

Con 60 años abandonó el mar y se dedicó, durante 25 años más, a la enseñanza de Matemáticas y Astronomía en la Escuela de Mareantes.

Al jubilarse de la enseñanza, se entretenía con la confección de dibujos topográficos, que alternaba con la lectura de textos bíblicos y obras de los Santos Padres de la Iglesia. Como consecuencia de estas lecturas, comenzó a estudiar la carrera de sacerdote, con sus cuatro años de Humanidades y sus tres de Teología, consiguiendo ordenarse sacerdote ¡a los 99 años de edad!

No contento con ello, al día siguiente de su ordenación se presentó ante el Arzobispo de Sevilla para solicitar destino. Su Ilustrísima estaba maravillado por la constancia y la energía del nuevo sacerdote, pero no por ello cedió a su petición; consideraba que era demasiado mayor para un destino tan trabajoso.

No cedió en su empeño el buen Ramírez que, ni corto ni perezoso, escribió una carta al propio rey don Felipe IV. En la Corte, la misiva causó asombro por estar firmada por un anciano de tanta edad y con una hoja de servicios tan brillante, hasta el punto de que el rey exhortó al Arzobispo a que atendiera las pretensiones de Juan Ramírez.

De nuevo en el Palacio Arzobispal, el impenitente viejo volvió a sorprender a su Ilustrísima al pedirle la parroquia de San Lorenzo, que tenía fama de atender a los feligreses más complicados de Sevilla: caldereros, curtidores, tahúres, prostitutas y pícaros de todo tipo.

Finalmente accedió el Arzobispo en la creencia de que enviaba al pobre hombre a la muerte y convencido de que no superaría el primer invierno en San Lorenzo, con sus paredes húmedas, sus puertas enfrentadas y sus techos altísimos.

Don Juan Ramírez ejerció su ministerio allí durante 22 años. Don Juan parecía tener un pacto con la muerte y no murió ni por enfermedad ni de viejo sino por accidente: al cruzar una pasarela que cruzaba la calle de Las Palmas, hoy Jesús del Gran Poder, uno de los peldaños se venció con su peso y cayó desnucándose.

Juan Ramírez Bustamante se encuentra enterrado en la Capilla Sacramental del Sagrario de la iglesia de San Lorenzo.

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