La casa encantada del barrio de Heliópolis

Objetos que cambian de lugar, bruscos descensos de temperatura, extrañas presencias, orbes de luz, ruidos extraños, muñecos que hablan sólo o que parecen cobrar vida, es el apasionante fenómeno de las casas encantadas y esta que se localizaba en el barrio de Heliópolis.

JOSÉ MANUEL GARCÍA BAUTISTA  / El Correo de Andalucía

Resultado de imagen de casas del miedoLos fenómenos paranormales, o extraños, los podemos encontrar en todos sitios, algunos sin explicación y otros atienden a un vínculo estrecho, emocional o sentimental, con el lugar. Quizás sea ese vínculo el que provoque, con el paso del tiempo, hechos que son difíciles de explicar.

Se llaman casas encantadas o casas embrujadas a aquellos inmuebles, pisos o edificios en cuyo interior se produce una clara y evidente fenomenología paranormal o sobrenatural. Habitualmente todo ese conjunto de fenómenos inexplicables producidos en su interior es atribuido a la presencia de fantasmas o poltergeist, a falta de otra explicación que resolvieran los fenómenos que se manifiestan en el mismo. Su denominación varía, de casas encantadas, embrujadas, infestadas, endemoniadas, del terror, del miedo… Pero todas ellas comparten un punto en común: los fenómenos análogos que se producen en su interior.

Uno de esos hechos cuya fenomenología podría vincularse a un lugar determinado donde una familia vivió buena parte de su vida es al lugar al que les quiero llevar en el barrio de Heliópolis. Para ello contactamos con una persona, Francisco, que será el principal narrador de una serie de sucesos que, cuando menos, son llamativos.

En una tarde tranquila, junto a una buena amiga, tuvimos un encuentro en el que me comentó lo que había vivido en su interior. A mi pregunta sobre el pasado del sitio me respondió: “Por lo que sabemos, la primera edificación data de los años 20 del pasado siglo y debió consistir en una casa en planta baja no muy grande con algo de jardín. No sé nada de los primeros propietarios del inmueble, aunque estoy casi seguro de que antes de dicha construcción, el terreno se dedicaba a huerta o a campo de cultivo.

Mi familia materna la adquirió en 1.940, y en el año 1.955 se hizo una gran reforma ampliando en la casa hasta ocupar la totalidad de la parcela en planta baja y alta; se configuró con un amplio patio cubierto por una montera de cristal. Mis padres la ocuparon, tras su matrimonio en 1.962, y residieron en la misma hasta su fallecimiento”.

Valorando algunas circunstancias Francisco explicaba: “Desde siempre la edificación producía un efecto incómodo a sus habitantes (mi padre, ajeno a estos temas, decía que nunca se había sentido a gusto en ella), a pesar de su bonito estilo constructivo: andaluz en la zona del patio y la fachada, y a la inglesa con chimenea y mucho uso de madera en la zona interior”, recordando la estética interior y las impresiones de su progenitor.

Pero ya “pasaban cosas raras” así “los sonidos de pasos en la azotea, durante la noche, eran habituales y causantes de muchos terrores infantiles nocturnos, que los mayores explicaban como “paseos de gatos”. Pese a su indudable similitud con los pasos humanos y al hecho de que, durante el día, no se observara ningún gato en el vecindario”, explicaba.

Para encontrar una explicación razonable, dentro del campo de lo paranormal, a todo lo que en ellas ocurre tendríamos que revisar concienzudamente el inmueble –para descartar toda hipótesis racional y dar paso a la paranormal-, buscar posibles evidencias de desajustes eléctricos, campos magnéticos, infrasonidos, ultrasonidos, fraudes, roedores y un sin fin de explicaciones. Al final tenemos lo más improbable, que en este caso es lo más posible: el fenómeno paranormal.

Buscaremos en el pasado del edificio o de sus moradores cualquier indicio de hecho violento o luctuoso que pudiera encajar con las descripciones, testimonios o relatos que de un lugar encantados nos realizan y que haya podido canalizar los fenómenos como desencadenante.

En ese mismo testimonio, de gran valor, indicaba: “Como anécdotas más significativas de los años que viví en la casa destaca el día que se trajo un piano a casa y se instaló en el comedor. Mi madre comentó que lo oyó sonar a la mañana siguiente “como si alguien pasara la mano por el clavijero interior de las cuerdas”, encontrándose sola en casa y cuando ya nos habíamos ido al colegio. El sonido fue tan perceptible, que mi madre pensó que quizá alguno nos habíamos rezagado y nos habíamos quedado en casa jugando con el piano, en lugar de marcharnos al colegio a su hora.

Otro día, encontrándonos la familia viendo la televisión en la sala de estar, oímos claramente el sonido inconfundible de una moneda cayendo por los peldaños de la escalera interior que comunicaba con los dormitorios. La pared colindante de la escalera daba al jardín de la casa contigua, y por el otro lado era contigua con la sala de estar, pasando por detrás de la chimenea. La moneda tintineó en el último rellano y me levanté para ver qué había pasado. Ni en el rellano ni en la escalera había ninguna moneda, así que tras comentar a mis padres que no había nada, seguimos viendo la televisión tranquilamente sin hablar del tema”.

El testigo sigue recordando: “En otra ocasión, me desperté al amanecer y al poco pude escuchar un gran estruendo en el patio de la casa, como si una gran viga metálica hubiera caído desde gran altura al suelo. Me levanté y me asomé por la galería de la planta superior y todo estaba tranquilo, cuando el estruendo se repitió en la zona de mi dormitorio. Nadie más que yo pareció oír el ruido, así que me volví a acostar hasta que llegara la hora de levantarse”.

No fue la única ocasión en la que ocurrió algo así: “Un fenómeno parecido se repitió recientemente cuando la casa estaba en venta y la estábamos enseñando a diversos posibles compradores. Mi hermano acababa de despedir a uno de esos potenciales compradores sobre las dos de la tarde, cuando al cerrar la puerta del zaguán, oyó un gran estruendo en la zona de los lavaderos en la planta superior. Según me contó, el estruendo fue de tal intensidad que pensó que esa zona de la casa se había venido abajo, por lo que subió por la escalera interior (otra escalera comunicaba directamente el patio con los lavaderos), tapándose la nariz y la boca con un pañuelo para protegerse del polvo y de los escombros que pensaba encontrar. Sin embargo, todo estaba en orden y tras revisar la casa de arriba abajo incluidos la azotea y el castillete, no pudo encontrar nada que explicara el estruendo”.

En las casas encantadas se presentan igualmente unos “síntomas” que nos pueden hacer sospechar de una posible infestación (que es como se le denomina), estos son:

Fenómenos ópticos: fenómenos luminosos, orbes o extrañas luces en forma, bolas de luz que se desplazan, sombras y pirogénesis (combustión).

Fenómenos olfativos: sensación de olores extraños (buenos o malos olores dependiendo de la naturaleza de la entidad).

Fenómenos físicos: desplazamiento de objetos sin que nadie actúe sobre ellos de forma física visible, se manifiestan con movimientos de lámparas, cortinas que se mueven, jarrones que se rompen o estallan, caída de objetos y todo lo que implique el movimiento de cualquier de los enseres de la casa.

Fenómenos acústicos: psicofonías principalmente o voces audibles que percibe nuestro oído y que sin embargo no proceden de ninguna persona. Raps (repiqueto o castañeteo).

Fenómenos atmosféricos: bajadas bruscas de temperatura.

Materialización de objetos: aportes.

Robo de energía: baterías que se descargan o luces que presentan un comportamiento anómalo.

Apariciones: visión de sombras con forma humana e incluso apariciones de personas fallecidas, pueden ser los que desencadenan el fenómeno en el interior del inmueble presuntamente encantado.

Con tal actividad los recuerdos afloran a la mente de Francisco: “Otro suceso difícilmente explicable, para mí, ocurrió un día en que yo visité la casa junto con mi esposa una tarde de verano. Llamé al timbre como tenía por costumbre y tanto mi esposa como yo pudimos oír la voz de mi madre que desde el balcón de su dormitorio en la planta superior decía: “ahora bajo”, dejando caer la persiana de madera sobre la barandilla. Como tardaba en bajar, ante el temor de que hubiese sufrido algún percance, abrí la puerta con mis llaves encontrando la casa vacía. Sólo el perro, que era extremadamente escandaloso cuando nos veía, se acercó a nosotros tristemente y después se marchó tranquilamente hacia el patio. Tras una llamada de móvil contacté con mi madre que se encontraba de compras tranquilamente, y tras comentar lo sucedido con mi esposa, decidimos marcharnos sin esperarla”.

El cine o la televisión nos muestra estos edificios encantados como viejos castillos ingleses, o un alma en pena que vaga por su interior purgando eternamente su culpa o alguna suerte de casa “inteligente” que –únicamente- parece encontrar consuelo asustando a los moradores que lo habitan. Muy lejos de la realidad ya que una casa encantada puede ser cualquier inmueble que por causas aún desconocidas se comienza a manifestar una actividad, presuntamente, paranormal que no llegamos a comprender, puede ocurrir en un edificio antiguo o de nueva construcción.

Reflexionando sobre todo ello nuestro testigo afirmaba: “Aunque aquí he reseñado mis principales recuerdos, creo que cada habitante de la casa ha tenido sus propias experiencias, que quizá no nos hemos contado”.

Posiblemente nos encontramos ante un inmueble que, por sus características, por su pasado, haya quedado “impregnado” –según nos dicen los expertos- de esas mismas emociones y sentimientos, quizás aflorados todos ante la venta del mismo, quizás como una llamada de atención, una protesta o una liberación.

Cuando en una casa se han tenido tantos recuerdos es normal que se produzca esa explosión de sonidos máxime cuando hay una vivencia anterior intensa y muy emocional.

¿Se trata de una casa encantada? No creo, pero si es cierto que son los inicios y que pese a todo puede dar lugar a una amplia fenomenología que podría derivar en ello.

¿Y ahora qué? Ahora la casa está vendida y la demolición es una realidad, una nueva construcción y, tal vez, “matar” a un fenómenos que siempre habitará en ese lugar, que puede esperar su momento para atacar –en el sentido de la manifestación- nuevamente pese a la nueva construcción o, por el contrario, quedar silenciado para siempre.

Se han hecho populares en estos últimos años, su visión o sólo insinuar la cercanía de una de ellas puede provocar sentimientos y sensaciones enfrentadas… Objetos que cambian de lugar, bruscos descensos de temperatura, extrañas presencias, orbes de luz, ruidos extraños, muñecos que hablan sólo o que parecen cobrar vida, es el apasionante fenómeno de las casas encantadas y esta que se localizaba en el barrio de Heliópolis.

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