Descubren un nuevo secreto del Pergamino del Templo, el rollo más extenso de los Manuscritos del mar Muerto

Los textos antiguos, conocidos colectivamente como los Rollos del Mar Muerto, fueron descubiertos a mediados del siglo pasado, por unos pastores beduinos. Son objetos muy preciados en lo que respecta al patrimonio cultural y algunos de los materiales mejor conservados que se hayan encontrado. La mayoría de ellos, fueron escritos en material basado en piel de animales que puede describirse aproximadamente como un híbrido de pergamino. Pero ahora, un estudio realizado por investigadores del MIT y otros centros de investigación han arrojado luz sobre una tecnología antigua única de fabricación de pergaminos y proporcionan información potencialmente nueva sobre los métodos para preservar mejor estos valiosos documentos históricos.
El estudio, publicado en ‘Science Advances’, se centró en un pergamino en particular, conocido como el Pergamino del Templo, entre los aproximadamente 900 pergaminos completos o parciales encontrados en los años posteriores a ese primer descubrimiento. El Pergamino del Templo es uno de los más grandes (casi 7 metros y medio de largo) y mejor conservado, a pesar de que su material es el más delgado de todos (una décima de milímetro de grosor). También tiene la superficie de escritura más clara y blanca de todos los pergaminos.
Los resultados de ese estudio, llevado a cabo con el exestudiante de posgrado Roman Schuetz (ahora en el Instituto de Ciencias Weizmann de Israel), la estudiante de posgrado del MIT Janille Maragh, entre otros, descubren que el pergamino se procesó de una manera inusual, utilizando una mezcla de sales que se encuentran en las evaporitas, el material que quedó de la evaporación de las salmueras, pero que era diferente de la composición típica encontrada en otros pergaminos. “El Pergamino del Templo es probablemente el pergamino más hermoso y mejor conservado –dice Masic–. Tuvimos el privilegio de estudiar fragmentos del museo israelí en Jerusalén llamado “Santuario del Libro”, que fue construido específicamente para albergar los Pergaminos del Mar Muerto”.
Escondidos en once cuevas
Se sabe que en el caso de los pergaminos de la Edad Media, se aplicó tiza y piedra pómez en polvo al lado de la carne para ayudar a limpiar y secar la piel sin pelo, aunque este no fue el caso de estos. En el caso de los pergaminos extremadamente delgados de la colección de los Rollos del Mar Muerto que servían como superficie de escritura para las filacterias, la producción implicaba la división de la piel sin pelo en dos partes, la división del grano.
Los rollos fueron colocados en frascos y escondidos en once cuevas en las empinadas laderas al norte del Mar Muerto, en la región alrededor del antiguo asentamiento de Qumran, que fue destruido por los romanos hace unos 2.000 años.
Una tecnología de fabricación antigua única
Los autores del estudio apuntan hacia “una tecnología de fabricación antigua única” en la que este pergamino fue modificado mediante la adición de una capa inorgánica como superficie para la escritura.
Por otro lado, la comprensión  de los minerales utilizados cobra gran importancia en “el desarrollo de métodos de conservación adecuados para la preservación de estos valiosos documentos históricos”, agregan los expertos. Estas conclusiones resuelven por qué el documento es tan diferente y ha logrado sobrevivir en mejores condiciones, a diferencia de los demás.
Pero, ¿qué son los Rollos del Mar Muerto?
Los manuscritos del Mar Muerto, también llamados manuscritos de Qumrán (por ser hallados en cuevas situadas en Qumrán) son una colección de más de 900 manuscritos, la mayoría de ellos de entre el siglo III antes de Cristo y el siglo I después de Cristo. Gran parte de estos manuscritos están escritos en hebreo y arameo, y algunos de ellos están en griego.
Estos manuscritos incluyen el testimonio más antiguo del texto bíblico encontrado hasta la fecha. Otra parte son libros no incluidos en el canon de la Tanaj, la biblia hebrea.
A día de hoy, la mayoría de ellos están divididos en el Museo de Israel, el Museo de Rockefeller de Jerusalén o el Museo Arqueológico de Jordania. También en la Biblioteca Nacional de Francia o en la Colección Schøyen en Noruega.
(FUENTE: larazon.es)
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