Investigación paranormal en el viejo teatro Quintero

Siempre se dijo de aquel sitio que pasaban «cosas extrañas» pero jamás se dejó investigar sabiendo que podía perjudicar al negocio

En una tarde de diciembre de 2015 tuve una cita muy especial. Un buen amigo, Gervasio Iglesias, me llamaba para hablar conmigo. Dada nuestra amitad no sabía bien lo que quería, pues podía ser desde algo relacionado con el misterio o la Historia -mi terreno- hasta el cine -su campo en el que ha obtenido buenos y merecidos galardones-.

La espera no se alargó: «Sólo te diré, José Manuel, que es algo relacionado con lo que tú sueles investigar y nos pasa en el sitio donde estamos ahora». Así que aquella tarde nos vimos en su «centro de operaciones» de la calle Cuna, en el viejo Teatro Quintero, antiguo Cine Pathé.

Fachada del teatro Quintero, lugar de uno de los misterios de Sevilla

Siempre se dijo de aquel sitio que pasaban «cosas extrañas» pero jamás se dejó investigar sabiendo que podía perjudicar al negocio. Siendo cine, la respuesta fue inexistente, y cuando pasó a ser plató de televisión la respuesta fue, de nuevo, el silencio. El edificio lo tomó Jesús Quintero -de ahí su nombre en otras épocas- y desde la productora «El Silencio TV» tuve la oportunidad de trabajar durante una temporada en el programa «Paz en la Tierra» con Paz Padilla y mi compañero Jordi Fernández. Ya en la época se hablaba de «cosas raras que ocurrían en su interior» pero poco más nos aclaraban.

Y llegó el turno de ser alquilado por Gervasio y comenzar a sucederle cosas. En entrevista con algunos de los compañeros de la productora me decían cómo se escuchaban pasos en la segunda planta -de estilo sevillano-, respiraciones, funcionamiento anómalo de las luces e, incluso, bajadas abruptas de temperatura y visionado de sombras en el edificio. Decían que era el «fantasma de un niño» el que entre ellos estaba. ¡Sorprendente!

Con todo ello llegaba la hora de pedir permiso para realizar una investigación en su interior, y ese permiso llegó. «Yo dejo el edificio el día 31 de diciembre, si quieres puedes venir con tu equipo el día 30, es todo tuyo siempre y cuando no entréis en la zona de montaje». Fueron las condiciones. Un nutrido grupo de personas formó parte de aquella investigación que tuvo como «campamento base» el escenario del teatro y pronto vendrían las sorpresas…

En el teatro los compañeros informaron de que se había sentido correr bajo las gradas telescópicas del mismo y allí mismo realizamos varias sesiones de psicofonías en las que se recogieron interesantes inclusiones de niños que nos llamaban. Lo más repetido era «venid» y «ven».

Con posterioridad, en esa misma zona, Jesús García informaba de haber visto una silueta en la zona alta -donde están las pasarelas de iluminación y servicio-. Al comprobar las mismas, así como las habitaciones donde desembocaban, se verificó que no había nadie… ¿Qué eran aquellas siluetas? ¿De quiénes eran? ¿Quién las proyectaba?

Otra zona donde se produjo un hecho complicado de explicar fue la oficina de montaje, en el tercer piso. No había autorización para entrar allí pero al escuchar sonidos sobre nosotros, en esa misma habitación, pensamos que algún compañero podía estar allí desoyendo la indicación dada por Gervasio.

Subimos José David Flores y yo, y no había nadie pero, al irnos, mientras observávamos las fotografías del montaje de «El hombre de las mil caras», David sintió cómo alguien le llamaba. Al mirar sólo vimos que la cortina se movía como impulsada por unas manos invisibles… El sobresalto fue tremendo.

¿Qué ocurre en el viejo Teatro?

De algo sí estábamos seguros: se escuchaban sonidos infantiles en el interior, no cabía dudas. Teníamos psicofonías y vistas esas extrañas presencias, pero certezas teníamos pocas. La historia del lugar desvelaría su secreto: el edificio había sido en otro tiempo la Casa Cuna de la ciudad. Muchos niños fueron abandonados allí y, por las leyes de la impregnación -de las que nos hablan los parapsicólogos-, habría una energía residual que emanaría del mismo. Risas, lágrimas, alegría, tristeza, dolor… Todo entra en un lugar que era y es un contenedor de emociones. Esa puede ser su respuesta.

En la actualidad es el «Nuevo teatro del Flamenco» y puede que, entre cante y baile, sus gritos de otro mundo hayan quedado silenciados.

 

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