Buscando al fantasma de Clara

Hay muchas ocasiones en las que las circunstancias nos obligan a hacer ciertos cambios en los planes y aquellos que nos acompañan, caen tan sorprendido como nosotros ante las experiencias inexplicables que vivimos en lugares presuntamente encantados.

Buscando al fantasma de Clara

Nosotros sabemos por experiencia que una sola e inocente fotografía tomada en una dirección al azar puede tener en su contenido más datos que la sesión psicofónica más larga jamás tomada.

En el caso que nos ocupa, los últimos hechos acaecidos en el complejo hospitalario abandonado de San Pablo (Sevilla), nos obligaron a dar varios cambios en nuestros planes. Digamos que ha coincidido felizmente la necesidad de realizar una investigación de un nivel superior, con la actividad que normalmente ofrecemos, y que ya estaba proyectada en fecha. Sólo que sustituimos el lugar e hicimos que nuestros clientes fueran participes de la misma.

El procedimiento a seguir marcaba la necesidad de hacer una investigación más metódica, como demostraba el material tecnológico que nos llevamos esta pasada noche, lo cual tampoco descarta que debamos hacer otra visita al lugar porque como ya advertimos en varias ocasiones, este tipo de pesquisas hacen que, por sus características especiales y en muchas ocasiones, no queden concluidas en poco tiempo.

¿Y cuál es la razón de esta “denominación” que le hemos dado? Nos explicamos. No hace demasiado tiempo estuvimos, precisamente, pulsando los acontecimientos que ocurrían en este complejo de edificios, y ya saben nuestros clientes que realizamos una rotación en los lugares a visitar para ampliar más los dossiers que obran en nuestro poder, tanto con los datos que nosotros mismos obtenemos, como con los que nos envían nuestros clientes, y que analizamos pormenorizadamente para buscar esa actividad extraña que pueda dar explicación al objetivo que esa noche nos planteamos. Pero los acontecimientos ocurridos durante esta pasada semana, provocaron que nuestra visita se encaminara de nuevo allí… y tiene que ver con esa niña, la cual sabemos que se llama Clara en base al nombre dado en una grabación psicofónica de hace unos años, y que contestó así a nuestra pregunta sobre su nombre. Así que el objetivo estaba claro: la niña había vuelto a aparecer de forma rotunda, así que nuestra obligación es aprovechar esos momentos, e ir a recabar información sobre lo acaecido.

Los hechos

Durante esta semana, un aficionado al paintball se ha visto seriamente afectado, a nivel psicológico, por la experiencia que ha sufrido en este lugar. Todo empezó cuando, a través del hueco en una de las ventanas pudo observar la figura clara de un hombre que parecía deambular sin que se percatara de su presencia, ni de la inseguridad que el edificio plantea en su interior.

Esta persona, desde fuera, le indicó que sería lo mejor abandonar esa zona, movido un poco por la inseguridad que comportaba a ese señor, que además parecía un poco mayor. A lo cual parece que el supuesto señor no prestó la más mínima atención, y se dirigió al interior de este edificio (para más datos, el correspondiente al hospital). Movido por un sentimiento altruista, emprendió la entrada para encontrar al señor y acompañarlo al exterior, ya que podría tratarse de alguien que sufriera algún problema que alterara su psique.

Aunque no era demasiado tarde, la luz en el exterior era poca por la época del año en la que estamos, y ya en el interior se tuvo que ayudarse de una linterna para encontrar al citado sujeto, el cual tuvo la oportunidad de vislumbrar al final de uno de los pasillos… pero al igual que lo vio y ante su atónita y desconcertante mirada, desaparece. En ese instante, empieza a escuchar la voz de una niña la cual estaba llamando de forma lastimera a su mamá, la cual y siempre bajo su testimonio “procedía de su espalda”. Cuando gira para poder ver de quién se trataba, se encontró a una niña vestida con lo que parecía un camisón y que, tal como ocurriera con el señor, también desaparece al poco de haberla visto. Presa del pánico, no recuerda desde ese momento cómo salió del edificio ni la forma en la que solicitó ayuda a un amigo por teléfono. Lo único que quiere es no volver jamás a dicho emplazamiento, y de momento, la baja médica hará que ese deseo se cumpla.

Como os podéis imaginar, esta misma niña la cual ha sido vista por varios de nosotros, por clientes que nos han acompañado a nuestras Rutas Extremas, que ha podido ser fotografiada de forma tenue y que, en un alarde de su capacidad energética, nos saludó en una inclusión psicofónica obtenida durante la noche de Halloween, podía corresponder a la misma visión que tuvo este testigo. Los hechos ocurridos en este caso parece que nos invitaba a que fuéramos para, quién sabe, ofrecernos más información sobre la razón de su presencia en el citado emplazamiento, o bien para solicitar ayuda… o sólo para que no esté sola. Porque hay un dato que todavía no nos explicamos: ¿quién era ese “señor” del que habla nuestro testigo? ¿Qué relación guarda con “Clara”?

Llegamos al emplazamiento de siempre

Una vez que todos los vehículos llegamos hasta el camino en cuyo lateral los dejamos aparcados, nos dirigimos hasta el emplazamiento donde comenzamos a explicar la historia del lugar, los hechos paranormales que ocurren, dar las indicaciones de seguridad indicando el camino entre edificios que está proyectada. Sólo que en esta ocasión los planes cambiaron: ofrecimos como siempre las indicaciones para su seguridad e, inmediatamente, procedimos a hablar sobre los hechos particulares que motivaban esa jornada especial.

Hemos de pedir disculpas a los acompañantes, pero el testigo de los hechos antes mencionado, en un principio, no nos permitió que diéramos muchos datos sobre su persona por varias razones, entre ellas, el hecho de que la visita fuera clandestina porque la actividad a la que es aficionado requiere una serie de permisos los cuales no posee. Y como somos fieles a nuestra promesa, la mantuvimos, cambiando un poco el protagonista de la historia. Entonces, ¿por qué llegados a éste punto ya contamos gran parte de la verdad, aunque no mencionamos su nombre? Tuvimos la oportunidad de volver a entrevistarlo para mostrarle parte de los datos obtenidos durante esa jornada de investigación y, ya un poco más calmado, nos permitió dar algunos datos más sobre la historia pero “hasta ahí”, hasta donde hemos comentado.

Parecía que la noche sería muy fría, al menos, así había sido vaticinado por meteorología, activando varias alertas por este motivo. Y sin embargo, al menos quien escribe estas palabras, no tuvo una sensación peor que el de una noche normal de invierno, lo cual agradecimos todos porque pudimos prestar atención a lo que hacíamos, sin tener que motivarnos constantemente a continuar por la temperatura desagradable que pudiera haber. Así que, en esta ocasión, todas las personas que nos acompañaban estarían en los dos edificios que teníamos como objetivo en esa noche: el Hospital y el complejo de edificios destinados a colegio y teatro. Las indicaciones eran sencillas: se haría un barrido fotográfico distribuyéndose por todas las plantas y alas de los edificios, siempre en grupos de dos personas mínimo (por razones de seguridad personal), y luego todos juntos realizaríamos unas sesiones de captaciones psicofónicas (grabaciones de audio). Llevábamos los anexos que registraban los posibles datos extraños de estos dos métodos de obtención, para facilitar el posterior análisis de las inclusiones obtenidas, en el caso que nuestros clientes amablemente quisieran que procesáramos esas fotos y audios.

En los edificios estableceríamos un primer punto de encuentro donde desplegar los medidores de campo electromagnético, multimedidores, ordenador, grabadoras de alta sensibilidad y cámaras; ese equipo es el que usamos en esta fase más avanzada de la investigación, sin ser los únicos que poseemos. Debemos aclarar que estas investigaciones no son sólo lúdicas, sino son científicas. De nada sirve que un grupo se dedique a grabar imágenes para un programa de televisión, o audios para un programa de radio, si no entiende la razón que motiva la obtención de este tipo de datos, y nuestro equipo lo forman gente de ciencia, personas que van a seguir protocolos y procedimientos científicos para buscar los datos necesarios que, a posteriori, puedan ser el punto de partida sobre el que postular una hipótesis científica que demostrara la procedencia o motivación de los fenómenos que rompen las leyes de la física establecidas.

Primeras pruebas de su presencia

Sabemos que el hecho de desplegar equipos es algo lento, y que la impaciencia por obtener pruebas de una supuesta presencia paranormal hace que se quiera ir más deprisa. Lo que hicimos es distribuir a las personas por el edificio, mientras que montábamos el primer punto de encuentro, el cual lo sitiamos en el recibidor central del hospital, en la planta baja. Era de momento lo mejor que podíamos hacer.

Pero comenzaron a ocurrir los primero inconvenientes. El ordenador que se encargaría de recoger los datos del multímetro sobre temperatura, presión y humedad, para tener un registro pormenorizado de los mismos, decidió no funcionar. Como hacemos siempre antes, comprobamos los equipos en casa para verificar su funcionamiento, inmediatamente antes de emprender la marcha. Eso dificultó una de las actividades que debíamos realizar: el análisis preliminar de las grabaciones sonoras, y de las imágenes obtenidas. Pero la experiencia no podía para por ello; no es la primera vez que sufrimos este tipo de inconvenientes, en algunas ocasiones, demasiado usual.

Conforme pasaban los minutos sucedían hechos extraordinarios, relatados por nuestros clientes y amigos. Las fotografías que mostraban imágenes poco usuales comenzaron a llegar hasta nosotros y, además, había otras personas que manifestaban unos sonidos muy extraños, que parecían no corresponder a nada normal, aunque eran pasos o llantos tenues. Advertimos antes a nuestros acompañantes que, para que no supusiera un problema de tiempo, sólo nos mostraran las imágenes que realmente evaluaran en ellas la captación de algo extraño, y que hicieran lo mismo con la grabación de audio. Y como tenemos magníficos clientes y acompañantes, así lo hicieron. Nos facilitó mucho la tarea.

Como parecía que las actividades extrañas eran relatadas por varios grupos de personas, sin conexión entre sí, y en la primera planta del edificio, hasta allí trasladamos nuestro punto de encuentro para llevar a cabo la experiencia psicofónica. Dimos las indicaciones necesarias, y nos dispusimos a grabar con las mesas de grabación y procesamiento que llevábamos, así como los medios que tenían nuestros acompañantes.

En la primera sesión de unos 3 minutos, y en nuestras grabadoras, captamos una serie de inclusiones leves pero de procedencia desconocida. Parecía que en el resto no se había obtenido nada, pero suele suceder. Ya decimos en todas las ocasiones que, quizá en el momento de oír “in situ” la grabación puede no captarse nada que, al día siguiente y en la quietud del hogar, parece que esas inclusiones imposibles “aparecen” de la nada. Y así ha sido. Nuestro correo electrónico se ha visto colmado de audios enviados para que los analicemos. Pero sigamos con el relato de la jornada.

Nos dispusimos a realizar una segunda grabación. Casi en la mitad de la misma, pudimos oír una parafonía como respuesta a una de mis preguntas. A partir de ahí comenzaron una serie de fenómenos extraños. Hubo testigos que pudieron reconocer a una “niña” corriendo por el piso de abajo, vista a través de algunos agujeros que hay practicados en el suelo de las plantas del hospital. Otros manifestaron oír de nuevo unos llantos mientras que todos estábamos en silencio para poder facilitar así la grabación de sonidos en nuestros soportes de audio. En cuanto a las imágenes, parece ser que esa noche no quería mostrarse. Lo más extraño es que, algunos clientes, manifestaron oír la voz de un hombre en las grabaciones que tenían. ¿Era el “señor” que manifestó ver el testigo que nombramos al principio? ¿Por qué estaba con “Clara”?

Nos dirigimos al teatro

Una vez que concluimos el tiempo preceptivo de investigación en el hospital, encaminamos nuestros pasos hacia el siguiente punto de la noche: el complejo de edificios correspondientes al colegio y teatro. Mientras caminábamos, evaluábamos la experiencia vivida en el lugar que estábamos abandonado en ese instante, buscando la relación con otros hechos vividos en jornadas anteriores y en investigaciones que habíamos realizado años atrás. No sabíamos lo que nos encontraríamos, pero esperábamos que completara aún más lo que hasta ahora sabíamos tanto del lugar, como de sus moradores “invisibles”.

Llegamos hasta el teatro, e hicimos lo mismo que en el edificio anterior: dimos indicaciones para que se repartieran entre las plantas del colegio para tomar fotografías de los rincones elegidos al azar, mientras que los investigadores, David Flores y Jesús García o yo volvíamos a establecer de nuevo el punto de encuentro. Preparamos todos los elementos que necesitábamos para empezar a tomar grabaciones de audio, y recibir así las imágenes extrañas que pudieran captar nuestros acompañantes. No fueron muchas, pero la experiencia posterior sí arrojó más datos.

Una vez reunidos a todos en el teatro, nos dispusimos a empezar la primera y única sesión de psicofonías, porque la segunda sería una sesión usando la Spirit Box. Y una vez que terminamos de grabar, algunos dispositivos de nuestros acompañantes empezaron a captar cosas extrañas. En uno de ellos, grabación que todavía hemos de evaluar y procesar, se pudo captar algo sumamente extraño: unos sonidos que podíamos calificar “de ultratumba”, casi susurrantes, en una especie de balbuceo o idioma desconocido por nosotros en aquel momento… algo que parecía no corresponder al lugar en cuestión.

Luego empezamos la sesión con esa “caja de espíritus”, una forma más de contactar con algo o alguien no presente de forma física. Las respuestas, aunque mínimas, empezaban a surgir del aparato, y dando datos que nos desconcertaban en torno a una cuestión: la posible edad de la niña Clara. En un principio, en nuestra grabadora de precisión, se captó un “siete” como edad. Pero en la sesión de Spirit parece que indicó cinco.

Pero todo ello se empezó a romper cuando aparecieron de nuevo voces de hombre, esta vez, con tono autoritario, casi amenazante. Daba la sensación que aquel visitante imposible no quería que la niña contactara con nosotros, como si le obligara a no manifestarse. Esa angustia pudo ser sentida por algunas de las acompañantes a la experiencia, y podría corresponder con esa supuesta situación de tensión que hemos relatado.

Nos fuimos del lugar cargados de datos que procesar, y con la promesa de volver para intentar que Clara pueda manifestar el motivo de su hiperactividad en los últimos meses.

¿Terminó todo ahí?

El anterior párrafo sería nuestro punto y final, si no llega a ser porque, mientras nos dirigíamos hacia los coches que estaban aparcados en el camino, frente al edificio que antaño fuera pabellón de suboficiales, pudimos oír de forma clara unos pasos que procedían de su interior. Eran tan claros que parecían ser originados por alguien físico. Pero claro, no nos dedicaríamos a la investigación de fenómenos extraños si no nos moviera un espíritu: el de la curiosidad.

Con paso lento (por si acaso), decidimos ver de qué se trababa. Entramos y, al menos, en la primera parte de dicho edificio, no había nadie que pudiera explicar el motivo del sonido que escuchamos. Lentos, nos dirigimos a inspeccionar el resto de las estancias, incluyendo el semisótano donde dejaron el cuerpo de Karen, la prostituta asesinada en dicho lugar, a la espera del levantamiento de su cadáver, hecho ocurrido hace ya unos años. Pero no había nadie.

Sólo se me ocurrió una cosa: dirigirme hacia la parte superior donde, en una especie de castillete habilitado para oficinas (en tiempos pretéritos), habían unas salidas hasta el techo del edificio… pero nada. Tampoco más pasos como los captados. Así que nos dirigimos hacia el exterior, pensando que quizá el cansancio o cualquier otro sonido nos hicieron creer que allí había algo extraño, o alguien deambulando.

Pues bien, mientras conversábamos sobre los fenómenos paranormales, volvimos a oír los pasos, tras nosotros, siguiéndonos… pero al voltear no había absolutamente nadie. O querían asegurarse que nos íbamos, o nos daban más motivos para volver en otra ocasión, pronto.


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