Perseguido por un OVNI

El 20 de marzo de 1974 podía haber sido un día como otro cualquiera para Adrián Sánchez; pero no lo fue. En aquella fecha, el por entonces comercial sevillano –ex paracaidista y marino mercante–, se convirtió en el protagonista del que es uno de los casos de la época dorada de la ufología española. Un episodio con el que dio comienzo la moderna era OVNI en España. Un caso que, a pesar de haber caído en el olvido, fue el prólogo de una de las oleadas de no identificados más espectaculares –tras los flaps de 1950 y 1968/69– que se han vivido hasta el momento en nuestro país. Un encuentro con el que la sociedad española, pendiente del fin de la Dictadura, comenzó a ser consciente de un nuevo misterio: el de los platillos volantes.

Aznalcóllar: el comienzo de una pesadilla

Adrián Sánchez Sánchez junto a su vehículo Dyane 6

“Fue una casualidad. Trabajaba por Andalucía y Extremadura como comerciante. Salía el lunes y volvía el viernes por la noche a casa. Esa semana no quise salir de viaje para estar el día 21 en Sevilla. Ese día cumplo años y celebraba además el aniversario de cuando nos conocimos mi mujer y yo. Y como aquí en Sevilla hay unos pueblos –que aunque pequeños, eran mineros y ganaban bien–, decidí ir a visitarlos para ver si podía vender. Empecé en Gerena, pero no vi un ambiente propicio para mi producto, así que seguí hasta Aznalcóllar. Tampoco vi buen ambiente y continué. Allí me indicaron que había una carretera que me llevaba hasta Castillo de las Guardas y continué mi camino por ella. Cuando llegué a la altura del kilómetro 5, vi una cosa muy grande que me pasó por delante. Nunca lo olvidaré. Estaba escuchando Radio Nacional de España, eran las once de la mañana y estaban dando la noticia de un accidente ferroviario en el norte… Justo en ese momento fue cuando ocurrió. Vi algo muy grande que me pasó por delante, descendiendo. Pude ver que aquello tenía un volumen muy grande, pero fui incapaz de saber qué era hasta el punto de que pensé que se trataba de un avión estrellado”.

Pese a no escuchar ninguna explosión, inquieto y temeroso por lo que acababa de observar, optó por salir del coche, caminó unos metros y alcanzó un escorzo con el único afán de saber qué había pasado, tal y como recordaba nervioso ante la grabadora:

“Subí una pequeña loma que estaba al lado de la carretera y vi una cosa allí. Era como una fábrica. Parecía un hangar. No estaba asustado pero empecé a mirar despacio y aquello no estaba apoyado en el suelo, estaba flotando. Era como un submarino nuclear. De color metalizado, como aluminio, y con unas dimensiones muy grandes. Estaba allí mirándolo cuando se abrió una especie de puerta del artefacto. No se escuchaba nada. Me empecé asustar. Aquello no tenía bisagras, ni patas, estaba flotando y de repente por la derecha de la vaguada surgieron tres cacharros más con forma de platos invertidos. Dos se metieron en aquel aparato y el tercero vino hacia mí”.

Boceto de los objetos vistos por Adrián Sánchez Sánchez

Fueron momentos de desconcierto en los que, movido por el pánico, salió corriendo, se introdujo en su “dos caballos” y aceleró a fondo mientras uno de los objetos –con forma de yo-yo, una especie de puntas en su parte alta y baja y alrededor de siete metros de ancho por cuatro de alto–, sigilosamente se abalanzó sobre él.

“Corrí como un loco con el coche. Aquel aparato me seguía, se ponía a la derecha, a la izquierda, delante, atrás… Tenía tal pánico que lo único que quería era huir y poner tierra de por medio con esa cosa. Sentí impotencia. No tenía defensa alguna. No tenía posibilidad de escapar de aquello. Lo único que recuerdo de aquel momento es miedo e impotencia”.

La persecución se prolongó durante quince kilómetros en los que se sintió como un “conejo perseguido por un galgo”. Un acoso que terminó cuando llegó al cuartelillo de la Guardia Civil de Castillo de las Guardas.

El testigo a los mandos de su Dyane 6

“No sé a qué hora llegué al cuartel”,-matizaba Adrián Sánchez. “Yo sufría tal crisis nerviosa que el agente que me recibió se dio cuenta de que me había pasado algo extraordinario. Me trataron de forma excepcional. Se portaron conmigo de maravilla. Siempre se lo agradeceré. Me tomó declaración. Después fuimos al sitio y estuvimos mirando, pero yo no estaba para observar nada y nos volvimos al cuartelillo. Una vez allí, me volvió a tomar declaración y llamó al oficial de zona. Parecía que ellos sabían algo. Como si ya hubiera habido otros casos. Cuando llegó el oficial ofrecí mi declaración de nuevo.”

Materia Reservada: comienza la investigación militar

Horas más tarde –tras tres declaraciones y la inspección del terreno–, Adrián Sánchez era trasladado desde el puesto de la Benemérita de Castillo de las Guardas a Sevilla, más concretamente a Capitanía General. Y allí, comenzó la investigación militar oficial.

“Después de declarar ante la Guardia Civil fuimos a Capitanía General. Y allí volvieron a hacerme interrogatorios sobre lo que había visto. Hice dieciséis declaraciones consecutivas. Me preguntaban siempre qué había pasado, me cambiaban las cuestiones para ver si mentía, y cada vez que respondía me traían un informe para que lo firmase. En él ponían cosas que yo no había dicho. Al final les dije que yo no tenía ningún interés en mentir, que yo estaba allí porque había sido requerido por ellos”.

Pero no solo fue interrogado, los propios militares inspeccionaron el Dyane 6 y descubrieron algo insólito. Fuera lo que fuese con lo que se había topado Adrián Sánchez en carretera, había electrizado el automóvil.

“El coche estaba destrozado”, afirmaba Adrián Sánchez … “La radio dejó de funcionar. Se ponía sola en marcha unas veces y otras veces se apagaba. La brújula que tenía se volvió loca. Parecía más sensible de lo normal. Las agujas no dejaban de oscilar. Incluso la carrocería del coche quedó imantada. Fui a meter la llave, se me resbaló, y se quedó pegada a la chapa. Así que decidieron requisarme el coche. Por lo que sé, se llevaron el automóvil a Madrid. Me dijeron que tenían que estudiarlo en el Instituto de Investigaciones Científicas. Yo no sé si fue verdad o mentira. Pero me quedé sin coche hasta que transcurrido un tiempo me lo devolvieron. ¿Qué hicieron con él? No lo sé”.

“Un viajante sevillano, perseguido por un OVNI”

Recorte de periódico de la época haciéndose eco del suceso

Tan solo cuarenta y ocho horas más tarde, la experiencia se filtraba a los medios de comunicación. Primero publicó la noticia el diario ABC –en su edición para Andalucía– bajo el titular “Un viajante sevillano, perseguido por un OVNI”, y después otros muchos, como El Correo de Andalucía. Tras las informaciones en la prensa, el mundo de los OVNIs aparecía por primera vez en la pequeña pantalla. El suceso era difundido el día 22 en el Telediario 3 para, al día siguiente, ser entrevistado en el mismo espacio, y el día 25 en el pro- grama Todo es posible en domingo, donde Adrián Sánchez explicó al ilustre periodista Tico Medina todos los detalles de su encuentro además de denunciar, tras días de auténtico calvario gubernativo y militar, las presiones que estaba sufriendo. Una situación que no le trajo ningún beneficio.

“¿Beneficiarme, dices?”, se preguntaba Adrián Sánchez. “No sé cómo… Todo lo contrario. De haber sabido lo que ocurrió después, de haber sabido que la gente, mis propios amigos, se iban a burlar de mí, de haber sabido que vosotros, los periodistas, me íbais a molestar sin cesar, inventar y tergiversar mis palabras, me habría metido en la cama sin decir nada a nadie. Lo he repetido mil veces y ahora te lo digo a ti: el que quiera creerme que me crea”.

Y es que lo que nunca se contó, ni imaginaba la sociedad, es que Adrián Sánchez era el protagonista de una investigación oficial realizada en la Segunda Región Aérea del Ejercito del Aire. En Capitanía General de Sevilla, se había abierto el Expediente 740320 por el Estado Mayor –desclasificado en septiembre de 1993 por el Mando Operativo Aéreo como materia reservada–, que provocó incluso que, días más tarde del boom mediático, fuera nuevamente interrogado por los servicios secretos españoles y estadounidenses.

“En mi casa se presentaron varios militares con las trinchas puestas –un oficial de aviación con dos soldados– para saber qué había ocurrido. Para saber más detalles. Vinieron varias veces y después, acudieron a casa dos personas, con acento extranjero, inglés creo recordar, preguntándome por todo lo que había ocurrido. Me dijeron que estaban muy interesados en saber qué había pasado. Querían saber cómo era el objeto. Si vi personas junto al objeto, si vi algún tipo de armamento, si el objeto llevaba algún tipo de símbolo o siglas…”.

“Lo que si te digo es que lo que yo vi y me persiguió no era de aquí –sentenciaba Adrián Sánchez–. Aquello tenía una tecnología que todavía hoy, en el siglo XXI, no tenemos. Aquello tenía una tecnología que no era de este mundo”.

Conclusiones

Hasta aquí el relato de los hechos en primera persona pero vamos a analizar el suceso desde la perspectiva de los años transcurridos.

El caso según la investigación del Ejército de Aire 

  • La aeronave no ha sido observada por ninguna otra persona según las investigaciones de los informadores y las declaraciones recogidas a los comandantes de puesto de la Guardia Civil inmediatos al lugar de aterrizaje.
  • La marcha del automovil del señor Sánchez fue observada por un cabrero que custodiaba su rebaño junto a la carretera a unos cuatro kilómetros del lugar de aterrizaje y que confirmó el paso del coche a gran velocidad, pero que no observó aeronave alguna en las proximidades.
  • En el lugar no se han observado señales de rodaduras que presumiblemente hubiera dejado una aeronave de gran tonelaje. Se ha comprobado que la distribución de objetos y residuos ligeros es totalmente natural y no se aprecian señales de rotores u otro sistema de sustentación conocido de ascensión o descenso vertical.
  • No hay prueba alguna –excepto la declaración del D. Adrián Sánchez- sobre la presencia de objetos voladores no identificados en el lugar de y momento de autos. D. Adrián Sánchez se ha mantenido firme en sus declaraciones y no se han apreciado en ellas contradicciones o lagunas.

Sobre este punto hay una nota del teniente general de la por entonces denominada segunda región aérea al ministro del aire manifestando su convencimiento de que Adrián Sánchez vio algo, fuera real o alucinación. Referente al testimonio del pastor y el dato interesantísimo e importantísimo sobre la ausencia de restos en el lugar del presunto aterrizaje hay que leer lo que escribió Osuna al respecto.

Conslusiones de Manuel Osuna

Las veremos en lo que él tituló como “Crítica a las posibles huellas”, una de las partes más importante de este asunto al presuntamente haberse manipulado este dato. Citemos textualmente las palabras del genial ufólogo. A la media hora de la ocurrencia, el sargento del puesto de El Castillo, dos guardias, el panadero del pueblo y el testigo del “magno” acontecimiento NO VEN NADA DIGNO DE MENCIÓN EN LA VAGUADA. A los siete días, mis colaboradores F. y F. Laffite no encuentran nada que señalar, en cambio, periodistas de la “Gaceta del Norte” encuentran :

A         Arbol calcinado.

B         Matas chamuscadas

C         Agujeros de 20 cms. de diametro, con galerias laterales.

D         2000 metros cuadrados de juncos secos y aplastados, y todo esto unos 15 días mas tarde.

El libro donde se recoge este caso (todos sabemos a qué periodista se refiere el señor Osuna, pero ya que él no mencionó el nombre nosotros tampoco lo haremos) el autor dice ir al lugar de los hechos acompañado por el testigo y descubren una marca correspondiente con el lugar donde se posó el objeto mayor.

Al parecer, y siempre según datos del mencionado libro, eso parece desarrollarse al año del avistamiento. ¿Cómo es que a las dos horas no hay rastro alguno y si a los 15 días o al año?.

Manuel Osuna tiene una explicación para estos “descubrimientos”. Como él mismo escribió, veamos que puede sostenerse en pié.

A        La sierra es especialmente ávida de exhalaciones eléctricas durante una tormenta es frecuente hallar árboles víctimas de esta fuerza fulminante.

B         Los pastores, en las mañanas heladas, hacen pequeños fuegos que chamuscan el monte bajo circundante.

C         Tales agujeros son frecuentes madrigueras de conejos o bocas de túneles de los topos, el que eran tres formando un triangulo puede ser pura coincidencia.

D         SOLAMENTE ES CIERTO ESTE EXTREMO, aunque con las siguientes rectificaciones

1.- No son juncos, sino finos junquillos.

2.- Pueden estar secos por la anterior y gran sequía padecida.

3.- No es correcta esa mensuración de superficie. Como puede verse en el plano que incluimos de la vaguada (según el documento, el plano no se incluye en el presente artículo) los junquillos solo existen en la margen izquierda de la corriente de agua, y solo en forma de macetones aislados. Pués bien… La nave, a 7 u 8 mts de altura (recordemos que según la versión del testigo en el informe militar era de 4 mts) estuvo sobre la pared derecha de la cubeta natural.Sin embargo, su fuerza de sustentación pudo inferir sobre los junquillos secos, aplastándolos y peinándolos en sentido perpendicular a la dirección de la corriente de agua que los hubiera peinado en el mismo sentido de su curso. Esto es lo único que hemos hallado al repetir nuestra visita, alarmados por los “descubrimientos” de los reporteros citados. Pero es disculpable, son gente urbana y no saben nada de rayos “serranos”, conejos, topos, ciecadas, etc. Referente a la búsqueda de huellas en el lugar donde se posó el objeto en los escritos de Manuel Osuna leemos: “El guardia que se adentró en la vaguada-hangar de emergencia permanece el día en casa con vómitos. El panadero, que dicen haber tomado un tallo de junco a guisa de cigarrillo, cae también en cama con fuertes dolores de cabeza.

Leído esto ¿podemos pensar en un campo electromagnético en la zona?. Osuna hace unas apreciaciones muy interesantes en cuanto a las dimensiones del objeto, sigamos leyendo parte de su informe, como siempre trasladado literalmente.

”La nave nodriza se mantenía suspendida a unos 6 o 7 mts del suelo (recordemos, 4 según la otra versión) y tendría hasta unos 250 mts de longitud, que él (Adrián) recortó a 150-200 mts en sus declaraciones a la prensa. En nuestra opinión, si la nave estaba situada o encajada en el fondo mismo de la vaguada, y a la altura señalada, era imposible esa longitud, no hubiera cabido. Pero nos dijo el sargento que la nave se suspendió sobre la ladera derecha de la vaguada, dejando su popa exactamente sobre un rellano o macetilla. Entonces sí, la nave podía tener los metros que se quisiera, si bién don Adrián no podía haberlo apreciado directamente, ya que él mismo nos dijo que no alcanzaba a ver su proa, tapada por la loma izquierda del final de la vaguada”.

Finalmente en lo referente al pastor que vió pasar el vehiculo pero no observo nada extraño Osuna opina lo siguiente: “Un solo pastor ve pasar el auto en huida, pero no ve al objeto persecutor. Conocida la hipotesis del sargento (tal hipotesis es que el testígo “no hacía comedia”, según la experiencia que dan 30 años de servicio en la benemérita) esto no puede extrañar. Tenía que estar el pastor en el punto más bajo de una de las cañadas. Definitivamente y leidos todos los datos y testimonios no cabe pensar otra cosa que efectívamente, Adrián Sánchez fue perseguido por algo en aquella mañana de marzo de 1974.

Indudablemente poner en riesgo su vida para montar una historia falsa (lo único que parece ser falso son las huellas encontradas en el lugar) y estar a pique de matarse en una curva no creo que sea muy factible. Sobre todo teniendo en cuenta los testimonios del cabrero que vió pasar el vehiculo a toda velocidad y del sargento de la Guardia Civil, que tras examinar la carretera vió restos de frenadas y derrapes en las curvas.

Lo que ha pasado inadvertido a los investigadores

Hay un aspecto que ha pasado “inadvertido” durante todos estos años a los investigadores del fenómeno OVNI. En la investigación desclasificada llevada a cabo por el Ejército del Aire, instruida por un teniente coronel, como juez informador y auxiliado por un capitán, podemos leer:

“D.           cumplió su servicio militar como Caballero Legionario Paracaidista en la Compañía de Estado Mayor de la BRIPAC. Como consecuencia de una lesión en un lanzamiento, le fué descubierta una malformación en el oído interno que produce al declarante -según sus propias manifestaciones- una discreta pérdida del equilibrio cuando se golpea con cierta intensidad. El Sr.                 fué dado de baja como paracaidista y licenciado.”

¿Pudo causarle al testigo dicha lesión en el oído una visión errónea de lo sucedido?¿Puede el oído influir, no sólo en lo que se oye, sino también en lo que se vé?. Pues la respuesta es sí …

Según el estudio llevado a cabo por los doctores A. Robles Bayón, M.G. Tirapu de Sagrario y F. Gude Sampedro pertenecientes a la Unidad de Neurología Cognitiva del Hospital La Rosaleda de Santiago de Compostela (A Coruña), del Servicio de Radiología del mismo hospital y de la Unidad de Epidemiología Clínica del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (también de la misma ciudad), pueden deberse a lesiones neurológicas de naturaleza y topografía diversa, como demencia con cuerpos de Lewy, enfermedad de Alzheimer y lesiones focales en mesencéfalo, protuberancia, lóbulo temporal izquierdo o claustro izquierdo.

Fuentes

Revista Enigmas, número de abril de 2015: https://www.pressreader.com/spain/enigmas/20121226/282355447074741

http://elojocritico.info/el-encuentro-ovni-de-adrian-sanchez-refutado-por-manuel-osuna/

http://www.canaldelmisterio.com/el-encuentro-ovni-de-adrian-sanchez/

http://www.elsevier.es/es-revista-neurologia-295-articulo-alucinaciones-auditivas-neurologia-cognitiva-S0213485316000311

Fuente: Frontera Invisible

Jarabo, el niño bien asesino que horrorizó a la España franquista

José Jarabo fue el último ejecutado con garrote vil por la justicia civil. Sobrino del presidente del Tribunal Supremo, asesinó a cuatro personas a sangre fría.

jarabo

Jarabo, dandi de pro, seductor incansable, gustaba de frecuentar lugares elegantes en compañía de féminas de buen ver

Por el amor de una mujer, José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, más conocido como “Jarabo“, asesinó a cuatro personas para deleite de la prensa de la época, que lo convirtió en el criminal más famoso de la crónica negra española contemporánea. El suceso horrorizó a la España de Franco y el ejemplar de El Caso que lo cubrió se convirtió en el más vendido de la historia, alcanzando la cifra de medio millón de ejemplares.

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Todo ocurrió entre el 19 y el 22 de julio de 1958.

Jarabo había nacido en Madrid en 1923 en el seno de una familia adinerada por lo que se educó en los mejores colegios. Niño bien, fue alumno de Nuestra Señora del Pilar del que salieron relevantes personalidades de la vida pública. El sobrino del entonces presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo debía dar la talla.

jarabo

Acababa de cumplir 17 años en 1940, cuando su familia se trasladó a Puerto Rico. Dejó los estudios y pasó a llevar una vida de holganza al amparo de su madre.

Alto fuerte y apuesto, a los 20 años conquistó a una rica heredera con la que contrajo matrimonio y de la que tardó poco en divorciarse. El díscolo joven decidió entonces trasladarse a New York. En la gran manzana fue condenado por tráfico de drogas y pornografía. Pasó 4 años en la cárcel.

El 20 de mayo de 1950 regresó a Madrid donde no tardó en convertirse el rey de la noche, su tren de vida era tal, que los quince millones que le dio su madre para instalarse los despilfarró en solo ocho años.

El alcohol y la cocaína eran su pan de cada día. Pero el primero era su perdición, el alcohol le volvía agresivo.

Beryl Martin Jones llegó en 1957, era una inglesa casada con un francés al que abandonó en Lyon para meditar sobre su matrimonio, pero se enamoró del seductor Jarabo y lo convirtió en su gigoló.

El dinero se acababa, Jarabo esperaba un cargamento de cocaína puesto que las 7.500 pesetas. mensuales que recibía de su madre no llegaban al nivel de vida que acostumbraba llevar, así que los amantes decidieron empeñar una sortija.

La casa de empeños se llamaba Jusfer y los dueños del negocio eran Emilio Fernández Díaz y Félix López Robledo.

La adúltera Beryl decidió recuperar su joya y apremió a Jarabo a acometer la gestión a sabiendas de que los usureros no se prestarían fácilmente a la devolución de la misma. Sometido, Jarabo intentó que los prestamistas se la devolvieran pero le ponían todo tipo de excusas. Su codicia les condenó. Jarabo les asesinaría en su domicilio junto su criada a punta de pistola y a sangre fría.

Todo ocurrió el 18 de julio. Jarabo salió con tiempo más que suficiente de la pensión Escosura en la que se alojaba, (los días de los hoteles de lujo se habían acabado), y en la Puerta del Sol conoció a una mujer, Charit,o con la que estuvo hasta que dieron las nueve de la noche, hora en la que se dirigió al domicilio privado de los prestamistas, que vivían en la cercana calle Lope de Rueda.

Jarabo lo tenía todo planeado, iba armado y decidido a llegar hasta el fin. Resuelto llamó a la puerta con los nudillos de la mano para no dejar huellas. Paulina, la criada, le abrió. Emilio se enfadó al verle. Presuroso, Jarabo hizo ademán de marcharse. Emilio cayó en la trampa y creyéndolo fuera de su domicilio se fue al baño. Allí Jarabo le mató de un disparo. Mientras Paulina, que estaba en la cocina, alertada por los disparos empezó a gritar. El asesino se abalanzó sobre ella y le asestó una puñalada en el corazón con el primer cuchillo que tuvo a mano.

Entretanto llegó la mujer de Emilio, Amparo, a quien distrajo con su arte de seductor haciéndose pasar por un inspector de hacienda. Pero en cuanto esta descubrió los cadáveres, Jarabo le disparó a quemarropa. Acto seguido, tranquilo y sintiéndose libre de culpa se cambió de camisa,( las salpicaduras de sangre no casaban con su estilo) y decidió pasar la noche en el piso. El coñac y la cocaína le hicieron más grata la espera.

El día siguiente era domingo.Jarabo estuvo durmiendo en la pensión donde se hospedaba. El lunes acudió a la casa de empeños como si tal cosa y abrió la tienda con las llaves de Emilio. Cuando Felix, el prestamista superviviente entró para disponerse a abrir su negocio, Jarabo le descerrajó dos tiros en la nuca.

Todo fue inútil. Consumados los asesinatos, el ‘dandy asesino’ no logró su objetivo. Las llaves de la caja fuerte en la que los prestamistas habían guardado la joya de su amante jamás estuvo a su alcance.

El 29 de enero de 1959 se inició el juicio en el Palacio de Justicia de Madrid. La sala se llenó de famosos y conocidos, artistas como Zori o Sara Montiel, algún torero e incluso esposas de altos funcionarios, hambrientos del morbo de una causa célebre, la más destacada de la década. Durante los cinco días que duró el juicio, Jarabo estrenó traje cada día, hecho un dandy.

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Las vuatro vícttimas de Jarabo

‘No sé si soy un psicópata o no. Ni me importa. Lo único que sé es que soy el autor de cuatro muertes: dos quizás un poco más justificadas, aunque, en realidad, ninguna puede serlo’. (José María Jarabo durante su juicio).

Condenado a muerte, José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris fue ejecutado con garrote vil por la justicia no militar el 4 de julio de 1959. El niño bien que horrorizó a la España franquista fue el último reo ajusticiado por este método. Contaba 36 años.

Fuente: La Vanguardia