El escándalo del ‘Sidereus Nuncius’: el enigma de los documentos de Galileo desaparecidos

El experto en falsificaciones Nick Wilding descubrió el escándalo: el ‘Sidereus Nuncius’ de la Biblioteca Nacional de España era una burda copia. Años de pesquisas lo han llevado a destapar un saqueo continuado de documentos de Galileo. La trama nos lleva del Vaticano a Silicon Valley… Y a una librería de París donde, dice el especialista, fue visto el original robado. «No pararé hasta que vuelva a España». Por Carlos Manuel Sánchez

Una noche de enero de 1610, Galileo Galilei salió al balcón de su casa en Padua y apuntó con un telescopio hacia el cielo. Observó que tres estrellas brillaban junto a Júpiter. Una semana más tarde volvió a mirar. Habían cambiado de posición… ¡No eran estrellas, sino satélites! Si Júpiter tenía tres lunas, quería decir que el universo entero no giraba en torno a nuestro planeta. Galileo se percató del peligro de afirmar que no somos el ombligo del cosmos: la Santa Inquisición podía condenarlo por hereje. Pero estaba tan entusiasmado que no se arredró. Escribió un libro sobre sus observaciones a toda prisa. Se imprimieron 550 copias. Sobreviven alrededor de cien. Se titula Sidereus nuncius; en latín, ‘Mensajero de las estrellas’. Para muchos, es la obra más importante de la historia de la astronomía.

“La Policía española sabe donde está el original robado, lo sabe el ministro. Pero nadie lo ha reclamado. También los advertí sobre la posible sustracción de otros cuatro Galileos”

Una copia del Sidereus nuncius la guardaba la Biblioteca Nacional de España (BNE) en Madrid. Es un tesoro nacional, cuyo valor monetario (medio millón de euros) es lo de menos en comparación con su valor patrimonial. Fue robada en 2004. En su lugar, el ladrón colocó una falsificación. El británico Nick Wilding, uno de los grandes expertos mundiales en falsificaciones de libros raros y manuscritos, ha seguido su pista por medio mundo. Y cree que ha conseguido localizarla. Este profesor de Historia de la Universidad de Georgia State, mitad erudito, mitad detective, avisó a la BNE de que les habían dado el cambiazo, quiénes eran los culpables y les indicó dónde fue visto por última vez el original: una librería de París. «La Policía española lo sabe, el Ministerio lo sabe. Pero nadie lo ha reclamado», se lamenta.

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Nick Wilding, de la Universidad de Georgia (Estados Unidos), es uno de los grandes expertos en falsificaciones de libros raros. @ The Fake Moon of Galileo. Documental de Po François.

La historia es de película. No fue un robo aislado, sino un saqueo continuado durante años. Y no solo en España, también en archivos y bibliotecas de Italia y Sudamérica. Y apenas es la punta del iceberg de un mercado, el de los libros pioneros de la historia de la ciencia, que se ha convertido en un filón desde que los empresarios de Silicon Valley se hicieron coleccionistas. Vivimos en la era de la tecnología. Y los libros canónicos que sentaron las bases de la ciencia actual tienen el prestigio fundacional de unos evangelios.

Los millonarios de Silicon Valley se han convertido en coleccionistas y han reventado los precios de los libros originales de Galileo, Kepler, Leonardo… La demanda estimula la oferta

Bill Gates revienta ese mercado en 1994, cuando compra el Codex Leicester, de Leonardo da Vinci, por 30 millones de dólares. Desde entonces, los precios no dejan de subir. Y la demanda estimula la oferta.

Wilding reconstruye para XLSemanal dos décadas de subastas de locura y crímenes de guante blanco.

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El ‘Sidereus nuncius’ (‘Mensajero de las estrellas’) es la mayor obra de Galileo. Sobreviven unos cien ejemplares.

1999

Archivos secretos del Vaticano

El italiano Massimo de Caro es un joven concejal en Orvieto, su pueblo. Regenta una tienda de antigüedades. Su gran pasión es Galileo. Colecciona sus cartas. Admira la rebeldía del astrónomo. En 1999, De Caro conoce en la feria del libro de Milán a Daniel Pastore, un librero argentino. Pastore lo invita a visitar su tienda en Buenos Aires. Empieza a viajar allí con frecuencia. Un día ve al cardenal Jorge Mejía hojeando libros. Es el archivero de la Biblioteca Vaticana. Mantienen largas conversaciones. Mejía le regala a De Caro un salvoconducto para acceder a los archivos secretos del Vaticano.

2003

El cardenal que ‘regala’ Galileos

«Por razones incomprensibles, en febrero de 2003 el cardenal Mejía acepta un intercambio de libros con Massimo de Caro», relata Wilding. Como si cambiasen cromos, el anticuario dona una docena de libros cuyo valor total en el mercado no supera los 100.000 dólares. A cambio, recibe de la Biblioteca Vaticana cuatro primeras ediciones de Galileo: SaggiatoreCompassoDialogo y Discorsi, entre otras obras. El precio conjunto supera el millón de dólares. Los libros acabarán subastados. Wilding comprueba que uno de ellos, la Hypnerotomachia, fue vendido por Sotheby’s en París en 2010. Le preguntará a Mejía sobre el trueque. El cardenal le responde: «Si el señor de Caro se benefició de alguno de nuestros libros, lo hizo por su cuenta, sin nuestro conocimiento y sin permiso». Wilding ha investigado en el Vaticano. «De hecho -cuenta-, encontré allí un ejemplar de otro Sidereus nuncius que no sabían que tenían, pues estaba mal catalogado. Los avisé y me dijeron que me ocupara de mis asuntos».

2004

Con cuchilla en la Biblioteca Nacional

En febrero, César Ovilio Gómez -uruguayo residente en Argentina- comienza a frecuentar la Biblioteca Nacional de Madrid, que alberga 30 millones de publicaciones y más de 3000 incunables. No tiene estudios, pero lleva un carné de investigador falso. Y en el estuche de las gafas oculta una cuchilla de afeitar. Regala bombones al personal para ganarse su confianza. Durante meses corta con la cuchilla y se lleva en una carpeta al menos 19 grabados de diferentes obras; entre ellos, dos mapamundis de Ptolomeo valorados en 100.000 euros cada uno. Una mañana, Gómez pide a los bibliotecarios consultar el Sidereus nuncius, según consta en una ficha del 4 de junio. Presuntamente, por encargo de De Caro.

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Uno de los ejemplares que se conservan del ‘Siderius’, de Galileo. @ Getty Images.

2005

El hallazgo del siglo

Massimo de Caro contacta con Richard Lan, propietario de la librería anticuaria más importante de Nueva York: Martayan Lan. Ya le ha vendido algunos libros de los que consiguió en la Biblioteca Vaticana. Ahora le ofrece un raro ejemplar del Sidereus nuncius del que nadie tiene constancia. Afirma que proviene de un millonario argentino que anda corto de dinero por el corralito. Podría tratarse de un manuscrito con dibujos a la acuarela del propio Galileo. De ser así, su precio rondaría los diez millones de dólares. Lan paga medio millón por él, creyendo que está comprando una ganga. Pero no las tiene todas consigo. Y se lo envía a un erudito alemán, Horst Bredekamp, que lo da por bueno. «Es poco común, aunque no imposible, que aparezcan maravillosos ejemplares nuevos de libros muy antiguos; la reputación y la fortuna de un comerciante se construyen en gran medida sobre su capacidad para cumplir los sueños bibliófilos de un cliente», explica Wilding.

2007

El escándalo de los mapamundis

En un control rutinario, el personal de la Biblioteca Nacional descubre la desaparición de los dos valiosos mapamundis de Ptolomeo. La Guardia Civil sigue entonces la pista de César Gómez, y la Interpol lo localiza en Argentina, pero la Justicia española no logra su extradición. A raíz del escándalo, la escritora Rosa Regás dimite como directora de la BNE. Gómez confiesa ante un tribunal argentino, dice estar arrepentido y devuelve parte de lo sustraído. Pero no dice nada del Sidereus nuncius que presuntamente se llevó.

2008

Análisis forense

Richard Lan, que no ha podido vender el Sidereus aún, lo envía otra vez a Alemania para una nueva revisión. Esta vez, Bredekamp invita a expertos de catorce instituciones internacionales a Berlín. Los especialistas pasan dos meses analizándolo, con radiaciones ultravioletas de onda larga (para identificar las tintas) y fluorescencia de rayos X (para determinar la composición del papel). Un conservador autentifica el sello y la Academia de Stuttgart certifica la encuadernación. Para encontrar la verdad, sin embargo, lo primero es desear encontrarla. «Fue un análisis exhaustivo, casi forense. Los indicios de la falsificación estaban ahí. Pero Bredekamp se esfuerza por buscar explicaciones plausibles a las incoherencias», comenta Wilding. Los expertos llegan a la conclusión de que, efectivamente, se trata de una copia única de Galileo desconocida hasta entonces. Será una metedura de pata colosal.

2011

El gran saqueo

Entretanto, De Caro traba amistad con el magnate ruso del gas Viktor Vekselberg y comienza a trabajar para él como relaciones públicas. Hace contactos importantes. Entre otros, con un senador italiano de la órbita de Berlusconi, Marcello Dell’Utri, que será condenado por sus lazos con la Mafia. Mientras tanto, viaja por Italia visitando monasterios gracias a sus credenciales vaticanas y, por supuesto, expoliando sus archivos. Cuando el ruso lo despide, De Caro pide ayuda al senador, que le consigue el puesto de director de la Biblioteca Girolamini de Nápoles. El primer día, De Caro ordena al vigilante de seguridad que apague las cámaras por la noche. Pero el guardia desconfía y no lo hace. La grabación muestra cómo sus cómplices cargan 2000 libros en una furgoneta. Es la prueba decisiva. Será condenado a siete años, aunque solo pasará dos en la cárcel. Un juez conmuta la pena a arresto domiciliario cuando De Caro muestra su predisposición a colaborar con la Justicia para recuperar los libros. Unos 450 iban a ser subastados en Múnich. De Caro admite haber falsificado cinco copias del Sidereus nuncius, pero no revela qué original ha utilizado para realizarlas.

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@ Valeria Tondi/Contraluce

Crimen de guante blanco
El anticuario Massimo de Caro acabó dirigiendo la Biblioteca Girolamini de Nápoles… y la saqueó. Fue condenado por ello. Su primer gran contacto fue el cardenal Mejía, archivero de la Biblioteca Vaticana (ya fallecido), quien le ‘regaló’ cuatro primeras ediciones de Galileo.

2012

Las sospechas se confirman

El experto alemán Bredekamp publica una obra monumental sobre el Sidereus que ha certificado. Pero Wilding tiene dudas. El sello, el desgaste de la tinta y sobre todo la implicación de De Caro le hacen reafirmarse en sus sospechas. Por ejemplo, la firma raya profundamente las fibras del papel, como si se hubiera realizado con una pluma de metal, mientras que Galileo utilizaba una delicada pluma de ganso.

El falsificador admitió haber creado cinco copias del ‘Sidereus’. Para ello utilizo un sistema que ya describió Arturo Pérez-Reverte en ‘El club Dumas’

Wilding rastrea los catálogos digitales de todas la bibliotecas, librerías y archivos hasta que, ¡eureka!, encuentra un gemelo idéntico al que compró el anticuario neoyorquino, con las mismas anomalías, en una subasta de Sotheby’s en 2005, pieza que también fue vendida por De Caro. Wilding llega a la conclusión (acertada) de que el ladrón italiano ha realizado la falsificación usando placas de fotopolímero, una especie de fotocopias en tres dimensiones con resinas que se endurecen para imitar texturas, similares a las que usan los dentistas. «Como curiosidad, estos procedimientos ya fueron descritos por Arturo Pérez-Reverte en El club Dumas, una novela de 1993», cuenta Wilding. Antes de hacer público su descubrimiento, contacta con Bredekamp, que le responde con desdén. Pero la revelación cae como una bomba y el mercado se tambalea.

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El erudito alemán Horst Bredekamp dio por buena una obra de Galileo que De Caro falsificó.

2013

La confesión

De Caro, vanidoso, le confiesa a un periodista de The New Yorker cómo hizo la falsificación del Sidereus que vendió a Martayan Lan. Consiguió tinta china ácida y la ‘envejeció’ metiendo las pruebas en un horno a 250 grados. «A esa temperatura, veinte minutos son como cuatrocientos años». Contrató a un pintor para que dibujara las acuarelas de las fases lunares. Y encuadernó la obra con pergamino auténtico. Cometió algunos pequeños errores. Por ejemplo, el papel contiene rastros de algodón, lo que es un anacronismo. Pero asegura que esos fallos fueron intencionados; todo era una broma para burlarse del mundillo académico.

2014

La Biblioteca Nacional no denuncia

Restauradoras de la Biblioteca Nacional descubren que el cuerpo del Sidereus nuncius ha sido extraído con una hoja de afeitar, dejando la cubierta, las páginas de guarda y las finales. Las restauradoras realizan un informe, pero la dirección no denunciará la sustracción hasta cuatro años más tarde, cuando reciben el aviso de Wilding. «No hay protocolos de actuación. A veces los robos son obra de personal contratado o de investigadores habituales. Y es mejor callarse hasta que el culpable cometa un error. Además, a las bibliotecas no les gusta que se sepan sus fallos de seguridad porque las convierte en un objetivo», reflexiona Wilding.

2018

Los libros encogen

Queda un último misterio. ¿De dónde procedía la copia auténtica que De Caro utilizó como modelo para falsificar el Sidereus neoyorquino? Wilding asegura que se trata del ejemplar robado en España. El asunto se ha convertido en una cruzada para él. Dicen los expertos que los libros antiguos «cantan» al pasar sus hojas. El tacto e incluso el olor son peculiares. Pero lo más curioso es que encogen con el uso por los bordes. Wilding compara las dimensiones de la mayoría de los Sidereus catalogados en el mundo. Todos son diferentes, excepto dos, idénticos: «El robado de la Biblioteca Nacional de España y el que exponía la librería parisina de Patrick Sourget», afirma el especialista. No es casualidad que se lo haya vendido De Caro. Wilding habla con Sourget, quien le asegura que la Policía francesa le confiscó el libro. Alerta entonces a los funcionarios españoles. «También los advertí sobre la posible sustracción de otras cuatro obras de Galileo; entre ellas, Historia y Demostración de las manchas solares. Pero me dijeron que se habían extraviado».

2021

Caso abierto

La Biblioteca Nacional de España inicia un procedimiento para conocer los hechos en torno al ejemplar falso de Galileo hallado en sus fondos y el Ministerio anuncia que revisará los protocolos de seguridad. Y la Brigada del Patrimonio Histórico de la Policía reconoce que investiga en secreto desde 2018. Massimo de Caro, por su parte, ya cumplió su arresto y hoy se dedica a fabricar mascarillas. César Gómez se jubiló y vive en una urbanización de lujo en Buenos Aires. «Pero me sorprendería que esto hubiera terminado. La digitalización en alta resolución de los fondos bibliográficos, beneficiosa para poder estudiarlos, también facilita la labor de los delincuentes, que cuentan con tecnología muy avanzada y barata. De Caro y sus secuaces dejaron un rastro de destrucción que tardará años en repararse, si es que se consigue. Las falsificaciones hacen tanto daño como las fake news, solo que no afectan a la actualidad, sino al pasado. Contaminan la historia y hacen imposible el trabajo del historiador».

Si no podemos confiar en que un manuscrito de Galileo en un archivo oficial es verdadero, se proyecta una sombra de duda que va más allá de ese libro y acaba afectando a la figura histórica de su autor, del mismo modo que las teorías conspirativas que cuestionan el Holocausto o inventan explicaciones absurdas sobre la pandemia.

Fuente: XL Semanal

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