Investigando fenómenos paranormales: ‘Spirit Box’ y ‘Ovilus III’

En el mundo de la investigación paranormal son muchos los que optan por una vía tradicional a la hora de acudir a una presunta casa encantada y tratar de resolver los misterios que pudiera encerrar. Dice un refrán muy español que “cada maestrillo tiene su librillo” y así debe ser en un mundo en el que pocas certezas hay y pocas verdades absolutas se manejan salvo que, día a día, se implementan nuevas formas de trabajar.

Para algunos una investigación se basa en llegar a un lugar y hacer una sesión de ouija (que es respetable pero creo que se aleja de lo más científico), para otros es trabajar con el péndulo y las energías o llevar a una persona que sea médium o sensitiva y que haga su trabajo de visualización, todo ello es igualmente aceptable y respetable allá donde cada uno pone su particular forma de entender como acometer las investigaciones.

Otra vía de trabajo es tratar de captar lo que los testigos afirman ver en un determinado lugar a través de los medios que la tecnología pone a nuestro alcance, en unos casos será vía grabaciones psicofónicas, en otros a través de sensores de movimiento o alarmas que adviertan de la presencia de energías o entidades “captables”, si bien es cierto que no se idearon estos aparatos precisamente para ello pero que, cierto es, en determinados casos si que presentan un comportamiento curioso. Igualmente cámaras de vídeo normales, infrarrojos, térmicas, con las que captar el vestigio de lo imposible. Sea como fuere todos son medios que, pretenden tener la constancia del fenómeno descrito que, luego, será más o menos criticado o enjuiciado con más o menos elementos de juicio, algo a lo que se expone el investigador cuando da a conocer, públicamente, su trabajo.

En los últimos tiempos han surgido nuevos elementos de transcomunicación instrumental, desde transradio a otros no menos sorprendentes. Quizás los más conocidos sean la “Spirit Box” y la Ovilus, y bajo el mismo principio de esta última, la llamada “Spirit Radio”. Tienen detractores y partidarios al 50%, pero no dejan indiferentes a nadie.

Nos referiremos hoy a la última parte, a aquella que tiene que ver con dos máquinas como la física (pues es un aparato en sí) que es la Ovilus y la app (NO UN EMULADOR) que es la “Spirit Radio”. En principio se trata de una máquina que tendría un “diccionario” de entre 14.000 y 40.000 palabras -la versión más popular es aquella que sólo dispone de un único idioma (inglés), si bien es cierto que también está disponible en bilingüe-, tiene una serie de sensores e iniciado el “contacto” comenzará a lanzar palabras que deben estar en consonancia con el lugar en el que se está. A veces los resultados son increíbles.

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Como muestra un ejemplo claro en la INVESTIGACIÓN EN EL MONASTERIO DE SAN ISIDORO DEL CAMPO (Santiponce, Sevilla), con autorización oficial, en el que en una sala determinadas comenzó está máquina a repetir indicaciones que eran coherente con el sitio, en pantalla (escrito) y en el sintetizador de voz repetía las palabras: Monje, convento, rezar, Biblia, Este (punto cardinal). En este emblemático lugar hay un patio que se llama el “Patio de los Muertos” por ser donde se enterraban a los monjes fallecidos en el mismo, además cercano a él está la iglesia donde se rezaba, y en este lugar, en una sala al Este se encuentra la mítica Biblia protestante, la “Biblia del Oso”, llamada así por la ilustración de la misma… ¿Casualidad?

Es complejo creer en todo ello si no se vive experiencias similares pero al menos el margen de duda puede llegar a plantearlo en el investigador de este tipo de fenómenos.

La otra máquina se trata más bien de una app y aquí se debe hacer un inciso: no es lo mismo una app a desarrollo exclusivo que una app que es un emulador, este último simula simplemente, imita, mientras que el primero lo intenta hacer realmente -otra cosa es que lo consiga o no-. Así la llamada “Spirit Radio” tratar de seguir la senda marcada por la Ovilus. Pero siempre siendo conscientes que no se trabaja con un emulador sino con un app dedicada.

Así una empresa nos realiza una app con los requerimientos solicitados tras haber estudiado la Ovilus III, entregan la “Spirit Radio” y difiere de los emuladores que se pueden encontrar -evidentemente no está presenten en Google Play ni en ningún lugar de descargas de aplicaciones-. Y comienza el experimento.

La primera vez que lo probé -más bien lo vi en manos de los investigadores Jesús García y José David Flores– me dejó muy sorprendido por lo que iba a suceder. Se trataba de una investigación oficial en el TEATRO QUINTERO de Sevilla,la noche del 30 de diciembre de 2015.

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Aquella noche se realizaron mil y una pruebas con cámaras de vídeo de todo tipo, circuito cerrado de grabación, térmicas, infarrojos, psicofonías… Se trataba de “cazar” el fenómeno. 13 personas centradas en lograr recoger en sus equipos lo inexplicables, que es lo deseable. Aquella noche se obtuvieron diferentes resultados, tal vez el más impresionante fue el captado bajo la grada de asientos, allí los dos investigadores decidieron probar la máquina, la app, y surgieron varias voces que verbalizaron palabras o frases como: “Estoy abajo”, “perdón”, “perdida”, “soy un niño”, “estoy aquí enterrado” o “curas negros”.

Todo podría parecer inconexo hasta que descubrimos que si historia particular tiene mucho que ver con este sitio: el Teatro Quintero de Sevilla fue el antiguo Cine Pathé, en la calle Cuna, tuvo especial relevancia hace siglos por ser, precisamente, la Casa Cuna de Sevilla, y como casa de acogida también hubo fallecimientos, curiosamente allí habitaron niños y próximo a este edificio se encontraba la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla (hoy Facultad de Bellas Artes) donde la orden que lo gestionaba eran los jesuitas, los “curas negros”… ¿Casualidad?

En ambos casos obtuvimos excelentes resultados pero, en cualquiera de los casos, ahí casi acaba la labor del investigador: documentar históricamente, recabar testimonios, investigar, descubrir algunas respuestas, exponer hipótesis de trabajo (acertadas o no), descubrir fraudes, equivocarse o acertar allá donde nadie va a responder salvo a través de una psicofonía (si es que se puede considerar como un fenómeno paranormal, que es algo aún sujeto a mil debates).

El empleo de nuevas tecnologías no debe sustituir la investigación que se precie de ser científica, no puede sustituir elementos de medición u objetivos como lo que capte una cámara de vídeo, pero si es cierto que, en ocasiones, puede arrojar resultados que sean tan sorprendentes y coherentes como los descritos. El resto es cuestión de probar, de depurar, de convencerse o no y de seguir usándolo o no allá donde no se pierde más que el tiempo por tratar de buscar respuestas. Habría que aplicar aquella de: “Tener la mente abierta a todo y no creer en nada”.

*Vídeo en inglés:

 

 

Charles Sobhraj, el astuto asesino de “hippies” que eludía a las autoridades con los pasaportes de sus víctimas

  • Norberto Paredes
Charles Sobhraj siendo arrestado.
 

Pese a haber sido acusado de la muerte de 20 personas que fueron drogadas, estranguladas, golpeadas o quemadas entre 1972 y 1982, no fue sino hasta agosto de 2004 que Charles Sobhraj fue condenado por asesinato por primera vez.

En la década de 1970, una ola de asesinatos perpetuados por el francés Charles Sobhraj conmocionó a Asia.

Conocido como “la Serpiente” o “el asesino del bikini”, Sobhraj actuaba con determinación y destacaba por sus artimañas para eludir a las autoridades utilizando los pasaportes de sus víctimas, quienes solían ser turistas occidentales que recorrían el llamado sendero hippie del subcontinente indio.

La dramática vida del infame asesino en serie, quien ahora tiene 77 años, ha inspirado obras literarias, cinematográficas y más recientemente una serie televisiva coproducida por la BBC y Netflix.

Pero ¿quién fue realmente “la Serpiente” y cómo pasa sus días actualmente?

Nacido en Saigón en 1944, hijo de un comerciante indio que le negó la paternidad y una de sus empleadas vietnamita, Sobhraj obtuvo la nacionalidad francesa cuando, tras la separación de sus padres, su madre se casó con un militar francés y se instaló en Marsella, en el sur de Francia.

El rechazo de su padre lo marcó y le causó resentimiento y odio: “Haré que te arrepientas de haber faltado a tu deber como padre”, escribió Sobhraj en su diario.

Una terrible predicción que puede que se haya cumplido.

Durante su adolescencia nunca terminó de encajar en Europa. Se dedicó al asalto callejero y al robo de autos en París. Entró y salió de reformatorios, y al alcanzar la mayoría de edad cayó en prisión.

Su primer amor

Pero al salir consiguió un empleo gracias a la intervención de un benévolo, quien además le presentó a Chantal Compagnon, una integrante de la burguesía parisina, de quien se enamoró hasta la obsesión.

Marie-Andrée Leclerc (Jenna Coleman) y Charles Sobraj (Tahar Rahim) en el episodio 1 de "La Serpiente".

Por un corto periodo, Sobhraj trató de abandonar el camino delictivo y consiguió un trabajo en un restaurante, pero su gusto desenfrenado por el lujo y el dinero lo empujaron rápidamente a retomar el crimen.

Poco después fue arrestado nuevamente por robo de auto, pero Compagnon, cegada por sus encantos, esperó a que saliera de la cárcel y se casó con él. Juntos emprendieron un viaje por el continente asiático, en el que tuvieron una hija.

A los 30 años, “la Serpiente” ya había hecho de Tailandia su nuevo centro de operaciones.

Su especialidad

Muchas personas que lo conocieron coinciden en que era un individuo carismático.

“La especialidad de Charles Sobhraj era asesinar a los hippies que venían a descubrir Asia”, explica en un artículo de Vice Gary Indiana, que conoció a “la Serpiente” en los años 80.

El autor sugiere que por su aspecto “provinciano” y “no europeo”, los turistas blancos del sendero hippie lo encontraban interesante e “inofensivo”.

Charles Sobhraj

“Sobhraj no tenía reparos en estafar a estos mochileros sedientos de espiritualidad. Despreciaba a estas personas, las consideraba cobardes e inmorales”, agrega.

Todavía es un misterio por qué asesinaba “hippies”, pero algunos que siguieron muy de cerca sus pasos insinúan que la respuesta puede hallarse en traumas de la infancia.

Herman Knippenberg, un diplomático holandés que, tras la muerte de una pareja neerlandesa en Tailandia que la policía local no se molestó en investigar, comenzó a unir cabos y a descubrir los crímenes, cree que los mataba porque no le obedecían fácilmente.

“Al resistirse a las proposiciones de Sobhraj revivía la preocupación que tuvo durante su infancia de ser rechazado”, explicó en conversación con el periodista británico Andrew Anthony.

Arresto y escape

En los años 70 el sendero hippie se había convertido en un popular destino de muchos jóvenes europeos y estadounidenses que viajaban desde Europa Occidental al Lejano Oriente, pasando por Oriente Medio e India.

Sobhraj.

En esa época los controles fronterizos no eran tan estrictos y “la Serpiente” se aprovechó de ello.

El romance con Chantal Compagnon terminó cuando ambos fueron arrestados en Afganistán, él logró escapar drogando a un guardia; ella permaneció en prisión, pero al salir decidió comenzar una nueva vida lejos de su problemático esposo.

No obstante, Sobhraj le dijo al periodista Andrew Anthony -quien lo entrevistó en París en los años 90 y luego en 2014 en una prisión en Nepal-, que Compagnon continuó apoyándolo financieramente y permanecieron en contacto por mucho tiempo después de su separación.

A dos años del arresto en Kabul, Sobhraj conoció a la quebequense Marie-Andrée Leclerc en Srinagar, India, y la convenció de que fueran juntos a pasar el verano en Tailandia.

Múltiples identidades”

Leclerc tampoco se resistió a los encantos de aquel hombre del que entonces poco sabía, pero que cambiaría su vida para siempre.

Poco a poco fue siendo arrastrada, comenzó a participar en los crímenes y terminó convirtiéndose en su cómplice.

El modus operandi del “asesino del bikini” consistía en drogar a sus víctimas, antes de quitarles sus pertenencias.

Balneario de Pattaya en Tailandia.

Se ganó ese apodo tras ser vinculado con la muerte de varias mujeres occidentales en bikini en el balneario de Pattaya en Tailandia.

Se aprovechaba de la ingenuidad de muchos turistas occidentales, ganándose la confianza de ellos invitándoles o tomar un trago: luego las víctimas se despertaban frecuentemente en una cama sin ningún recuerdo de la noche anterior.

“Era un hombre de múltiples identidades: era un intelectual israelí un día y el otro un vendedor de telas libanés, y recorría Asia buscando a sus presas”, recuerda Gary Indiana en su artículo publicado por Vice.

Políglota

En ocasiones, Leclerc y Sobhraj secuestraban a sus víctimas por varios días, incluso semanas. La canadiense les suministraba una “medicina” que les causaba confusión y náuseas.

Además les robaban sus pasaportes para viajar y operar en otros países de la región, confundiendo así a las autoridades.

Esta forma de escabullirse catapultó al francés como “la serpiente”.

Según reportes, Charles Sobhraj hablaba fluidamente varios idiomas, lo cual le era útil cuando asumía las identidades de sus numerosas víctimas.

Nihita Biswas.

Su capacidad para delinquir sólo se comparaba con su aptitud para escapar de prisión: se cree que logró escapar de cárceles en Afganistán, Grecia, Irán e India.

La increíble fiesta que lo ayudó a escapar de la cárcel

En 1971, escapó de una cárcel en la India -donde cumplía una sentencia de 20 años por envenenar a turistas franceses que viajaban en un autobús-, fingiendo apendicitis y huyendo desde el hospital.

Lo volvieron a arrestar en 1976, pero diez años después pudo escapar de una manera aún más sorprendente: organizando una fiesta de cumpleaños a la que invitó tanto a guardias como a prisioneros.

Las uvas y las galletas entregadas a los invitados fueron inyectadas con pastillas para dormir, dejando inconscientes a todos excepto a Sobhraj y otros cuatro fugitivos.

Según la prensa local, el grupo estaba tan orgulloso de su escapada que se fotografiaron atravesando las puertas de la prisión hacia las calles de Nueva Delhi.

US$15 millones por su imagen

Como fugitivo, Sobhraj no se esforzaba demasiado por esconderse de la justicia y salía frecuentemente a disfrutar la vida nocturna. Por eso no pasó mucho tiempo antes de que lo volvieran a arrestar.

Artículo de un periódico indio.

Algunos estiman que decidió escapar hacia el final de su condena de diez años en India para que lo capturaran nuevamente y así enfrentar nuevos cargos. De esa forma podría evitar la extradición a Tailandia, donde se le buscaba por cinco asesinatos y con casi toda seguridad se le impondría la pena de muerte.

Cuando fue puesto en libertad en 1997, el plazo de 20 años para que fuera juzgado en Bangkok había expirado.

Sobhraj regresó a Francia, comenzó una nueva vida en el barrio chino de París, contrató a un agente y negoció entrevistas y fotografías.

Logró vender derechos para una película y un libro por US$15 millones.

Víctima de su propio ego

Pero en septiembre de 2003 cometió un error: viajó a Nepal e inmediatamente fue reconocido por un

Muchos dicen que fue víctima de su propio ego.

Lo juzgaron por haber viajado con un pasaporte falso y por los asesinatos de dos ciudadanos norteamericanos que habría llevado a cabo 28 años antes.

Pese a haber sido acusado de la muerte de 20 personas que fueron drogadas, estranguladas, golpeadas o quemadas en India, Tailandia, Nepal, Turquía e Irán entre 1972 y 1982, no fue sino hasta agosto de 2004 que “la Serpiente” fue condenado por asesinato por primera vez.

Como ya era costumbre, Sobhraj negó los cargos, pero la policía aseguró que esta vez tenían una “maleta llena” de pruebas en su contra y la justicia lo condenó a cadena perpetua.

Actualmente sigue detenido en Nepal y en septiembre de 2014 fue condenado por un segundo asesinato, el de un turista de Quebec.

Entrevistado por el biógrafo Richard Neville, autor de Life and Crimes of Charles Sobhraj (La vida y los crímenes de Charles Sobhraj), el asesino en serie confesó: “Siempre que pueda hablar con la gente, puedo manipularla“.

La cárcel no le ha impedido continuar con su vida.

Desde hace más de 10 años mantiene una relación amorosa con Nihita Biswas, la hija de una de sus abogadas nepalesas. Según medios locales se casó con ella en 2010.

Y de acuerdo con el periódico británico Sunday Mirror, que logró hablar con él en marzo, “la Serpiente” todavía se declara inocente.

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El terror de los “Niño Lobos” de Hitler

Eran alemanes, luego eran culpables. Cuando el Ejército Rojo entró a sangre y fuego en Prusia Oriental miles de niños hambrientos se quedaron bajo los mortíferos disparos de los soviéticos. Muchos se escondieron en los bosques y allí lograron sobrevivir a duras penas. Son los ‘niños lobo’. Por José Segovia/Foto: Cordon.

Semanas antes de que el régimen nazi iniciara su descenso a los infiernos, Adolf Hitler pronunció uno de sus discursos más infaustos: “¡Si el pueblo alemán no está dispuesto a emplearse a fondo para sobrevivir, no le quedará otra que desaparecer!”. En su delirio, el comandante supremo del Reich pensaba que los mejores alemanes habían muerto en los campos de batalla. El resto, los que le habían fallado, incluidos los niños y las mujeres, solo merecían morir.

En Prusia Oriental, el dirigente nazi Erich Koch sabía que llegaría el Ejército Rojo, pero se había negado a consentir la evacuación de los civiles germanos al considerarla una medida “derrotista”. Su decisión causó el caótico éxodo masivo de la población en pleno invierno, con temperaturas de 25 grados bajo cero y con el continuo ametrallamiento de aviones y carros de combate rusos a los civiles que huían en tan precarias condiciones. En aquella vorágine, muchos niños fueron separados de sus padres, quedando aislados, desorientados y hambrientos. Entre el 12 de enero y mediados de febrero abandonaron sus hogares en las provincias orientales casi ocho millones y medio de alemanes.

Werwolf: niños terroristas al servicio de Hitler

En el caso de Königsberg, capital de Prusia Oriental, el último tren de refugiados salió el 22 de enero. Dos días después las fuerzas del mariscal soviético Konstantin Rokossovsky alcanzaron las orillas de la laguna del Vístula, aislando la región del resto de Alemania. Durante aquellos días de sangre y fuego, los pequeños que habían perdido a sus padres se refugiaron en los bosques para no ser detectados por las patrullas del Ejército Rojo. Pronto fueron bautizados como los ‘niños lobo’, (Wolfkind en alemán). Su trágica epopeya fue un episodio de la Segunda Guerra Mundial olvidado por la Historia.

Antes de que se adentraran en Alemania, los rusos fueron aleccionados para vengarse de las atrocidades que los soldados de Wehrmacht habían cometido en su país. Algunos panfletos lo dejaban claro: “Mata a todos los alemanes, también a sus hijos. No existen alemanes inocentes. Apodérate de sus pertenencias, de sus mujeres. Es tu derecho, tu botín».

Los llamamientos a la revancha que hizo el novelista ruso Ilya Ehrenburg en sus artículos del Krasnaya Zvezda (Estrella Roja), el periódico del Ejército Rojo, también contribuyeron a exacerbar la violencia que desplegaron muchos soldados rusos contra niños y mujeres en su avance por territorio enemigo.

Arrancados a la fuerza de sus hogares, los ‘niños lobo’ que llegaron al país báltico estuvieron expuestos a la crueldad y la violencia de un entorno profundamente hostil.

Prusia era un antiguo reino de población germana que, tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, quedó escindido en dos zonas aisladas, la oeste de mayoría polaca, y la oriental de mayoría germana. El llamado Corredor Polaco o Corredor de Danzig, cuyo objetivo era dar salida a Polonia al mar Báltico, era el único nexo de unión entre ambos territorios.

Tras el apocalíptico final del Tercer Reich, en mayo de 1945 el territorio de Prusia Oriental fue repartido entre Polonia, que se quedó el oeste, y la Unión Soviética, que controló el este, cumpliendo de esa manera uno de los acuerdos que firmaron los Aliados en la Conferencia de Potsdam. Los 600.000 alemanes que todavía permanecían en la región fueron expulsados hacia Alemania Oriental entre 1946 y 1947.

Los efectos devastadores de los combates en enero y febrero de 1945 y la posterior operación de traslado de los alemanes causaron el aislamiento de muchos pequeños. Algunos fueron enviados a orfanatos rusos y otros lograron llegar a Alemania. Los que quedaron aislados en Prusia Oriental se dirigieron a Lituania, donde mendigaron en los suburbios de las ciudades o buscaron trabajo en las granjas.

Reinhard Bundt, tenía nueve años cuando los rusos arrasaron Prusia Oriental. En su avance, el Ejército Rojo bombardeó su casa, matando a sus padres. Abandonado a su suerte, Bundt se escondió durante un tiempo en el bosque y luego huyó a Lituania, donde pasó a ser un ‘niño lobo’ más. Muchos de esos pequeños compartieron historias similares. Con el tiempo olvidaron su idioma natal, trabajaron en condiciones durísimas para sobrevivir y terminaron convirtiéndose en lituanos.

Arrancados a la fuerza de sus hogares, los ‘niños lobo’ que llegaron al país báltico estuvieron expuestos a la crueldad y la violencia de un entorno profundamente hostil. Muchos acabaron malviviendo en los bosques o practicando la mendicidad entre las ruinas de Königsberg (rebautizada por los soviéticos como Kaliningrado).

También hubo un grupo que tuvo la suerte de cara al ser acogidos por familias lituanas, que por lo general los trataron con cariño. Las autoridades soviéticas autorizaron un puñado de adopciones a familias rusas. Pero las prohibieron a familias lituanas, lo que obligó a algunas de ellas a cambiar el nombre de los pequeños que habían cobijado.

A la larga, esos cambios de identidad fueron un problema para saber cuántos pudieron pasar al país báltico. Ese sigue siendo un grave problema para los historiadores que investigan este triste episodio de la guerra. Algunos cálculos aproximados señalan que fueron unos cinco mil niños y jóvenes los que lo lograron.

Tras el derrumbamiento de la ya extinta Unión Soviética en 1990, esos pequeños, que ya eran adultos, pudieron revelar su verdadera identidad

En la inmediata posguerra, los alemanes que vivían en Alemania del Oeste evitaban hablar de lo que les ocurrió a sus compatriotas tras la guerra. Pensaban que era una manera de justificar las atrocidades perpetradas por el régimen nazi al compararlas con el sufrimiento de la población civil. Por ese motivo los ‘niños lobo’ quedaron relegados de la historia. Solo los revisionistas de extrema derecha hablaron de ellos para mostrarlos como un ejemplo de cómo habían sufrido los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Tuvieron que pasar décadas para que los ‘niños lobo’ salieran del anonimato. Tras el derrumbamiento de la ya extinta Unión Soviética en 1990, esos pequeños, que ya eran adultos, pudieron revelar su verdadera identidad. Fue a partir de entonces cuando su drama comenzó a conocerse. Su penoso calvario ha sido recordado por el escritor Alvydas Slepikas en su libro Bajo la sombra de los lobos (Tusquets), mejor novela histórica de 2019 según The Times.

El autor refleja con gran crudeza esos días aciagos, cuando las tropas del Ejército Rojo irrumpieron en Prusia Oriental con la fiereza de una estampida de psicópatas clamando venganza y violando a miles de alemanas que se encontraban en su camino. “Cuando aparecieron los primeros soldados rusos, la gente empezó a rezar. Tenían miedo, aunque confiaban en que los descendientes de Tolstói y Dostoievski no fueran conquistadores crueles y salvajes”, escribe Slepikas.

En realidad, esos soldados estaban quemados y embrutecidos por varios años de guerra y por la continua ingesta de alcohol. Muchos habían perdido a sus camaradas y todos recordaban el comportamiento cruel y brutal de los alemanes cuando invadieron su amada patria. “Algunos consideraban que los niños alemanes no eran sino hombres de las SS en estado embrionario, por lo que debían ser asesinados antes de que creciesen y volvieran a invadir Rusia”, recuerda el historiador británico Antony Beevor en su libro Berlín: La caída: 1945.

El fotógrafo Lukas Kreibig también ha contribuido a rememorar la trágica epopeya de estos pequeños a través de un proyecto fotográfico que puso en marcha en 2017. Mientras trabajaba en él descubrió la obra de Claudia Heinermann, que había publicado otro libro sobre los ‘niños lobo’ de la Prusia Oriental. Ambos se conjuraron para sacar a la luz las historias de estos supervivientes, ahora ancianos, convertidos en los últimos testigos oculares de aquel oscuro episodio de la inmediata posguerra. Todos fueron despojados de su idioma, de su familia y de su hogar.

Kreibig acudió a una localidad del sur del país báltico para conocer a Gisela, que con catorce años huyó de los soldados rusos y vio morir de hambre a su abuela. Gisela se trasladó a Lituania, aprendió el idioma y logró trabajo en una granja colectiva, donde conoció a su marido. Veinte años después de aquella odisea, Gisela supo a través de la Cruz Roja que su madre y su hermano seguían con vida. En una carta que le envió en 1961, su progenitora le expresó lo feliz que era al saber que seguía viva.

Veinte años después de aquella odisea, Gisela supo a través de la Cruz Roja que su madre y su hermano seguían con vida

Evelyne Tannehill, otra ‘niña lobo’, ha escrito un libro biográfico donde rememora su historia: Abandoned and forgotten. An orphan girl´s tale of survival in World War II (Abandonada y olvidada. El cuento de supervivencia de una huérfana en la Segunda Guerra Mundial). En sus páginas cuenta cómo perdió a sus padres y la penosa aventura que vivió en el exilio lituano hasta que se produjo el colapso de la URSS, momento en que pudo regresar a su país.

Hubo tantos casos de ‘niños lobo’ que cuando llegaron a edad adulta crearon una asociación llamada Edelweis-Wolfskinder, con sedes en Vilna, capital del país báltico, y Klaipeda, ciudad portuaria lituana. En total suman en torno a un centenar de miembros, una cifra que decae poco a poco debido a que son ancianos.

Todos tienen la esperanza de encontrar a algunos parientes vivos en Alemania o en el territorio de la antigua Prusia Oriental. Desde hace años, reivindican que Berlín les conceda la nacionalidad alemana y ayudas para regresar a su patria. Pero Berlín les recuerda que quienes abandonaron Prusia Oriental tras la Segunda Guerra Mundial renunciaron ‘de facto’ a la ciudadanía alemana.

El gobierno lituano les concedió una indemnización en 2008 y reciben algunas ayudas particulares gracias al esfuerzo de Wolfgang von Stetten, un diputado de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) que ha luchado desde hace años por el ingreso de los países bálticos en la Unión Europea.